Turba, lignito, hulla y antracita.

Turba, lignito, hulla y antracita.

Artículo publicado el domingo, 05 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

Risto-Mejide«Queridos Reyes Magos,

Esta noche no os voy a pedir juguetes. Los últimos que me trajisteis ahí siguen sin caberme, y os juro que no será porque no lo haya intentado. Seguiré probando, que sabéis que me gusta y si eso ya os cuento. Pero esta noche no, esta noche es diferente.

Como somos una gran nación de gente aún más grande, desprendida, honesta y generosa, este año me voy a tomar la libertad de perdidos en nombre de mis paisanos que vengáis bien preparados, pues en unas horas España debería convertirse en el primer importador de carbón del planeta, si no de la Historia de la Humanidad.

Existe por eso el peligro de que con tanta tonelada, acabéis repartiendo el carbón así a bulto, al mogollón, y llamadme quisquilloso, pero me gustaría que fuerais algo más cuidadosos esta vez. Llevamos todo un año esperando, y hay sujetos que no merecen menos que un momento de reflexión antes de su justa dosis de restos orgánicos fosilizados. Además, aprender a separar por residuos es la base para la correcta sostenibilidad de nuestro entorno.

Por favor, a la hora de repartir carbón por nuestro panorama económico, político y social, tened en cuenta los matices y diferencias entre sus cuatro tipos básicos: turba, lignito, hulla y antracita.

La turba surge principalmente en entornos de putrefacción pantanosos, contiene muy poco carbono (impura ella) y se destina sobre todo a la fabricación de combustibles y a la producción de abono. Por eso, es ideal para todos aquellos que ya ni recuerdan cuándo perdieron su virtud, los que nos han ido pudriendo el sistema por dentro, poco a poco, a fuego lento, al chup-chup. Huelen a estiércol porque son estiércol. Y aún así, todos intuimos que al final se irán de rositas con el depósito cargado para seguir delinquiendo o disfrutando de él tanto en paraísos vacacionales como fiscales. Llevádsela a los Bárcenas, en un sobre, que les hará ilusión. Y a los Iñaki Urdangarín algún día a la cárcel, si no es mucho pedir.

Luego está el lignito, un carbón de mediana calidad, pues contiene más carbono que la turba y a menudo se llega a emplear para la joyería. Y si de joyas se trata, ahí tenéis cualquiera de las leyes que ha propuesto o aprobado durante este año nuestro querido PP, y no porque sea el PP, sino porque las va perpetrando como el orfebre, en solitario, en su taller, tacita a tacita y sin tener que consultar a nadie, con el único dictado del Dios que ellos se pintan. Por eso ya no son leyes, son encíclicas. No son decretos, son dogma de fe. No son propuestas de ley, son doctrina. No es gobierno, es proselitismo. Todas esas leyes son joyas sí, pero de las que algún día nos dará incluso vergüenza llevar a empeñar.

Y así llegamos a la hulla, algo más pura en carbono (no mucho más), bastante más dura y quizás el tipo de carbón más abundante que existe. Si queréis poner a prueba su dureza, no busquéis más, venid a nuestro país. Aquí tenéis la cara de todo un Rodrigo Rato, la de un Carlos Fabra, la de un José Ignacio Wert, la de un Félix Millet, la de un José Antonio Griñán, la de un Jaume Matas, la de un Oriol Pujol, la de un Rouco Varela. Difícil decisión, ¿verdad? Todas duras, casi indestructibles oigan, hagan la prueba, que igual hasta nos hacen un favor. Y sí, lamentablemente, este tipo es cada vez más abundante. Que no sólo SON caras. Que es que además nos SALEN muy caras.

Por último, la antracita, como es el que más carbono contiene, es el más brillante de todos. Y aquí, como todo el mundo sabe, somos potencia mundial en lo que a brillantez se refiere. No-entiendo-mi-letra, todo-es-falso-salvo-alguna-cosa, la-segunda-ya-tal, fin-de-la-cita. Der-is-nozin-laik-a-relaxin-cap-of-café-con-leche-in-plaza-mayor, en-la-catástrofe-del-Prestige-sólo-hay-un-culpable-el-barco, si-se-suma-una-manzana-y-una-pera-nunca-puede-dar-dos-manzanas, la-ideología-del-PP-es-la-que-ha-traído-mayor-progreso-a-la-Historia-de-la-Humanidad. Y así.

Si queréis, el carbón que os sobre, si es que os sobra y no os falta, me lo podéis ir trayendo a mí. No sólo por las cosas que habré hecho, pensado y dicho durante este año, sino por todas las que, a la vista de la impunidad con la que nos toman el pelo, ya os digo que pienso hacer.»

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Concuñadismo.

Concuñadismo.

Artículo publicado el domingo, 29 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

5«En estas fechas tan señaladas, quiero empezar preguntándome señaladas dónde. Si los cumpleaños se guardan en la memoria, los años en las canas, los atracones en las lorzas y las sonrisas en las patas de gallo, estaría bien saber en cuál de las dos nalgas hay que ir poniendo las fiestas de guardar. No, el espacio de en medio hoy ya me lo ha copado el ministro Soria y las eléctricas, lo siento mucho, vuelva usted mañana.

Sí amigos, también me gustaría saber por qué os llamo de pronto amigos.

Ahora que el espíritu navideño se instala en todas las casas, las bacanales gastronómico-carnavalescas alrededor de una mesa logran entre plato y plato algo insólito: que por unos días, el que tiene familia envidie al que no la tiene, y viceversa. ¿No es maravilloso? Se me cae el percebe de tanta emoción. Empezad, empezad, que eso frío no vale nada.

De todos modos, si hay algo que me fascina todos los años sin excepción es el retorno de la mala leche personificada en cierto comensal que lleva todo el año esperando para sentarse a tu lado. Si hay algo que me conmueve casi tanto como la retirada de Justin Bieber, es el retorno del cuñado.

Un cuñado no es el hermano de tu cónyuge. Ni tampoco es necesariamente siempre un hombre. Eso es demasiado reduccionista. Es quedarse con la mitad del cuento. No hay que tomarse el término de manera tan literal.

Un cuñado es mucho, pero que mucho más. Para empezar, un cuñado es alguien que siempre nació antes que tú. Aunque tú seas más viejo, da igual, para él los años contaban el doble y tú nunca tendrás ni puñetera idea por lo que él pasó. Por eso sufrió lo que sufrió, por eso llegó a renunciar seguramente al Grammy, al Emmy, al Oscar, al Webby y hasta al Nobel de la Paz, para poder darte hoy las lecciones que tú jamás has pedido. ¿Te vas a comer eso?

Un cuñado es el Vladimir Putin de cualquier familia. Nadie sabe muy por qué sigue ahí, pero nadie tiene cojones de echarlo. Por eso, a medida que va avanzando la reunión familiar, el buen cuñado no espera a que tú lo identifiques, él se postula solo, sus credenciales son inconfundibles y las piensa airear a los cuatro vientos con total impunidad.

El buen cuñado es capaz de vacilarle a todos y y a todas, siempre tienes la sensación de que se intenta acostar con tu pareja, y que si la comida dura un par de horas más, igual hasta lo consigue.

Ya antes de acabar el primero, mientras apura la copa de un vino que siempre es peor que el que él dice que traerá un día, te pregunta si por fin te van bien las cosas, o como siempre. Pásame la sal, anda, que un día es un día.

Por eso, durante el segundo plato, un buen cuñado aprovechará para preguntarte por todos y cada uno de tus fracasos. No sabes cómo se lo ha hecho, pero ha seguido proyectos que ni siquiera tú habías explicado, con lo que al final un cuñado acaba siendo la mejor base de datos de lo que pudimos ser y no fuimos, el mejor retrato de lo que nadie pintó.

Menos mal que él ahora viene, en estas fiestas tan señaladas, y por si estabas a punto de olvidar tus traspiés del año y pasártelo bien, no te preocupes que él te los recuerda, uno por uno. Oye, y aquello que me contaste que ibas a hacer, al final lo has hecho o no, porque yo no me he enterado, y como he visto que fulanito y menganito lo están haciendo y les va tan bien Anda que menuda idea tuviste, ¿no? ¿Crees que ya has dado con tu máximo nivel de incompetencia, o estás dispuesto a arriesgar un poco más tu vida y el futuro de tu familia? Y así.

No lo hace con mala intención. Lo hace con hijoputismo. ¿Un cafelito? ¿O pasamos a los turrones?

A la hora de los regalos, el cuñado es el que te pregunta cómo es que no encontraste el juguete que tu hijo llevaba meses pidiéndote y tú no fuiste capaz ni de deletrear. También hará chistes, uno nuevo de cada diez. Y contará anécdotas superdivertidas. Al final hasta se creerá el alma de la fiesta, un alma que no la querría ni el diablo de rebajas en un outlet del todo a cien.

Porque eso sí, si indagas un poco, seguramente encontrarás a un mediocre con tanta rabia como envidia y a un incompetente acomplejado que se está vengando de las collejas del cole, incapaz de disfrutar de la vida o de aportar algo de valor a la gente a la que supuestamente ama y de la que chupa toda su energía como un vampiro, que es lo que es. Y así monopoliza y secuestra fiestas, reuniones, titulares, medios de comunicación y grupos de whatsapp.

Vamos, que un cuñado para una familia viene a ser lo que un ministro del PP para su país.

Por suerte, ahí estarán siempre los concuñados para empatizar con nosotros, sufrir en silencio lo que sufrimos pero en nalga ajena y demostrar así cierta lección que jamás debimos haber olvidado.

Que menos por menos, es más.

¿Un licorcito?»

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El peor trabajo del mundo.

El peor trabajo del mundo.

Artículo publicado el domingo, 22 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

28«Ya seas hombre, mujer, animal, semoviente o cosa, atiende bien, porque si puedes leer esto y entenderlo, esta oferta puede que vaya dirigida a ti. Mediante la presente, te ofrezco el peor trabajo del mundo. Te ofrezco trabajar conmigo y trabajar para mí.

Estoy buscando una asistente personal. Y hablo siempre de una porque preferiría que fuese, antes que personal, persona. Siempre he intentado contratar a gente a la que admirase. Gente que tuviera algo que no tengo yo. Gente que me superase de mucho en algo. Sólo siendo persona ya habríamos cubierto este punto con creces. Si eres persona, sigue leyendo, que vamos bien.

Para empezar, deberás vivir en Barcelona. La distancia es el olvido, como cantaba aquél. Si no estás dispuesta a vivir en la ciudad condal y trabajar codo a codo conmigo, no estamos hechos el uno para el otro, no pasa nada, hay gente maja también en el resto del estado español, no tan maja como yo pero qué se le va a hacer.

El peor trabajo del mundo siempre estará mal pagado. Te aviso para que no haya sorpresas ni malentendidos. Tu remuneración estará todo el tiempo algo por debajo de tu valía. No por nada, sino porque a mí me pasa exactamente igual. Siempre he creído que ganaba menos de lo que debería. Si aún así te parece injusto, estaré encantado de repasar contigo la parte que aún no hayas entendido del título de esta oferta laboral.

El peor trabajo del mundo tampoco entiende de horarios. Seguro que las compañeras y compañeros estarán encantadas y encantados de leer esto. Pero seguro que también les gusta saber que la primera frase de este párrafo la he copiado de un delegado sindical. Estoy buscando una actitud que ponga el resultado por encima del proceso. A mí, como si no vienes a la oficina. Mientras hagas tu trabajo y lo hagas siempre buscando la excelencia, las horas físicas al final las pondrás tú. Gente a la que se le cae el boli, los anillos o la cara de vergüenza, abstenerse. Gracias.

Mi personal assistant (qué bien queda todo en inglés -por cierto, si no lo hablas, dont you even dare-) deberá ser, además, alguien que se adelante a mí, como mínimo, 48 horas. Alguien que vele por mi integridad física y mental y sea capaz de llevar y anticiparse mínimo dos días a una agenda de contactos, de reuniones, de viajes, de conferencias, de clases, de producciones publicitarias, de rodajes televisivos, de publicaciones de libros y de artículos como éste que se supone que estás leyendo. Cuanto más se anticipe, mejor. Cuanto más piense ella, menos tendré que pensar yo. Cuantas más decisiones tome ella, menos tendré que tomar yo. Cuanto más acierte ella, menos tendré que equivocarme yo.

A continuación, deberá ser alguien que demuestre que puede trabajar de community manager y lleve mi blog ristomejide.com. Nada demasiado complicado, pero hay que estar al día, contestar a todos los mails y mensajes que lleguen siempre con educación y respeto y llevarse bien con pantallas de todo tamaño. Fíjate que no hablo de experiencia, porque la experiencia ya no es lo que era y lo que hay que saber, como dijo aquél, se aprende en un par de tardes.

Por último, deberá ser una excelente relaciones públicas. Deberá gustarle tratar con gente de todo pelaje, linaje y condición, así que la flexibilidad, la empatía y la proactividad serán clave en el correcto desempeño del puesto. Alguien que haga lo que nunca he sido ni seré capaz de hacer yo: enamorar a la gente desde el primer encuentro. Y hacer seguimiento de las relaciones humanas, esas grandes desconocidas para mí.

Todo, como dice mi amigo Gerard, obsesionándose por las 3D: dedicación, dirección y discreción.

A cambio, la verdad es que no ofrezco mucho. Un trabajo en una empresa seria a ratos, un salario que pagamos, eso sí, religiosamente y enseñarle a esa persona lo poco que pueda saber yo sobre lo mucho que desconozco. Ahora empiezo a entender por qué no la he encontrado todavía.

Si crees que reúnes estas características y no te importa aplicar para el peor trabajo del mundo, deberás saber que, además, compites contra una empresa de recursos humanos que está realizando una búsqueda en paralelo y contra una candidata -que sabe que es provisional- pero que lleva unas semanas haciéndolo realmente bien y a lo mejor al final hasta se queda con el puesto.

Si aún así quieres probar suerte, envía tu currículum, tu análisis de orina, o lo que te dé la gana a elpeortrabajodelmundo@gmail.com. El buzón permanecerá abierto hasta las 23:59 del 31 de diciembre de 2013, momento en el que se dejarán de recibir mensajes. Tampoco envíes muchos mails, conocer la fina línea que separa la insistencia de la pesadez será uno de los criterios a valorar para la selección de candidaturas. Y sólo nos pondremos en contacto con aquellas que vayamos a entrevistar, así que si el 31 de enero aún no has recibido respuesta, la respuesta es no, pero gracias por participar.

Busco la mejor persona del mundo para el peor trabajo del mundo.

Sé que existes.

Y sé que aún yo no te he encontrado.

A ver si de este modo tú me encuentras a mí

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Soy pregunta

Soy pregunta

Artículo publicado el domingo, 15 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

AFTERSHARETV_Risto_1_Bitono_baja«Cada uno de nosotros es una pregunta. Todos y cada uno de nosotros nacemos con un signo interrogativo que rodea nuestro cerebro, baja por nuestro esófago condensando nuestro aliento y no se detiene hasta que sutura con un punto nuestro corazón. Crecemos buscando y juntando partes inconexas de trozos de respuesta y morimos justo cuando formulamos la otra gran pregunta que siempre quedará sin contestar.

