Barcelona, pensa’t guapa.

Barcelona, pensa’t guapa.

Artículo publicado el domingo, 2 de Febrero de 2014 en ElPeriódico.comristo2-2-14

«Mientras la pasarela 080 aún hace balance de su última edición, Google publica el ranking de ciudades más fotografiadas del mundo. Y la ciudad en la que nací, crecí y me convertí en algo parecido a un adulto aparece en un fantástico tercer puesto, tras ese plató en el que ya sólo pueden vivir solteros llamado Nueva York y después de esa ciudad milenaria en la que antes se comían a los cristianos y ahora se comen a los turistas enamorados, también conocida como Roma. Mi ciudad ha quedado por delante de iconos como París, Venecia, Buenos Aires o Estambul. Ahí es ná.

Vamos, que si las ciudades fuesen top models, Barcelona sería un poco como Kate Moss. Por mucho que pasen los años, las relaciones y los excesos, ahí sigue ella, en lo más alto. También Barcelona se está haciendo mayor. También Barcelona quiere transmitir una mayor madurez. Y también Barcelona tuvo sus coqueteos con la droga.

Se lo metió todo en forma de Juegos Olímpicos, esa droga dura y elitista a la que muchas otras ciudades no logran engancharse, por más que estén dispuestas a pagar con chutes de relaxing cups of café con leche in Plaza Mayor. Lo que esas mismas ciudades parecen no querer darse cuenta es del proceso de desintoxicación que uno sufre después del subidón. Pero lo cierto es que ahí estuvimos, hace ya la friolera de 22 años, y de eso en buena parte seguimos viviendo, para qué mentir.

Ahora hace justo una década, nuestra top estuvo a punto de recaer con un Fórum de las Culturas, pero ya no fue lo mismo, no colocaba tanto, el material que nos enchufaron era definitivamente de peor calidad. Y las secuelas que nos dejó se pueden apreciar todavía hoy en alguna construcción faraónica sin demasiado sentido ni utilidad.

A lo largo de todos estos años ni las putas, ni la suciedad, ni la inseguridad ciudadana, ni la única película infumable de Woody Allen, ni siquiera los atropellos gratuitos de algunos mossos d’esquadra, han podido evitar que sigamos siendo una top entre las tops.

Barcelona hoy está buena. Muy buena. En términos heterosexuales, es ya una MILF de pleno derecho.

Pero es que Barcelona no se conforma con el físico. Sufre el síndrome Patrizia Ruiz, que además de ser joven, bella, simpática, modelo, cantante, actriz y bailarina, en sus ratos libres, como quien no quiere la cosa, estudia ingeniería aeronáutica e interpretación. De esas personas que dan mucha rabia, aunque sólo sea por la envidia que nos despierta a todos los demás.

Lo mismo se convierte en el destino más demandado por estudiantes y turistas, como te trae un Mobile World Congress o una de las residencias privadas de todo un Rolling Stone. Y es que hay que ver cómo se vive en una ciudad que tiene de todo y tan cerca.

Sin embargo, Barcelona tiene varios lastres, varias taras que en un momento u otro deberá soltar si quiere de verdad hacerse mayor. Para empezar, todos aquellos que pretenden reducirla a mera capital de Catalunya. Como si quisieran dejarla en casa, fregando platos, barriendo suelos y recitando a Josep Pla, en vez de dejarla vivir, viajar y volar. Hemos expulsado tanto talento, proyectos y empresas a golpe de un catalanismo mal entendido, cerrado y obtuso, incapaz de hacerse atractivo para el resto del planeta, ahí están las sedes de las multinacionales para dar fe. Y aún así, nadie ha podido destruir el innegable atractivo económico y empresarial de Barcelona.

Luego están los que la comparan constantemente con Madrid. No entienden que compararse con una marca que está por debajo de la tuya (para algo sirven los rankings) acaba haciéndote más  pequeño. Barcelona debería estar mirándose en Amsterdam, en Berlín, en Londres, en París, en Shanghai, en Nueva York. Marcas a la altura de la percepción que se tiene de ella. Y más allá.

Otro enemigo importante para su madurez es la mala influencia de ciertos familiares. Arrastra una hermana mayor bastante más fea y menos lista que encima le reclama el protagonismo. La llaman Marca España, y como todas las feas no demasiado espabiladas, sólo tiene dos salidas: o se vuelve la más simpática o se quedará cuidando a la tía FAES.

Por último, el peor obstáculo de todos, nuestro proyecto como ciudad. A las ciudades les pasa como a las personas: en el momento en el que dejan de soñar con el futuro, empiezan a hundirse en su pasado. Y hoy por hoy corremos el riesgo de vivir de contar batallitas que a nadie interesan ya, porque la gente prefiere esperarse a que salga el DVD.

En 1985, de cara a las olimpiadas, se puso en marcha una gran campaña que le hablaba a la ciudad de tú a tú, invitándola a arreglarse, a retocarse y a embellecerse: “Barcelona, posa’t guapa”.

Entonces se trataba de actualizar sólo las fachadas.

Va siendo hora de que actualicemos el interior.»

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Lo que duele no es el dolor.

Lo que duele no es el dolor.

Artículo publicado el domingo, 26 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

risto26-1-14«Lo que duele no es el dolor. El dolor es sólo una consecuencia. El efecto secundario de algo que nos hizo sufrir y que todavía hoy sigue haciéndolo. Me gustaría que esto que tanto duele fuese lo que me aplasta el pecho y me araña las vísceras y el corazón. Esto que se puede paliar poco a poco, con consejos, amigos, medicamentos, horas, sobremesas y tazas de té. Pero algo me dice que no. Que lo que duele no es el dolor.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es la ausencia. El hueco que deja alguien que ya no está. Echar de menos con contrato indefinido. Y saber que quería llevársela y se la ha llevado, que ya está, que le han ganado la vida esas malditas seis letras que no pienso volver a juntar en mi boca nunca más.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es conocer un vivo menos. Borrar su número del móvil. Tener que frenarme cuando la iba a llamar y recordarme a mí mismo que ya no puedo, que un día pude, que lo hice menos de lo que debía y que ya nadie podrá.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es recoger los pedazos de quien se queda. No saber consolar a quien más quieres en este mundo. Tratar de estirarle los labios. Con una broma, un chascarrillo, una tontería. Fracasar.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es la distancia. Este saberse lejos de ti, este llevarte conmigo, ese llevarme contigo y aún así, ser incapaces de llevarnos más. Haber caído con nuestro mayor triunfo. Haber sucumbido ante nuestro mayor logro. Lo mejor que habremos hecho en nuestra vida. Algún día él nos lo explicará.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es no saber volverlo a intentar. Matar el nervio y dejar que se desangre la encía. Hablarlo tantas veces y acabarlas todas en ese silencio de punto final. Darnos por imposible. Constatar nuestra propia incompetencia. Seguir doliéndonos. Seguir mal.

Lo que duele no es el dolor. Es todo lo que dejamos atrás. El remolque desbocado de los recuerdos que nos perseguía al mismo ritmo y velocidad. Ahora sólo sabemos que le ha fallado el enganche, los frenos y no tenemos ni idea de en qué momento nos va a atropellar. Ni con qué.

Lo que duele no es ni siquiera llorar. Lo que duele es tener tantas razones para tener que hacerlo. Es esta maldita sequía de lágrimas. Es el miedo a quedarse solo y en pareja. Y esta cochina culpabilidad.

Lo que duele no es que la gente opine. Es que lo haga como quien habla del tiempo, alegremente y buscando de todo, menos ayudar. Que nos den consejos que no hemos pedido. Que inventen razones. Qué sabrán ellos. Qué sabrán.

Lo que duele no es el dolor.

Porque el dolor es esto que me viene aquí y ahora.

Lo que más duele es todo lo que vendrá

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Credenciales.

Credenciales.

Artículo publicado el domingo, 19 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

risto19-1-14 peq«Una estudiante me ha entrevistado esta semana, y así como quien no quiere la cosa, me ha formulado la pregunta más difícil que me hayan hecho jamás. Armada con su grabadora, su libretita, sus ganas de comerse el mundo y hacerse un hueco en la profesión, lo que ha conseguido con una simple pregunta ha sido enfrentarme al abismo que todos llevamos dentro. Abrió sus enormes ojos, me puso cara del Gato de Shrek y me lanzó un “¿en qué cree Risto Mejide?.

¿No prefieres que te cuente por qué llevo gafas de sol? A la chica no le hizo ni puñetera gracia. Vale que tampoco era el mejor chascarrillo del mundo, pero después de hacer aguas, mi sentido del humor era como ese desodorante malo de los anuncios, me había abandonado justo en el peor momento. Ella esperaba una respuesta honesta, directa, clara y sincera. Y todo lo que me venía a la mente eran chistes peores que ése y un artículo que escribí hace ahora casi diez años tratando de responder a la misma inquietud. Y me di cuenta que había llegado el momento de revisarlo, completarlo y ampliarlo. Había llegado el momento de mojarse.

Querida estudiante, aquí va la respuesta que tú merecías en ese momento y yo no supe improvisar.

Para empezar, creo que soy idiota. Igual no soy el más idiota que encontrarás, pero fijo que estoy entre los que más idioteces han cometido. Ahí tienes, por ejemplo, a cualquiera de mis ex. No hace falta ni que hables con ellas. Viendo el pedazo de mujeres que he dejado escapar, ya te puedes hacer una idea de lo idiota que soy. Y hay más. Mucho más.

Creo en las cosas concretas. Conozco muy bien el peligro de las palabras abstractas y ya no me fío de quien me vende algo que no se puede comprar. Por eso no creo en la felicidad, sino en la alegría. Por eso no creo en la libertad, sino en la voluntad. Por eso no creo en la igualdad, si no es de oportunidades. Por eso no creo en la gente, sino en las personas. Por eso no creo en dios, sino en el alma. Creo que hay cosas e individuos que la tienen, y cosas e individuos que ya la han perdido para siempre.

Creo en los valores. Un valor como creencia que te obliga a un sacrificio. Y que no te engañen, no hay valores a medias. No existen. Un valor es un siempre dicotómico, binario: unos y ceros, o se practica todos los días y a todas horas, o no es. Uno no puede practicar la honestidad de 9 a 5 y luego llegar a casa y pegársela a su primera dama con una actriz. Hollande, Clinton, Miterrand. Un valor no lleva interruptor. Si no puedo confiar en la persona, jamás podré confiar en el profesional. Y viceversa.

Creo en lo que nos une. La manipulación en masa empieza con la división de tu audiencia. El primer paso es dividirlos. El segundo enfrentarlos. El tercero, polarizarlos. Y el último, llamar al exterminio del otro. Nuestro libro debe vencer sobre su Biblia, su Estatut o su programa electoral, da igual. Pues oiga, no. Ya lo dijo George Carlin. Quien te quiera manipular, buscará siempre lo que nos separa. Quien no quiera obtener nada de ti, buscará siempre lo que tengamos en común.

Creo en la vida. Por eso creo en el aborto. Creo que nadie tiene el derecho a meterse en el vientre de nadie sin su permiso, por muy diputado, ministro u obispo que sea. Y aún diría que menos aún en esos casos. Quita, bicho, quita.

Creo que todo el que mata merece sufrir todos los días durante el resto de su larga y dolorosa existencia. Por eso no creo en la pena de muerte. Porque es dejar un trabajo a medias.

Creo en el criterio, entendido como no aceptar jamás ideas de segunda mano, salvo como materia prima para fabricar las propias. Por eso desconfío de todo aquél que me dice lo que yo quería escuchar. Porque no quiere informarme, sino confirmarme y así ungirme con su Espíritu Santo.

Tampoco creo en el esfuerzo. He visto a demasiada gente que se esforzaba toda su vida y no lo conseguía y sin embargo otros, sin dar un palo al agua, les salía todo bien. Pero sí en aquello que algunos llaman suerte, que para mí no es más que una combinación de talento, perseverancia y oportunidad.

Creo que la Iglesia se ha currado mi apostasía. Creo que la elección del Papa Francisco es un gran ejercicio de tanatopraxia. Mi única religión hoy es la buena fe. Y mi único dios, quien la practique.

No creo en la fama. Pero sí en el prestigio. Sé lo poco que cuesta construir la primera. Y lo mucho que vale lo segundo. Creo en apostar por el largo plazo. En la diferencia entre valor y precio. Y en las segundas rebajas. Que las cosas más importantes que puedes aprender en esta vida no se pueden enseñar. Que las preguntas son eternas. Y que son las respuestas las que cambian. Que no existen críticas constructivas ni destructivas. Existe crítica útil y crítica que no lo es.

Y por último, creo en la duda. Creo en las frases que empiezan por creo que. Porque saber, lo que es saber, nadie sabe nada. Y yo el que menos. Lo único que ha finalizado para siempre ya no es la historia, sino nuestra burda capacidad de predicción.

Y a pesar de todo lo dicho hasta aquí, querida estudiante, espero que tú no pierdas nunca el tiempo con este tipo de preguntas, como he hecho yo.

La respuesta jamás estará en lo que digas.

Sino en lo que hagas.»

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Hay una cosa que Mas te quiere decir.

Artículo publicado el domingo, 12 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

cropped-184.jpg«Y es importante al menos para él. Toda la noche estuvo sin dormir. Porque una frase de tu boca quiere escuchar. Ah ah ah ah ah ah ah ten la independencia. Ah ah ah ah ah ah ah ten la independencia.

No has podido evitar cantarla. Yo tampoco. Qué quieres, a mí la gente que todavía se envía cartas me pone tontorrón. El género epistolar es de las cosas más bonitas que uno puede consumir legalmente. Poder leer lo que otros se escriben sin que ellos sepan que tú estás ahí, te hace sentir como Snowden pero sin tener que mirar debajo de la cama, del coche y del wáter cada vez que te montas en ellos.

Y en medio de esta revolución de las redes sociales, del papá déjame el móvil, del internet de las cosas, del he visto a tu ex en Badoo, de la impresión 3D, de la wearable technology y del quién te envía un whatsapp a estas horas, nuestro President de la Generalitat del Segle XXI se marca como mínimo 29 cartas de las de sello en pecho, una por cada dirigente de la UE, y una para el presidente de la Comisión Europea. La Merkel ya tiene quien le escriba. Y encima Barroso va y le responde con 6 líneas 6, toreando la cuestión como sólo la UE sabe hacer. Está el cartero que no vivía tan apasionadamente desde lo de Pablo Neruda. Si Quevedo y Góngora levantasen la cabeza se hacían pareja de hecho.

Hablando de hechos, está demostrado que aún se habla poco de la consulta en Catalunya. No sé, como no se den prisa, no nos va a dar tiempo de tratar el tema desde todos sus ángulos, aristas, matices y prismas de aquí al 9N. Que sólo nos quedan 10 meses. Creo que hay tertulianos a los que aún les queda algo nuevo por decir. De lo que estoy seguro es que aún quedan españoles por el mundo que no han sido tachados como enemigos de la patria catalana. O se dan caña elaborando la lista negra, o cuando llegue el momento no sabré a quién odiar, escupir y repudiar. O se dan prisa, o nos pilla el toro.

Tampoco sé de qué se queja el Wall Street Journal. Aquí no hay adoctrinamiento propagandístico ninguno. Qué va. El otro día pillé un momento en el que no se hablaba de la independencia de Catalunya en TV3. Salía la jamaicana Chus Lampreave anunciando un quitagrasas. Y en Catalunya Ràdio acaban de utilizar el huso horario español para dar la hora, pero tranquilos que un becario ha salido enseguida al paso para atribuirse el error públicamente, al tiempo que sostenía entre sus nalgas lAuca del Senyor Esteve y un mosso le tatuaba una estelada en cada pezón.

Los medios públicos catalanes, los que pagamos todos los ciudadanos, son un ejemplo de imparcialidad y rigor en cuanto a la cobertura informativa se refiere. Lo que ocurre es que han dejado de pasar cosas en el resto del planeta, se han cancelado los eventos, la actividad, todo ruido y hasta la respiración para poder así atender el asunto realmente importante, que es el asunto catalán. Están todos los gobiernos pendientes de a ver qué decidimos nosotros el 9N, de si podremos hacer o no la pregunta, si serán una o dos preguntas, del día después, de las cartas de Mas, de las respuestas de Barroso.

Y aquí también, eh, no te creas. Las 624.872 personas inscritas en las oficinas de empleo de Catalunya están realmente preocupadas por la independencia. Oiga, busco trabajo, pero si me dan a elegir, prefiero un estado independiente, que me han dicho que así nos comeremos como mínimo los mocos.

También los empresarios. Están -casi- todos callados porque la pela se la pela. A que sí.

Y mientras todo esto ocurre, nuestro President sigue mostrando sus mejores cartas con un dominio del inglés escrito que ni Annie Bottle. Si Shakespeare y Cervantes levantasen la cabeza, se suicidaban a base de relaxing cups.

No se preocupe, President. Usted a lo suyo. Siga escribiendo, hay miles de sellos, algunos incluso con la cara de un monarca. Lo más importante es que el mundo se entere de que usted tiene una epístola. Y que no dudará en usarla.

Mira, como Froilán.»

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Turba, lignito, hulla y antracita.

Turba, lignito, hulla y antracita.

Artículo publicado el domingo, 05 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

Risto-Mejide«Queridos Reyes Magos,

Esta noche no os voy a pedir juguetes. Los últimos que me trajisteis ahí siguen sin caberme, y os juro que no será porque no lo haya intentado. Seguiré probando, que sabéis que me gusta y si eso ya os cuento. Pero esta noche no, esta noche es diferente.