Todo junto es un proceso caótico al que llamamos vida para simplificar y al que encima tratamos de dar algún sentido por el camino. Mira si es aleatorio que las respuestas que necesitas no están nunca a mano, no sabes muy bien por qué, y las que sí te llegan, además, lo hacen siempre antes de que nadie las haya preguntado. Eso sí, la coherencia que no nos la quiten, eh. Que sóc del Barça.

A medida que te vas haciendo mayor, compruebas que las preguntas crecen más rápido que las respuestas. Quizás sea porque nos han enseñado a responder sólo a problemas ya planteados. Porque cuando llega el momento clave, el momento de la verdad, la gente que más podría ayudarte, normalmente ya se ha ido. O a lo mejor será porque creemos que la respuesta a una pregunta siempre tiene que ser eso, una respuesta, y no otra pregunta. No lo sé. Lo que sí sé es que la entropía debería haber sido asignatura obligatoria en la escuela primaria, y si no lo es todavía, que alguien le preste un cerebro al ministro Wert y veréis como lo acaba siendo.

Un día, antes de que te des cuenta, sin apenas planteártelo, de pronto notas que las respuestas hace tiempo que han dejado de satisfacerte. Porque vas descubriendo que son caducas. Porque has comprobado que son cambiantes. Porque sabes que muchas morirán contigo. O porque alguien o algo las matará. Ser pregunta te lleva a desconfiar de todas las respuestas. Ser pregunta te lleva a alimentarte de más preguntas.

Y así es como surge el relato de nuestra vida.

Un héroe no es más que alguien que defiende una pregunta. Abierta, grande, universal, no con una sino con tantas respuestas como vidas se la planteen. Es alguien que cree que mientras hay preguntas, hay esperanza. Mira los niños, que no paran de preguntar por qué. Y los artistas. Y los científicos. Mira Bertrand Russell. Un villano, en cambio, no es más que quien pretende rodear esa misma pregunta con la antimateria de su respuesta. Él sí que sabe lo que nos conviene y quiere cerrar la pregunta, desactivarla, meterla en un ataúd. Un mundo de sólo respuestas, es un sistema inerte, un sistema muerto, un sistema que ya está.

Tú haz lo que quieras, pero yo desconfío de las respuestas tipo test. Desconfío de los que me quieren hacer responder sí o no. Soy firme militante del depende. Será mi sangre gallega mezclada con catalana. Y si es así, aún me siento más orgulloso de venir de donde vengo.

Pero si ese alguien además, es un político, entonces la desconfianza se convierte en cabreo. O sea, que no me tengo que preocupar, que ya me das tú todas las opciones posibles. Como si fuera ese mocoso al que tratas de educar por el buen camino. El clásico truco de darle dos opciones al niño para que no se me pierda, que haga lo que yo quiero y que encima crea que está ejerciendo su libertad. Ah, y no nos olvidemos, me traspasas el problema, que es tuyo, y que por eso te pago, para que lo resuelvas tú. Para que encima puedas seguir ejerciendo tu incompetencia, pero ahora encima con mi bendición.

Menos Mas que aquí llega Artur para solucionárnoslo todo. Tranquils, que ja sóc aquí. Amb il·lusió. Y para que no nos falte de nada, nos viene no con una pregunta, sino con dos. Una embarazada de otra. Es una pregunta con polizón. Un kinder sorpresa de la duda. Y así, complicando una pregunta, se empequeñece aún más la respuesta. Sin matices ni medias tintas ni grises, que de eso ya tuvimos bastante durante cuarenta años.

Los chinos, que de tinta saben un rato, utilizan la misma palabra (wenti) para designar al problema y a la pregunta. De tal manera que a que quien tiene muchos problemas, prefieren decirle que tiene muchas preguntas. Sigues sin solucionar nada, pero y lo bien que te lo pasas confundiendo al respetable.

No me pienso esperar al 9N. Yo es que me pregunto encima. Y me pregunto qué hará nuestro visionario President cuando el choque de trenes sea ya algo inevitable. Y lo peor, qué haremos entonces el resto de catalanes que seguimos creyendo en la convivencia pacífica y en que el oficio de un político es siempre y por encima de todo, sentarse, dialogar y negociar.»

Ése sí es mi problema.

Ésa sí es mi pregunta.

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Comprométete.

Comprométete.

37Artículo publicado el domingo, 10 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Ésta es una invitación a una vida más jodida, pero más plena. Esto es un billete de vuelta a un mundo mucho, pero que mucho mejor. Si tu intención es seguir leyéndome sin más, casi que lo dejamos en esta línea. Porque es que no te va a gustar nada todo lo que sigue, o igual no te disgusta, pero te incomoda. De verdad, no pasa nada, no pierdas el tiempo ni me lo hagas perder a mí. Porque si sigues adelante, ten en cuenta que hoy pienso darte una receta infalible para salirse de cualquier gris. Y todo gracias, o mejor dicho por culpa, de una palabra, de un imperativo, de una acción.

Comprométete. Deja de decir y empieza a hacer. Sal de la contemplación y de palabras como las de este texto y pasa directamente a la acción, mucho más sucia, dolorosa e imperfecta, pero auténtica, de verdad. Un compromiso es el brazo armado de la intención. Es tiempo transformado en dedicación. Es oponerse frontalmente a cualquier inercia. Declararle la guerra a lo predestinado. Hacerle la vida imposible al ya se verá.

Comprométete. Nada vale la pena sin un compromiso que llevarse a la vida. Algún día medirás su intensidad en la cantidad y calidad de tus compromisos. Y para entonces puede que ya sea demasiado tarde. Un compromiso respira por el mismo sitio por donde tú respiras. Así que si quieres que llegue vivo a mañana, comprométete, sí, pero hazlo ya. Hoy. Now.

Comprométete. Busca una causa, que es otra forma de decir enemigo, y ve a por él. Y si no buscas una, sino muchas, mejor que mejor. Pueden ser grandes, inmensas e inabarcables, pero también enemigos pequeños y cotidianos. Da lo mismo. Lo importante es que les declares la guerra y pongas tu energía y tu talento al servicio de esa batalla. Puede que hoy no ganes, vale, de acuerdo. Pero ni te imaginas lo que vas a crecer por el camino. Si además consigues que el miedo no te pueda, jamás estarás solo, y algún día, muchos, juntos, seréis indestructibles. Ha pasado antes. Y volverá a pasar. Contigo o sin ti.

No prometas tanto y comprométete. Estate dispuesto a equivocarte una y mil veces pero siempre en esa misma dirección. Demuéstrale al fracaso que para ti es sólo un mero trámite, un papeleo en tu camino hacia el éxito. Y cáete. Y vuélvete a caer. Que si tu compromiso es lo suficientemente grande, no te hará falta ni ayuda para levantarte.

Comprométete. Y compromete a los demás. Mételes en el lío. En un compromiso, sí. Ellos son como simpatizantes de UPyD, están deseando militar aunque aún no lo sepan. Buscan lo mismo que tú, lo mismo que cualquier ser humano, muchísimas cosas que pueden resumirse en dos: transformarse y trascenderse. Y necesitan a gente que tire, que les haga creer, soñar y patrás ni pa tomar impulso. Como dijo el maestro Yoda, hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.

 Ah, y no te preocupes por cumplir. Cumplir es de flojos. Ya verás como el que se compromete no se conforma con eso. El que se compromete va siempre a por nota, y no porque nadie le obligue, le sale así. Su única nota posible es la que resuena con dos bemoles, la que queda en el auditorio incluso cuando ya se ha apagado la luz.

 Esta semana he tenido la inmensa suerte de conversar con gente de todo tipo. Un expresidente del gobierno en pleno acto de contrición literaria. Una monja dominica contemplativa, revolucionaria y herética. Un cocinero de éxito venido a más. Y lo único que se me ocurre es escribirte este mensaje para que te des prisa. Que empieces tu compromiso enseguida.

Cuanto antes lo hagas, antes te convertirás en quien realmente eres.

Y entonces, y sólo entonces, te surgirá la única duda razonable del que se acaba de comprometer de verdad.

 Por qué tardaría tanto.»

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Sentir, sentir, sentir, sentir, sentir y sentir.

Sentir, sentir, sentir, sentir, sentir y sentir.

Artículo publicado el domingo, 3 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com.18

«En los años 70 ocurrieron muchas cosas, algunas terribles y otras esperanzadoras. Entre las primeras, nací yo. Qué se le va a hacer, ya estoy aquí y llevo ya un rato, demasiado tarde para plantearse si fue un error histórico o un traspiés de la genética. Pero que nadie se preocupe, mala hierba nunca huele.

Entre las segundas, el psicólogo norteamericano Paul Ekman analizó las seis emociones básicas o biológicamente universales del ser humano: miedo, tristeza, ira, asco, sorpresa y alegría. Son los seis estados de ánimo que nos identifican como especie. Los seis ingredientes fundamentales en cualquier relación o emoción más elaborada, como el amor o como el odio. Las seis razones para la paz, las seis excusas para la guerra. Los seis grados de unión entre cualquier raza, sexo o condición.

Sentir miedo. Nada ha sido más útil que sentir miedo para llegar hasta aquí. El miedo nos ha protegido, nos ha advertido, nos ha hecho huir del peligro y nos ha permitido sobrevivir. Pero también nos ha hecho valientes, nos ha puesto ante retos, nos ha forzado a mejorar, nos ha hecho construir herramientas, cobertizos y atajos. Nos ha unido a los que sentían el mismo miedo. Nos ha hecho vulnerables ante las adversidades, ante la incertidumbre, ante el futuro y ante los que supieron jugar con él. Porque mientras el peligro y el riesgo son criterios objetivos, el miedo acaba siendo siempre una elección. La que toma nuestra amígdala mucho antes de que podamos opinar.

Sentir tristeza. La tristeza es el abandono de la intención. De vivir, de querer o de quererse, de quedar o de quedarse, de proyectar o de seguir discutiendo. Por eso duele más cuanto más se acerca, y le ocurre un poco como a la oscuridad, cuanto más grande es, menos se ve. Lo más peligroso de la tristeza no es que visite nuestras ganas. Lo más peligroso es que se quede a vivir. Que se instale allí donde se deja de estar. Interpretarlo todo en clave de fado, arrojarse a un pozo sin fondo que todo lo consume porque ya en nada se cree.

Sentir ira. Rabia, furia e indignación son de las pocas que consumen más energía de la que nos proporcionan. Es un déficit emocional difícil de mantener en el tiempo, ya que no admite ni préstamo ni endeudamiento. Por eso, indignarse es un estado emocional transitorio. Un calentón. Y eso lo saben muy bien los que lo tienen que saber. Al final, si aún no se nos ha pasado, ya se nos pasará. Y por eso nos pasa todo lo que nos pasa.

Sentir repugnancia. El asco es sólo el estreno de un hábito mal ignorado. A fuerza de repetirse, la repugnancia deja de provocar y se volverá costumbre. Una costumbre que algún día se convertirá en tradición. Y de ahí a patrimonio cultural de la humanidad, hay un paso. Si te ocurrió con las moscas sobre la boca del niño en Etiopía, por qué no te va a ocurrir algún día con la corrupción, que al fin y al cabo ya te la sirven nacionalizada y desparasitada.

Sentir sorpresa. De vez en cuando, algo o alguien te pilla con el pie cambiado, te rompe el guión y te obliga a improvisar. Espero que te haya pasado. Porque normalmente ése será un momento clave en tu vida. Aquél que no supiste prever, ni planificar. Simplemente, te ocurrió. Y tú te dejaste llevar, básicamente porque no tuviste más remedio. Allí es donde residen los grandes cambios. Y también las grandes oportunidades. Aunque no te guste, la historia de tu vida está tejida con el grueso de unas cuantas sorpresas y casualidades. Y tu desgracia, también.

Sentir alegría. La alegría es la manecilla de los segundos en el reloj de los momentos felices. Esos momentos que algún día recordarás pese a que tú nunca decidiste recordarlos. Porque aún no has entendido que son ellos los que te eligen, y no al revés.

Hoy es un día como otro cualquiera para sentir, sentir, sentir, sentir, sentir y sentir. Porque si algo bueno tiene todo lo malo es que nos obliga a ello. Porque si algo malo tiene todo lo bueno es que algún día nos sentiremos acostumbrados.

Pero también es un gran día para hacer sentir.

Porque comunicarse, amarse, e incluso vivir es hacer sentir.

Y morirse, con respiración o sin ella, es dejar de hacerlo.»

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Delinca aquí.

Delinca aquí.

12Artículo publicado el domingo, 27 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«¿Se considera usted un buen delincuente? ¿O necesita mejorar? ¿Un chorizo de los de toda la vida? ¿O se acaba de incorporar al hampa y necesita acumular antecedentes? ¿Quisiera dejar de ser considerado un quinqui común y necesita entrar por la puerta grande en el Hall of Fame del guante blanco? ¿O simplemente siente que podría delinquir más, pero no le dejan? ¿Cansado de que la ley, la policía o menudencias similares le impidan cometer sus fechorías? No se preocupe, tenemos la solución. Y es bien sencilla.

Delinca aquí. A qué está esperando. Tenemos todo un país esperándole con las carteras abiertas, las manos atadas, los ojos tapados y los pantalones a la altura de los tobillos. Como para no venirse, ¿verdad? Entre sin miedo, al fondo a la derecha, hasta el infinito y más allá.

Delinca aquí. El partido que gobierna está demasiado ocupado compareciendo en los juzgados y jodiendo al ciudadano medio, como para preocuparse por la competencia desleal. Algunos de sus ilustres militantes son ya autoridades mundiales en la materia del choriceo, han obtenido el Cum Laude en todo tipo de delitos y faltas e imparten clases de postgrado en telepresencia desde centros penitenciarios de prestigio como el de Soto del Real.

Deje de incordiar a la justicia de otros países y delinca aquí. Durante demasiado tiempo, el único condenado por la trama Gürtel ha sido el juez que decidió investigarla. Tampoco se deje amedrentar por la policía. El jefe de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales y el comisario general de la Policía Judicial, máximo responsable policial contra la corrupción y quien dirigió las investigaciones de los casos Bárcenas y Gürtel, acaban de ser destituidos por el Ministerio del Interior. Y si hay alguien más que moleste, díganoslo enseguida, seremos implacables.

Olvídese del buen tiempo y de la playa. Si delinque aquí, no tendrá tiempo para paellas, porque no dará abasto. Y si viene a trincar, aprenda de los mejores: el principal partido de la oposición, que estrena sede social en el juzgado número 6 de Sevilla, está siendo investigado por diez años de presuntas prejubilaciones fraudulentas, un desfalco que supera ya con creces los 1.000 millones de euros. Y es que si uno trinca, qué coño, que sea a lo grande. Eso sí, si durante la instrucción del caso descubrimos que dos de los imputados son hermanos de la ministra de Empleo, ya verá cómo misteriosamente se dilata el proceso el tiempo justo para que prescriban sus delitos y aquí paz y después gloria.