Como somos una gran nación de gente aún más grande, desprendida, honesta y generosa, este año me voy a tomar la libertad de perdidos en nombre de mis paisanos que vengáis bien preparados, pues en unas horas España debería convertirse en el primer importador de carbón del planeta, si no de la Historia de la Humanidad.

Existe por eso el peligro de que con tanta tonelada, acabéis repartiendo el carbón así a bulto, al mogollón, y llamadme quisquilloso, pero me gustaría que fuerais algo más cuidadosos esta vez. Llevamos todo un año esperando, y hay sujetos que no merecen menos que un momento de reflexión antes de su justa dosis de restos orgánicos fosilizados. Además, aprender a separar por residuos es la base para la correcta sostenibilidad de nuestro entorno.

Por favor, a la hora de repartir carbón por nuestro panorama económico, político y social, tened en cuenta los matices y diferencias entre sus cuatro tipos básicos: turba, lignito, hulla y antracita.

La turba surge principalmente en entornos de putrefacción pantanosos, contiene muy poco carbono (impura ella) y se destina sobre todo a la fabricación de combustibles y a la producción de abono. Por eso, es ideal para todos aquellos que ya ni recuerdan cuándo perdieron su virtud, los que nos han ido pudriendo el sistema por dentro, poco a poco, a fuego lento, al chup-chup. Huelen a estiércol porque son estiércol. Y aún así, todos intuimos que al final se irán de rositas con el depósito cargado para seguir delinquiendo o disfrutando de él tanto en paraísos vacacionales como fiscales. Llevádsela a los Bárcenas, en un sobre, que les hará ilusión. Y a los Iñaki Urdangarín algún día a la cárcel, si no es mucho pedir.

Luego está el lignito, un carbón de mediana calidad, pues contiene más carbono que la turba y a menudo se llega a emplear para la joyería. Y si de joyas se trata, ahí tenéis cualquiera de las leyes que ha propuesto o aprobado durante este año nuestro querido PP, y no porque sea el PP, sino porque las va perpetrando como el orfebre, en solitario, en su taller, tacita a tacita y sin tener que consultar a nadie, con el único dictado del Dios que ellos se pintan. Por eso ya no son leyes, son encíclicas. No son decretos, son dogma de fe. No son propuestas de ley, son doctrina. No es gobierno, es proselitismo. Todas esas leyes son joyas sí, pero de las que algún día nos dará incluso vergüenza llevar a empeñar.

Y así llegamos a la hulla, algo más pura en carbono (no mucho más), bastante más dura y quizás el tipo de carbón más abundante que existe. Si queréis poner a prueba su dureza, no busquéis más, venid a nuestro país. Aquí tenéis la cara de todo un Rodrigo Rato, la de un Carlos Fabra, la de un José Ignacio Wert, la de un Félix Millet, la de un José Antonio Griñán, la de un Jaume Matas, la de un Oriol Pujol, la de un Rouco Varela. Difícil decisión, ¿verdad? Todas duras, casi indestructibles oigan, hagan la prueba, que igual hasta nos hacen un favor. Y sí, lamentablemente, este tipo es cada vez más abundante. Que no sólo SON caras. Que es que además nos SALEN muy caras.

Por último, la antracita, como es el que más carbono contiene, es el más brillante de todos. Y aquí, como todo el mundo sabe, somos potencia mundial en lo que a brillantez se refiere. No-entiendo-mi-letra, todo-es-falso-salvo-alguna-cosa, la-segunda-ya-tal, fin-de-la-cita. Der-is-nozin-laik-a-relaxin-cap-of-café-con-leche-in-plaza-mayor, en-la-catástrofe-del-Prestige-sólo-hay-un-culpable-el-barco, si-se-suma-una-manzana-y-una-pera-nunca-puede-dar-dos-manzanas, la-ideología-del-PP-es-la-que-ha-traído-mayor-progreso-a-la-Historia-de-la-Humanidad. Y así.

Si queréis, el carbón que os sobre, si es que os sobra y no os falta, me lo podéis ir trayendo a mí. No sólo por las cosas que habré hecho, pensado y dicho durante este año, sino por todas las que, a la vista de la impunidad con la que nos toman el pelo, ya os digo que pienso hacer.»

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Concuñadismo.

Concuñadismo.

Artículo publicado el domingo, 29 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

5«En estas fechas tan señaladas, quiero empezar preguntándome señaladas dónde. Si los cumpleaños se guardan en la memoria, los años en las canas, los atracones en las lorzas y las sonrisas en las patas de gallo, estaría bien saber en cuál de las dos nalgas hay que ir poniendo las fiestas de guardar. No, el espacio de en medio hoy ya me lo ha copado el ministro Soria y las eléctricas, lo siento mucho, vuelva usted mañana.

Sí amigos, también me gustaría saber por qué os llamo de pronto amigos.

Ahora que el espíritu navideño se instala en todas las casas, las bacanales gastronómico-carnavalescas alrededor de una mesa logran entre plato y plato algo insólito: que por unos días, el que tiene familia envidie al que no la tiene, y viceversa. ¿No es maravilloso? Se me cae el percebe de tanta emoción. Empezad, empezad, que eso frío no vale nada.

De todos modos, si hay algo que me fascina todos los años sin excepción es el retorno de la mala leche personificada en cierto comensal que lleva todo el año esperando para sentarse a tu lado. Si hay algo que me conmueve casi tanto como la retirada de Justin Bieber, es el retorno del cuñado.

Un cuñado no es el hermano de tu cónyuge. Ni tampoco es necesariamente siempre un hombre. Eso es demasiado reduccionista. Es quedarse con la mitad del cuento. No hay que tomarse el término de manera tan literal.

Un cuñado es mucho, pero que mucho más. Para empezar, un cuñado es alguien que siempre nació antes que tú. Aunque tú seas más viejo, da igual, para él los años contaban el doble y tú nunca tendrás ni puñetera idea por lo que él pasó. Por eso sufrió lo que sufrió, por eso llegó a renunciar seguramente al Grammy, al Emmy, al Oscar, al Webby y hasta al Nobel de la Paz, para poder darte hoy las lecciones que tú jamás has pedido. ¿Te vas a comer eso?

Un cuñado es el Vladimir Putin de cualquier familia. Nadie sabe muy por qué sigue ahí, pero nadie tiene cojones de echarlo. Por eso, a medida que va avanzando la reunión familiar, el buen cuñado no espera a que tú lo identifiques, él se postula solo, sus credenciales son inconfundibles y las piensa airear a los cuatro vientos con total impunidad.

El buen cuñado es capaz de vacilarle a todos y y a todas, siempre tienes la sensación de que se intenta acostar con tu pareja, y que si la comida dura un par de horas más, igual hasta lo consigue.

Ya antes de acabar el primero, mientras apura la copa de un vino que siempre es peor que el que él dice que traerá un día, te pregunta si por fin te van bien las cosas, o como siempre. Pásame la sal, anda, que un día es un día.

Por eso, durante el segundo plato, un buen cuñado aprovechará para preguntarte por todos y cada uno de tus fracasos. No sabes cómo se lo ha hecho, pero ha seguido proyectos que ni siquiera tú habías explicado, con lo que al final un cuñado acaba siendo la mejor base de datos de lo que pudimos ser y no fuimos, el mejor retrato de lo que nadie pintó.

Menos mal que él ahora viene, en estas fiestas tan señaladas, y por si estabas a punto de olvidar tus traspiés del año y pasártelo bien, no te preocupes que él te los recuerda, uno por uno. Oye, y aquello que me contaste que ibas a hacer, al final lo has hecho o no, porque yo no me he enterado, y como he visto que fulanito y menganito lo están haciendo y les va tan bien Anda que menuda idea tuviste, ¿no? ¿Crees que ya has dado con tu máximo nivel de incompetencia, o estás dispuesto a arriesgar un poco más tu vida y el futuro de tu familia? Y así.

No lo hace con mala intención. Lo hace con hijoputismo. ¿Un cafelito? ¿O pasamos a los turrones?

A la hora de los regalos, el cuñado es el que te pregunta cómo es que no encontraste el juguete que tu hijo llevaba meses pidiéndote y tú no fuiste capaz ni de deletrear. También hará chistes, uno nuevo de cada diez. Y contará anécdotas superdivertidas. Al final hasta se creerá el alma de la fiesta, un alma que no la querría ni el diablo de rebajas en un outlet del todo a cien.

Porque eso sí, si indagas un poco, seguramente encontrarás a un mediocre con tanta rabia como envidia y a un incompetente acomplejado que se está vengando de las collejas del cole, incapaz de disfrutar de la vida o de aportar algo de valor a la gente a la que supuestamente ama y de la que chupa toda su energía como un vampiro, que es lo que es. Y así monopoliza y secuestra fiestas, reuniones, titulares, medios de comunicación y grupos de whatsapp.

Vamos, que un cuñado para una familia viene a ser lo que un ministro del PP para su país.

Por suerte, ahí estarán siempre los concuñados para empatizar con nosotros, sufrir en silencio lo que sufrimos pero en nalga ajena y demostrar así cierta lección que jamás debimos haber olvidado.

Que menos por menos, es más.

¿Un licorcito?»

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El peor trabajo del mundo.

El peor trabajo del mundo.

Artículo publicado el domingo, 22 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

28«Ya seas hombre, mujer, animal, semoviente o cosa, atiende bien, porque si puedes leer esto y entenderlo, esta oferta puede que vaya dirigida a ti. Mediante la presente, te ofrezco el peor trabajo del mundo. Te ofrezco trabajar conmigo y trabajar para mí.

Estoy buscando una asistente personal. Y hablo siempre de una porque preferiría que fuese, antes que personal, persona. Siempre he intentado contratar a gente a la que admirase. Gente que tuviera algo que no tengo yo. Gente que me superase de mucho en algo. Sólo siendo persona ya habríamos cubierto este punto con creces. Si eres persona, sigue leyendo, que vamos bien.

Para empezar, deberás vivir en Barcelona. La distancia es el olvido, como cantaba aquél. Si no estás dispuesta a vivir en la ciudad condal y trabajar codo a codo conmigo, no estamos hechos el uno para el otro, no pasa nada, hay gente maja también en el resto del estado español, no tan maja como yo pero qué se le va a hacer.

El peor trabajo del mundo siempre estará mal pagado. Te aviso para que no haya sorpresas ni malentendidos. Tu remuneración estará todo el tiempo algo por debajo de tu valía. No por nada, sino porque a mí me pasa exactamente igual. Siempre he creído que ganaba menos de lo que debería. Si aún así te parece injusto, estaré encantado de repasar contigo la parte que aún no hayas entendido del título de esta oferta laboral.

El peor trabajo del mundo tampoco entiende de horarios. Seguro que las compañeras y compañeros estarán encantadas y encantados de leer esto. Pero seguro que también les gusta saber que la primera frase de este párrafo la he copiado de un delegado sindical. Estoy buscando una actitud que ponga el resultado por encima del proceso. A mí, como si no vienes a la oficina. Mientras hagas tu trabajo y lo hagas siempre buscando la excelencia, las horas físicas al final las pondrás tú. Gente a la que se le cae el boli, los anillos o la cara de vergüenza, abstenerse. Gracias.

Mi personal assistant (qué bien queda todo en inglés -por cierto, si no lo hablas, dont you even dare-) deberá ser, además, alguien que se adelante a mí, como mínimo, 48 horas. Alguien que vele por mi integridad física y mental y sea capaz de llevar y anticiparse mínimo dos días a una agenda de contactos, de reuniones, de viajes, de conferencias, de clases, de producciones publicitarias, de rodajes televisivos, de publicaciones de libros y de artículos como éste que se supone que estás leyendo. Cuanto más se anticipe, mejor. Cuanto más piense ella, menos tendré que pensar yo. Cuantas más decisiones tome ella, menos tendré que tomar yo. Cuanto más acierte ella, menos tendré que equivocarme yo.

A continuación, deberá ser alguien que demuestre que puede trabajar de community manager y lleve mi blog ristomejide.com. Nada demasiado complicado, pero hay que estar al día, contestar a todos los mails y mensajes que lleguen siempre con educación y respeto y llevarse bien con pantallas de todo tamaño. Fíjate que no hablo de experiencia, porque la experiencia ya no es lo que era y lo que hay que saber, como dijo aquél, se aprende en un par de tardes.

Por último, deberá ser una excelente relaciones públicas. Deberá gustarle tratar con gente de todo pelaje, linaje y condición, así que la flexibilidad, la empatía y la proactividad serán clave en el correcto desempeño del puesto. Alguien que haga lo que nunca he sido ni seré capaz de hacer yo: enamorar a la gente desde el primer encuentro. Y hacer seguimiento de las relaciones humanas, esas grandes desconocidas para mí.

Todo, como dice mi amigo Gerard, obsesionándose por las 3D: dedicación, dirección y discreción.

A cambio, la verdad es que no ofrezco mucho. Un trabajo en una empresa seria a ratos, un salario que pagamos, eso sí, religiosamente y enseñarle a esa persona lo poco que pueda saber yo sobre lo mucho que desconozco. Ahora empiezo a entender por qué no la he encontrado todavía.

Si crees que reúnes estas características y no te importa aplicar para el peor trabajo del mundo, deberás saber que, además, compites contra una empresa de recursos humanos que está realizando una búsqueda en paralelo y contra una candidata -que sabe que es provisional- pero que lleva unas semanas haciéndolo realmente bien y a lo mejor al final hasta se queda con el puesto.

Si aún así quieres probar suerte, envía tu currículum, tu análisis de orina, o lo que te dé la gana a elpeortrabajodelmundo@gmail.com. El buzón permanecerá abierto hasta las 23:59 del 31 de diciembre de 2013, momento en el que se dejarán de recibir mensajes. Tampoco envíes muchos mails, conocer la fina línea que separa la insistencia de la pesadez será uno de los criterios a valorar para la selección de candidaturas. Y sólo nos pondremos en contacto con aquellas que vayamos a entrevistar, así que si el 31 de enero aún no has recibido respuesta, la respuesta es no, pero gracias por participar.

Busco la mejor persona del mundo para el peor trabajo del mundo.

Sé que existes.

Y sé que aún yo no te he encontrado.

A ver si de este modo tú me encuentras a mí

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Soy pregunta

Soy pregunta

Artículo publicado el domingo, 15 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

AFTERSHARETV_Risto_1_Bitono_baja«Cada uno de nosotros es una pregunta. Todos y cada uno de nosotros nacemos con un signo interrogativo que rodea nuestro cerebro, baja por nuestro esófago condensando nuestro aliento y no se detiene hasta que sutura con un punto nuestro corazón. Crecemos buscando y juntando partes inconexas de trozos de respuesta y morimos justo cuando formulamos la otra gran pregunta que siempre quedará sin contestar.

Todo junto es un proceso caótico al que llamamos vida para simplificar y al que encima tratamos de dar algún sentido por el camino. Mira si es aleatorio que las respuestas que necesitas no están nunca a mano, no sabes muy bien por qué, y las que sí te llegan, además, lo hacen siempre antes de que nadie las haya preguntado. Eso sí, la coherencia que no nos la quiten, eh. Que sóc del Barça.

A medida que te vas haciendo mayor, compruebas que las preguntas crecen más rápido que las respuestas. Quizás sea porque nos han enseñado a responder sólo a problemas ya planteados. Porque cuando llega el momento clave, el momento de la verdad, la gente que más podría ayudarte, normalmente ya se ha ido. O a lo mejor será porque creemos que la respuesta a una pregunta siempre tiene que ser eso, una respuesta, y no otra pregunta. No lo sé. Lo que sí sé es que la entropía debería haber sido asignatura obligatoria en la escuela primaria, y si no lo es todavía, que alguien le preste un cerebro al ministro Wert y veréis como lo acaba siendo.

Un día, antes de que te des cuenta, sin apenas planteártelo, de pronto notas que las respuestas hace tiempo que han dejado de satisfacerte. Porque vas descubriendo que son caducas. Porque has comprobado que son cambiantes. Porque sabes que muchas morirán contigo. O porque alguien o algo las matará. Ser pregunta te lleva a desconfiar de todas las respuestas. Ser pregunta te lleva a alimentarte de más preguntas.

Y así es como surge el relato de nuestra vida.

Un héroe no es más que alguien que defiende una pregunta. Abierta, grande, universal, no con una sino con tantas respuestas como vidas se la planteen. Es alguien que cree que mientras hay preguntas, hay esperanza. Mira los niños, que no paran de preguntar por qué. Y los artistas. Y los científicos. Mira Bertrand Russell. Un villano, en cambio, no es más que quien pretende rodear esa misma pregunta con la antimateria de su respuesta. Él sí que sabe lo que nos conviene y quiere cerrar la pregunta, desactivarla, meterla en un ataúd. Un mundo de sólo respuestas, es un sistema inerte, un sistema muerto, un sistema que ya está.

Tú haz lo que quieras, pero yo desconfío de las respuestas tipo test. Desconfío de los que me quieren hacer responder sí o no. Soy firme militante del depende. Será mi sangre gallega mezclada con catalana. Y si es así, aún me siento más orgulloso de venir de donde vengo.

Pero si ese alguien además, es un político, entonces la desconfianza se convierte en cabreo. O sea, que no me tengo que preocupar, que ya me das tú todas las opciones posibles. Como si fuera ese mocoso al que tratas de educar por el buen camino. El clásico truco de darle dos opciones al niño para que no se me pierda, que haga lo que yo quiero y que encima crea que está ejerciendo su libertad. Ah, y no nos olvidemos, me traspasas el problema, que es tuyo, y que por eso te pago, para que lo resuelvas tú. Para que encima puedas seguir ejerciendo tu incompetencia, pero ahora encima con mi bendición.

Menos Mas que aquí llega Artur para solucionárnoslo todo. Tranquils, que ja sóc aquí. Amb il·lusió. Y para que no nos falte de nada, nos viene no con una pregunta, sino con dos. Una embarazada de otra. Es una pregunta con polizón. Un kinder sorpresa de la duda. Y así, complicando una pregunta, se empequeñece aún más la respuesta. Sin matices ni medias tintas ni grises, que de eso ya tuvimos bastante durante cuarenta años.

Los chinos, que de tinta saben un rato, utilizan la misma palabra (wenti) para designar al problema y a la pregunta. De tal manera que a que quien tiene muchos problemas, prefieren decirle que tiene muchas preguntas. Sigues sin solucionar nada, pero y lo bien que te lo pasas confundiendo al respetable.

No me pienso esperar al 9N. Yo es que me pregunto encima. Y me pregunto qué hará nuestro visionario President cuando el choque de trenes sea ya algo inevitable. Y lo peor, qué haremos entonces el resto de catalanes que seguimos creyendo en la convivencia pacífica y en que el oficio de un político es siempre y por encima de todo, sentarse, dialogar y negociar.»

Ése sí es mi problema.

Ésa sí es mi pregunta.

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Los 10 mandamientos de Risto Mejide.

Los 10 mandamientos de Risto Mejide.

Entrevista publicada vía Elperiódico.com

Captura de pantalla 2013-12-10 a la(s) 10.40.17Su artículo ‘No busques trabajo’ fue el más retuiteado del país.El creativo lo ha ampliado a formato libro. Autoayuda laboral a lo Risto: a bocajarro y con colleja.

Cuesta encontrar piedras que tirar al tejado de Risto. Él siempre se ha arrojado ya las más llamativas. Así que quizá hay que calibrar el dicho: la mejor defensa es el ataque a uno mismo. “Hay que salir criticado de casa –responde el ex terror de los triunfitos–. Es una cosa que yo he practicado siempre. Sé muy bien lo que hago bien, pero también sé muy bien lo que hago mal. Porque tengo mucha gente que me lo dice”. Mucha gente = 1,5 millones de seguidores en Twitter, 72.000 en Instagram, más de 127.000 en Facebook. Un alcance total estimado de 12 millones de impactos, según su ‘biopic’ de solapa. Casi tantos lectores como toda la prensa escrita española. ¿Que cómo una persona que no tiene ni idea de nada ha llegado a tener esa potencia mediática? “Porque creo que una de las cosas que sí sé hacer es comunicar”, responde él de carrerilla.

Ya va por su quinto libro. Título muy Risto: ‘No busques trabajo’ [él así ha encontrado siete]. Desmonta 50 excusas para no salir de la zona de confort. Es un libro con precuela: nació de uno de sus artículos dominicales del suplemento ‘Más Periódico’ (‘El Periódico de Catalunya’). El del 19 de mayo se convirtió en el más retuiteado del país. ¿Qué tiene el libro que no se pueda encontrar ya en Internet? “Mi punto de vista”, responde su autor. Autoayuda a lo Risto Mejide: a bocajarro y con collejas. “Quien piense que voy a inventar la sopa de ajo, que no lo compre –dice–. No estoy descubriendo nada nuevo. Listo las cosas que va bien recordar”.

A continuación, los 10 mandamientos del Mesías de Twitter para ser tu propio jefe [hace siete años que él lo es]. Con una salvedad: aquí no hay milagros. No buscar trabajo cuesta bastante trabajo.

1. Deja de soñar con ser funcionario

Primer mandamiento basado en estadísticas: “El 56% de los españoles de 16 a 30 años sueñan con ser funcionarios”, recoge el libro de Risto. Si a alguien se le ocurre desmarcarse del españolito medio, aquí va el porcentaje con bofetada: “El 92% de los emprendedores dicen que España no es el país indicado para poner en marcha negocios ni empresas”. Risto cambia el abracadabra moderno –“emprender”– por “autoemplearse”. “Emprender pueden muy pocos. Autoemplearse podemos todos”, garantiza el creativo. Autoemplearse = “No significa abrir un negocio, sino generarte tu propio empleo. Ser un autónomo que vende una habilidad que le hace especial”. Contraindicaciones: “No es la panacea. Te llevas mucho trabajo a casa y hay jornadas de 16 horas, sí. Pero puedes elegir dónde trabajas, puedes elegir con quién trabajas”. ¿Ventajas? “Es la única empresa de la que jamás te podrán despedir”.

No se requiere experiencia. Risto pone como ejemplo a David Ogilvy, “uno de los mejores creativos de todos los tiempos”. Se estrenó con 38 años. Había sido cocinero, vendedor, diplomático, granjero. Nunca antes había redactado un texto publicitario.
Tampoco se necesita inversión mínima. A Alec Brownstein le bastaron 6 dólares para conseguir dos ofertas de trabajo. Puso un anuncio que aparecía cada vez que se tecleaban en Google los nombres de los seis directores creativos más importantes de Nueva York, que precisamente tenían tendencia a la egobúsqueda. Así que cuando los directores se googleaban a sí mismos, leían: “Buscarse a uno mismo es divertido, contratarme a mí lo es mucho más”.

Moraleja: “Tú decides a qué grupo quieres pertenecer: a los que lloran o a los que fabrican pañuelos”.

2. Descubre tus rarezas

En qué eres raro. No especial. “Lo de especial conlleva un matiz positivo –remarca el libro–. No necesariamente lo que nos diferencie será algo de lo que podremos estar orgullosos. Y allí también existirá oportunidad de negocio”. “Eso –añade Risto– va radicalmente en contra de los currículos. Un currículo es una lista de cosas que todo el mundo conoce y muchos más han hecho. Cuanto más tendía a la uniformidad hasta hace poco, mejor eras. ‘He-estudiado-en-la-universidad-de-Harvard’. Poco a poco hemos ido descubriendo que eso es mentira”.
¿Cómo se descubren las rarezas? “Yo defiendo que es a partir de lo que más molesta –responde el publicista–. Lo que más te cuesta meter en el currículo”. Así que toca hacerse autoanálisis. “Siéntate con alguien que te conozca bien”. Y escribe en un papel: “Yo soy el único que, dos puntos”. “Para venderte a ti mismo tienes que buscar en qué eres único. Ese es el primer paso que defiendo siempre. Y que moleste a gente”. Que moleste a la gente correcta. “Es lo que espero comunicarle a mi hijo algún día. ‘Oye, ¿quieres ser pizzero? Sé pizzero, pero sé el único que: reparte en pelotas”.

3. No seas un ‘miedocre’

“El mayor enemigo –advierte Risto– lo tenemos dentro”. El miedo. Miedo al fracaso, al qué dirán, a tener razón. A conseguirlo. “Y a perder lo que has conseguido –termina de enumerar el creativo–. El miedo te va a estar acompañando toda la vida. Te vaya como te vaya. El tema es qué relación estableces con tu miedo. El que no tiene miedo es temerario. El valiente es el que lo tiene y aun así actúa. Yo intento convertirlo en ruido cuando aparece. Ruido ambiental. Está ahí. Pero no dejo que dirija mi vida”.

De ese ruido ambiental se recomienda quedarse con un estribillo: hay que estar dispuesto a asumir riesgos. “El riesgo es la manera que tiene la vida de decirte que puedes tener una vida más interesante”, dice el creativo. Aunque los porcentajes no ayudan: solo el 12% de los encuestados en el Eurobarómetro de 2010 se identificaban con la frase “soy una persona que toma riesgos”. ¿La fórmula mágica? Distinguir “riesgo” de “incertidumbre”. Tener un optimismo moderado. Y seguir el consejo del espía peliculero Jason Bourne: “Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor”. La mala suerte –advierte Risto– es la excusa de los fracasados.

4. Fracasa

“Fracasa rápido y barato”, aconseja el creativo. “Que no te vaya la vida en ello. Si tienes 100.000 euros, no los pongas todos en la misma cesta. Haz 10 proyectos de 10.000. Y el que te salga mal que no te cueste la vida”. Risto insiste en que él trabaja para fracasar. “Mucho y bueno”. “Hace poco un tuitero decía: ‘Risto Mejide es un fracasado. Fracasó como músico, fracasó en sus programas de televisión, fracasó como productor musical…’. Si es que estoy orgullosísimo de estos fracasos. Y te has quedado corto –el creativo enumera unos cuantos más en su último libro–. Pero esos fracasos me han llevado hasta aquí. Esa es la parte que falta. La gente reniega de sus fracasos. Son los hijos bastardos”.

Frase para recitar de carrerilla ante potenciales inversores: “El fracaso es la única forma que tiene la vida de comprobar que realmente deseas conseguirlo”. De hecho, según recoge el publicista, en EEUU hay bancos que solo conceden créditos para proyectos de emprendedores que ya han fracasado antes.

“Espabilamos gracias a morder el polvo”. Es uno de los mantras de los gurús: conviene equivocarse antes de acertar. “Los mejores profesionales que me he encontrado en mi vida eran auténticas plantas de reciclaje de fracasos. Cogían su fracaso y lo convertían en botella de plástico”. Ya. Pero ¿y de qué comes mientras? Risto echa mano de la pirámide de Maslow (esa jerarquía de necesidades que se memorizaba en el colegio). “Si no tienes para comer, lo primero, come. No hablemos ni de realizarte ni de ser profesional de éxito. Primero come, y luego vamos al siguiente nivel”.

5. Ten fe en ti mismo

Verdad de Perogrullo para sacar pecho sin autolesionarse: “Hay millones de personas mejores que tú, pero tú eres también mejor que otros millones de personas en algo”. Debe ser la muletilla del autoempleado: con-fi-an-za. La confianza se transmite. “Si no crees tú en ti mismo, el que está al otro lado de la mesa tampoco lo va a hacer –apunta Risto–. Eso se comunica de manera no verbal”.

Chute de autoconfianza: “El mundo está lleno de carteras dispuestas a dejarse seducir por cualquier cosa que sea novedosa o sugestiva”. Es decir: que ahí fuera hay mercado para los productos más extraños. “Nadie es imprescindible, ya lo sabemos –adelanta el publicista–. Pero todos los días pagamos productos y servicios que nos han convencido de lo contrario. Todos los días”. Por ejemplo, ya hay una empresa que instala códigos QR en las lápidas para ver al muerto en vida a golpe de ‘smartphone’. “Son empresas que han encontrado su nicho, nunca mejor dicho, de mercado”, sonríe el creativo.

6. Sé un oportunista

Es la cualidad básica de todo autoempleado del mes: “Un buen autoempleado no se distingue tanto por sus ideas geniales como por su capacidad para encontrar oportunidades”. Hay muchas ideas –apunta el libro– que pululan por el mundo a la espera de que alguien saque su red y las cace. Por ejemplo: la del yogur helado. Ya existía fuera de España. Sacó la red Pedro Espinosa. Hoy tiene 122 establecimientos y factura 26 millones de euros, recoge Risto.

Las oportunidades se generan, añade el creativo. “No tienes que esperar en tu casa a que te venga la oportunidad. Puedes forzar a que ocurra”. Él saca el ejemplo de su propio dormitorio. “Si no fuera porque yo me puse repetidas veces en el camino de mi mujer, hoy no estaría conmigo. Yo la perseguí. Me puse delante, me puse delante, me puse delante, y al final me dio la oportunidad. [Desde que le mandó el primer sms, “me has hecho volver a creer en las hadas”, hasta que empezaron a salir pasaron tres años]. Yo era un acosador casi [se ríe]. Yo generé esa oportunidad de donde no existía. Porque ella desde el principio me mandó a la mierda directamente. De mandarme a la mierda pasó a ser hoy la madre de mi hijo. Es quizá mi mayor triunfo en la vida. Soy un oportunista”.

La clave: “Que la persona acosada no tenga otro remedio que sonreír. Igual en la venta. Esa es la manera: buscar siempre la sonrisa del otro en cada paso. El acoso con sonrisa es lo que funciona”.

7. Estate dispuesto a cambiar

Hubo un tiempo en el que los empresarios decían sin reír “contrato indefinido”. Hace años de eso. Pero la estabilidad en el trabajo, ese concepto tan ‘vintage’, sigue siendo la prioridad del 74% de españoles, según algunas encuestas. Así que se impone cambio de chip: “El concepto perenne ha quedado caduco”, advierte Risto. “El mundo de hoy nos empuja a ser flexibles y polivalentes”. Eso también incluye abandonar las ideas cuando no funcionan, añade el jurado televisivo. “Ser capaz de despegarte de una idea que te está hundiendo en la miseria”. De esa “cojoidea” que va a salvar al mundo. “Hay gente convencida de eso y nadie de su entorno le está diciendo: ‘Chist, para’, o ‘esto ya existe’, o ‘hay algo que no funciona”. Vuelta al análisis autocrítico. “O lo haces tú o lo haces con el entorno, pero en algún momento tienes que hacerlo. Porque pegarse a una idea –asegura el creativo– puede ser la mejor manera de pegarse una hostia”.

A estas alturas, hay que saber conjugar bien el verbo más importante del márketing: escuchar. “Escuchar a tu entorno. Escuchar al consumidor. Escuchar las sugerencias que te llegan. Ser capaz de integrarlas, valorarlas, y pensar: ‘Pues quizá esto que me está diciendo me ayuda’. Escuchar”. Es el secreto, dice Risto, para fidelizar a los clientes. “Por eso es tan difícil encontrar un emprendedor, porque es un balance muy complicado entre la pasión por lo que haces y la humildad para ser capaz de despegarte de ello”.

Diversifícate. Es el mejor consejo que se ha dado Risto a sí mismo. De jefe explotador a autoempleado. Ahora acumula siete trabajos: tiene una agencia de publicidad (Aftershare.tv) y una productora de televisión, colabora en ‘El Periódico de Catalunya’, da conferencias, escribe libros, ejerce de ‘business angel’ (inversor), lo que ha terminado cristalizando en la aceleradora de negocios Conector.com, y es jurado televisivo (‘Tú sí que vales’, Tele 5). “Diversificar –justifica sus tics de ‘workaholic’– te otorga independencia”.

8. Deja de enviar currículos y empieza a conocer gente

El consejo es de Juan Merodio , experto en márketing digital y redes sociales. “En los tiempos de Internet y las redes sociales no puedes decir que no conoces a nadie”, añade Risto. “Conectarte con gente te va a suponer muchos más beneficios que hacer 10.000 posgrados y doctorados. Yo en LinkedIn tengo 5.000 contactos. Es la base de gente a la que primero recurro cuando busco a alguien”.
LinkedIn, Twitter, Facebook, Tuenti. “Busca a gente que esté haciendo lo que tú quieres hacer [teclea “blogs de emprendedores” en Google. Solo marketingguerrilla.es tiene 100 referencias]. Fíjate a quién siguen. Sobre qué escriben. Copia a quien quieras parecerte y pronto empezarás a tener tu propia marca”, aconseja el publicista. Crea un blog. Abre una web profesional. “Empieza regalando todo lo que sabes”. Risto propone seguir su “teoría del cuarto oscuro”: “Dar, dar y dar con la esperanza de recibir algún día”. E ir siempre de culo, se da por hecho. “Viene en el ‘pack’”, se ríe el publicista.

9. Busca problemas

Lo repite el profesor Xavier Sala i Martín de conferencia en conferencia: habría que educar a los niños a buscar problemas donde no los hay. “La búsqueda de problemas es una búsqueda de oportunidades”, le justifica Risto. “No nos han educado para buscar los problemas. Y la vida, y sobre todo el sector servicios, consiste en solucionar problemas a tus clientes”. Es la fase clave para hacerse imprescindible. “Mirar donde todo el mundo mira y ver lo que nadie más ve”. Es decir: estudiar al potencial comprador e identificar qué problemas tiene. “Incluso descubrirle aquellos que no sabía que tenía –apunta el creativo– . Un gran ‘marketiniano’ es alguien que te dice: ‘Tú no lo sabes, pero tú me necesitas’. Y luego te convence. Eso es lo que hizo Steve Jobs. Cuando lanzó al mercado el iPod, ya existía el reproductor mp3”. Así que “NO” en el vocabulario de Risto Mejide significa “Necesidad Oculta”. Quiere decir “que no has dado con la necesidad latente del que te está escuchando”.

10. Recurre a la familia y amigos

Las tres efes, que dicen los americanos: Friends, Family and Fools. Amigos, familia y locos o tontos, según convenga traducirlo. Alternativa postburbuja inmobiliaria a los bancos. “Por culpa de la incertidumbre sobre el futuro de España –recoge Risto–, hay más de 738.000 millones de euros de particulares en depósitos que están rindiendo un mísero 1,41% como media. Si consigues convencer a un 0,0001% de ese capital de que tú podrás darle más de un 1,41%, ya tendrás más que asegurada tu inversión inicial”. Si no, hay dos opciones más: buscarse un ‘business angel’ (inversor privado) y el capital riesgo (entidades financieras). Y tatuarse una frase en la frente: libérate de compromisos. Es sabiduría de abuela: “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”. Y un mandamiento de regalo: “Solo fracasas cuando dejas de intentarlo”.

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Ni fácil ni difícil ni sencillo ni complejo, sino todo lo contrario.

Ni fácil ni difícil ni sencillo ni complejo, sino todo lo contrario.

Artículo publicado el domingo, 8 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

25«No soy fácil. Pero quién lo es.

Mira este artículo. En un principio pretendía que tratase sobre las cenas navideñas de empresa, un artículo ligerito, para ir abriendo boca, pero si hasta se iba a llamar La dieta François Pignon. De ahí la fantástica ilustración que lo acompaña. Estaba dispuesto a imaginar e ironizar sobre las cenas del PSC, la de la CEOE, la de la calle Génova o la de la UGT.