 Delinca aquí. Aceptamos delitos de toda clase y condición. Los dos sindicatos mayoritarios están hasta el cuello de lo que ellos llaman “irregularidades”, que es la forma que tenemos aquí de llamarle a la mierda común. Y si se ponen muy feas las cosas, perderemos las facturas, usted no se preocupe que aquí también dejamos que delincan las clases trabajadoras.

Delinca aquí. Si vive en Catalunya, además podrá quedar con Félix Millet para tomar un café y que se lo cuente todo de viva voz. Sí, aún sigue en libertad provisional, a que es genial. Que le explique también por qué el Palau de la Música, en contra del juez y del fiscal, excluyó a CDC de su escrito de acusación y creyó que “no había indicios” de que se embolsara 6’6 millones en comisiones ilegales a cambio de adjudicarle contratos a Ferrovial, algo que por suerte ya está puesto en duda. Pero qué son 6’6 millones al lado de un presunto expolio de 24. Unos cuantos 3%.

Delinca aquí. Un 20% de economía sumergida no puede estar equivocada. Y aprovéchese ahora de nuestra irresistible oferta de la Semana Grande de Estrasburgo, con descuentos especiales para asesinos, terroristas y violadores, que nadie pueda decir  que no somos una potencia mundial en lo que a chapuzas jurídicas se refiere. Ah, por si aún no lo ha notado, ya es primavera en paraísos fiscales como Gibraltar.

Delinca aquí. Haremos lo posible para que todos sus delitos queden impunes. Y mientras tanto, lo pasaremos pirata viendo la cara de votante que se les queda a los demás.»

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De qué te quejas.

De qué te quejas.

20Artículo publicado el domingo, 20 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«De qué te quejas. Eh. Dime, a ver. Pero si España vive un momento fantástico. Si todo el mundo se muere por invertir en nuestra economía. Si esto es como los orgasmos de tu pareja: el hecho de que tú no estés ahí no significa que no estén ocurriendo. Para tu información, el dinero llega a nuestro país “desde todas partes” (mayormente las más bajas) y entra por nuestras fronteras a un ritmo tan frenético, que de vez en cuando hasta tienen que cerrar la Verja porque no les da ya ni tiempo a contarlo. Botín sabe muy bien de lo que habla. Y si tú no lo pillas, is bicós yu ar not a güiner.

De qué te quejas. Eh. Pero de qué. Que sí, que España vive un momento fantástico. Pero si hemos pasado de hacer el ridículo en las olimpiadas de verano a renunciar a competir por las de invierno, y todo porque nos sale del otoño.

Que te estoy preguntando de qué te quejas. Te lo repito, que no te has enterado. España vive un momento fantástico. Tan fantástico que lo de los ERE andaluces no fue financiación ilegal, sino “desorden” según el sindicato al que peritos judiciales acusan de desviar subvenciones de la Junta. Chúpate el otro dedo, anda, que este lo tienes ya arrugao.

Pst. A mí, quejas, ninguna. A ver si te voy a dar así con la mano de Bárcenas y te dejo plasmao. A ver si te voy a dar asín de Wert y te españolizo el Planeta entero.

La cuestión es quejarse. Una previsión de desempleo del 26’7% para el año que viene. Los parados de larga duración se multiplican por 7 desde el inicio de la crisis. Doce millones de personas bajo el umbral de la pobreza en España. Ya. ¿Y? Y la mayoría silenciosa que está por encima y come caliente todos los días, qué. Eh. Dónde están los titulares de esos 34 millones de españoles y españolas. Dónde el 73’3% que SÍ tendrá trabajo y a lo mejor hasta puede ser despedido gratis con contrato indefinido. A que les saco una foto y la reencuadro para que parezcan Mas.

Y hablando de Mas, hay que ver cómo le gusta echarse de menos. Mi President de la Generalitat sigue representándome incluso allá donde decide no asistir. Por fin ha dejado claro que si algo nos preocupa a los catalanes, es el protocolo. En Catalunya se ha convertido ya en la principal prioridad de todos los ciudadanos.

Ni el paro, ni la economía, ni la corrupción. Lo que realmente nos quita el sueño es saber qué tal tratan a nuestro President en los actos institucionales. Quién preside, quién habla antes de quién y quién se sienta en la sillita de la reina tracatrá. La segunda en nuestra lista es saber qué tal le sentará el catering a nuestro President. Y la tercera, a ver qué tal es capaz de evacuarlo. Si el President depone con gusto, se cumplirá la Voluntat d’un Poble y todos seremos felices. Déjenle clausurar actos, es un maestro en cerramientos, en los mentales es casi tan bueno como la vicepresidenta del gobierno. Además, una cagadita presidencial de esta semana como la de ausentarse a un acto de Foment del Treball debería computarle como baja laboral doble y descontarlo de los 9.375 millones que nos debe el Estado.

A pesar de todo ello, tú no te dejes llevar, no te quejes. Recuerda que España vive un momento fantástico y de terror, como el de Sitges, pero aquí la película se la inventan ellos y la protagonizas tú. Recuérdalo en la cola del paro, en la del mercado, y en el autobús, sigue recordándolo cuando te suban la luz, el agua, la gasolina, el transporte y el gas.

La estadística dice que seguirás quejándote. Y que poco o nada harás al respecto.

Pero si en algún momento decides pasar a la acción, intenta que haya cerca un cubo transparente con una ranura en su cara superior, y que te pille con una papeleta y tu DNI en la mano. También me vale una caja registradora y tu tarjeta de crédito, porque ahí también podemos hacer que las cosas cambien. Comicios que se convocan casi todos los días y todavía con bajo índice de abstención.

Allí sí, piensa, reflexiona y recuerda todo lo anterior.

Porque entonces sí, empezarás a quejarte, pero de verdad.»

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Manifiesto de un catalán.

Manifiesto de un catalán.

6Artículo publicado el domingo, 13 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Yo, Risto Mejide, otro que se cree en pleno uso de sus facultades identitarias, ignorantes y desinformadas, manifiesto que:

1. No me represento más que a mí mismo. Y a veces hasta de esto tengo mis dudas. Hay una parte de mí que siempre anda cuestionando todo lo que hago, digo y pienso. Así que imagínate lo lejos que me queda eso de representar a nadie. Creo que, cada vez más, cada palo aguanta su vela (¡¡¡un paaaalo!!!) y así nos va. Por tanto, diga lo que diga a continuación, no dejan de ser opiniones de un ciudadano común, uno y solamente uno. Que se apunte quien quiera bajo su única y exclusiva responsabilidad. Como si sigo solo. Me da igual.

2. Hablando de representantes, no me siento representado por aquellos a los que un día voté. Y créeme que los he votado de todos los colores, a ver si con alguno acertaba y me daba una sorpresa (¡¡¡otro paaalo!!!). Pero nada, a base de tiempo y poder, puedo prometer y prometo que todos destiñen sin excepción.

3. Me tocan un pie los que me llaman demagogo. Son los mismos que preferirían que me callase y les dejase hacer. Los mismos que aún no entienden que la demagogia sólo es tal cuando trata de conseguir algo de ti. Y yo ni voy a solucionarte la vida ni por supuesto quiero nada de ti. Bueno, como mucho, que escuches durante un rato a esta minoría de uno. Pero eso jamás fue demagogia. Sino democracia. Así que no, no me pienso callar. Si les fastidia que hable, francamente ya me parece bien, que se jodan.

4. Tampoco me creo la información que nos sirven. Ni los de un lado ni los del otro. He participado en demasiadas reuniones en las que se asfixiaba a la realidad anegándola de datos. He formado parte de varias máquinas de aborregar. Sigo viviendo de ellas. Como para que ahora me vengan a decir que existen estudios que demuestran esto o aquello. Si quieres engañar a alguien, encargas un estudio. Si quieres que él te engañe a ti, lo pasas por el rodillo de una encuesta. Y si ya quieres atontarlo y manipularlo del todo, realizas un Elisenda Roca: lo acribillas a cifras y letras. Desde que se levanta hasta que intenta dormir.

5. Creo que Catalunya tiene problemas graves, urgentes e importantes. Se llaman corrupción, paro, deuda, déficit, financiación. Seguramente compartidos con el resto del estado español. Seguramente más graves y profundos de lo que se atreven a mostrarnos.

6. Creo que para solucionarlos hace falta un talento y una credibilidad que no veo por ningún sitio. Credibilidad para proponernos soluciones, que una puede que sea la independencia, no lo sé, pero dónde están las demás. Porque es que también les falta el talento para llevarlas a cabo, lo que significa pactar, sentarse a debatir y convencer al contrario en vez de enfrentarse continuamente a él. Yo no sé tú, pero yo sólo veo mediocres sin ideas que sólo saben romper la baraja en cuanto se pone de manifiesto su incompetencia para hacer su trabajo, que es llegar a un acuerdo. Y cuanto más grande el acuerdo, cuantas más partes involucradas, mayor su talento político. Mira, un oxímoron.

7. Me ofende profundamente que me tomen por más idiota de lo que ya soy. Decirme que la única solución posible a todos esos problemas se llama independencia es tomarme por imbécil. Presentármelo con una consulta dicotómica y como mucho con una tercera vía es creer que acabamos de salir de preescolar. Y tratar de convencerme de que encima todo lo hacen por mi bien es recordarme que igual sí fui tan imbécil como para votarles. Dónde están la cuarta, la quinta, la décima (aaaay la décima) y hasta la cuadragésimo sexta vía. Dónde están.

8. Detesto que confundan confrontación de ideas con violencia de gentilicio. Por mucho que se empeñen, nadie elegirá a mis enemigos por mí. No pienso odiar a los españoles. Ni a los madrileños. Ni a los extremeños. Ni a los que me insulten por escribir Catalunya. Ni siquiera a los catalanes que no piensen como yo. Me gusta vivir como siempre hemos vivido en este país: en debate continuo pero pacífico, porque eso de vivir en la duda demuestra que ninguna de las opciones puede tener siempre toda La Razón, porque no hay nada más catalán que la búsqueda del consenso, que el vivir y dejar vivir en paz.

9. Puestos a detestar, como barcelonés también odio el provincianismo al que nos han empujado. Que se haya dejado de hablar de Barcelona como ciudad universal y la hayan circunscrito a su absurda batalla miope y reduccionista con la capital del reino. Dónde está la Barcelona que saludaba al mundo. Dónde la que se miraba en Ámsterdam, en Nueva York y hasta en algún momento se creyó que podía jugar en esa liga como el Elche, con dignidad. No hablo de forums de las culturas, de macroproyectos urbanísticos o de relaxing cup of juegos olímpicos. Hablo de sueños, de atracción de talento y de amplitud de miras. Dónde está la ciudad que dejó de soñar. Dónde está.

Y para acabar, un 10. Tengo fe en el futuro. Y no en el que nos venden, sino en el que decidamos comprar. Y creo en algunos niños, no en todos, que los hay muy cabrones también. Y en las señoras putas, las únicas de las que me fiaría para gobernar cualquier país, que si nos van a joder, como mínimo que sean profesionales.

Eso manifiesto, y a tal efecto lo firmo por Snoopy en Barcelona, a 13 de octubre de 2013.»

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La Résistance.

La Résistance.

1Artículo publicado el domingo, 6 de Octubre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Se resiste el otoño. Se resiste el calor en marcharse y el frío en llegar. Se resiste la lluvia. Vaya, ha sido escribir esto y empezar a hacer un frío del carajo y una tormenta de ahí te espero. Bueno da igual. Sí se resiste la recuperación económica. Y los buenos datos, esos brotes que nos traen mucho más marrones que verdes. Y lo que te rondaré morena.

Pero si hasta Rajoy se resiste en dejar de hacernos reír por no llorar. Porque no me digas que no estaba irresistible con ese floripondio en la solapa. Qué mono, por dios. Claro, en Japón será todo un símbolo de distinción más que respetable y honorable. Pero es lo que pasa con los símbolos, que no siempre viajan bien, los metes en un vuelo de 14 horas y te llegan hechos unos zorros. Aquí, tal como están las cosas, juntas a nuestro presidente fin-de-la-cita con una rosa rodiezmera de proporciones Milikianas, una declaración al día siguiente sobre los hilillos radiactivos de Fukushima y una nueva fuga justo en el momento de su intervención, y el espectador pasa a buscar lo mismo que el asistente a un bukkake (término japonés): que salga el chorrito, pero que salga ya.

Resiste, “sé fuerte”, le dijo la sartén al cazo por sms. “Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”, nos dijeron Manuel y Ramón.

Por cierto, no sé a qué viene tanto alboroto con la reverencia de Rajoy al emperador japonés Akihito. Nuestro presidente es incapaz de doblegarse ante nadie, sobre todo si no le quitan antes el palo que lleva metido desde Bruselas. Si queréis ayudarle, no le busquéis un protocolo, sino un proctólogo.

Y ya que estamos con el fontanero, su mujer y otras cosas de meter. Se nos resisten los mitos. Mi admiradísima Mariló Montero insiste en pasar de su condición de mítica al estatus directamente de legendaria. Y lleva todo el camino de conseguirlo. Me pregunto si su neurona también habrá quedado bien blandita después de sus últimas declaraciones. Espero que sí.

La Tierra -la de todos y les de l’Ebre- se nos resiste a que le metamos mano por un puñado de dólares. Y 17.000 Lampedusas en 20 años se resisten a que olvidemos todo aquello que Europa no quiere ver.

La vida entera es resistir. Cada día, tu única decisión relevante es a qué te vas a resistir, pero también qué vas a cambiar. Porque el cambio no deja de ser resistencia en movimiento. Sobre todo cuando hay gente que araña otro puñado de votos, minutos o euros si tú decides quedarte igual.

Y ojo, porque detrás de cualquier resistencia, lo que está en juego es la supervivencia de algo tan sagrado como un matiz. Un algo que no es liso. Que sí, pero con salvedades. Que vale, pero no.

Yo me resisto a que me supriman los matices. Porque la civilización es el triunfo del matiz. Porque cada matiz del que disfrutamos es probable que haya costado muchas vidas. Y porque una diferencia es una resta que da cualquier cosa, menos cero. En eso está basada hoy la convivencia pacífica entre personas. A base de política de brocha gorda, igual nos cambian la pared de color cada cuatro años, pero jamás podremos disfrutar de unas Meninas, unos Girasoles o unas señoritas de Avinyó.

Pasará lo que tenga que pasar con Catalunya, con España, con Europa y con la madre que nos parió a todos, pero yo me resisto a que nos uniformen los matices. Me niego a tratar a las personas como topónimos, a que limen nuestras diferencias dentro y fuera de cualquier territorio a fuerza de roce del malo, del que no hace el cariño.

Que tengo más cosas en común con algunos amigos madrileños que hasta son del Real Madrid, -pobrets-, que con algunos culés que han nacido en el mismo barrio que yo. Pero que también amo Catalunya porque la conozco, he con-vivido aquí toda mi vida, y odio verla languidecer por culpa de una anorexia fiscal y económica al punto de la anemia desde que la incompetencia, la mala gestión y la corrupción vaciaron sus arcas.

Y a todo esto, me ofende profundamente que alguien piense que la solución a todos nuestros problemas sigue siendo una supuesta consulta tipo test. Pero también me mosquea que no se le deje a quien sea hacer una pregunta a quien le dé la gana, por estúpido que parezca. Sólo hay alguien más peligroso que el que dicta las respuestas: quien te prohíbe que preguntes. Tenerle miedo a una respuesta es consecuencia de la libertad. Tenerle miedo a las preguntas es el principio de cualquier tipo de esclavitud.

 Matices, matices y más matices. Tonos imperceptibles en un mundo bicolor.

Tú haz lo que quieras.

Yo, mientras pueda, resistiré.

Porque el día que seamos todos iguales, habrá que decidir iguales a quién.»

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Instrucciones para un tenemos que hablar.

Instrucciones para un tenemos que hablar.

15Artículo publicado el domingo, 29 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com

Ante todo, muchísimas gracias por haber elegido a tu pareja como principal objetivo de tu cabreo, tiempo libre y mala leche. En tu entorno sentimental se trabaja sin descanso día y noche para darte la mejor asistencia en lo que a peleas públicas y privadas se refiere. Esperamos que disfrutes de tu discusión.

Antes de batiros en duelo, será mejor que compruebes que ambos tenéis las pilas bien descargadas. Los momentos de máximo agotamiento suelen ser más propicios para que la discusión brille en todo su esplendor. Si aún os queda algo de energía, mejor esperad a que se os vacíe del todo, así como que lo notaréis más. Una dura jornada de trabajo, algún hijo con ganas de liarla, una mudanza, testigos incómodos o una visita inesperada de algún familiar a última hora del día suelen ser factores que aceleran el proceso.

Piensa que tu pareja te adora y por lo tanto querrá lo mejor para ti, incluso si se trata de discusiones intentará seleccionar sólo las mejores, las más intensas y memorables, y siempre por tu bien.

El inicio de la pelea deberá ser insignificante. Recuerda, el motivo no lo es todo, y no hay nada como discutir por nada. Cuanto más irrelevante el punto de partida, mayor la creatividad de vuestros argumentos. Y si no hay motivo, mejor que mejor, porque siempre hay un tono. Si no es el qué, será el cómo. “No me hables así”, “odio cuando pones esa voz” y frases similares constituyen un excelente principio del fin. Suelta dos o tres bien espaciadas y siéntate a esperar.

Una vez prendida la mecha, hay que saber rodearla de explosivos. Los que mejor funcionan ya están estudiados, no vale la pena innovar. El silencio administrativo actúa en estos casos como pura TNT. A medio camino entre la indiferencia y la indolencia, saber callar para cabrear al otro es infalible en el fino y delicado arte de la demolición de parejas consolidadas. Ah pero te da todo igual. Ya veo ya. No me escuchas. Si es que el problema es que no me escuchas.

Después hay que saber colocar la metralla, tan importante como fácil de identificar. Suelen ser frases que empiezan por “Tú siempre” y “Tú nunca”. Componentes fundamentales para invalidar y paralizar al otro haciéndole desistir ante cualquier posibilidad de cambio, mejora o rectificación. Además, como todo el mundo sabe, en callejones dialécticos sin salida, todo como que retumba mucho más.

A la hora de planificar daños colaterales, ten en cuenta que la detonación más descontrolada es la que arranca en vuestro pasado. Tira de hemeroteca, saca titulares de contexto y comprueba en pocos segundos cómo el remolque de los reproches no se detiene ni aunque alguien pise el freno de la reconciliación. Como el pasado siempre durará más que el presente y encima no se puede cambiar, eso no habrá ya quien lo arregle.

Por último, si ves que algún momento decae la intensidad de la deflagración, acuérdate de los terceros. Vecinos, familiares, tertulianos, gente que pasaba por ahí. En el mejor momento de la discusión siempre es útil hacerle ver a tu pareja que la opinión de cualquier otro siempre es más importante que la suya. Eso suele acabar con toda posibilidad de paz, por pequeña que sea.

A lo largo del proceso, es muy importante que mantengáis en mente que, según un informe publicado por The Times of India, la pareja media discute 2.455 veces al año, es decir, unas 7 veces al día. Y vosotros no vais a ser menos. Ah, ¿que ya habéis discutido hoy? ¿Sí? Pues venga, que os quedan otras 6.

Al final, sea como sea, intenta evitar por todos los medios ponerte en el lugar del otro, tratar de entender por qué te dice lo que te dice y colocar sus palabras en su contexto y circunstancias actuales. Recuerda, el único mecanismo a evitar es contar hasta diez antes de intervenir y la única palabra prohibida es perdón.

Si seguís estos sencillos consejos y practicáis todos los días, os garantizamos una vida llena de emociones fuertes, poquísimas oportunidades de aburriros y algún que otro polvo de reconciliación.

Ahora bien, si en algún momento veis que las discusiones os duran cada vez menos y pierden intensidad, dejad enseguida la relación. Eso sólo puede significar dos cosas.

O bien ya os da todo igual.

O bien os habéis empezado a querer de verdad.

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Bombardeen Barcelona.

Bombardeen Barcelona.

13Artículo publicado el domingo, 22 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Bombardeen Barcelona. Por favor se lo pido. Es urgente, es importante. Es más, agarren el submarino ese que no flota y bombardeen la ciudad también por mar. Se lo pide Felipe V, Espartero, Azaña, un Premio Príncipe de Asturias y un servidor. No es una sugerencia. Es una orden. Ar.

Bombardeen Barcelona. Y empiecen por mi casa. Se lo digo porque entre esas cuatro paredes, más de una vez se ha escuchado hablar catalán, español e incluso inglés. Por ahí pasa gentuza que trabaja en Barcelona o en Madrid o Valencia o en Londres o en Shanghai o en NYC o donde quieran pagarles. No me lo han contado, de verdad que yo lo he visto y casi se me cae el ABC. Personalmente los enviaría al paredón, pero son familiares y amigos, y ya se sabe por experiencia lo complicado, tedioso y caro que sería ir fusilándolos de uno en uno. Menudo nido de reptiles secesionistas y cuna de la conspiración antidemocrática, que luego encima nos vienen pidiendo dinero para unos juegos que no pueden pagar. Ja. Como si eso de los juegos se pudiese comprar. Porque no se puede, ¿no?

Bombardeen Barcelona. Están tardando ya. Por si no están al tanto, a medida que pasan los días, la televisión pública catalana manipula, destruye y corrompe las juventudes nacionales, sembrando en sus débiles y vírgenes mentes la semilla corrupta de la deslealtad institucional, el odio hacia los excelsos contenidos patrios y un desdén desmesurado e injustificado hacia La Razón. Que la corrupción es monopolio del estado y de los que aspiran a vivir de él. Que se enteren todos de una vez.

Bombardeen Barcelona. La olímpica o lo que quede de ella. Por allí pasan hasta medallistas que se lamentan por no poder asistir al éxito de la Via Catalana, por culpa de asistir al fiasco de Madrid 2020. Pero si no les gustan ni los toros, coño. Y ya que bombardean, bombardeen de paso el Camp Nou. Que así se acaba el problema de la Liga de dos, ya tanta tontería. A tomar por culé.

Bombardeen Barcelona. Pero bien bombardeada, oigan. Que no se les escape nadie. Que al fin y al cabo los catalanes somos todos iguales a Artur Mas, del mismo modo que los españoles son todos iguales a Mariano Rajoy. A que sí.

Bombardeen Barcelona. Que de verdad que el ambiente es ya irrespirable. Que ahora encima hay quien pretende irse de España sin marcharse de Europa. Cosa tan absurda como militar en el PP antes de presidir el Tribunal Constitucional para ponerse a juzgar la independencia de los demás. Impensable, ¿verdad?

 Bombardeen Barcelona. Pero antes, háganme un favor. Asegúrense de que así acaban también con el resto de bombardeos. Me refiero a todos los que ya hace Rato que se han iniciado y llevan meses haciendo estragos entre la población (perdón, últimamente Rato se me coloca en cualquier sitio con extrema facilidad). Me refiero al bombardeo informativo, al político, al mediático y al propagandístico de uno y otro costal.

Que hay barceloneses y catalanes y españoles que estamos hartitos de que intoxiquen nuestras conversaciones y nuestras vidas con discursos químicos sin soluciones concretas y soflamas de destrucción masiva que sólo hacen que dividirnos y empujarnos a hablarle a nuestro vecino como si fuese de pronto un enemigo encubierto al que hay que adoctrinar.

Bombardeen Barcelona, sí. Pero mientras tanto, y sin que sirva de precedente, hagan lo único inteligente que aún no han hecho en todo este tiempo y alguien, en algún momento, debería empezar a practicar.

El respeto al silencio del otro, el insulto a la inteligencia que supone asociar prudencia a cobardía y las ganas que tienen algunos de acabar con toda discreción. La  vergüenza y el asco que me provoca quien trata de apropiarse de una mayoría silenciosa, que al fin y al cabo, hasta donde yo sé, en este país el voto todavía es secreto. Por algo será.

Bombardeen Barcelona, vale.

Pero mientras no lo hacen, hagan algo mucho más útil.

Dejarnos vivir en paz.»

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Misión Invisible.

37Artículo publicado el domingo, 15 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Vinton Cerf, uno de los padres fundadores de internet, le dijo hace poco a mi admirada Marilín Gonzalo que Internet sería invisible en 2050. No aclaró si se refería también a los Juegos Olímpicos de la capital, pero si el señor Clerf tiene razón, puede que seamos la última generación que tenga que «buscar en Internet». Eso que hoy llamamos Internet, como Dios Padre Todopoderoso, Omnipresente, Omnipotente y Omnisciente de Todos los Santos y seguramente Borbón, estará en todos los detalles y en todas las cosas.

 Fiel a estas últimas tendencias, la alcaldesa de Madrid Tuenti Tuenti, toda moderna ella, ha querido ser la primera en multiplicarse por cero. No, no quiero hacer más escarnio de nuestra Juan Valdez quemada en su propia antorcha de las vanidades. Bueno, apetecerme sí me apetece e igual hasta se me nota un poco, pero desde pequeñito me enseñaron que no hay que hacer leña del madroño caído. Al fin y al cabo, vale, habrá perdido los juegos, pero de la noche a la mañana, con un sólo eslogan y de un plumazo nuestra exprimera dama ha potenciado la industria cafetera patria, ha inspirado a músicos y emprendedores de todo el país (acupofcafeconleche.com), ha apartado al fantasma de Bárcenas durante una semana y nos ha convertido en profesores de inglés avanzado y humoristas del todo a cien. No está mal. Si es verdad que hay sobresueldos en su partido, ella y sólo ella, la Botella, debería ser la empleada del mes.

Detrás de un fiasco de semejante calibre es muy difícil esconderse, sobre todo ahora que nos falta dinero para las cosas realmente importantes y circula por ahí lo que ha costado el fiasco, cifras indignantes y escandalosas incluso para una candidatura que encima tenía todos los números, sí, pero de acabar en ridículo. Así que la alcaldesa a la que nunca han votado los madrileños ha tirado de eso que llaman pundonor y se ha colocado ante la opinión pública expresso en mano para hacernos saber que sabe reírse de sí misma. Menos mal. Si no fuera por ella, a los demás ni se nos habría ocurrido. Y por si fuese poco parapeto, han colocado la sombra de la sospecha sobre el COI y a un experto americano en cadidaturas exitosas que ya se ha paseado por los medios entonando el mea culpa y sólo mea. Escalofrío en las gotitas finales.

Mi animal mitológico favorito es un político que analiza el porqué de sus fracasos, no le echa la culpa a los demás, asume sus responsabilidades y encima se le pasa por la cabeza dimitir. Y yo que soy un romántico, le voy a regalar a doña Ana el típico consejo que no me ha pedido.

Al margen de chascarrillos y diretes, las personas, como las empresas, como las expediciones, como las campañas de publicidad de cualquier candidatura, deben partir siempre con dos herramientas en la mochila: una misión y una visión.

 La misión es todo lo que quieres para ti. Yo, por ejemplo, he descubierto que no me gusta nada ganar dinero. Me gusta gastarlo. Que no es lo mismo. De hecho, no tiene nada que ver. Si el dinero que tengo que gastar ya era mío, me lo gané yo o me ha caído de una herencia de un tío rico que acaba de diñarla pero como nunca lo conocí no me sabe ni mal, pues también me vale. Oye, que me lo gasto igual, que no le haré un feo. Por eso nunca seré millonario. Y por eso creo que en otra vida habré sido una excelente alcaldesa de Madrid o si me apuras, hasta tesorero del PP.

 La visión, en cambio, es todo lo que quieres para los demás. Cómo quieres dejar el mundo que te has encontrado. Qué te gustaría dejarle a la gente cuando ya no estés. Y por lo tanto, por qué motivo quieres ser recordado. Es una lástima que la Botella no vaya a ser recordada por la alcaldesa que trajo los Juegos Olímpicos a Madrid. Lo que igual debería haberse preguntado antes era qué ocurriría si fracasaba. Siempre está tiempo de convertirse en criatura mitológica. Es sólo una idea.

 Lo siento por los madrileños. Lo siento por los catalanes. Y por los murcianos, y por los malagueños, lo siento por las oportunidades perdidas para levantar negocios, burbujas o aunque sólo fueran pasiones, lo siento por todos los que habían puesto lo poco que les quedaba de ilusión y ahora se la devuelven pasada por un relaxing cup of café con leche.

 Pero me alegro por nuestros dirigentes. Esos que nos pintan el futuro inmediato en bellos tonos pastel iPhone C mientras con la otra mano ahora descubrimos que se lo han ido llevando crudo.

El principio para curarse jamás fue un bonito cuadro al óleo.

Sino una fría y fea analítica.»

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Res.cat

Res.cat

18Artículo publicado el domingo, 8 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Hoy me he comprado unas VamCats. Ya sabes, esas zapatillas de deporte comunes y corrientes si no fuese porque son tan cómodas de usar como incómodas de llevar. La razón: lucen una estelada a cada lado del pie. Y claro, eso puede generar conflicto no al que las lleva, sino al que las ve. Sobre todo si te las pones para salir a la calle y no al carrer. Muy mío, tot plegat.

 El caso es que me las he comprado con la sana y sincera intención de unirme este miércoles a la Via Catalana, no vaya a pasarme como con la Via Augusta, y para cuando vaya a darme cuenta ya no me las pueda permitir. De pequeño, yo era de los que iba a misa únicamente para presenciar el momento «daos la paz», en el que unos cuantos desconocidos se daban la mano en fingida señal de unión y concordia y yo volvía a creer aunque sólo fuera durante un instante en la raza humana catódica, apostólica y romántica. Por la misma razón, no me perdería por nada del mundo una cadena humana que encima incluyese ateos, masones, comunistas, separatistas, antidemócratas y forajidos. Y como me enseñó mi abuela, las ideas hay que empezar a vestirlas por los pies.