De pronto, se nos muere Mandela, bueno, nos morimos todos un poco con él, la noticia atraviesa cada una de mis palabras, se me baja la ceja y lo demás como que parece que flota. Sí, que el hombre ya tenía una edad, pero yo qué sé. Hay gente que debería ser tan inmortal como las ideas que representa. Gente tan grande que no cabe en una vida. Ideas tan fuertes que no las mata ni dios.

Porque no soy difícil. Pero quién lo es.

Mira el bueno de Montoro. Menudo lío tiene el pobre, con lo sencillito que es él. Parece que Don Cristóbal monta sobre un enano y le crecen los circos. Seis nuevos cadáveres (¿políticos?) a cuestas de Santiago Menéndez, serias sospechas de trato de favor en los asuntos Noos y Cemex, y para colmo, un pulso fraticida con el ministro Soria por lo único que importa aparte del sexo. Ojalá vuelva pronto el ministro a la comicidad a la que nos tiene acostumbrados, amenazando a artistas para que parezca un accidente y ejerciendo su encomiable labor de crítico cinematográfico, para que podamos seguir igual de mal, pero al menos echándonos unas risas.

Y es que vale que no soy sencillo. Pero quién lo es.

Observa a cualquier niño. O a cualquier anciano. Pregúntales qué es lo que realmente les importa. La sencillez está en el punto de partida y en el de llegada, pero jamás en el trayecto. En el camino está siempre la complicación, la dificultad, el obstáculo. Vivimos un estado continuo de emergencia. Nos adelanta siempre la rapidez. El ritmo ha reemplazado al tempo y todo ocurre y es analizado, criticado y concluido mucho antes de que alguien pueda siquiera sentarse a reflexionar.

Pero es que tampoco soy complejo. Y quién lo es.

Cumplir la ley es la base de todo lo demás. O al menos debería serlo. Pero cuando veo a un hijo de la gran puta (sí, sí, vuélvelo a leer, pero con todas las letras: hijo – de – la – gran – puta) salir de la cárcel sin haber mostrado ni un ápice de arrepentimiento y a sus médicos, psiquiatras y psicólogos negando cualquier tipo de rehabilitación, no puedo evitar plantearme no ya si ha salido antes de hora, sino si deberíamos estar revisando ya esas mismas leyes con carácter prioritario y urgente, pero no retroactivo, no vaya a ser que la volvamos a liar.

Al final, si hay algo que define este inicio de siglo XXI es que estamos siempre en manos de lo que aún no conocemos. Y que no sabemos lo que no sabemos, hasta que nos damos cuenta de que lo hemos aprendido siempre demasiado tarde.

En los años 90, los militares hablaban de situaciones VICA: entornos de extrema Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. O sea, hoy. Y para acabarlo de arreglar, el profesor Douglas Rushkoff acaba de inventarse la digifrenia: la frustración causada por nuestra incapacidad de manejar nuestras actividades e identidades múltiples simultáneamente por culpa de nuestra inmersión digital, que todo lo moja hasta dejarlo tan arrugado como un cerebro pero tan inservible como en ausencia de él.

Yo me quedo con los Wicked Problems de Jeff Conklin: sólo seremos capaces de conocer cuál era nuestro verdadero problema cuando hayamos encontrado parte de su solución.

Vamos, que sólo podemos saber qué queríamos decir cuando ya lo hemos dicho.

Que sólo podemos saber qué queríamos hacer cuando ya lo hemos hecho.

Muy parecido a lo que me ha ocurrido con el texto de hoy.

Bonita ilustración, eso sí

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Felicidades.

18Artículo publicado el domingo, 1 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

«Cada año arranco diciembre una cifra más lejos de lo que pone en mi DNI. Cumplir un 29 de noviembre te hace tener amigos casi siempre mayores que tú, esperar muy poco o casi nada de los regalos de navidad, tardar hasta enero en responder correctamente cuando alguien te pregunta la edad y aguantar las tonterías que año tras año se dicen sobre los sagitario. Por lo visto, somos imaginativos, arriesgados, impetuosos, nobles y un tanto egocéntricos. Nada, ni puñetera idea. En realidad, mamá, queremos ser artistas y perdemos unicornios azules día sí, día también.

Sin embargo, como en todos los cumpleaños de cualquier mortal, durante ese día tan como cualquier otro, la frase que más te llega no es cómo te sientes, ni cada cuánto te aman, ni siquiera cómo te lo has montado para llegar con vida hasta aquí. La palabra que más escuchas no es otra que felicidades. Así, en plural. Como si no bastase con una, la gente que te quiere intenta desearte muchas. Y tú encima te ves obligado a darles las gracias.

Si lo piensas bien, deberías pedirles que especificaran. Porque si te desean muchas y no mucha, eso significa que existen varios tipos de felicidad. A bote pronto a mí me salen, como mínimo, cuatro.

Para empezar, está la felicidad del que no da para más. Es la felicidad del iluso, del idiota, del inconsciente, la del lirio en la mano del inocente inocente. Es la felicidad que carece de tanta maldad como de información. Es la felicidad del que ni sabe ni, por más que se esfuerce, jamás sabrá. El que no se inquieta porque no puede. El que no se plantea porque no tiene con qué. Benditos, envidia me dan. Eso cuando no me siento uno de ellos, claro.

Después está la felicidad del que ya le está bien. Es la felicidad del conformista. La del ir tirando. La del no nos podemos quejar, la del que vive en un eterno día de verano. Son los felices que mi abuela llamaba felicianos. Y así no se puede ir por la vida, solía rematar. Son todos aquellos que, por más que te esfuerces, jamás cambiarán. Y desde luego, nunca esperes que gracias a ellos, las cosas cambien. Lo cual me lleva al cambio como fuente de infelicidad. Pero eso daría para otro artículo.

A continuación está la felicidad postiza. Es una felicidad impostada, de sonrisa de boda, de político en campaña, de cara a la galería, más de quita quita que de pon pon. Es la que hemos consumido desde pequeñitos, la que Disney nos ha contado que hay que perseguir en esta rueda del hámster que son los anuncios publicitarios, las películas americanas y novelas del todo a sien. Es la felicidad sin pedos ni señales, sin mocos ni cuñados que ganen más que tú. Es la felicidad que caduca a los 90 minutos, y que no resiste ya no una mudanza o un hijo, sino la triste secuela de un domingo por la tarde.

Y por último, si tuviéramos que redondear esta feliz lista, estaría la felicidad que es resultado de una decisión. Es la más difícil, pues no depende de nadie más que de quien la padece. La que hay que recordarse a uno mismo todos los días. No es la felicidad del que más tiene, sino la del que menos necesita. Tampoco es la felicidad del que más recibe, sino la del que más da. Es la felicidad del que ama sin remitente. La del que ha decidido sentir sin cobro revertido.

La felicidad del inconsciente no se puede recomendar, pues como hemos visto, no depende de nuestra propia voluntad. Para practicar la felicidad conformista tendría que empezarse por cambiar algo, cosa incompatible con un ser feliciano. La postiza no queda nunca creíble si no viene acompañada de un presupuesto de varios millones, guion bien pedorro, una Julia Roberts cualquiera y directo a DVD. Y la felicidad decidida, al ser consecuencia directa de eso, de una decisión, jamás puede ser un deseo, sino en todo caso una exigencia y un compromiso personal con la alegría de los demás.

Por lo tanto, sólo me queda una explicación: en realidad no estaban deseándome muchas felicidades por mi cumpleaños, sino que intentaban regalarme la definición más importante de mi vida. Con los nervios, que dan hambre, se comieron el espacio en blanco entre «felicidad» y «es». Y puesto que de lo que se come se cría, al intentar completar la frase, todos se quedaron justamente así.

En blanco.»

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Urgencias.

Urgencias.

Artículo publicado el domingo,  24 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com

14«No te hagas líos. Nada importa demasiado si la salud no está. Si crees que tu vida no pasa por su mejor momento, si te crees con derecho a enfadarte, frustrarte o deprimirte, date una vueltecita por cualquier uci. Allí donde urge lo importante e importa lo urgente. Allí donde el día y la noche los marca cualquier cosa menos la salida y puesta del sol. Es un paseo, seguro que tienes alguna cerca. Yo tengo una justo al lado de casa. Vas, visitas a las familias que allí se encuentran, y hablas con ellas. Que te cuenten su drama, lo que están viviendo y lo que darían por dejar de vivirlo. Y luego me cuentas.

Nos creemos importantes hasta que algo o alguien nos manda a un hospital. Igualador de vanidades, antesala de nuestro principio y de nuestro fin. El hotel de los dolores mudos. La residencia del gemido que nadie quiere escuchar. Si te crees con derecho a estar mal es porque no lo has estado de verdad. Si nunca has pasado una noche en urgencias, aún no sabes lo que es sufrir.

Siempre he pensado que el amor de tu vida se esconde tras la salud, y no se le ve hasta que ésta se quita de en medio. Tu media naranja jamás será la que exprimas sobre el catre de la pasión y el desenfreno. De esas encontrarás muchas, o al menos eso espero, por tu propio bien. Pero la mujer o el hombre de tu vida será sólo aquél o aquélla a quien le digas un día «llévame al hospital». Todo lo demás, se puede pagar. Visto así, igual deberíamos casarnos todos con putas o con taxistas. O igual es que todos somos un poco putas y un poco taxistas, también.

No te hagas líos. Cuando dejamos de ser estupendos estamos más cerca de los que estaban tan cerca que ni los veíamos, y aleja a los que ya estaban lejos, pero los creíamos ver. La enfermedad grave, un gran detector de mentiras que encima suele llegar demasiado tarde, o demasiado pronto.

Así es la salud, ese bien de preciada ausencia, pues sólo se valora cuando ya se perdió.

Y es que somos lo que cuidamos. La debilidad de un cuerpo que necesita otro para subsistir cuantifica la dependencia de nuestro prójimo, pero también nuestro nivel de civilización. Porque son justamente los débiles los que miden nuestro grado de fortaleza. Porque son los que se hacen pequeños los que nos pueden hacer sentir grandes. Cómo tratamos a los dependientes. A los ancianos. A los enfermos. A los niños. Cuanto mejor los cuidemos, más lejos estaremos de la barbarie y la sinrazón.

Por eso me parece impresentable que algunos se empeñen en convertir la cuestión sanitaria o de la dependencia en un problema de cartera.

«No te hagas líos. No es una política más. Es la única política que siempre debería existir, incluso a falta de todo el dinero del mundo, así tuviéramos que prescindir de todo lo demás. Pero la sanidad no. La sanidad es innegociable. Para éste y para todos los gobiernos que vengan. Oiga, la vida está por encima de usted y de sus cuatro míseros años de mandato. Si no hay vida, no hay nada. Así que métase los recortes entre su culo y el cuero de su coche oficial. Pero la sanidad ni tocarla. Que si nos morimos por un recorte, entonces ya no nos morimos, sino que usted nos está matando. Y habrá que juzgarlo como lo que usted es. Un genocida.

No admito que me vengan con eufemismos. Privatizar la gestión significa echar gente a la calle. Y así nos luce el pelo. Ciudades inundadas de mareas blancas que desean trabajar mientras sus centros de salud acumulan listas de espera con pacientes que no pueden permitirse el lujo de convertirse en clientes. Recortes descarnados que acaban blandiendo hachas donde deberían usar bisturí. Y mira que te lo dice un orgulloso hijo de médico de centro público. Y aun así, resignado cliente de la privada.

En la antigua China, los médicos cobraban sus honorarios sólo mientras la población estuviese sana, y dejaban de cobrar en cuanto ésta enfermaba o sufría algún tipo de epidemia. Creo que deberíamos empezar a aplicarlo con los políticos. Descontarles de su sueldo todos y cada uno de los días que los pacientes de este país pasan esperando a que alguien les cure.

De ese modo, la cuestión de la sanidad pública no ganaría en simplicidad.

Pero sí en urgencia.»

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Comprométete.

Comprométete.

37Artículo publicado el domingo, 10 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Ésta es una invitación a una vida más jodida, pero más plena. Esto es un billete de vuelta a un mundo mucho, pero que mucho mejor. Si tu intención es seguir leyéndome sin más, casi que lo dejamos en esta línea. Porque es que no te va a gustar nada todo lo que sigue, o igual no te disgusta, pero te incomoda. De verdad, no pasa nada, no pierdas el tiempo ni me lo hagas perder a mí. Porque si sigues adelante, ten en cuenta que hoy pienso darte una receta infalible para salirse de cualquier gris. Y todo gracias, o mejor dicho por culpa, de una palabra, de un imperativo, de una acción.

Comprométete. Deja de decir y empieza a hacer. Sal de la contemplación y de palabras como las de este texto y pasa directamente a la acción, mucho más sucia, dolorosa e imperfecta, pero auténtica, de verdad. Un compromiso es el brazo armado de la intención. Es tiempo transformado en dedicación. Es oponerse frontalmente a cualquier inercia. Declararle la guerra a lo predestinado. Hacerle la vida imposible al ya se verá.

Comprométete. Nada vale la pena sin un compromiso que llevarse a la vida. Algún día medirás su intensidad en la cantidad y calidad de tus compromisos. Y para entonces puede que ya sea demasiado tarde. Un compromiso respira por el mismo sitio por donde tú respiras. Así que si quieres que llegue vivo a mañana, comprométete, sí, pero hazlo ya. Hoy. Now.

Comprométete. Busca una causa, que es otra forma de decir enemigo, y ve a por él. Y si no buscas una, sino muchas, mejor que mejor. Pueden ser grandes, inmensas e inabarcables, pero también enemigos pequeños y cotidianos. Da lo mismo. Lo importante es que les declares la guerra y pongas tu energía y tu talento al servicio de esa batalla. Puede que hoy no ganes, vale, de acuerdo. Pero ni te imaginas lo que vas a crecer por el camino. Si además consigues que el miedo no te pueda, jamás estarás solo, y algún día, muchos, juntos, seréis indestructibles. Ha pasado antes. Y volverá a pasar. Contigo o sin ti.

No prometas tanto y comprométete. Estate dispuesto a equivocarte una y mil veces pero siempre en esa misma dirección. Demuéstrale al fracaso que para ti es sólo un mero trámite, un papeleo en tu camino hacia el éxito. Y cáete. Y vuélvete a caer. Que si tu compromiso es lo suficientemente grande, no te hará falta ni ayuda para levantarte.

Comprométete. Y compromete a los demás. Mételes en el lío. En un compromiso, sí. Ellos son como simpatizantes de UPyD, están deseando militar aunque aún no lo sepan. Buscan lo mismo que tú, lo mismo que cualquier ser humano, muchísimas cosas que pueden resumirse en dos: transformarse y trascenderse. Y necesitan a gente que tire, que les haga creer, soñar y patrás ni pa tomar impulso. Como dijo el maestro Yoda, hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.

 Ah, y no te preocupes por cumplir. Cumplir es de flojos. Ya verás como el que se compromete no se conforma con eso. El que se compromete va siempre a por nota, y no porque nadie le obligue, le sale así. Su única nota posible es la que resuena con dos bemoles, la que queda en el auditorio incluso cuando ya se ha apagado la luz.

 Esta semana he tenido la inmensa suerte de conversar con gente de todo tipo. Un expresidente del gobierno en pleno acto de contrición literaria. Una monja dominica contemplativa, revolucionaria y herética. Un cocinero de éxito venido a más. Y lo único que se me ocurre es escribirte este mensaje para que te des prisa. Que empieces tu compromiso enseguida.

Cuanto antes lo hagas, antes te convertirás en quien realmente eres.

Y entonces, y sólo entonces, te surgirá la única duda razonable del que se acaba de comprometer de verdad.

 Por qué tardaría tanto.»

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Sentir, sentir, sentir, sentir, sentir y sentir.

Sentir, sentir, sentir, sentir, sentir y sentir.

Artículo publicado el domingo, 3 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com.18

«En los años 70 ocurrieron muchas cosas, algunas terribles y otras esperanzadoras. Entre las primeras, nací yo. Qué se le va a hacer, ya estoy aquí y llevo ya un rato, demasiado tarde para plantearse si fue un error histórico o un traspiés de la genética. Pero que nadie se preocupe, mala hierba nunca huele.

Entre las segundas, el psicólogo norteamericano Paul Ekman analizó las seis emociones básicas o biológicamente universales del ser humano: miedo, tristeza, ira, asco, sorpresa y alegría. Son los seis estados de ánimo que nos identifican como especie. Los seis ingredientes fundamentales en cualquier relación o emoción más elaborada, como el amor o como el odio. Las seis razones para la paz, las seis excusas para la guerra. Los seis grados de unión entre cualquier raza, sexo o condición.

Sentir miedo. Nada ha sido más útil que sentir miedo para llegar hasta aquí. El miedo nos ha protegido, nos ha advertido, nos ha hecho huir del peligro y nos ha permitido sobrevivir. Pero también nos ha hecho valientes, nos ha puesto ante retos, nos ha forzado a mejorar, nos ha hecho construir herramientas, cobertizos y atajos. Nos ha unido a los que sentían el mismo miedo. Nos ha hecho vulnerables ante las adversidades, ante la incertidumbre, ante el futuro y ante los que supieron jugar con él. Porque mientras el peligro y el riesgo son criterios objetivos, el miedo acaba siendo siempre una elección. La que toma nuestra amígdala mucho antes de que podamos opinar.

Sentir tristeza. La tristeza es el abandono de la intención. De vivir, de querer o de quererse, de quedar o de quedarse, de proyectar o de seguir discutiendo. Por eso duele más cuanto más se acerca, y le ocurre un poco como a la oscuridad, cuanto más grande es, menos se ve. Lo más peligroso de la tristeza no es que visite nuestras ganas. Lo más peligroso es que se quede a vivir. Que se instale allí donde se deja de estar. Interpretarlo todo en clave de fado, arrojarse a un pozo sin fondo que todo lo consume porque ya en nada se cree.