Por eso me he comprado unas VamCats. Sin embargo, en cuanto me las he puesto, algo ha empezado a cambiar en mí. Me ha venido como de dentro afuera, algo así como un efluvio ideológico muy parecido al editorial de un periódico venido a menos. De pronto, he notado como si mis pies se hubiesen propuesto seguir sin mí o mejor dicho, muy a mi pesar. De repente, los principales impulsores de mi movimiento estaban como desatados, más sueltos, más libres y con mucho menos apego al tipejo que han venido aguantando. La verdad es que no les culpo, si hemos llegado hasta aquí ha sido por acción y dirección del resto del cuerpo, un resto del cuerpo cada día más viejo, más pesado, más corrupto y para qué negarlo, más feo.

Jamás he dejado que mis pies tomaran las decisiones por mí, -puede que sea un radical, pero no un extremista-, siempre lo he hecho todo pensando en mi metabolismo y mi constitución.

Y aún así, mis pies de pronto parecían decir para qué os quiero. Y se lo han planteado. Y lo peor de todo, me lo han planteado a mí. Me han planteado una consulta popular. Saber si deben seguir condicionados a lo que mi torpe y mal gestionado cuerpo les imponga, o si por el contrario merecen la condición de plantillas, pies de página o pie de rey.

Yo claro, he tratado de convencerles de que juntos hallaríamos una vía federalista para seguir caminando, pero ni ellos ni yo hemos entendido muy bien qué significaría eso, así que mis pies han seguido en sus setze jutjes d’un jutjat y me han amenazado con una declaración unilateral de pedicura.

Mis pies, por lo visto, están hartos de que todos los resultados de su obstinado esfuerzo acabe siempre dando resultado en otras partes del cuerpo. Si corro me adelgazo, si camino me desplazo y si me quedo quieto, me quedo de pie, única actividad en la que se sienten reconocidos, nombrados y recompensados, aunque sea justamente la menos atractiva y edificante de todas. Així no anem bé.

Pero es que el resto del cuerpo también se me ha empezado a poner farruco. Las manos han comenzado a ensayar el pino puente, las orejas han hecho oídos sordos y mi única gran baza, el bazo, ha seguido haciendo lo que sea que haga el bazo. Yo los iba clasificando, a favor o en contra de la consulta podológica. Y los que no estaban ni completamente a favor ni totalmente en contra, eran todos unos cagaos. Porque en este país, todo lo complejo es mentira por definición, y lo más simplista es lo único que tiene apariencia de verdad. Y así, con todo el cuerpo en actitud soberanista, me han sobrevenido unas ganas de prohibir cualquier cosa que he empezado a declarar ilegal cualquier movimiento, se diese en la dirección que se diese. Por si acaso.

Ellos que siempre acudieron a mi rescate, de pronto se han visto secuestrados por mi inacción e incluso me atrevería a decir que hasta estrangulados por mi falta de riego.

Alguien dijo una vez que incluso el viaje más largo comienza con un solo paso. Convertir la esperanza de una parte importante de la población en un humilde producto de gran consumo es el primero para que todos empecemos a calcular cuánto cuesta.

Pero jamás cuánto vale.»

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abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz.

abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz.

 25Artículo publicado el domingo, 1 de Septiembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz. Arrancamos nueva temporada en #ouyeah como arrancó  el maestro David Abbott en 1968, con todas las cartas boca arriba, en pelota picada, mostrando la caja de herramientas básica de la información, de la imaginación, del poder, de la emoción y de la razón. Las 27 causas de todos nuestros males. Las 27 grandes claves de cualquier solución.

Con esas 27 llaves se pueden abrir todas las puertas. O al menos así debería ser algún día. Sólo hay que saber combinarlas, conscientes de que no se comportarán igual aquí, que en la sede de Halliburton, que en las calles de Damasco, que en la ONU.

Tras esos 27 ingredientes se hallan todas las recetas del mundo. Las que aún nadie ha probado, también. Pero si están incluso las que hemos olvidado a fuerza de llamada perdida, mensaje corto o whatsapp.

Por culpa de esos 27 falsificadores de la realidad hemos reído, hemos llorado, hemos soñado, nos hemos dado de bruces con la realidad, nos hemos enfadado y nos hemos reconciliado cuando todo había sido un malentendido o, por qué no, un malemitido.

Son 27 mercenarios al servicio de quien los escriba, que se reagrupan sin apenas esfuerzo al pasar de una península a un peñón, y no te preocupes que desde la desaparición de los teclados QWERTY mecánicos, son como los M&M’s, se trastabillan en tu boca, no en tu mano.

27 grupos de píxels que cualquier partido político sabe borrar de un ordenador, pero no de su memoria interna, una vez desinstalada toda conciencia, file not found. 27 guardianes de la verdad, pero que también harán buen papel trabajando para tus mentiras, aunque las pronuncies en sede parlamentaria, e incluso aunque los hechos, detalles tozudos que siempre van por libre, se empeñen en quitarte la razón. Fin de la cita.

27 garabatos que siempre se los acaba llevando el viento. Y por eso hay que seguir escribiéndolos y señalándolos, como si de un cartel luminoso se tratase, para recordar que siguen existiendo lugares en nuestro corazón con el apellido de Angrois.

27 componentes orgánicos que actúan como el ácido nítrico y la glicerina, que por separado pueden ser tan irrelevantes como un bar y unas cenas, pero juntos podrían llegar dinamitar la confianza ciega de más de diez millones de votantes. O al menos, es lo que espero que ocurra en septiembre. Ingenuidad, divino tesoro.

Pero también son 27 sonidos tan humanos y tan limitados, que ni siquiera existen en la naturaleza. Por eso está bien comprobar de tanto en tanto que ni el mar ni los árboles ni el campo ni la montaña ni el mitin obsesivo de una cigarra en agosto los necesitan para decirnos cosas y hacernos sentir.

Volver a la rutina dictada por esos 27 capataces del tiempo es darte cuenta de lo mucho que nombramos lo irrelevante y lo poco que charlamos sobre lo fundamental. La cantidad de memeces que nos ocupan todos los días y la cantidad de cosas importantes a las que realmente prestamos poca o nula atención.

Igual es porque la forma más rápida de identificar los momentos más importantes de tu vida, ya verás, son aquellos instantes en los que los 27 traidores desaparecen en bloque. Se esfuman. No recurras a ellos, porque no estarán. Estafadores, timadores de callejón, charlatanes de esquina, te habrán estado mareando durante los días por los motivos más absurdos y sin embargo, el día que realmente los necesites, no estarán ahí para socorrerte.

Autocensurarse para sentirse más libre. Decir menos para poder hacer más. Matarlas callando. Esclavo de nada. Dueño de todo. Que obras son amores. Y a ti te encontré en la calle. Ponme cuarto y mitad.

Es una pena que los recortes no se hayan aplicado también a la sarta de mentiras a medias que a partir de mañana, que muchos acaban las vacaciones, tendremos que escuchar. Que nadie tome las tijeras este septiembre y recorte las medias verdades con las que presuntamente nos infectarán partidos políticos, sindicatos y medios de comunicación.

Claro que entonces igual habría que hacer como los músicos, e inventar un vigésimo octavo pasajero, el símbolo más honesto de todos.

El del más absoluto silencio.

El de la siempre relativa verdad.»

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Perdamos el tempo.

Perdamos el tempo.

ristomejideArtículo publicado el domingo, 21 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Perdamos el tempo. Dejemos de ser mártires del compás. Y violemos todos los versos. De nuevo julio y a gusto nos vuelven a dar otra oportunidad para cambiar el paso y vivirlo todo a menor velocidad.

Perdamos el tempo. Lo quieras o no, durante este período incluso las cosas más sólidas entran en medio líquido, se sumergen, se ralentizan, se vuelven aún más torpes y se mueven casi sin poderse desplazar. Y si eso ocurre con las cosas, imagínate con las personas.

Perdamos el tempo. Ya no hay que tomárselo como opción, sino como oportunidad. La oportunidad de que todo siga ocurriendo, pero ahora sin ninguna prisa, sin ningún criterio, sin ningún porqué. Nadie cierra nada que no se haya cerrado ya. Es tiempo de déjalo para septiembre. Que se maten. Hala, vámonos.

Lo grande del período estival no está en una playa abarrotada de olor a plástico y aftersun, en una montaña con hedor a excremento de vaca machorra o en un exótico país cuyos retretes algún día acabarán precintados por la OMS.

Lo grande de estas semanas está en lo que ocurre en tu interior: la invitación que te hace el calendario para frenar, mirarte y recapacitar. Aunque esto último sea sólo para los que quieren subir nota. Lo importante es ganar en lentitud para descubrir el espacio entre las cosas, ya que el espacio entre las cosas es lo que delimita su forma, sí, pero sobre todo, su dimensión. La dimensión de las cosas que aplazaste. Aquellas a las que diste tanta prioridad. Ponerse al día en lecturas pendientes. Pasar página, pensar. O aún mejor, dejar de hacerlo.

Perdamos el tempo. Pero ya. De vez en cuando es bueno sacar la foto de lo que estás viviendo. Más que bueno, necesario. Como sabe cualquier fotógrafo, si nunca jamás te detienes, es muy probable que las fotos te salgan movidas, que pierdan nitidez. Y si la foto no está definida, nunca sabrás a quién sigues reconociendo y quién se ha vuelto ya un extraño para ti. Así que ojo, que una buena foto también te expone a divorcios, separaciones, cambios de vida, de trabajo, de pareja, de país. Mudanzas físicas y emocionales que hacen su agosto a costa del tuyo.

 Por eso, perdamos el tempo, sí. Aunque sólo sea para recordar la necesaria diferencia entre tiempo, cadencia, ritmo y compás.

El tiempo ya no es eso que mides en tu muñeca, el tiempo pasa a ser algo que sólo depende del clima de hoy. Porque así se llaman ahora todos los días de la semana. Hoy. Quedan derogados los lunes, los martes, los miércoles y así hasta llegar al domingo y vuelta a empezar. No me preguntes qué día es hoy, porque me recuerdas un dato que ni quiero ni necesito saber, el tiempo me dice que hoy es hoy. Y para saberlo, me basta con mirar al cielo. Ya está.

 La cadencia es el placer de estrenar nueva rutina como quien estrena un ojal menos en el cinturón. El gusto que da repetir cosas que no volveremos a repetir cuando arranquemos la rutina del resto del año. Canjear cotidianidad por cotidianidad. Pillar al hastío con el pie cambiado es la única forma conocida por el ser humano para sobrevivirse y poderse soportar doce meses más. Dejarse a uno mismo fuera de la maleta y huirse hasta perderse de vista. Y volverse a reencontrar tras haberse echado de menos. O no.

 El ritmo es eso que se invierte sin pedirnos permiso: ya no es lo que hacemos que ocurra, sino el ritmo al que un tercero decide que nos ocurra. Por eso me gustan tanto las islas pequeñas -y cuanto más pequeñas, mejor-, porque allí tienen siempre otro ritmo que cualquier territorio conectado y contaminado por el continente, un ritmo que se te impone desde el primer minuto para recordarte lo que siempre fuiste: un guiri más.

 Y por último, el compás, un instrumento que sirve para trazar círculos y tomar distancias. Los círculos a los que acudes cuando quieres volver a ser tú mismo. Los círculos cuyo centro permanece siempre invisible, porque todo el mundo ya sabe dónde está. Tu familia, tus amigos, tu gente de verdad. Y la distancia entre esos círculos y tu vida diaria, tan grande como necesaria para poder respirar.

 Perdamos el tempo. Dejemos que las ciudades vivan por unos días la ilusión de una población proporcionada a lo que pueden aportar. Que los semáforos sincronicen vacíos. Y que el asfalto, abierto como una herida, se ponga por fin al día, total, para quedarse peor de lo que estaba, pero donde está.

 Perdamos el tempo.

Los que aún podamos, claro.

Porque hay gente que ni siquiera eso puede perder ya.

Que me voy de vacaciones, coño.»

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Risto Mejide: las marcas y las causas.

Risto Mejide: las marcas y las causas.

Captura de pantalla 2013-07-17 a la(s) 10.06.22Un artículo de Arancha Ruiz via  Historiasdecracks.com

El otro día tuve la oportunidad de ver en un entorno ajeno a los concursos y los platós de televisión a Risto Mejide. Acudí con mucha curiosidad y también sincera admiración. Al fin y al cabo es un excelente ejemplo de marca personal.

La charla definitivamente me reafirmó en mi idea de lo buen publicista que es. También he de confesar que me sorprendió porque Risto también mostró su faceta más humana que resumiría en una triple A:

Apasionado publicista
Ávido lector
Agradecido colega y compañero

Sorprendente pero cierto. Como publicista dió sobrados ejemplos de su sólida trayectoria en el mundo de la publicidad. Leído y documentado, citó un amplio rango de interesantes fuentes al hilo de su exposición. Y por último, agradecidísimo colega que no desaprovechó ni una sola ocasión para nombrar y agradecer a todos los que le ayudaron a formarse y ser el profesional que es hoy.

Risto Mejide creó su marca como jurado televisivo dibujando un mapa de posicionamiento. Contó la anécdota de su primera intervención en Operación Triunfo cuando se quedó totalmente en blanco y leyó con avidez los tarjetones -rosa- que una ayudante de producción le había dejado por si se quedaba en blanco. El orgullo herido quedó de lado y apareció la tenacidad y el análisis de un profesional acostumbrado a costruir marcas en base a herramientas. Dibujó el mapa de posicionamiento del jurado y detectó la oportunidad; el segmento libre era el papel de crítico y mordaz. Contando con un gran ingenio se dispuso a representar su papel y funcionó. ¡Vaya si funcionó!

Risto Mejide tiene dos marcas: la de folclórica televisiva y la de publicista que muestra en los foros adecuados para ello, presentando su otra cara y la actividad que desarrolla junto a su socio Marc Ros, compañero de fatigas desde hace años. Ambas son notorias y relevantes. La marca folclórica ha consolidado una gran fama gracias a un canal masivo (la televisión) y su excelente estrategia de presencia en internet (twitter principalmente). La marca publicista gesta su reputación en foros concretos donde conecta con empresas a las que ofrece y expone sus servicios.

Michael Crichton fue la inspiración de su modelo de branding y publicidad: “si cuando dices algo nadie se molesta es que no has dicho nada”. Algo así como “si no puedes gustar a todo el mundo, elige a quién o QUÉ no puedes gustar desde el principio y crea una causa en torno a ello”.  Molestar mal es insultar porque no sabes hacer otra cosa. Molestar con estilo es crear relevancia, engrandecerte gracias a una causa.

He de confesar que la idea así planteada me gustó. Los que me conocéis sabéis que soy poco dogmática, huyo de creer y convencer a los demás de que existe una verdad única y absoluta. Llevo muy a gala aquello de “cada uno lleva sus cuentas” y siempre pienso que las cosas salen a base de “prueba y error”, por lo que nada es de una sola manera ni imposible. Se puede decir que quiero llegar a vieja como aquél anciano feliz cuya historia es la siguiente:

“Un señor, que habiendo llegado a la vejez con muy buena salud y estado de felicidad, fue entrevistado por un periodista que le pedía que revelara la receta de aquél éxito vital.

El reportero le preguntó: ¿cómo cree usted que ha llegado a esta situación, tan sano y tan feliz?

El anciano le contestó: la única razón es porque siempre evito discutir

El periodista, atónito con la respuesta le dijo- Vamos, hombre, no será sólo por eso.

Y el anciano le contestó: pues no será sólo por eso.”

Pero Risto me dió la idea, como Michael Crichton se la dió a él de que sí hay lugar para una causa, algo contra lo que luchar.  Mi causa es luchar por la innovación constante profesional. Mi enemigo es la obsolescencia en la que se puede caer por no calcular a tiempo los cambios del mercado profesional. Gracias Risto por darme un enemigo.

Un último comentario sobre la charla de Risto, que mencionó a los especialistas en marca personal diciendo que hablan constantemente de crear marcas pero que en realidad ninguno ha conseguido realmente crear una marca lo suficientemente famosa. No contesté por alusiones porque pienso que tiene razón. Hablo por mí cuando digo que no creo que tenga que ser famosa para hacer bien mi trabajo, me basta con ser relevante para mis clientes. Al igual que un idolatrado publicista como Toni Segarra pasa inadvertido fuera de su sector profesional, un buen especialista en marca personal debe ser reconocido por sus clientes y sus colegas gracias a la excelencia de su trabajo y no descuidarse de su objetivo distraído por el postureo.

Como decía Sergio Zyman, ExCeo de Coca-Cola “el objetivo del marketing no es la notoriedad. No quiero consumo virtual, quiero consumo real”.

Como especialista en personal branding ayudamos a visualizar el talento que hace fluir profesionalmente a la persona en los entornos adecuados, a definir sus indicadores de innovación para que las habilidades estén preparadas para los cambios del mercado y a inspirarle para elaborar una comunicación sencilla y accesible que conecte con las mejores oportunidades en el canal más adecuado. 

Risto dice que está reflexionando sobre cómo trasladar sus conocimientos de publicidad y marca personal al particular y no sólo ofrecer sus servicios a las empresa. Si lo consigue, será un gran avance para el personal branding pues esta disciplina contará entre sus filas con un gran publicista y yo estaré encantada de tener un nuevo colega con el que Coopetir (“colaborar para competir”).

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Huye.

Huye.

el sindrome de darrinArtículo publicado el domingo, 14 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Huye. Vete. Tan lejos como puedas. Corre y no pares hasta donde te permita tu bolsillo, tu memoria y las fuerzas que puedas aparentar. El destino en realidad importa menos de lo que piensas. Estarás saliendo de un país que se está cargando el suyo. Así que cualquier destino será mejor que uno que ha dejado de existir.

Espera, no sé si me estoy explicando bien. Estoy diciendo que te largues. De vacaciones, de trabajo o por simple curiosidad, da igual. Y te lo estoy diciendo por tu bien. Ellos no se piensan largar, ya lo intenté e inexplicablemente no me han hecho ni caso. Qué raro. Con el poder e influencia que tengo. En fin, que no luches. Que eso es justo lo que quieren: que protestes, para poder llamarte demagogo, anticonstitucional o directamente, ignorante. Vamos, que si luchas aquí te acabarás quedando solo. O peor, acompañado por un representante del pueblo, un mitin, unos cuantos chanchullos y un programa electoral.

Este país no está en crisis. Está en coma. Un coma de esos irreversibles en los que hay que decidir si esperar a que ocurra algún milagro o directamente desenchufar. Ojalá ocurra lo primero, o lo segundo, da igual, mira, al menos nos estaría pasando algo.

Aquí, a base de transfusiones contaminadas y putrefactas, unos cuantos listillos se han ido cargando la sangre que mantiene viva y oxigenada a cualquier sociedad: la confianza. Nuestra confianza. Tu confianza. Y ahora que no quedan apenas fuerzas ni para levantarnos, ahora descubrimos que un tipo que está en la cárcel es el único que está dispuesto a contarnos la verdad. Ah, y además lo hace por venganza, no te vayas a pensar que lo hace por un repentino ataque de honestidad. Te estoy hablando del hombre del momento, -si el PP no se atreve a pronunciar su nombre, yo tampoco, no vaya a ser una superstición chunga de la que no me he enterado- todo un héroe dentro de la cárcel de Soto del Real.

Tampoco mires hacia cualquier otro lado, ni izquierda, ni derecha, ni arriba, ni abajo, porque sólo destaparás más espabilados, mamones pestilentes y corruptos que comparecen, sobreactúan, se tapan unos a otros, se imputan y se desimputan y acaban exculpados, sobreseídos, prescritos y diluidos en la más insolente nada o peor aún, indultados por cualquier amiguete a pie de página de la actualidad.

Y mientras, eso sí, les seguimos haciendo cosquillas con pírricas manifestaciones callejeras que por no salir no salen ni en los informativos locales, porque han dejado de preocupar a quienes tendrían que preocupar. Cuando deberíamos estar cada fin de semana en la portada del The New York Times. Pero eso sí que no, no vayamos a hacerle daño a la Marca España, que luego sube la prima de riesgo, con lo controladita que ahora la tenemos, ¿verdad? Ay mira, la intención de voto se ha desplomado unas décimas, reconfigurando el panorama electoral. Pero qué panorama ni panorama. Aquí la única Marca España realmente eficaz es la que imprime la silla de un cargo en el culo del que la ocupa. Esa sí que es para toda la vida. Lo demás, esta inacción, este sometimiento, este borreguismo nos hace cómplices del mamoneo que tanto criticamos. Y ya no te digo si encima les pensamos volver a votar.

Así que huye. Vete. Cuando se acaba la confianza, huir ya no es de cobardes. Huir pasa a ser cosa de valientes. De basta ya. De ahí te quedas. De se acabó. Lo que es de cobardes es quedarse para callar. Quedarse para aguantar lo que estamos aguantando. Quedarse para otorgar. Porque aquí, el que calla ya puede ir abriendo bien la boca.

Huye. Sal aún que puedes. De verdad. Planifica bien tu salida, pero hazlo ya. Y no te preocupes del nombre o la explicación que le das a la huida, pues ya no dependerá de tus intenciones, sino de tu situación laboral.

Si todavía tienes trabajo, disfruta de tus mal llamadas vacaciones. Como si algún puesto de trabajo pudiese aún disfrutar de un estado vacante con total tranquilidad. No sé si las necesitas, pero lo que sí estoy seguro es que te las has ganado. Aunque sólo sea por ser capaz de conservar algo tan preciado. Cuando no tengas más remedio, vuelve. Pero no esperes que haya mejorado en algo la situación.

Si estás estudiando, alguien dirá que es una fuga de cerebros. No te preocupes, el Rey acaba de darnos permiso. Tienes su bendición, esa que tanto esperabas. Además, comprobarás en propia piel la Ley de Gravitación Universal de Newton: la gravedad de las ocurrencias del ministro Wert te parecerá inversamente proporcional a los kilómetros que pongas de por medio. Vamos, que a medida que te alejes ganarás en felicidad.

Y por último, si ni estudias ni trabajas, llámalo éxodo, llámalo lucidez mental. Automáticamente dejarás de ser un ni-ni y pasarás a ser un emigrante, palabra mucho más digna y con más futuro, para qué nos vamos a engañar.

Tú huye que aún puedes.

Yo si eso me quedo, que así tocamos a más.»

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Has decidido que te la llevas.

Has decidido que te la llevas.

AFTERSHARETV_Risto_3_Bitono_bajaArtículo publicado el domingo, 7 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Has decidido que te la llevas. La noticia ha caído como un mazazo sobre la familia. Un mazazo de los que te rompe por dentro pero te une por fuera. Un mazazo que aplasta cada año más de 200.000 familias sólo en España. Otra familia que se ve obligada a recordar que sólo se tiene a sí misma cuando alguien se viene o se va.

Has decidido que te la llevas. No has sido ni para decirlo a la cara. Nos lo has hecho saber desde tu escondite, la putrefacta caverna microscópica en la que llevas meses atrincherado, agazapado detrás de un asterisco que venía en un sobre muy parecido al de las facturas, como si alguien te hubiera pedido la cuenta, el qué se debe, l’addition.

Cobarde, que eres un cobarde. Mal rayo te parta. Ni un mísero aviso. Ni una oportunidad. Te presentas como se presentan los delincuentes y los indeseables, por sorpresa, sin avisar, cuando ya todo es tarde, cuando ya sólo queda alevosía y nocturnidad. Como si te hubiéramos hecho algo. Como si alguien en este mundo mereciese algo así.

Porque has decidido que te la llevas. Vale, muy bien y ahora qué. Nos das la noticia, nos marcas un plazo, nos amputas cualquier esperanza y aún tendremos que darte las gracias por dejarnos algo de tiempo para despedirnos de ella. Nos dejas el tiempo justo para embalsamar tantos recuerdos que no sabemos ni por dónde empezar. El tiempo justo para no poder ni llorar.

Que sepas que no vas a llevártela tan fácilmente. Que sepas que ella piensa plantarte cara hasta el final. Aunque sea lo último que haga. Piensa aferrarse a lo que le queda de sí. Y piensa apurar toda estadística por ínfima que sea, como se apura el último sorbo en pleno desierto, como se estiran esos últimos minutos antes de que vuelva a sonar el despertador.

 Pero sobre todo, que sepas que no está sola. Ni ahora ni nunca. Ni antes ni después. Su dolor es el nuestro. Su lucha no se libra sólo en su organismo, sino en el ánimo de todos y cada uno de los que la queremos, la querremos y la quisimos alguna vez. Porque en eso consiste querer de verdad, sufrir lo que se ama y amar lo que se sufre, se esté en el cuerpo de quien se esté. Pero qué hago contándote esto, tú qué vas a saber, si eso tú no lo podrás sentir jamás.

Tú has decidido que te la llevas, y punto. Y eso sí, ahora nos ofreces todo tipo de paliativos. Siniestra palabra. Eufemismos, tecnicismos inútiles para disfrazar el dolor que menos duela. Pero duele igual.

Tratamiento, otra palabra que siempre nos será extraña. Porque esconde lo mismo que esconde cualquier peluca. Un esfuerzo titánico, cotidiano, íntimo y personal por aparentar normalidad bajo circunstancias absolutamente extraordinarias.

Por eso, has decidido que te la llevas y puede que al final hasta te la acabes llevando. Puede que ganes, pero jamás vas a triunfar. Porque hay cosas que nunca podrás llevarte.

No te llevarás su risa. Porque su risa puede contigo. Aunque al final te la lleves a ella, su risa se quedará. Tampoco puedes con su cariño. El que recibe y el que nos ha dado. Cuanto más se apaga ella, más se ilumina el hueco que deja a su alrededor. Y por supuesto, no podrás con su recuerdo. Es demasiado grande para ti. Y para cien más como tú.

Cuídate mucho, porque esto no ha hecho más que empezar. Detrás de tus malditas 6 letras hay mucha más gente que sigue luchando todos los días, desde dentro y desde fuera de la enfermedad. Disfruta aún que puedes. Destruye a discreción mientras te dure.

Nosotros tardaremos más o menos, nos dejaremos más o menos por el camino, pero tarde o temprano, tú caerás. Como cayeron tantas otras antes que tú. Porque vamos a por ti. Y si algo bueno tiene el ser humano, de las pocas cosas buenas quizás, es que cuando queremos destruir algo, cuando de verdad nos lo proponemos, es sólo cuestión de tiempo que lo consigamos. Mira si somos buenos, que a veces hasta lo hacemos sin querer.

Has decidido que te la llevas.

Ahora mírame fijamente.

Porque a mí, miedo, no me das.»

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Mapa geopolítico del reino unido.

Mapa geopolítico del reino unido.

35Artículo publicado el domingo, 30 de julio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Cinco años juntos. Cinco años en prácticas bilaterales como cartógrafos novatos. Cinco años dibujando al tuntún esta topografía emocional que hoy nos orienta, nos guía y de vez en cuando hasta nos hace perder el sentido. Y es que hoy hace cinco años menos un día que decidimos borrar todas las fronteras físicas y mentales entre tú y yo, para poder imaginar juntos reinos imposibles e inseparables que este sapo y su princesa pudiesen y quisieran compartir.

Y lo primero que compartimos fue un norte. Un lugar tan frío, tan árido y tan distante que jamás querríamos llegar a habitar, pero que tiene que existir siempre, al menos para que apunten sobre él todas las brújulas. En este norte, como en todos los nortes del mundo, a veces se nos perdieron palabras, la mayoría de veces sin querer. Palabras que se nos fueron demasiado lejos, que llegaron donde jamás debieron llegar, tan lejos que merecieron morir de hipotermia, congeladas en la tundra de los silencios dichos y las expresiones calladas.

Por eso al norte de nuestras cosas abundan siempre las montañas, los riscos y los acantilados. Porque al territorio le pasa como a cualquier biografía: si no tiene altibajos y cambios de altitud, no vale la pena gastar ni una gota de tinta en ella. Y no me preguntes cómo ni por qué, pero poco a poco vamos aprendiendo a no acometer ninguna escalada sin una buena preparación física, un equipo en condiciones y un par de bombonas de oxígeno. Aunque ahí sigue siempre el riesgo, el peligro de precipitarse demasiado y caer al vacío.

Afortunadamente, también compartimos un sur. Un sur confortable, llano, sencillo, hospitalario, el sur de la complicidad, el sur del roce y las reconciliaciones. Un sur que trazamos sin demasiado esfuerzo, que es como se trazan las cosas de verdad. Nos salió así, de natural y casi sin pretenderlo, como surge el buen sexo. Por eso allí guardamos las anécdotas y las risas, las salidas espontáneas y las cosas que jamás preparamos, pero que acabaron convirtiéndose en recuerdos que todavía hoy tienen la capacidad de sincronizar nuestras sonrisas.

A un lado, como todas las parejas que inventan futuros en común, mantenemos siempre nuestro este. El este es el lugar donde siguen naciendo todas las cosas. La luz, todo lo que vino, lo que viene y lo que vendrá. Nuestros proyectos, nuestras metas. Y por supuesto, ese pedazo de vida que nos aprende mucho y nos enseña mucho más, lo más brillante que habremos hecho nunca. Innovación oriental -de dónde si no- que nace cargada de esperanza y se dirige siempre hacia el poniente de nuestra inseguridad, pues detrás de toda luz siempre viene, bien pegadita, su sombra.