Sentir ira. Rabia, furia e indignación son de las pocas que consumen más energía de la que nos proporcionan. Es un déficit emocional difícil de mantener en el tiempo, ya que no admite ni préstamo ni endeudamiento. Por eso, indignarse es un estado emocional transitorio. Un calentón. Y eso lo saben muy bien los que lo tienen que saber. Al final, si aún no se nos ha pasado, ya se nos pasará. Y por eso nos pasa todo lo que nos pasa.

Sentir repugnancia. El asco es sólo el estreno de un hábito mal ignorado. A fuerza de repetirse, la repugnancia deja de provocar y se volverá costumbre. Una costumbre que algún día se convertirá en tradición. Y de ahí a patrimonio cultural de la humanidad, hay un paso. Si te ocurrió con las moscas sobre la boca del niño en Etiopía, por qué no te va a ocurrir algún día con la corrupción, que al fin y al cabo ya te la sirven nacionalizada y desparasitada.

Sentir sorpresa. De vez en cuando, algo o alguien te pilla con el pie cambiado, te rompe el guión y te obliga a improvisar. Espero que te haya pasado. Porque normalmente ése será un momento clave en tu vida. Aquél que no supiste prever, ni planificar. Simplemente, te ocurrió. Y tú te dejaste llevar, básicamente porque no tuviste más remedio. Allí es donde residen los grandes cambios. Y también las grandes oportunidades. Aunque no te guste, la historia de tu vida está tejida con el grueso de unas cuantas sorpresas y casualidades. Y tu desgracia, también.

Sentir alegría. La alegría es la manecilla de los segundos en el reloj de los momentos felices. Esos momentos que algún día recordarás pese a que tú nunca decidiste recordarlos. Porque aún no has entendido que son ellos los que te eligen, y no al revés.

Hoy es un día como otro cualquiera para sentir, sentir, sentir, sentir, sentir y sentir. Porque si algo bueno tiene todo lo malo es que nos obliga a ello. Porque si algo malo tiene todo lo bueno es que algún día nos sentiremos acostumbrados.

Pero también es un gran día para hacer sentir.

Porque comunicarse, amarse, e incluso vivir es hacer sentir.

Y morirse, con respiración o sin ella, es dejar de hacerlo.»

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Delinca aquí.

Delinca aquí.

12Artículo publicado el domingo, 27 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«¿Se considera usted un buen delincuente? ¿O necesita mejorar? ¿Un chorizo de los de toda la vida? ¿O se acaba de incorporar al hampa y necesita acumular antecedentes? ¿Quisiera dejar de ser considerado un quinqui común y necesita entrar por la puerta grande en el Hall of Fame del guante blanco? ¿O simplemente siente que podría delinquir más, pero no le dejan? ¿Cansado de que la ley, la policía o menudencias similares le impidan cometer sus fechorías? No se preocupe, tenemos la solución. Y es bien sencilla.

Delinca aquí. A qué está esperando. Tenemos todo un país esperándole con las carteras abiertas, las manos atadas, los ojos tapados y los pantalones a la altura de los tobillos. Como para no venirse, ¿verdad? Entre sin miedo, al fondo a la derecha, hasta el infinito y más allá.

Delinca aquí. El partido que gobierna está demasiado ocupado compareciendo en los juzgados y jodiendo al ciudadano medio, como para preocuparse por la competencia desleal. Algunos de sus ilustres militantes son ya autoridades mundiales en la materia del choriceo, han obtenido el Cum Laude en todo tipo de delitos y faltas e imparten clases de postgrado en telepresencia desde centros penitenciarios de prestigio como el de Soto del Real.

Deje de incordiar a la justicia de otros países y delinca aquí. Durante demasiado tiempo, el único condenado por la trama Gürtel ha sido el juez que decidió investigarla. Tampoco se deje amedrentar por la policía. El jefe de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales y el comisario general de la Policía Judicial, máximo responsable policial contra la corrupción y quien dirigió las investigaciones de los casos Bárcenas y Gürtel, acaban de ser destituidos por el Ministerio del Interior. Y si hay alguien más que moleste, díganoslo enseguida, seremos implacables.

Olvídese del buen tiempo y de la playa. Si delinque aquí, no tendrá tiempo para paellas, porque no dará abasto. Y si viene a trincar, aprenda de los mejores: el principal partido de la oposición, que estrena sede social en el juzgado número 6 de Sevilla, está siendo investigado por diez años de presuntas prejubilaciones fraudulentas, un desfalco que supera ya con creces los 1.000 millones de euros. Y es que si uno trinca, qué coño, que sea a lo grande. Eso sí, si durante la instrucción del caso descubrimos que dos de los imputados son hermanos de la ministra de Empleo, ya verá cómo misteriosamente se dilata el proceso el tiempo justo para que prescriban sus delitos y aquí paz y después gloria.

 Delinca aquí. Aceptamos delitos de toda clase y condición. Los dos sindicatos mayoritarios están hasta el cuello de lo que ellos llaman “irregularidades”, que es la forma que tenemos aquí de llamarle a la mierda común. Y si se ponen muy feas las cosas, perderemos las facturas, usted no se preocupe que aquí también dejamos que delincan las clases trabajadoras.

Delinca aquí. Si vive en Catalunya, además podrá quedar con Félix Millet para tomar un café y que se lo cuente todo de viva voz. Sí, aún sigue en libertad provisional, a que es genial. Que le explique también por qué el Palau de la Música, en contra del juez y del fiscal, excluyó a CDC de su escrito de acusación y creyó que “no había indicios” de que se embolsara 6’6 millones en comisiones ilegales a cambio de adjudicarle contratos a Ferrovial, algo que por suerte ya está puesto en duda. Pero qué son 6’6 millones al lado de un presunto expolio de 24. Unos cuantos 3%.

Delinca aquí. Un 20% de economía sumergida no puede estar equivocada. Y aprovéchese ahora de nuestra irresistible oferta de la Semana Grande de Estrasburgo, con descuentos especiales para asesinos, terroristas y violadores, que nadie pueda decir  que no somos una potencia mundial en lo que a chapuzas jurídicas se refiere. Ah, por si aún no lo ha notado, ya es primavera en paraísos fiscales como Gibraltar.

Delinca aquí. Haremos lo posible para que todos sus delitos queden impunes. Y mientras tanto, lo pasaremos pirata viendo la cara de votante que se les queda a los demás.»

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De qué te quejas.

De qué te quejas.

20Artículo publicado el domingo, 20 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«De qué te quejas. Eh. Dime, a ver. Pero si España vive un momento fantástico. Si todo el mundo se muere por invertir en nuestra economía. Si esto es como los orgasmos de tu pareja: el hecho de que tú no estés ahí no significa que no estén ocurriendo. Para tu información, el dinero llega a nuestro país “desde todas partes” (mayormente las más bajas) y entra por nuestras fronteras a un ritmo tan frenético, que de vez en cuando hasta tienen que cerrar la Verja porque no les da ya ni tiempo a contarlo. Botín sabe muy bien de lo que habla. Y si tú no lo pillas, is bicós yu ar not a güiner.

De qué te quejas. Eh. Pero de qué. Que sí, que España vive un momento fantástico. Pero si hemos pasado de hacer el ridículo en las olimpiadas de verano a renunciar a competir por las de invierno, y todo porque nos sale del otoño.

Que te estoy preguntando de qué te quejas. Te lo repito, que no te has enterado. España vive un momento fantástico. Tan fantástico que lo de los ERE andaluces no fue financiación ilegal, sino “desorden” según el sindicato al que peritos judiciales acusan de desviar subvenciones de la Junta. Chúpate el otro dedo, anda, que este lo tienes ya arrugao.

Pst. A mí, quejas, ninguna. A ver si te voy a dar así con la mano de Bárcenas y te dejo plasmao. A ver si te voy a dar asín de Wert y te españolizo el Planeta entero.

La cuestión es quejarse. Una previsión de desempleo del 26’7% para el año que viene. Los parados de larga duración se multiplican por 7 desde el inicio de la crisis. Doce millones de personas bajo el umbral de la pobreza en España. Ya. ¿Y? Y la mayoría silenciosa que está por encima y come caliente todos los días, qué. Eh. Dónde están los titulares de esos 34 millones de españoles y españolas. Dónde el 73’3% que SÍ tendrá trabajo y a lo mejor hasta puede ser despedido gratis con contrato indefinido. A que les saco una foto y la reencuadro para que parezcan Mas.

Y hablando de Mas, hay que ver cómo le gusta echarse de menos. Mi President de la Generalitat sigue representándome incluso allá donde decide no asistir. Por fin ha dejado claro que si algo nos preocupa a los catalanes, es el protocolo. En Catalunya se ha convertido ya en la principal prioridad de todos los ciudadanos.

Ni el paro, ni la economía, ni la corrupción. Lo que realmente nos quita el sueño es saber qué tal tratan a nuestro President en los actos institucionales. Quién preside, quién habla antes de quién y quién se sienta en la sillita de la reina tracatrá. La segunda en nuestra lista es saber qué tal le sentará el catering a nuestro President. Y la tercera, a ver qué tal es capaz de evacuarlo. Si el President depone con gusto, se cumplirá la Voluntat d’un Poble y todos seremos felices. Déjenle clausurar actos, es un maestro en cerramientos, en los mentales es casi tan bueno como la vicepresidenta del gobierno. Además, una cagadita presidencial de esta semana como la de ausentarse a un acto de Foment del Treball debería computarle como baja laboral doble y descontarlo de los 9.375 millones que nos debe el Estado.

A pesar de todo ello, tú no te dejes llevar, no te quejes. Recuerda que España vive un momento fantástico y de terror, como el de Sitges, pero aquí la película se la inventan ellos y la protagonizas tú. Recuérdalo en la cola del paro, en la del mercado, y en el autobús, sigue recordándolo cuando te suban la luz, el agua, la gasolina, el transporte y el gas.

La estadística dice que seguirás quejándote. Y que poco o nada harás al respecto.

Pero si en algún momento decides pasar a la acción, intenta que haya cerca un cubo transparente con una ranura en su cara superior, y que te pille con una papeleta y tu DNI en la mano. También me vale una caja registradora y tu tarjeta de crédito, porque ahí también podemos hacer que las cosas cambien. Comicios que se convocan casi todos los días y todavía con bajo índice de abstención.

Allí sí, piensa, reflexiona y recuerda todo lo anterior.

Porque entonces sí, empezarás a quejarte, pero de verdad.»

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Manifiesto de un catalán.

Manifiesto de un catalán.

6Artículo publicado el domingo, 13 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Yo, Risto Mejide, otro que se cree en pleno uso de sus facultades identitarias, ignorantes y desinformadas, manifiesto que:

1. No me represento más que a mí mismo. Y a veces hasta de esto tengo mis dudas. Hay una parte de mí que siempre anda cuestionando todo lo que hago, digo y pienso. Así que imagínate lo lejos que me queda eso de representar a nadie. Creo que, cada vez más, cada palo aguanta su vela (¡¡¡un paaaalo!!!) y así nos va. Por tanto, diga lo que diga a continuación, no dejan de ser opiniones de un ciudadano común, uno y solamente uno. Que se apunte quien quiera bajo su única y exclusiva responsabilidad. Como si sigo solo. Me da igual.

2. Hablando de representantes, no me siento representado por aquellos a los que un día voté. Y créeme que los he votado de todos los colores, a ver si con alguno acertaba y me daba una sorpresa (¡¡¡otro paaalo!!!). Pero nada, a base de tiempo y poder, puedo prometer y prometo que todos destiñen sin excepción.

3. Me tocan un pie los que me llaman demagogo. Son los mismos que preferirían que me callase y les dejase hacer. Los mismos que aún no entienden que la demagogia sólo es tal cuando trata de conseguir algo de ti. Y yo ni voy a solucionarte la vida ni por supuesto quiero nada de ti. Bueno, como mucho, que escuches durante un rato a esta minoría de uno. Pero eso jamás fue demagogia. Sino democracia. Así que no, no me pienso callar. Si les fastidia que hable, francamente ya me parece bien, que se jodan.

4. Tampoco me creo la información que nos sirven. Ni los de un lado ni los del otro. He participado en demasiadas reuniones en las que se asfixiaba a la realidad anegándola de datos. He formado parte de varias máquinas de aborregar. Sigo viviendo de ellas. Como para que ahora me vengan a decir que existen estudios que demuestran esto o aquello. Si quieres engañar a alguien, encargas un estudio. Si quieres que él te engañe a ti, lo pasas por el rodillo de una encuesta. Y si ya quieres atontarlo y manipularlo del todo, realizas un Elisenda Roca: lo acribillas a cifras y letras. Desde que se levanta hasta que intenta dormir.

5. Creo que Catalunya tiene problemas graves, urgentes e importantes. Se llaman corrupción, paro, deuda, déficit, financiación. Seguramente compartidos con el resto del estado español. Seguramente más graves y profundos de lo que se atreven a mostrarnos.

6. Creo que para solucionarlos hace falta un talento y una credibilidad que no veo por ningún sitio. Credibilidad para proponernos soluciones, que una puede que sea la independencia, no lo sé, pero dónde están las demás. Porque es que también les falta el talento para llevarlas a cabo, lo que significa pactar, sentarse a debatir y convencer al contrario en vez de enfrentarse continuamente a él. Yo no sé tú, pero yo sólo veo mediocres sin ideas que sólo saben romper la baraja en cuanto se pone de manifiesto su incompetencia para hacer su trabajo, que es llegar a un acuerdo. Y cuanto más grande el acuerdo, cuantas más partes involucradas, mayor su talento político. Mira, un oxímoron.

7. Me ofende profundamente que me tomen por más idiota de lo que ya soy. Decirme que la única solución posible a todos esos problemas se llama independencia es tomarme por imbécil. Presentármelo con una consulta dicotómica y como mucho con una tercera vía es creer que acabamos de salir de preescolar. Y tratar de convencerme de que encima todo lo hacen por mi bien es recordarme que igual sí fui tan imbécil como para votarles. Dónde están la cuarta, la quinta, la décima (aaaay la décima) y hasta la cuadragésimo sexta vía. Dónde están.

8. Detesto que confundan confrontación de ideas con violencia de gentilicio. Por mucho que se empeñen, nadie elegirá a mis enemigos por mí. No pienso odiar a los españoles. Ni a los madrileños. Ni a los extremeños. Ni a los que me insulten por escribir Catalunya. Ni siquiera a los catalanes que no piensen como yo. Me gusta vivir como siempre hemos vivido en este país: en debate continuo pero pacífico, porque eso de vivir en la duda demuestra que ninguna de las opciones puede tener siempre toda La Razón, porque no hay nada más catalán que la búsqueda del consenso, que el vivir y dejar vivir en paz.

9. Puestos a detestar, como barcelonés también odio el provincianismo al que nos han empujado. Que se haya dejado de hablar de Barcelona como ciudad universal y la hayan circunscrito a su absurda batalla miope y reduccionista con la capital del reino. Dónde está la Barcelona que saludaba al mundo. Dónde la que se miraba en Ámsterdam, en Nueva York y hasta en algún momento se creyó que podía jugar en esa liga como el Elche, con dignidad. No hablo de forums de las culturas, de macroproyectos urbanísticos o de relaxing cup of juegos olímpicos. Hablo de sueños, de atracción de talento y de amplitud de miras. Dónde está la ciudad que dejó de soñar. Dónde está.

Y para acabar, un 10. Tengo fe en el futuro. Y no en el que nos venden, sino en el que decidamos comprar. Y creo en algunos niños, no en todos, que los hay muy cabrones también. Y en las señoras putas, las únicas de las que me fiaría para gobernar cualquier país, que si nos van a joder, como mínimo que sean profesionales.

Eso manifiesto, y a tal efecto lo firmo por Snoopy en Barcelona, a 13 de octubre de 2013.»

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La Résistance.

La Résistance.

1Artículo publicado el domingo, 6 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Se resiste el otoño. Se resiste el calor en marcharse y el frío en llegar. Se resiste la lluvia. Vaya, ha sido escribir esto y empezar a hacer un frío del carajo y una tormenta de ahí te espero. Bueno da igual. Sí se resiste la recuperación económica. Y los buenos datos, esos brotes que nos traen mucho más marrones que verdes. Y lo que te rondaré morena.

Pero si hasta Rajoy se resiste en dejar de hacernos reír por no llorar. Porque no me digas que no estaba irresistible con ese floripondio en la solapa. Qué mono, por dios. Claro, en Japón será todo un símbolo de distinción más que respetable y honorable. Pero es lo que pasa con los símbolos, que no siempre viajan bien, los metes en un vuelo de 14 horas y te llegan hechos unos zorros. Aquí, tal como están las cosas, juntas a nuestro presidente fin-de-la-cita con una rosa rodiezmera de proporciones Milikianas, una declaración al día siguiente sobre los hilillos radiactivos de Fukushima y una nueva fuga justo en el momento de su intervención, y el espectador pasa a buscar lo mismo que el asistente a un bukkake (término japonés): que salga el chorrito, pero que salga ya.

Resiste, “sé fuerte”, le dijo la sartén al cazo por sms. “Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”, nos dijeron Manuel y Ramón.

Por cierto, no sé a qué viene tanto alboroto con la reverencia de Rajoy al emperador japonés Akihito. Nuestro presidente es incapaz de doblegarse ante nadie, sobre todo si no le quitan antes el palo que lleva metido desde Bruselas. Si queréis ayudarle, no le busquéis un protocolo, sino un proctólogo.