Y es que por último, aunque no nos guste admitirlo, también compartimos un oeste. El salvaje oeste, sí. El que oculta lo desconocido, lo inesperado, refugio de miedos, forajidos y buscavidas. Ese no saber si mañana seguiremos juntos. Esos celos tan difíciles de admitir. Ese llevar así desde el primer día. Y ese desear que continúe de este modo durante mil años más.

Como ves, en este mapa de nuestro reino unido es ilegal y de muy mal gusto inscribir expresiones típicas y gastadas. No porque no las sintamos ni porque no las creamos, sino porque como son demasiado fáciles de pronunciar, parece que las pueda sentir cualquiera y de segunda mano. Ambos las habremos utilizado antes con otras personas, y aunque entonces todavía no lo supiéramos, desde ese mismo momento dejaron de ser lengua oficial aceptada.

Poco más que añadir. En el país de nuestras maravillas no existe más capital que el sofá, el producto interior bruto es lo mucho que nos echamos de menos, y hay fiesta nacional cada vez que me miras como si no existiese ningún otro nombre ni en el santoral.

Hoy somos ciudadanos el uno del otro. Ocupamos el breve espacio en el que el otro no está. Si alguna vez nos alejamos, ya no es por el hecho de tener que viajar. Y si alguna vez nos notamos más cerca, es seguramente porque hemos pasado por este trozo del mapamundi y aquí es mucho más fácil escuchar.

Por todo ello, te pido, te solicito, te ruego y te suplico formal y públicamente que jamás me extradites, que me des asilo político y que me dejes adoptar esta nacionalidad.

Sé que será difícil, no te voy a prometer nada que no pueda incumplir, pero ahora que hemos encontrado nuestro lugar en el mundo, si tú lo quieres y sólo mientras tú lo quieras, pienso seguir recorriéndote no ya cada cinco años.

Sino todos los días.»

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Jaigüey, tu gel.

risto-mejide. jaiguey tu gelArtículo publicado el domingo, 23 de junio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Lo que tienes entre tus manos no se llama ocasional. Ni eventual. Ni casual. Ni siquiera de tanto en tanto. Se llama periódico. Y ojo, que tampoco es un periódico cualquiera. Encima éste es El Periódico. Ahí es ná. Cuando llevas un compromiso de ese calibre al nivel de convertirlo en tu propio nombre, eso es como llamarte Dolores, Benigno, Prudencio, Feliciano o Inmaculada. En cualquier momento puedes dejarte a ti mismo en evidencia. Cómo mola eso.

Y es que la periodicidad es una putada enorme. Te lo dice alguien que adora escribir, pero odia tener que hacerlo. Ser frecuente también debería estar vigilado por Obama, espera, me voy a asegurar de que me guardan copia de seguridad de este artículo: bomba, Casa Blanca, terror, muerte, destrucción masiva, Bob Esponja, Michael Bolton, Kenny G, Meat Loaf. Yo creo que ya.

Pues eso, que adoro la recurrencia. Me encanta que las cosas vuelvan a suceder. Me encanta que las cosas vuelvan a suceder. Cuando la realidad se pone tozuda y al ser humano se le queda cara de eso, de lo que jamás debió dejar de ser. Humano.

Pero también hay que reconocerle su valor a la repetición forzada por nosotros. Detrás de cualquier frecuencia están los principales vicios, y alguna que otra virtud, vale, pero menos. Quien repite, reincide. Pata, peta, pita, pota y María Luisa.

Lo frecuente informa más sobre nuestra vida que lo que hacemos en sí. Cada cuánto ves a tus amigos. Y a tus enemigos. Cada cuánto pones a tu pareja mirando pa Cuenca. Y cada cuánto te pone ella mirándote a ti. Cada cuánto corres. Cada cuánto te corres. Cada cuánto haces la compra. O alguna venta.

Lo frecuente es la base de lo corriente. Y lo corriente, -no confundir con lo vulgar-, como bien saben los físicos, sólo puede ser de dos tipos: alterno o continuo.

Corriente alterna (AC) es aquella en la que magnitud y el sentido varían con el tiempo y de manera cíclica. Para que nos entendamos, son las declaraciones de nuestro presidente del gobierno. No subiré los impuestos, no recortaré la sanidad, jamás recortaría en educación, no pienso quejarme de la herencia recibida, etc. Y luego, una vez en el poder, haces todo lo contrario. Es la clásica política de alterne: si no sabes quién te está haciendo la cama, eso es que el único cornudo aquí eres tú.

Corriente continua (DC), en cambio, es aquella que no cambia de sentido, la que sigue imperturbable a lo largo del tiempo. De nuevo para que yo lo entienda, vuelven a ser las declaraciones de nuestro presidente del gobierno. Estamos saliendo de la crisis, ya se ve luz al final del túnel, próximamente arrojaremos datos esperanzadores, etc. Repetir un mismo mensaje que algún día se hará verdad a la fuerza y muy a pesar de ti. Claro, cuando te toman por gilipollas una vez, puedes ofenderte. Pero cuando te están tomando por gilipollas todas las las semanas, te acabas planteando si no lo eres de verdad.

Como bien saben los grandes partidos, es fundamental combinar ambas corrientes, no vaya a ser que con tanto enchufe y tanta conexión, algún extesorero o algún exbanquero expreso de furia -y de prisión- nos acabe generando un cortocircuito y nos enrampemos de verdad. En mi caso, como todo ciudadano de a pie alérgico a electricidad estática -la que no se mueve-, el poco pelo que me queda adopta ya un Crepado Soraya cada vez que escucho alguna nueva declaración del Ministro de Cultura, a cuál más brillante y sensata, que hasta me hace dudar si es d.C. o a.C.

Y hablando de sensatez, esta semana mi amigo Leopoldo Abadía nos invitó a unos cuantos a la primera “Comida de los Sensatos”. Y digo primera, porque al igual que Juanjo Ramos -bajista de Los Secretos-, también espero que se repita, o que haya más, que no es lo mismo.

Tras una brillante exposición por parte del patriarca del Clan Abadía y una agradabilísima comida, salí del evento con una sensación un tanto agridulce, contaminada básicamente por una duda. A ver si con tanta recurrencia, tanta corriente y tanto abusar de la frecuencia, nos habremos cargado algo tan útil como la predicción.

A ver si esto que estamos cruzando no va a ser ningún túnel.

Sino un Jaigüey, tu gel.»

Qué tiempo tan desliz.

tan deslizArtículo publicado el domingo, 16 de junio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Todos los artículos felices se parecen entre sí, los infelices lo son cada uno a su manera. Puede que ni esa frase ni nada de lo que te vaya a decir a continuación vaya a parecerte novedoso. Pero qué le vamos a hacer, a veces la utilidad está muy por encima de la novedad. O al menos, debería estarlo.

Igual es cosa de la edad, pero ya no me creo ninguna definición de felicidad. Me parecen todas mentira cochina. Frases célebres pronunciadas por gente que jamás hizo caso de las frases célebres. Gente que en su mayoría, encima, predicó con todo menos con el ejemplo. Y de ahí que tampoco me crea a los que que dan recetas y se ganan la vida con ello. Gente que hace de tu ruina, su fortuna. Gente que debería estar en la cárcel, a poder ser en la misma celda que Justin Bieber.

Tampoco creo que tenga nada que ver con la salud, ni con el dinero, ni con el amor. Si no te ha ocurrido ya, espero que te ocurra. Yo he tenido el honor de conocer a gente que no tenía ninguna de las 3 pero que podía levantarte el ánimo con una puñetera mirada. Gente cuya salud le había colocado en el corredor de la muerte y que demostraba más vida que tú y yo juntos. Gente que no lo había perdido todo porque jamás lo necesitó. Y gente que fue tan amante como amada y muy desgraciada a la vez.

A mí perdóname, pero cuando he sido feliz ha sido, normalmente, por accidente. Cuando me he sentido pleno y realizado ha sido, a menudo, consecuencia de algún desliz. Vine al mundo yo como podría haber venido cualquier otro. Me dediqué a lo que me dedico casi porque me encontré como Aznar, trabajando en ello. Conocí a mi mujer -y a mis mejores amigos- por la mayor de las casualidades. Tuvimos un hijo -con mi mujer, no con mis amigos- como se deben tener, sin pensarlo demasiado. Y así, todas las cosas maravillosas que me hayan sucedido hasta la fecha. Y así, todas las cosas malas que vengan, seguramente, también.

Pero eso tampoco quiere decir que la felicidad sea fruto del azar. Ser feliz no es una cuestión de suerte, ni una definición molona sobre un fondo de salvapantallas, ni un estado del alma, ni siquiera una circunstancia que viene y va.

Ser feliz es una decisión.

Miento, lo he dicho mal, ser feliz es LA decisión. La única decisión realmente importante y relevante que hay que tomar en la vida. La única decisión que, una vez tomada, hay que seguir tomándola todos los días. Una decisión que determina tus 3 relaciones fundamentales.

La primera, la relación con tu pasado. Hace poco me preguntaban opinión sobre un asunto “como profesional de éxito”. Para nada me considero profesional de éxito. Precisamente, creo que la profesionalidad -como la felicidad- no depende de tus éxitos, sino de cómo recuerdas, analizas, clasificas y reciclas tus fracasos. Los mejores profesionales que he conocido eran puras plantas de reciclaje de fracasos propios y ajenos. Y la gente más feliz, también.

La segunda, la relación con tu futuro. Como escribió Nikos Kazantzakis, tu libertad -que no es más que el futuro de tu felicidad- depende solamente de qué esperas y qué temes. Si no esperas nada, tendrás las manos libres y limpias, además de que nadie nunca te decepcionará. Y si no temes a nada ni a nadie, nadie te podrá parar.

Por último, tu relación con el presente. La realmente crítica, la más budista, qué rabia me da que Richard Gere se haya colado en este concepto. En el presente, la felicidad se vuelve más mundana, cotidiana, se tangibiliza, se hace cosa y se transforma en alegría, más real, más alcanzable y mucho más verdad.

Por eso, y hablando de budistas, yo prefiero hablar del reino de Bhután, que mide la Felicidad Nacional Bruta desde 1972. Y lo hace mediante 9 indicadores: bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno. Vamos, todo lo que se nos está mutilando aquí. Normal que un amigo mío haya decidido tirarse a las 3 eses: Smile, Sport and Sex.

Aún así, miro y admiro a mucha gente que ha decidido mantener su alegría. Pese al entorno. Pese a todo lo gris. O lo negro. Gente que ha decidido que nada ni nadie les va a hacer olvidar que, por jodido que esté el presente, sigue siendo sinónimo de regalo.

Un regalo que, como todos los que vienen sin ticket, es difícil de cambiar.

Pero no imposible.»

La belleza está en el inferior.

La belleza está en el inferior.

Artículo publicado el domingo, 9 de junio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Desde que tengo uso de razón, ojos en la cara y espejos en casa, siempre les he tenido una profunda envidia a los guapos. Los guapos, esa raza de semidioses injusta y aleatoriamente mejor acabada por la Madre Naturaleza y casi siempre peor vestida que la madre que los parió. Los guapos, envoltorios perfectos que de vez en cuando, y sólo de vez en cuando, son guapos también por dentro, para acabar de rematar la desgracia del resto de nosotros, feos, mortales, mellados y cejijuntos en general.

La verdad es que siempre comprendí que los guapos fuesen idiotas. Para qué molestarse y hacer el esfuerzo de ser otra cosa, si total con sólo fardar de epidermis ya lo tienes casi todo ganado. Atraer al sexo interesante (lo de opuesto ya como que no, y menos cuando hablamos de guapos) era una función que ya les venía de serie, como el santo al cielo, el culo al aire o el bolsillo al político. Surgió solo, jamás hubo que forzarlo.

Al resto, en cambio, resultar atractivos para alguien, aunque ese alguien no lo fuese, siempre nos costó tener que adquirir algún extra a base de horas, esfuerzo y dedicación.

La de barras de bar a las que saqué brillo con mis propios codos mientras hacía ver que esperaba a alguien, consultando mi reloj con fingida impaciencia después de cada sorbo. La de veces que creí que me sonreían a mí cuando en realidad estaban saludando al de atrás. La de veces que respondí un sugerente «cuéntame» a un «perdona», para después tener que escuchar «¿está ocupada esta silla?». La de estrofas y versos que improvisé al oído de una camarera que acto seguido me preguntaba si lo quería con tónica. La de madrugadas de sábado finiquitadas no por una balada ni por un beso, sino por el ruido de hielos rodando por un vaso de tubo y estrellándose sobre mi piñata seca.

Experiencias religiosas que jamás conocerá un guapo. Hala, que se joda. Haber nacido del montón.

Y digo religiosas, porque aún así, uno jamás dejaba de creer. Si hay algo inquebrantable en esta vida es la fe de un no-guapo en que esta noche sí -por fin- va a pillar. Y ahí es donde uno se hace fuerte, embalsamándose de AXE ante el espejo y haciendo un lip-dub de cualquier tema estrenado hace 15 años mientras se prepara para dejar a Tony Manero a la altura de Leonardo Dantés.

Ahí es donde uno aprende. Y deja de abrillantar barras y empieza a fregar suelos con sus zapatillas de los domingos. Hasta que alguien saluda al de atrás y es correspondido con un afectuoso saludo por nuestra parte. Como si lo conociéramos de toda la vida. Y alguien nos pregunta si está ocupada la silla y le respondemos que no, que estaba sentada nuestra amante invisible pero que aproveche que ahora mismo está en el baño. Y la camarera nos pregunta qué bebemos y dejamos a Góngora y nos arrancamos por Kase-O.

Y de pronto nuestra noche empieza a parecerse a un spot de Martini rodado en Carabanchel. O en El Prat. O en Tavernes Blanques. O yo qué sé.

Y al día siguiente, con la mezcla justa de resacón, Almax y llamadas perdidas, pones la tele y aparece un presentador, muy guapo él, al lado de otra presentadora, más guapa todavía, que te cuentan entre las noticias más guapas del día que quieren multar a los padres de los jóvenes que se pasen con el alcohol. Y luego que un spot de Pamela Anderson y otra churri ha causado una polémica de lo más escandalosa, uyuyuyuyuy.

Y pese a que por fin se habla de jóvenes en un informativo y a que la neumática vigilante de la playa aparece frotándose pechito con pechito, a ti te entra un cabreo tan incontrolable como una erección matutina.

Porque si algo te enseñan los años es que un prejuicio no es más que una generalización abusiva que esconde una oportunidad de actualización: ni todos los guapos son idiotas, ni todos los heteros somos igual de feos, ni todos los feos simpáticos, ni todos los gordos unos buenazos, ni todas las camareras unas bordes, ni todos los jóvenes que beben unos borrachos, ni todos los tíos pensamos que la belleza esté siempre en el inferior.

Para muestra, el último Premio Jaime I al Emprendedor, un chaval de 28 años, físicamente del montón, que con 24 creó una empresa que hoy emplea a 750 trabajadores en 13 países y factura más de 25 millones de euros.

Seguro que habrá quien lo empiece a ver más guapo ahora.

Síntoma muchísimo más peligroso que cualquier coma etílico.»

La Marca Empaña.