Y ya que estamos con el fontanero, su mujer y otras cosas de meter. Se nos resisten los mitos. Mi admiradísima Mariló Montero insiste en pasar de su condición de mítica al estatus directamente de legendaria. Y lleva todo el camino de conseguirlo. Me pregunto si su neurona también habrá quedado bien blandita después de sus últimas declaraciones. Espero que sí.

La Tierra -la de todos y les de l’Ebre- se nos resiste a que le metamos mano por un puñado de dólares. Y 17.000 Lampedusas en 20 años se resisten a que olvidemos todo aquello que Europa no quiere ver.

La vida entera es resistir. Cada día, tu única decisión relevante es a qué te vas a resistir, pero también qué vas a cambiar. Porque el cambio no deja de ser resistencia en movimiento. Sobre todo cuando hay gente que araña otro puñado de votos, minutos o euros si tú decides quedarte igual.

Y ojo, porque detrás de cualquier resistencia, lo que está en juego es la supervivencia de algo tan sagrado como un matiz. Un algo que no es liso. Que sí, pero con salvedades. Que vale, pero no.

Yo me resisto a que me supriman los matices. Porque la civilización es el triunfo del matiz. Porque cada matiz del que disfrutamos es probable que haya costado muchas vidas. Y porque una diferencia es una resta que da cualquier cosa, menos cero. En eso está basada hoy la convivencia pacífica entre personas. A base de política de brocha gorda, igual nos cambian la pared de color cada cuatro años, pero jamás podremos disfrutar de unas Meninas, unos Girasoles o unas señoritas de Avinyó.

Pasará lo que tenga que pasar con Catalunya, con España, con Europa y con la madre que nos parió a todos, pero yo me resisto a que nos uniformen los matices. Me niego a tratar a las personas como topónimos, a que limen nuestras diferencias dentro y fuera de cualquier territorio a fuerza de roce del malo, del que no hace el cariño.

Que tengo más cosas en común con algunos amigos madrileños que hasta son del Real Madrid, -pobrets-, que con algunos culés que han nacido en el mismo barrio que yo. Pero que también amo Catalunya porque la conozco, he con-vivido aquí toda mi vida, y odio verla languidecer por culpa de una anorexia fiscal y económica al punto de la anemia desde que la incompetencia, la mala gestión y la corrupción vaciaron sus arcas.

Y a todo esto, me ofende profundamente que alguien piense que la solución a todos nuestros problemas sigue siendo una supuesta consulta tipo test. Pero también me mosquea que no se le deje a quien sea hacer una pregunta a quien le dé la gana, por estúpido que parezca. Sólo hay alguien más peligroso que el que dicta las respuestas: quien te prohíbe que preguntes. Tenerle miedo a una respuesta es consecuencia de la libertad. Tenerle miedo a las preguntas es el principio de cualquier tipo de esclavitud.

 Matices, matices y más matices. Tonos imperceptibles en un mundo bicolor.

Tú haz lo que quieras.

Yo, mientras pueda, resistiré.

Porque el día que seamos todos iguales, habrá que decidir iguales a quién.»

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Instrucciones para un tenemos que hablar.

Instrucciones para un tenemos que hablar.

15Artículo publicado el domingo, 29 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com

Ante todo, muchísimas gracias por haber elegido a tu pareja como principal objetivo de tu cabreo, tiempo libre y mala leche. En tu entorno sentimental se trabaja sin descanso día y noche para darte la mejor asistencia en lo que a peleas públicas y privadas se refiere. Esperamos que disfrutes de tu discusión.

Antes de batiros en duelo, será mejor que compruebes que ambos tenéis las pilas bien descargadas. Los momentos de máximo agotamiento suelen ser más propicios para que la discusión brille en todo su esplendor. Si aún os queda algo de energía, mejor esperad a que se os vacíe del todo, así como que lo notaréis más. Una dura jornada de trabajo, algún hijo con ganas de liarla, una mudanza, testigos incómodos o una visita inesperada de algún familiar a última hora del día suelen ser factores que aceleran el proceso.

Piensa que tu pareja te adora y por lo tanto querrá lo mejor para ti, incluso si se trata de discusiones intentará seleccionar sólo las mejores, las más intensas y memorables, y siempre por tu bien.

El inicio de la pelea deberá ser insignificante. Recuerda, el motivo no lo es todo, y no hay nada como discutir por nada. Cuanto más irrelevante el punto de partida, mayor la creatividad de vuestros argumentos. Y si no hay motivo, mejor que mejor, porque siempre hay un tono. Si no es el qué, será el cómo. “No me hables así”, “odio cuando pones esa voz” y frases similares constituyen un excelente principio del fin. Suelta dos o tres bien espaciadas y siéntate a esperar.

Una vez prendida la mecha, hay que saber rodearla de explosivos. Los que mejor funcionan ya están estudiados, no vale la pena innovar. El silencio administrativo actúa en estos casos como pura TNT. A medio camino entre la indiferencia y la indolencia, saber callar para cabrear al otro es infalible en el fino y delicado arte de la demolición de parejas consolidadas. Ah pero te da todo igual. Ya veo ya. No me escuchas. Si es que el problema es que no me escuchas.

Después hay que saber colocar la metralla, tan importante como fácil de identificar. Suelen ser frases que empiezan por “Tú siempre” y “Tú nunca”. Componentes fundamentales para invalidar y paralizar al otro haciéndole desistir ante cualquier posibilidad de cambio, mejora o rectificación. Además, como todo el mundo sabe, en callejones dialécticos sin salida, todo como que retumba mucho más.

A la hora de planificar daños colaterales, ten en cuenta que la detonación más descontrolada es la que arranca en vuestro pasado. Tira de hemeroteca, saca titulares de contexto y comprueba en pocos segundos cómo el remolque de los reproches no se detiene ni aunque alguien pise el freno de la reconciliación. Como el pasado siempre durará más que el presente y encima no se puede cambiar, eso no habrá ya quien lo arregle.

Por último, si ves que algún momento decae la intensidad de la deflagración, acuérdate de los terceros. Vecinos, familiares, tertulianos, gente que pasaba por ahí. En el mejor momento de la discusión siempre es útil hacerle ver a tu pareja que la opinión de cualquier otro siempre es más importante que la suya. Eso suele acabar con toda posibilidad de paz, por pequeña que sea.

A lo largo del proceso, es muy importante que mantengáis en mente que, según un informe publicado por The Times of India, la pareja media discute 2.455 veces al año, es decir, unas 7 veces al día. Y vosotros no vais a ser menos. Ah, ¿que ya habéis discutido hoy? ¿Sí? Pues venga, que os quedan otras 6.

Al final, sea como sea, intenta evitar por todos los medios ponerte en el lugar del otro, tratar de entender por qué te dice lo que te dice y colocar sus palabras en su contexto y circunstancias actuales. Recuerda, el único mecanismo a evitar es contar hasta diez antes de intervenir y la única palabra prohibida es perdón.

Si seguís estos sencillos consejos y practicáis todos los días, os garantizamos una vida llena de emociones fuertes, poquísimas oportunidades de aburriros y algún que otro polvo de reconciliación.

Ahora bien, si en algún momento veis que las discusiones os duran cada vez menos y pierden intensidad, dejad enseguida la relación. Eso sólo puede significar dos cosas.

O bien ya os da todo igual.

O bien os habéis empezado a querer de verdad.

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Bombardeen Barcelona.

Bombardeen Barcelona.

13Artículo publicado el domingo, 22 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Bombardeen Barcelona. Por favor se lo pido. Es urgente, es importante. Es más, agarren el submarino ese que no flota y bombardeen la ciudad también por mar. Se lo pide Felipe V, Espartero, Azaña, un Premio Príncipe de Asturias y un servidor. No es una sugerencia. Es una orden. Ar.

Bombardeen Barcelona. Y empiecen por mi casa. Se lo digo porque entre esas cuatro paredes, más de una vez se ha escuchado hablar catalán, español e incluso inglés. Por ahí pasa gentuza que trabaja en Barcelona o en Madrid o Valencia o en Londres o en Shanghai o en NYC o donde quieran pagarles. No me lo han contado, de verdad que yo lo he visto y casi se me cae el ABC. Personalmente los enviaría al paredón, pero son familiares y amigos, y ya se sabe por experiencia lo complicado, tedioso y caro que sería ir fusilándolos de uno en uno. Menudo nido de reptiles secesionistas y cuna de la conspiración antidemocrática, que luego encima nos vienen pidiendo dinero para unos juegos que no pueden pagar. Ja. Como si eso de los juegos se pudiese comprar. Porque no se puede, ¿no?

Bombardeen Barcelona. Están tardando ya. Por si no están al tanto, a medida que pasan los días, la televisión pública catalana manipula, destruye y corrompe las juventudes nacionales, sembrando en sus débiles y vírgenes mentes la semilla corrupta de la deslealtad institucional, el odio hacia los excelsos contenidos patrios y un desdén desmesurado e injustificado hacia La Razón. Que la corrupción es monopolio del estado y de los que aspiran a vivir de él. Que se enteren todos de una vez.

Bombardeen Barcelona. La olímpica o lo que quede de ella. Por allí pasan hasta medallistas que se lamentan por no poder asistir al éxito de la Via Catalana, por culpa de asistir al fiasco de Madrid 2020. Pero si no les gustan ni los toros, coño. Y ya que bombardean, bombardeen de paso el Camp Nou. Que así se acaba el problema de la Liga de dos, ya tanta tontería. A tomar por culé.

Bombardeen Barcelona. Pero bien bombardeada, oigan. Que no se les escape nadie. Que al fin y al cabo los catalanes somos todos iguales a Artur Mas, del mismo modo que los españoles son todos iguales a Mariano Rajoy. A que sí.

Bombardeen Barcelona. Que de verdad que el ambiente es ya irrespirable. Que ahora encima hay quien pretende irse de España sin marcharse de Europa. Cosa tan absurda como militar en el PP antes de presidir el Tribunal Constitucional para ponerse a juzgar la independencia de los demás. Impensable, ¿verdad?

 Bombardeen Barcelona. Pero antes, háganme un favor. Asegúrense de que así acaban también con el resto de bombardeos. Me refiero a todos los que ya hace Rato que se han iniciado y llevan meses haciendo estragos entre la población (perdón, últimamente Rato se me coloca en cualquier sitio con extrema facilidad). Me refiero al bombardeo informativo, al político, al mediático y al propagandístico de uno y otro costal.

Que hay barceloneses y catalanes y españoles que estamos hartitos de que intoxiquen nuestras conversaciones y nuestras vidas con discursos químicos sin soluciones concretas y soflamas de destrucción masiva que sólo hacen que dividirnos y empujarnos a hablarle a nuestro vecino como si fuese de pronto un enemigo encubierto al que hay que adoctrinar.

Bombardeen Barcelona, sí. Pero mientras tanto, y sin que sirva de precedente, hagan lo único inteligente que aún no han hecho en todo este tiempo y alguien, en algún momento, debería empezar a practicar.

El respeto al silencio del otro, el insulto a la inteligencia que supone asociar prudencia a cobardía y las ganas que tienen algunos de acabar con toda discreción. La  vergüenza y el asco que me provoca quien trata de apropiarse de una mayoría silenciosa, que al fin y al cabo, hasta donde yo sé, en este país el voto todavía es secreto. Por algo será.

Bombardeen Barcelona, vale.

Pero mientras no lo hacen, hagan algo mucho más útil.

Dejarnos vivir en paz.»

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Misión Invisible.

37Artículo publicado el domingo, 15 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Vinton Cerf, uno de los padres fundadores de internet, le dijo hace poco a mi admirada Marilín Gonzalo que Internet sería invisible en 2050. No aclaró si se refería también a los Juegos Olímpicos de la capital, pero si el señor Clerf tiene razón, puede que seamos la última generación que tenga que «buscar en Internet». Eso que hoy llamamos Internet, como Dios Padre Todopoderoso, Omnipresente, Omnipotente y Omnisciente de Todos los Santos y seguramente Borbón, estará en todos los detalles y en todas las cosas.

 Fiel a estas últimas tendencias, la alcaldesa de Madrid Tuenti Tuenti, toda moderna ella, ha querido ser la primera en multiplicarse por cero. No, no quiero hacer más escarnio de nuestra Juan Valdez quemada en su propia antorcha de las vanidades. Bueno, apetecerme sí me apetece e igual hasta se me nota un poco, pero desde pequeñito me enseñaron que no hay que hacer leña del madroño caído. Al fin y al cabo, vale, habrá perdido los juegos, pero de la noche a la mañana, con un sólo eslogan y de un plumazo nuestra exprimera dama ha potenciado la industria cafetera patria, ha inspirado a músicos y emprendedores de todo el país (acupofcafeconleche.com), ha apartado al fantasma de Bárcenas durante una semana y nos ha convertido en profesores de inglés avanzado y humoristas del todo a cien. No está mal. Si es verdad que hay sobresueldos en su partido, ella y sólo ella, la Botella, debería ser la empleada del mes.

Detrás de un fiasco de semejante calibre es muy difícil esconderse, sobre todo ahora que nos falta dinero para las cosas realmente importantes y circula por ahí lo que ha costado el fiasco, cifras indignantes y escandalosas incluso para una candidatura que encima tenía todos los números, sí, pero de acabar en ridículo. Así que la alcaldesa a la que nunca han votado los madrileños ha tirado de eso que llaman pundonor y se ha colocado ante la opinión pública expresso en mano para hacernos saber que sabe reírse de sí misma. Menos mal. Si no fuera por ella, a los demás ni se nos habría ocurrido. Y por si fuese poco parapeto, han colocado la sombra de la sospecha sobre el COI y a un experto americano en cadidaturas exitosas que ya se ha paseado por los medios entonando el mea culpa y sólo mea. Escalofrío en las gotitas finales.

Mi animal mitológico favorito es un político que analiza el porqué de sus fracasos, no le echa la culpa a los demás, asume sus responsabilidades y encima se le pasa por la cabeza dimitir. Y yo que soy un romántico, le voy a regalar a doña Ana el típico consejo que no me ha pedido.

Al margen de chascarrillos y diretes, las personas, como las empresas, como las expediciones, como las campañas de publicidad de cualquier candidatura, deben partir siempre con dos herramientas en la mochila: una misión y una visión.

 La misión es todo lo que quieres para ti. Yo, por ejemplo, he descubierto que no me gusta nada ganar dinero. Me gusta gastarlo. Que no es lo mismo. De hecho, no tiene nada que ver. Si el dinero que tengo que gastar ya era mío, me lo gané yo o me ha caído de una herencia de un tío rico que acaba de diñarla pero como nunca lo conocí no me sabe ni mal, pues también me vale. Oye, que me lo gasto igual, que no le haré un feo. Por eso nunca seré millonario. Y por eso creo que en otra vida habré sido una excelente alcaldesa de Madrid o si me apuras, hasta tesorero del PP.

 La visión, en cambio, es todo lo que quieres para los demás. Cómo quieres dejar el mundo que te has encontrado. Qué te gustaría dejarle a la gente cuando ya no estés. Y por lo tanto, por qué motivo quieres ser recordado. Es una lástima que la Botella no vaya a ser recordada por la alcaldesa que trajo los Juegos Olímpicos a Madrid. Lo que igual debería haberse preguntado antes era qué ocurriría si fracasaba. Siempre está tiempo de convertirse en criatura mitológica. Es sólo una idea.

 Lo siento por los madrileños. Lo siento por los catalanes. Y por los murcianos, y por los malagueños, lo siento por las oportunidades perdidas para levantar negocios, burbujas o aunque sólo fueran pasiones, lo siento por todos los que habían puesto lo poco que les quedaba de ilusión y ahora se la devuelven pasada por un relaxing cup of café con leche.

 Pero me alegro por nuestros dirigentes. Esos que nos pintan el futuro inmediato en bellos tonos pastel iPhone C mientras con la otra mano ahora descubrimos que se lo han ido llevando crudo.

El principio para curarse jamás fue un bonito cuadro al óleo.

Sino una fría y fea analítica.»

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Res.cat

Res.cat

18Artículo publicado el domingo, 8 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Hoy me he comprado unas VamCats. Ya sabes, esas zapatillas de deporte comunes y corrientes si no fuese porque son tan cómodas de usar como incómodas de llevar. La razón: lucen una estelada a cada lado del pie. Y claro, eso puede generar conflicto no al que las lleva, sino al que las ve. Sobre todo si te las pones para salir a la calle y no al carrer. Muy mío, tot plegat.

 El caso es que me las he comprado con la sana y sincera intención de unirme este miércoles a la Via Catalana, no vaya a pasarme como con la Via Augusta, y para cuando vaya a darme cuenta ya no me las pueda permitir. De pequeño, yo era de los que iba a misa únicamente para presenciar el momento «daos la paz», en el que unos cuantos desconocidos se daban la mano en fingida señal de unión y concordia y yo volvía a creer aunque sólo fuera durante un instante en la raza humana catódica, apostólica y romántica. Por la misma razón, no me perdería por nada del mundo una cadena humana que encima incluyese ateos, masones, comunistas, separatistas, antidemócratas y forajidos. Y como me enseñó mi abuela, las ideas hay que empezar a vestirlas por los pies.

Por eso me he comprado unas VamCats. Sin embargo, en cuanto me las he puesto, algo ha empezado a cambiar en mí. Me ha venido como de dentro afuera, algo así como un efluvio ideológico muy parecido al editorial de un periódico venido a menos. De pronto, he notado como si mis pies se hubiesen propuesto seguir sin mí o mejor dicho, muy a mi pesar. De repente, los principales impulsores de mi movimiento estaban como desatados, más sueltos, más libres y con mucho menos apego al tipejo que han venido aguantando. La verdad es que no les culpo, si hemos llegado hasta aquí ha sido por acción y dirección del resto del cuerpo, un resto del cuerpo cada día más viejo, más pesado, más corrupto y para qué negarlo, más feo.

Jamás he dejado que mis pies tomaran las decisiones por mí, -puede que sea un radical, pero no un extremista-, siempre lo he hecho todo pensando en mi metabolismo y mi constitución.

Y aún así, mis pies de pronto parecían decir para qué os quiero. Y se lo han planteado. Y lo peor de todo, me lo han planteado a mí. Me han planteado una consulta popular. Saber si deben seguir condicionados a lo que mi torpe y mal gestionado cuerpo les imponga, o si por el contrario merecen la condición de plantillas, pies de página o pie de rey.

Yo claro, he tratado de convencerles de que juntos hallaríamos una vía federalista para seguir caminando, pero ni ellos ni yo hemos entendido muy bien qué significaría eso, así que mis pies han seguido en sus setze jutjes d’un jutjat y me han amenazado con una declaración unilateral de pedicura.

Mis pies, por lo visto, están hartos de que todos los resultados de su obstinado esfuerzo acabe siempre dando resultado en otras partes del cuerpo. Si corro me adelgazo, si camino me desplazo y si me quedo quieto, me quedo de pie, única actividad en la que se sienten reconocidos, nombrados y recompensados, aunque sea justamente la menos atractiva y edificante de todas. Així no anem bé.

Pero es que el resto del cuerpo también se me ha empezado a poner farruco. Las manos han comenzado a ensayar el pino puente, las orejas han hecho oídos sordos y mi única gran baza, el bazo, ha seguido haciendo lo que sea que haga el bazo. Yo los iba clasificando, a favor o en contra de la consulta podológica. Y los que no estaban ni completamente a favor ni totalmente en contra, eran todos unos cagaos. Porque en este país, todo lo complejo es mentira por definición, y lo más simplista es lo único que tiene apariencia de verdad. Y así, con todo el cuerpo en actitud soberanista, me han sobrevenido unas ganas de prohibir cualquier cosa que he empezado a declarar ilegal cualquier movimiento, se diese en la dirección que se diese. Por si acaso.

Ellos que siempre acudieron a mi rescate, de pronto se han visto secuestrados por mi inacción e incluso me atrevería a decir que hasta estrangulados por mi falta de riego.

Alguien dijo una vez que incluso el viaje más largo comienza con un solo paso. Convertir la esperanza de una parte importante de la población en un humilde producto de gran consumo es el primero para que todos empecemos a calcular cuánto cuesta.

Pero jamás cuánto vale.»

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Entre los 50 famosos españoles con más seguidores en Twitter, se encuentra Risto Mejide

Entre los 50 famosos españoles con más seguidores en Twitter, se encuentra Risto Mejide

Noticia Publicada vía ElPeriódico.com

Captura de pantalla 2013-09-05 a la(s) 12.11.20«Entre los 50 famosos españoles con más seguidores, se encuentran los colaboradores de EL PERIÓDICO Andreu Buenafuente, Risto Mejide, Jordi Évole y Ana Pastor

En el ‘top 50’ de famosos españoles más seguidos en Twitter también se encuentran los colaboradores de EL PERIÓDICO Andreu Buenafuente (1,5 millones de seguidores, puesto 26), Risto Mejide (1,4 millones, puesto 27), Jordi Évole (1 millón, puesto 33) y Ana Pastor (720.613, puesto 48).

Para el estudio, Boom Business ha tenido en cuenta el número de ‘followers’ de más de 200 celebridades españolas de distintos ámbitos, así como también las temáticas, los contenidos, los niveles de interacción y los idiomas utilizados. Precisamente sobre los temas, Arbeloa señala que «los tuits relacionados con el deporte, los temas de actualidad, las causas sociales y el entretenimiento son los que más gustan».

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abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz.

abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz.

 25Artículo publicado el domingo, 1 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz. Arrancamos nueva temporada en #ouyeah como arrancó  el maestro David Abbott en 1968, con todas las cartas boca arriba, en pelota picada, mostrando la caja de herramientas básica de la información, de la imaginación, del poder, de la emoción y de la razón. Las 27 causas de todos nuestros males. Las 27 grandes claves de cualquier solución.

Con esas 27 llaves se pueden abrir todas las puertas. O al menos así debería ser algún día. Sólo hay que saber combinarlas, conscientes de que no se comportarán igual aquí, que en la sede de Halliburton, que en las calles de Damasco, que en la ONU.

Tras esos 27 ingredientes se hallan todas las recetas del mundo. Las que aún nadie ha probado, también. Pero si están incluso las que hemos olvidado a fuerza de llamada perdida, mensaje corto o whatsapp.

Por culpa de esos 27 falsificadores de la realidad hemos reído, hemos llorado, hemos soñado, nos hemos dado de bruces con la realidad, nos hemos enfadado y nos hemos reconciliado cuando todo había sido un malentendido o, por qué no, un malemitido.

Son 27 mercenarios al servicio de quien los escriba, que se reagrupan sin apenas esfuerzo al pasar de una península a un peñón, y no te preocupes que desde la desaparición de los teclados QWERTY mecánicos, son como los M&M’s, se trastabillan en tu boca, no en tu mano.

27 grupos de píxels que cualquier partido político sabe borrar de un ordenador, pero no de su memoria interna, una vez desinstalada toda conciencia, file not found. 27 guardianes de la verdad, pero que también harán buen papel trabajando para tus mentiras, aunque las pronuncies en sede parlamentaria, e incluso aunque los hechos, detalles tozudos que siempre van por libre, se empeñen en quitarte la razón. Fin de la cita.

27 garabatos que siempre se los acaba llevando el viento. Y por eso hay que seguir escribiéndolos y señalándolos, como si de un cartel luminoso se tratase, para recordar que siguen existiendo lugares en nuestro corazón con el apellido de Angrois.

27 componentes orgánicos que actúan como el ácido nítrico y la glicerina, que por separado pueden ser tan irrelevantes como un bar y unas cenas, pero juntos podrían llegar dinamitar la confianza ciega de más de diez millones de votantes. O al menos, es lo que espero que ocurra en septiembre. Ingenuidad, divino tesoro.

Pero también son 27 sonidos tan humanos y tan limitados, que ni siquiera existen en la naturaleza. Por eso está bien comprobar de tanto en tanto que ni el mar ni los árboles ni el campo ni la montaña ni el mitin obsesivo de una cigarra en agosto los necesitan para decirnos cosas y hacernos sentir.

Volver a la rutina dictada por esos 27 capataces del tiempo es darte cuenta de lo mucho que nombramos lo irrelevante y lo poco que charlamos sobre lo fundamental. La cantidad de memeces que nos ocupan todos los días y la cantidad de cosas importantes a las que realmente prestamos poca o nula atención.

Igual es porque la forma más rápida de identificar los momentos más importantes de tu vida, ya verás, son aquellos instantes en los que los 27 traidores desaparecen en bloque. Se esfuman. No recurras a ellos, porque no estarán. Estafadores, timadores de callejón, charlatanes de esquina, te habrán estado mareando durante los días por los motivos más absurdos y sin embargo, el día que realmente los necesites, no estarán ahí para socorrerte.

Autocensurarse para sentirse más libre. Decir menos para poder hacer más. Matarlas callando. Esclavo de nada. Dueño de todo. Que obras son amores. Y a ti te encontré en la calle. Ponme cuarto y mitad.

Es una pena que los recortes no se hayan aplicado también a la sarta de mentiras a medias que a partir de mañana, que muchos acaban las vacaciones, tendremos que escuchar. Que nadie tome las tijeras este septiembre y recorte las medias verdades con las que presuntamente nos infectarán partidos políticos, sindicatos y medios de comunicación.

Claro que entonces igual habría que hacer como los músicos, e inventar un vigésimo octavo pasajero, el símbolo más honesto de todos.

El del más absoluto silencio.

El de la siempre relativa verdad.»

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Perdamos el tempo.

Perdamos el tempo.

ristomejideArtículo publicado el domingo, 21 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Perdamos el tempo. Dejemos de ser mártires del compás. Y violemos todos los versos. De nuevo julio y a gusto nos vuelven a dar otra oportunidad para cambiar el paso y vivirlo todo a menor velocidad.

Perdamos el tempo. Lo quieras o no, durante este período incluso las cosas más sólidas entran en medio líquido, se sumergen, se ralentizan, se vuelven aún más torpes y se mueven casi sin poderse desplazar. Y si eso ocurre con las cosas, imagínate con las personas.

Perdamos el tempo. Ya no hay que tomárselo como opción, sino como oportunidad. La oportunidad de que todo siga ocurriendo, pero ahora sin ninguna prisa, sin ningún criterio, sin ningún porqué. Nadie cierra nada que no se haya cerrado ya. Es tiempo de déjalo para septiembre. Que se maten. Hala, vámonos.

Lo grande del período estival no está en una playa abarrotada de olor a plástico y aftersun, en una montaña con hedor a excremento de vaca machorra o en un exótico país cuyos retretes algún día acabarán precintados por la OMS.

Lo grande de estas semanas está en lo que ocurre en tu interior: la invitación que te hace el calendario para frenar, mirarte y recapacitar. Aunque esto último sea sólo para los que quieren subir nota. Lo importante es ganar en lentitud para descubrir el espacio entre las cosas, ya que el espacio entre las cosas es lo que delimita su forma, sí, pero sobre todo, su dimensión. La dimensión de las cosas que aplazaste. Aquellas a las que diste tanta prioridad. Ponerse al día en lecturas pendientes. Pasar página, pensar. O aún mejor, dejar de hacerlo.

Perdamos el tempo. Pero ya. De vez en cuando es bueno sacar la foto de lo que estás viviendo. Más que bueno, necesario. Como sabe cualquier fotógrafo, si nunca jamás te detienes, es muy probable que las fotos te salgan movidas, que pierdan nitidez. Y si la foto no está definida, nunca sabrás a quién sigues reconociendo y quién se ha vuelto ya un extraño para ti. Así que ojo, que una buena foto también te expone a divorcios, separaciones, cambios de vida, de trabajo, de pareja, de país. Mudanzas físicas y emocionales que hacen su agosto a costa del tuyo.

 Por eso, perdamos el tempo, sí. Aunque sólo sea para recordar la necesaria diferencia entre tiempo, cadencia, ritmo y compás.

El tiempo ya no es eso que mides en tu muñeca, el tiempo pasa a ser algo que sólo depende del clima de hoy. Porque así se llaman ahora todos los días de la semana. Hoy. Quedan derogados los lunes, los martes, los miércoles y así hasta llegar al domingo y vuelta a empezar. No me preguntes qué día es hoy, porque me recuerdas un dato que ni quiero ni necesito saber, el tiempo me dice que hoy es hoy. Y para saberlo, me basta con mirar al cielo. Ya está.

 La cadencia es el placer de estrenar nueva rutina como quien estrena un ojal menos en el cinturón. El gusto que da repetir cosas que no volveremos a repetir cuando arranquemos la rutina del resto del año. Canjear cotidianidad por cotidianidad. Pillar al hastío con el pie cambiado es la única forma conocida por el ser humano para sobrevivirse y poderse soportar doce meses más. Dejarse a uno mismo fuera de la maleta y huirse hasta perderse de vista. Y volverse a reencontrar tras haberse echado de menos. O no.

 El ritmo es eso que se invierte sin pedirnos permiso: ya no es lo que hacemos que ocurra, sino el ritmo al que un tercero decide que nos ocurra. Por eso me gustan tanto las islas pequeñas -y cuanto más pequeñas, mejor-, porque allí tienen siempre otro ritmo que cualquier territorio conectado y contaminado por el continente, un ritmo que se te impone desde el primer minuto para recordarte lo que siempre fuiste: un guiri más.

 Y por último, el compás, un instrumento que sirve para trazar círculos y tomar distancias. Los círculos a los que acudes cuando quieres volver a ser tú mismo. Los círculos cuyo centro permanece siempre invisible, porque todo el mundo ya sabe dónde está. Tu familia, tus amigos, tu gente de verdad. Y la distancia entre esos círculos y tu vida diaria, tan grande como necesaria para poder respirar.

 Perdamos el tempo. Dejemos que las ciudades vivan por unos días la ilusión de una población proporcionada a lo que pueden aportar. Que los semáforos sincronicen vacíos. Y que el asfalto, abierto como una herida, se ponga por fin al día, total, para quedarse peor de lo que estaba, pero donde está.

 Perdamos el tempo.

Los que aún podamos, claro.

Porque hay gente que ni siquiera eso puede perder ya.

Que me voy de vacaciones, coño.»

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Huye.

Huye.

el sindrome de darrinArtículo publicado el domingo, 14 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Huye. Vete. Tan lejos como puedas. Corre y no pares hasta donde te permita tu bolsillo, tu memoria y las fuerzas que puedas aparentar. El destino en realidad importa menos de lo que piensas. Estarás saliendo de un país que se está cargando el suyo. Así que cualquier destino será mejor que uno que ha dejado de existir.

Espera, no sé si me estoy explicando bien. Estoy diciendo que te largues. De vacaciones, de trabajo o por simple curiosidad, da igual. Y te lo estoy diciendo por tu bien. Ellos no se piensan largar, ya lo intenté e inexplicablemente no me han hecho ni caso. Qué raro. Con el poder e influencia que tengo. En fin, que no luches. Que eso es justo lo que quieren: que protestes, para poder llamarte demagogo, anticonstitucional o directamente, ignorante. Vamos, que si luchas aquí te acabarás quedando solo. O peor, acompañado por un representante del pueblo, un mitin, unos cuantos chanchullos y un programa electoral.

Este país no está en crisis. Está en coma. Un coma de esos irreversibles en los que hay que decidir si esperar a que ocurra algún milagro o directamente desenchufar. Ojalá ocurra lo primero, o lo segundo, da igual, mira, al menos nos estaría pasando algo.

Aquí, a base de transfusiones contaminadas y putrefactas, unos cuantos listillos se han ido cargando la sangre que mantiene viva y oxigenada a cualquier sociedad: la confianza. Nuestra confianza. Tu confianza. Y ahora que no quedan apenas fuerzas ni para levantarnos, ahora descubrimos que un tipo que está en la cárcel es el único que está dispuesto a contarnos la verdad. Ah, y además lo hace por venganza, no te vayas a pensar que lo hace por un repentino ataque de honestidad. Te estoy hablando del hombre del momento, -si el PP no se atreve a pronunciar su nombre, yo tampoco, no vaya a ser una superstición chunga de la que no me he enterado- todo un héroe dentro de la cárcel de Soto del Real.

Tampoco mires hacia cualquier otro lado, ni izquierda, ni derecha, ni arriba, ni abajo, porque sólo destaparás más espabilados, mamones pestilentes y corruptos que comparecen, sobreactúan, se tapan unos a otros, se imputan y se desimputan y acaban exculpados, sobreseídos, prescritos y diluidos en la más insolente nada o peor aún, indultados por cualquier amiguete a pie de página de la actualidad.

Y mientras, eso sí, les seguimos haciendo cosquillas con pírricas manifestaciones callejeras que por no salir no salen ni en los informativos locales, porque han dejado de preocupar a quienes tendrían que preocupar. Cuando deberíamos estar cada fin de semana en la portada del The New York Times. Pero eso sí que no, no vayamos a hacerle daño a la Marca España, que luego sube la prima de riesgo, con lo controladita que ahora la tenemos, ¿verdad? Ay mira, la intención de voto se ha desplomado unas décimas, reconfigurando el panorama electoral. Pero qué panorama ni panorama. Aquí la única Marca España realmente eficaz es la que imprime la silla de un cargo en el culo del que la ocupa. Esa sí que es para toda la vida. Lo demás, esta inacción, este sometimiento, este borreguismo nos hace cómplices del mamoneo que tanto criticamos. Y ya no te digo si encima les pensamos volver a votar.

Así que huye. Vete. Cuando se acaba la confianza, huir ya no es de cobardes. Huir pasa a ser cosa de valientes. De basta ya. De ahí te quedas. De se acabó. Lo que es de cobardes es quedarse para callar. Quedarse para aguantar lo que estamos aguantando. Quedarse para otorgar. Porque aquí, el que calla ya puede ir abriendo bien la boca.

Huye. Sal aún que puedes. De verdad. Planifica bien tu salida, pero hazlo ya. Y no te preocupes del nombre o la explicación que le das a la huida, pues ya no dependerá de tus intenciones, sino de tu situación laboral.

Si todavía tienes trabajo, disfruta de tus mal llamadas vacaciones. Como si algún puesto de trabajo pudiese aún disfrutar de un estado vacante con total tranquilidad. No sé si las necesitas, pero lo que sí estoy seguro es que te las has ganado. Aunque sólo sea por ser capaz de conservar algo tan preciado. Cuando no tengas más remedio, vuelve. Pero no esperes que haya mejorado en algo la situación.

Si estás estudiando, alguien dirá que es una fuga de cerebros. No te preocupes, el Rey acaba de darnos permiso. Tienes su bendición, esa que tanto esperabas. Además, comprobarás en propia piel la Ley de Gravitación Universal de Newton: la gravedad de las ocurrencias del ministro Wert te parecerá inversamente proporcional a los kilómetros que pongas de por medio. Vamos, que a medida que te alejes ganarás en felicidad.

Y por último, si ni estudias ni trabajas, llámalo éxodo, llámalo lucidez mental. Automáticamente dejarás de ser un ni-ni y pasarás a ser un emigrante, palabra mucho más digna y con más futuro, para qué nos vamos a engañar.

Tú huye que aún puedes.

Yo si eso me quedo, que así tocamos a más.»

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Has decidido que te la llevas.

Has decidido que te la llevas.

AFTERSHARETV_Risto_3_Bitono_bajaArtículo publicado el domingo, 7 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Has decidido que te la llevas. La noticia ha caído como un mazazo sobre la familia. Un mazazo de los que te rompe por dentro pero te une por fuera. Un mazazo que aplasta cada año más de 200.000 familias sólo en España. Otra familia que se ve obligada a recordar que sólo se tiene a sí misma cuando alguien se viene o se va.

Has decidido que te la llevas. No has sido ni para decirlo a la cara. Nos lo has hecho saber desde tu escondite, la putrefacta caverna microscópica en la que llevas meses atrincherado, agazapado detrás de un asterisco que venía en un sobre muy parecido al de las facturas, como si alguien te hubiera pedido la cuenta, el qué se debe, l’addition.

Cobarde, que eres un cobarde. Mal rayo te parta. Ni un mísero aviso. Ni una oportunidad. Te presentas como se presentan los delincuentes y los indeseables, por sorpresa, sin avisar, cuando ya todo es tarde, cuando ya sólo queda alevosía y nocturnidad. Como si te hubiéramos hecho algo. Como si alguien en este mundo mereciese algo así.

Porque has decidido que te la llevas. Vale, muy bien y ahora qué. Nos das la noticia, nos marcas un plazo, nos amputas cualquier esperanza y aún tendremos que darte las gracias por dejarnos algo de tiempo para despedirnos de ella. Nos dejas el tiempo justo para embalsamar tantos recuerdos que no sabemos ni por dónde empezar. El tiempo justo para no poder ni llorar.

Que sepas que no vas a llevártela tan fácilmente. Que sepas que ella piensa plantarte cara hasta el final. Aunque sea lo último que haga. Piensa aferrarse a lo que le queda de sí. Y piensa apurar toda estadística por ínfima que sea, como se apura el último sorbo en pleno desierto, como se estiran esos últimos minutos antes de que vuelva a sonar el despertador.

 Pero sobre todo, que sepas que no está sola. Ni ahora ni nunca. Ni antes ni después. Su dolor es el nuestro. Su lucha no se libra sólo en su organismo, sino en el ánimo de todos y cada uno de los que la queremos, la querremos y la quisimos alguna vez. Porque en eso consiste querer de verdad, sufrir lo que se ama y amar lo que se sufre, se esté en el cuerpo de quien se esté. Pero qué hago contándote esto, tú qué vas a saber, si eso tú no lo podrás sentir jamás.

Tú has decidido que te la llevas, y punto. Y eso sí, ahora nos ofreces todo tipo de paliativos. Siniestra palabra. Eufemismos, tecnicismos inútiles para disfrazar el dolor que menos duela. Pero duele igual.

Tratamiento, otra palabra que siempre nos será extraña. Porque esconde lo mismo que esconde cualquier peluca. Un esfuerzo titánico, cotidiano, íntimo y personal por aparentar normalidad bajo circunstancias absolutamente extraordinarias.

Por eso, has decidido que te la llevas y puede que al final hasta te la acabes llevando. Puede que ganes, pero jamás vas a triunfar. Porque hay cosas que nunca podrás llevarte.

No te llevarás su risa. Porque su risa puede contigo. Aunque al final te la lleves a ella, su risa se quedará. Tampoco puedes con su cariño. El que recibe y el que nos ha dado. Cuanto más se apaga ella, más se ilumina el hueco que deja a su alrededor. Y por supuesto, no podrás con su recuerdo. Es demasiado grande para ti. Y para cien más como tú.

Cuídate mucho, porque esto no ha hecho más que empezar. Detrás de tus malditas 6 letras hay mucha más gente que sigue luchando todos los días, desde dentro y desde fuera de la enfermedad. Disfruta aún que puedes. Destruye a discreción mientras te dure.

Nosotros tardaremos más o menos, nos dejaremos más o menos por el camino, pero tarde o temprano, tú caerás. Como cayeron tantas otras antes que tú. Porque vamos a por ti. Y si algo bueno tiene el ser humano, de las pocas cosas buenas quizás, es que cuando queremos destruir algo, cuando de verdad nos lo proponemos, es sólo cuestión de tiempo que lo consigamos. Mira si somos buenos, que a veces hasta lo hacemos sin querer.

Has decidido que te la llevas.

Ahora mírame fijamente.

Porque a mí, miedo, no me das.»

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Mapa geopolítico del reino unido.

Mapa geopolítico del reino unido.

35Artículo publicado el domingo, 30 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Cinco años juntos. Cinco años en prácticas bilaterales como cartógrafos novatos. Cinco años dibujando al tuntún esta topografía emocional que hoy nos orienta, nos guía y de vez en cuando hasta nos hace perder el sentido. Y es que hoy hace cinco años menos un día que decidimos borrar todas las fronteras físicas y mentales entre tú y yo, para poder imaginar juntos reinos imposibles e inseparables que este sapo y su princesa pudiesen y quisieran compartir.

Y lo primero que compartimos fue un norte. Un lugar tan frío, tan árido y tan distante que jamás querríamos llegar a habitar, pero que tiene que existir siempre, al menos para que apunten sobre él todas las brújulas. En este norte, como en todos los nortes del mundo, a veces se nos perdieron palabras, la mayoría de veces sin querer. Palabras que se nos fueron demasiado lejos, que llegaron donde jamás debieron llegar, tan lejos que merecieron morir de hipotermia, congeladas en la tundra de los silencios dichos y las expresiones calladas.

Por eso al norte de nuestras cosas abundan siempre las montañas, los riscos y los acantilados. Porque al territorio le pasa como a cualquier biografía: si no tiene altibajos y cambios de altitud, no vale la pena gastar ni una gota de tinta en ella. Y no me preguntes cómo ni por qué, pero poco a poco vamos aprendiendo a no acometer ninguna escalada sin una buena preparación física, un equipo en condiciones y un par de bombonas de oxígeno. Aunque ahí sigue siempre el riesgo, el peligro de precipitarse demasiado y caer al vacío.

Afortunadamente, también compartimos un sur. Un sur confortable, llano, sencillo, hospitalario, el sur de la complicidad, el sur del roce y las reconciliaciones. Un sur que trazamos sin demasiado esfuerzo, que es como se trazan las cosas de verdad. Nos salió así, de natural y casi sin pretenderlo, como surge el buen sexo. Por eso allí guardamos las anécdotas y las risas, las salidas espontáneas y las cosas que jamás preparamos, pero que acabaron convirtiéndose en recuerdos que todavía hoy tienen la capacidad de sincronizar nuestras sonrisas.

A un lado, como todas las parejas que inventan futuros en común, mantenemos siempre nuestro este. El este es el lugar donde siguen naciendo todas las cosas. La luz, todo lo que vino, lo que viene y lo que vendrá. Nuestros proyectos, nuestras metas. Y por supuesto, ese pedazo de vida que nos aprende mucho y nos enseña mucho más, lo más brillante que habremos hecho nunca. Innovación oriental -de dónde si no- que nace cargada de esperanza y se dirige siempre hacia el poniente de nuestra inseguridad, pues detrás de toda luz siempre viene, bien pegadita, su sombra.

Y es que por último, aunque no nos guste admitirlo, también compartimos un oeste. El salvaje oeste, sí. El que oculta lo desconocido, lo inesperado, refugio de miedos, forajidos y buscavidas. Ese no saber si mañana seguiremos juntos. Esos celos tan difíciles de admitir. Ese llevar así desde el primer día. Y ese desear que continúe de este modo durante mil años más.

Como ves, en este mapa de nuestro reino unido es ilegal y de muy mal gusto inscribir expresiones típicas y gastadas. No porque no las sintamos ni porque no las creamos, sino porque como son demasiado fáciles de pronunciar, parece que las pueda sentir cualquiera y de segunda mano. Ambos las habremos utilizado antes con otras personas, y aunque entonces todavía no lo supiéramos, desde ese mismo momento dejaron de ser lengua oficial aceptada.

Poco más que añadir. En el país de nuestras maravillas no existe más capital que el sofá, el producto interior bruto es lo mucho que nos echamos de menos, y hay fiesta nacional cada vez que me miras como si no existiese ningún otro nombre ni en el santoral.

Hoy somos ciudadanos el uno del otro. Ocupamos el breve espacio en el que el otro no está. Si alguna vez nos alejamos, ya no es por el hecho de tener que viajar. Y si alguna vez nos notamos más cerca, es seguramente porque hemos pasado por este trozo del mapamundi y aquí es mucho más fácil escuchar.

Por todo ello, te pido, te solicito, te ruego y te suplico formal y públicamente que jamás me extradites, que me des asilo político y que me dejes adoptar esta nacionalidad.

Sé que será difícil, no te voy a prometer nada que no pueda incumplir, pero ahora que hemos encontrado nuestro lugar en el mundo, si tú lo quieres y sólo mientras tú lo quieras, pienso seguir recorriéndote no ya cada cinco años.

Sino todos los días.»

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Jaigüey, tu gel.

risto-mejide. jaiguey tu gelArtículo publicado el domingo, 23 de junio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Lo que tienes entre tus manos no se llama ocasional. Ni eventual. Ni casual. Ni siquiera de tanto en tanto. Se llama periódico. Y ojo, que tampoco es un periódico cualquiera. Encima éste es El Periódico. Ahí es ná. Cuando llevas un compromiso de ese calibre al nivel de convertirlo en tu propio nombre, eso es como llamarte Dolores, Benigno, Prudencio, Feliciano o Inmaculada. En cualquier momento puedes dejarte a ti mismo en evidencia. Cómo mola eso.

Y es que la periodicidad es una putada enorme. Te lo dice alguien que adora escribir, pero odia tener que hacerlo. Ser frecuente también debería estar vigilado por Obama, espera, me voy a asegurar de que me guardan copia de seguridad de este artículo: bomba, Casa Blanca, terror, muerte, destrucción masiva, Bob Esponja, Michael Bolton, Kenny G, Meat Loaf. Yo creo que ya.

Pues eso, que adoro la recurrencia. Me encanta que las cosas vuelvan a suceder. Me encanta que las cosas vuelvan a suceder. Cuando la realidad se pone tozuda y al ser humano se le queda cara de eso, de lo que jamás debió dejar de ser. Humano.

Pero también hay que reconocerle su valor a la repetición forzada por nosotros. Detrás de cualquier frecuencia están los principales vicios, y alguna que otra virtud, vale, pero menos. Quien repite, reincide. Pata, peta, pita, pota y María Luisa.

Lo frecuente informa más sobre nuestra vida que lo que hacemos en sí. Cada cuánto ves a tus amigos. Y a tus enemigos. Cada cuánto pones a tu pareja mirando pa Cuenca. Y cada cuánto te pone ella mirándote a ti. Cada cuánto corres. Cada cuánto te corres. Cada cuánto haces la compra. O alguna venta.

Lo frecuente es la base de lo corriente. Y lo corriente, -no confundir con lo vulgar-, como bien saben los físicos, sólo puede ser de dos tipos: alterno o continuo.

Corriente alterna (AC) es aquella en la que magnitud y el sentido varían con el tiempo y de manera cíclica. Para que nos entendamos, son las declaraciones de nuestro presidente del gobierno. No subiré los impuestos, no recortaré la sanidad, jamás recortaría en educación, no pienso quejarme de la herencia recibida, etc. Y luego, una vez en el poder, haces todo lo contrario. Es la clásica política de alterne: si no sabes quién te está haciendo la cama, eso es que el único cornudo aquí eres tú.

Corriente continua (DC), en cambio, es aquella que no cambia de sentido, la que sigue imperturbable a lo largo del tiempo. De nuevo para que yo lo entienda, vuelven a ser las declaraciones de nuestro presidente del gobierno. Estamos saliendo de la crisis, ya se ve luz al final del túnel, próximamente arrojaremos datos esperanzadores, etc. Repetir un mismo mensaje que algún día se hará verdad a la fuerza y muy a pesar de ti. Claro, cuando te toman por gilipollas una vez, puedes ofenderte. Pero cuando te están tomando por gilipollas todas las las semanas, te acabas planteando si no lo eres de verdad.

Como bien saben los grandes partidos, es fundamental combinar ambas corrientes, no vaya a ser que con tanto enchufe y tanta conexión, algún extesorero o algún exbanquero expreso de furia -y de prisión- nos acabe generando un cortocircuito y nos enrampemos de verdad. En mi caso, como todo ciudadano de a pie alérgico a electricidad estática -la que no se mueve-, el poco pelo que me queda adopta ya un Crepado Soraya cada vez que escucho alguna nueva declaración del Ministro de Cultura, a cuál más brillante y sensata, que hasta me hace dudar si es d.C. o a.C.

Y hablando de sensatez, esta semana mi amigo Leopoldo Abadía nos invitó a unos cuantos a la primera “Comida de los Sensatos”. Y digo primera, porque al igual que Juanjo Ramos -bajista de Los Secretos-, también espero que se repita, o que haya más, que no es lo mismo.

Tras una brillante exposición por parte del patriarca del Clan Abadía y una agradabilísima comida, salí del evento con una sensación un tanto agridulce, contaminada básicamente por una duda. A ver si con tanta recurrencia, tanta corriente y tanto abusar de la frecuencia, nos habremos cargado algo tan útil como la predicción.

A ver si esto que estamos cruzando no va a ser ningún túnel.

Sino un Jaigüey, tu gel.»

Qué tiempo tan desliz.

tan deslizArtículo publicado el domingo, 16 de junio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Todos los artículos felices se parecen entre sí, los infelices lo son cada uno a su manera. Puede que ni esa frase ni nada de lo que te vaya a decir a continuación vaya a parecerte novedoso. Pero qué le vamos a hacer, a veces la utilidad está muy por encima de la novedad. O al menos, debería estarlo.

Igual es cosa de la edad, pero ya no me creo ninguna definición de felicidad. Me parecen todas mentira cochina. Frases célebres pronunciadas por gente que jamás hizo caso de las frases célebres. Gente que en su mayoría, encima, predicó con todo menos con el ejemplo. Y de ahí que tampoco me crea a los que que dan recetas y se ganan la vida con ello. Gente que hace de tu ruina, su fortuna. Gente que debería estar en la cárcel, a poder ser en la misma celda que Justin Bieber.

Tampoco creo que tenga nada que ver con la salud, ni con el dinero, ni con el amor. Si no te ha ocurrido ya, espero que te ocurra. Yo he tenido el honor de conocer a gente que no tenía ninguna de las 3 pero que podía levantarte el ánimo con una puñetera mirada. Gente cuya salud le había colocado en el corredor de la muerte y que demostraba más vida que tú y yo juntos. Gente que no lo había perdido todo porque jamás lo necesitó. Y gente que fue tan amante como amada y muy desgraciada a la vez.

A mí perdóname, pero cuando he sido feliz ha sido, normalmente, por accidente. Cuando me he sentido pleno y realizado ha sido, a menudo, consecuencia de algún desliz. Vine al mundo yo como podría haber venido cualquier otro. Me dediqué a lo que me dedico casi porque me encontré como Aznar, trabajando en ello. Conocí a mi mujer -y a mis mejores amigos- por la mayor de las casualidades. Tuvimos un hijo -con mi mujer, no con mis amigos- como se deben tener, sin pensarlo demasiado. Y así, todas las cosas maravillosas que me hayan sucedido hasta la fecha. Y así, todas las cosas malas que vengan, seguramente, también.

Pero eso tampoco quiere decir que la felicidad sea fruto del azar. Ser feliz no es una cuestión de suerte, ni una definición molona sobre un fondo de salvapantallas, ni un estado del alma, ni siquiera una circunstancia que viene y va.

Ser feliz es una decisión.

Miento, lo he dicho mal, ser feliz es LA decisión. La única decisión realmente importante y relevante que hay que tomar en la vida. La única decisión que, una vez tomada, hay que seguir tomándola todos los días. Una decisión que determina tus 3 relaciones fundamentales.

La primera, la relación con tu pasado. Hace poco me preguntaban opinión sobre un asunto “como profesional de éxito”. Para nada me considero profesional de éxito. Precisamente, creo que la profesionalidad -como la felicidad- no depende de tus éxitos, sino de cómo recuerdas, analizas, clasificas y reciclas tus fracasos. Los mejores profesionales que he conocido eran puras plantas de reciclaje de fracasos propios y ajenos. Y la gente más feliz, también.

La segunda, la relación con tu futuro. Como escribió Nikos Kazantzakis, tu libertad -que no es más que el futuro de tu felicidad- depende solamente de qué esperas y qué temes. Si no esperas nada, tendrás las manos libres y limpias, además de que nadie nunca te decepcionará. Y si no temes a nada ni a nadie, nadie te podrá parar.

Por último, tu relación con el presente. La realmente crítica, la más budista, qué rabia me da que Richard Gere se haya colado en este concepto. En el presente, la felicidad se vuelve más mundana, cotidiana, se tangibiliza, se hace cosa y se transforma en alegría, más real, más alcanzable y mucho más verdad.

Por eso, y hablando de budistas, yo prefiero hablar del reino de Bhután, que mide la Felicidad Nacional Bruta desde 1972. Y lo hace mediante 9 indicadores: bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno. Vamos, todo lo que se nos está mutilando aquí. Normal que un amigo mío haya decidido tirarse a las 3 eses: Smile, Sport and Sex.

Aún así, miro y admiro a mucha gente que ha decidido mantener su alegría. Pese al entorno. Pese a todo lo gris. O lo negro. Gente que ha decidido que nada ni nadie les va a hacer olvidar que, por jodido que esté el presente, sigue siendo sinónimo de regalo.

Un regalo que, como todos los que vienen sin ticket, es difícil de cambiar.

Pero no imposible.»