Artículo publicado el domingo, 2 de junio de 2013 en ElPeriódico.com.

«Mira que no quería, mira que lo he venido esquivando, mira que he estado intentado no hablar de ello, pero será porque este fin de semana se ha producido la autofelación anual del Festival Publicitario de El Sol, o porque no me han premiado lo que yo esperaba y tengo el ego así como tocao, o por lo que sea, pero lo cierto es que al final he claudicado.

Hoy tengo que hablar de la Marca Empaña. Y tú con esos pelos.

La Marca Empaña es una gran marca. Mira si es grande que cuando han creado un comisionado que la promocione y salga con la maletita a venderla, han tenido que crear un Alto Comisionado, porque seguramente uno bajito no habría dado el nivel. Los bajos no sólo dicen los estudios que cobran menos, sino que ahora nos enteramos de que no se les puede dejar a cargo de las grandes marcas, como mucho venderán marquitas del todo a 100. Mira, igual por eso es que no hay muchos chinos de metro ochenta. Y así nos va.

El caso es que la Marca, para empezar, Empaña. Esa es una primera gran verdad. Pero la dejaré para el final, que eso jode mucho y por lo tanto funciona.

La segunda gran verdad es que cada uno de nosotros gestiona su propia marca. Incluso los bajitos, sí. Nos guste o no, todos y cada uno de nosotros somos una marca. Cuando digo esto siempre hay algún espabilao que me corrige, y me dice que él es una persona, un ser humano conectado al concepto de derecho universal y megatones de energía cósmica. Suele ser el mismo que se ofende si no le llamas por su nombre propio. Muy estupendo todo.

No somos lo que pensamos que somos. Ni mucho menos lo que decimos que somos. Ni siquiera lo que hacemos o aquello a lo que nos dedicamos. Somos lo que la gente recuerda. Y sobre todo, somos lo que esa gente siente cuando lo recuerda. Y ésa es precisamente una de las mejores definiciones de marca que existen. Una respuesta emocional en los demás que permanece en el tiempo.

La tercera gran verdad es de Chufo Lloréns: la distancia es al amor lo que el viento al fuego, aviva los grandes y apaga los chiquitos. Lo mismo ocurre con las marcas, o con el tiempo, lo que yo llamo el Síndrome de Jorge Manrique, un saludo para los amantes de la Copla.

Y la última gran verdad es que a la marca le pasa como a los alimentos: sufren con el transporte desde su punto de origen. Cuando estoy en Barcelona, soy de Sarrià. Cuando Estoy en Catalunya, soy un pixapins. Cuando voy a Madrid soy ése, el catalán. Y cuando viajo al extranjero, o bien me tachan de español (lo de tachar hoy no es un eufemismo) o por alguna extraña razón, vuelvo a ser de Barcelona, sí, pero de la Barcelona del 92, la de hace ahora 21 años. Casi ná.

Seguramente los príncipes sean de lo mejorcito que hay hoy en día por Zarzuela. Así lo cree alguien que, pese a ser visceralmente republicano, los conoció y salió gratamente sorprendido del encuentro. Pero cuando viajan a Barcelona, ahí ya no son Príncipes de Asturias, sino Casa Real. Y por lo tanto, no escuchan ópera, sino pitidos.

Da igual lo que diga o piense de mí mismo. Es lo que sientan los demás cuando me recuerden. Ésa sigue siendo mi verdadera y única marca.

Por eso da igual que un expresidente se rasure el bigote, porque todos lo seguimos viendo ahí, bien poblado. Da igual que se haga fotos con traje y corbata, le seguimos viendo enseñando abdominales en la playa, zapatos en la Casa Blanca y dientes en Azores. Da igual que no quiera ser recordado como el presidente de la trama Gürtel. Da igual que amenace con volver. Eso, afortunadamente, ya no está en su poder. Está en el nuestro.

Da igual las políticas de inmersión lingüística que perpetre un gobierno reencarnado en un mesías salvador, o la contrarreforma educativa impuesta por un ministro vampírico absolutamente desquiciado. Si alguien visita Catalunya y encuentra conflicto e intolerancia, lo que se lleve será eso. Lo que le haya marcado. Marca. Do.

Da igual el desembarco que haga nuestro Alto Comisionado en Bruselas el próximo 4 de junio con tapas, vinos y modelitos fashion. La foto de policías contra bomberos será mucho más recordada por los que leyesen The New York Times… y por los que no, también.

Y es que la Marca, como tozuda que es, Empaña.

Y cuanto más arriba, más Empaña.»

Escribes algo.

Escribes algo.

Artículo publicado el domingo, 26 de mayo de 2013 en ElPeriódico.com.

«Escribes algo. Algo que deseas compartir. Lo haces con la mejor intención. Crees que así aportarás tu granito de arena. Y que en la medida de lo posible, estarás echando una mano. En eso consiste la grandeza del verbo compartir. Compartir es hacer un regalo del que no es necesario desprenderse. Por eso, cuando escribes algo, estás donando lo mismo que consigues.

Escribes algo y remueves. Para empezar, dentro de ti mismo. Buscas honestidad, buscas crudeza, buscas no engañarte, buscas tu verdad, que no tiene por qué ser la de nadie más, pero que es tan cierta como la de cualquier otro. Igual la encuentras e igual no, pero lo que sí sabes es que tendrás que pulir el escaparate de tu conciencia para sea limpio y transparente, para que deje ver con claridad lo que hay detrás, para descubrir lo que hay dentro, y seleccionas líneas que no emborronen demasiado tus ideas. Deformación profesional, seguramente.

Pero es que también remueves a los demás cuando escribes algo. Porque lo publicas. Le das al botón que lo amplifica, que lo envía a gente a la que no conoces ni que te conoce a ti. Da igual que sean diez o un millón. Es gente que pasaba por ahí, gente que tropieza con lo que has escrito. Gente que cae. Y gente que se tira. Son los que suelen reclamar falta.

Escribes algo. Y se convierte en lo más compartido de todo lo que has escrito jamás. Ahí es cuando te das cuenta de que has escrito algo. Cuando la gente también empieza a escribirte a ti.

Te escriben insultos. Te dedican lindezas con las que han decidido ensuciar su espacio, pero que no voy a reproducir aquí, porque entre otras cosas jamás permitiría que manchasen el mío. Así que sólo les dedico el tiempo que tardo en apartarlos de mi atención, sin duda mucho más del que se merecen. Pero qué le vamos a hacer, soy un filántropo, intento dar siempre más de lo que recibo, no lo puedo evitar. Buena gente soy, leches.

También te escriben acusaciones. Indagan en tu pasado para ver qué pueden encontrar para enfangar de incoherencia todo lo que has escrito. Te acusan de no saber de lo que estás hablando. Que no sabes lo que es tener problemas para pagarte una carrera, como si tus padres -dos profesionales liberales sin más herencia que su propio esfuerzo- no se hubieran dejado en ello la vida, la salud y hasta su relación. Que no sabes lo que es buscar trabajo y que no te lo den. O empezar trabajando gratis. O arrancar un negocio desde cero, sin financiación externa ni subvención. Y otro. Y otro. Y tener que cerrar uno. Y otro. Y perder un cliente. Y otro. Y despedir. Y despedirte tú. Y volver a empezar.

Lejos de deprimirte, te alegra que las acusaciones vayan por ahí, porque con la cantidad de cosas que podrían haber encontrado para echarte en cara, han elegido justo las que demuestran su ignorancia sobre tu vida.

Escribes algo y te llaman inmoral. Y luego ves que al final tu mayor pecado es haber ganado algo de dinero -hasta ahora mucho menos del que me habría gustado- con lo que sabías hacer. Así que te vuelves a alegrar y te vas imprimiendo la camiseta: soy un inmoral.

También te llaman capitalista y neoliberal. Y de repente, por algún extraño y oscuro subterfugio, lo acaban relacionando con explotador y oportunista. Dos adjetivos que intento inculcar en todos los que trabajan conmigo. Que exploten bien lo que tienen, que lo expriman antes de que alguien lo haga por ellos. Y que sean oportunistas. Amantes de oportunidades. Porque todo en esta vida está en beta. Y es justo en las oportunidades donde se forja cualquier futuro mejor. Más camisetas.

Pero es que también te acusan de hacerte una campaña para ti mismo. Y yo me pregunto si eso no es precisamente lo que hacen ellos con su respuesta. Si no es precisamente eso lo que hacemos todos cada vez que hablamos por esa boquita. La verdad es que acabas haciéndole mucha más publicidad a aquellos que copian lo que has escrito y lo publican en su blog. Bien por ellos.

Luego están los que te acusan de no tener autoridad moral para decir lo que has dicho. Suelen ser los mismos que le echan la culpa al gobierno de todo lo que está pasando. Es posible que tengan razón. Aunque eso es lo que ocurre cuando buscas la autoridad en los demás y no en ti mismo.

Todo eso por no nombrar a los que te acusan de copiar. Que no es nada nuevo. Como si algo lo fuera. Como si alguien lo pudiese ser.

Escribes algo. Y te dan las gracias miles y miles de personas. Literalmente. Gente a la que has ayudado con tu escrito. Gente que te descubre. Gente que se apresura a confesarte que no suele comulgar contigo. Gente que se descubre. Gente que hasta te dedica vídeos con algún que otro gazapo. Da igual. El caso es que escribes algo y ves que hay gente a la que le has recordado que existen rendijas abiertas hacia otras posibilidades.

Esto te pasa por escribir algo.

Con lo tranquilitos que estaban todos antes de que tú escribieses.»

Impacto del artículo ‘No busques trabajo’ en la reputación de Risto Mejide en redes sociales.

Impacto del artículo ‘No busques trabajo’ en la reputación de Risto Mejide en redes sociales.

Un estudio de Francesc Pujol para Smreputatiometrics

Risto Mejide publicó una de sus colaboración en El Periódico el 18 de mayo de 2013 titulada ‘No busques trabajo’.

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El impacto cuantitativo del artículo

Como muchas otras personas, yo tuve conocimiento de la existencia de su artículo por la recomendación de alguien en mi TL de Twitter. Lo leí. Me gustó. Y yo contribuí a amplificar la cadena de impacto en redes sociales con este tuit:

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Quise contrastar la reacción de otros y confirmé que muchos otros proponían leer el artículo en cuestión. Muchos tuits eran altamente laudatorios. En toda lógica, me planteé utilizar mi herramienta de análisis de sentimiento de marca-reputación en Twitter para indagar hasta qué punto se trataba de una reacción de aprobación realmente generalizada. Quería saber también qué valores de marca se reforzaban más con ese artículo y en qué medida los comentarios positivos ahogaban el peso de los comentarios de las muchas personas a las que no les gusta el estilo de Risto Mejide.

Antes de pasar al análisis cualitativo del tono de la conversación social en Twitter podemos confirmar que la reacción generada por la lectura del artículo en cuestión es de un muy fuerte impacto cuantitativo. Además, las menciones a Risto Mejide aumentaron por su participación en el programa de cierre de Tu sí que vales.

Mostramos a continuación la monitorización de menciones recibidas en Twitter hechas por @Famorazzi. Indica tanto el número total de menciones recibidas durante el día, como el ranking que ocupa entre todos los usuarios en Twitter en español.

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Según los datos de @Famorazzi, el 19 de mayo alcanzó la asombrosa cifra de 66.000 menciones. A modo de perspectiva, podemos indicar que, según los datos de esta misma fuente, en su mejor marca personal diaria previa había alcanzado unas 16.000 menciones.

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Impacto extraordinario en redes sociales. Veamos a continuación la calidad de ese impacto.

El impacto en la reputación de marca personal de Risto Mejide en redes sociales

La emergencia de Risto Mejide como estrella mediática se forjó en sus terribles y temidas valoraciones como jurado en Operación Triunfo. Luego ha seguido explotando el papel de evaluador severo y despiadado del quehacer de otros. Su perfil de marca personal lo ha aplicado al campo del análisis político y social, con comentarios acerados, ácidos, sutiles, irónicos o sarcásticos. Twitter es el ámbito natural para este tipo de comunicación, por lo que no sorprende que @ristomejide, con casi 1,4 millones de seguidores, sea de las más populares en español. El perfil de marca personal, gestionado de manera consistente por Risto Mejide, es generador de filias y fobias, ya que por esencia genera o participa en polémicas y controversias.

Con este marco, al contar tanto con una legión de fieles como como con un ejército de gente que le tiene animadversión, la reacción frente a su artículo ‘No busques trabajo’ puede movilizar tanto a unos como a otros.

Nuestra herramienta de medición de la percepción de marca personal en Twitter SMCA-MRI Universidad de Navarra nos permite dar respuesta cuantitativa con respecto al tono de la conversación social generada en Twitter en torno a Risto Mejide. El SMCA-MRI mide el tono de la conversación sobre cualquier marca personal, corporativa o institucional. Los resultados están agrupados en componentes de marca que son cercanos en el tono que reflejan. Los agrupamos en los valores de marca emocionales positivos (cuadrante verde), racionales positivos (cuadrantes azules) y negativos (cuadrante rojo). Puede consultar la sección “El método SMCA-MRI” para conocer más sobre nuestra metodología.

Hicimos ayer una medición previa, que publicamos en Twitter. En ese tuit indicábamos que los resultados reflejaban un excelente estado de reputación en redes sociales.

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Este diagnóstico lo hicimos sobre la base de la medición de reputación de marca personal con la que contamos en MRI Universidad de Navarra de otras celebridades y personalidades públicas. Pero, tal como hemos hecho en todos los otros análisis de reputación en redes sociales de este blog, la mejor manera de mostrar al público el posicionamiento de marca de la personalidad investigada es de llevar a cabo un análisis comparativo con otras marcas de perfil o relevancia similar.

Así por ejemplo, para medir la reacción en Twitter a la muerte de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, la comparamos con la reacción tras el fallecimiento de José Luis Sampedro (ver análisis aquí).

Nuestra propuesta es comparar el estado de la reputación de marca de Risto Mejide en Twitter frente a la de otros profesionales relevantes de la comunicación. Hemos escogido Jordi Évole, Mercedes Milá y Tomás Roncero.

Los datos que mostramos a continuación corresponden al análisis de contenido de 2.400 tweets que mencionan a Risto Mejide, 3.900 sobre Mercedes Milá, 2.600 sobre Jordi Évole y 2.400 sobre Tomás Roncero.

Risto Mejide frente a Jordi Évole

La primera referencia que exploramos es el posicionamiento de Risto Mejide frente Jordi Évole, responsable del programa de análisis-investigación-denuncia Salvados. Se trata de un programa que tiene muchos adeptos. Muchos valoran especialmente la astucia de Jordi Évole para dirigir las delicadas entrevistas que se muestran en el programa. Jordi Évole comparte por lo tanto una alta valoración por su perfil personal; los dos comparten un perfil polemista: Évole por los temas que trata y Mejide por la manera de abordarlos.

Nuestros resultados muestran que Risto Mejide destaca notablemente en los componentes emocionales de marca (cuadrante verde) frente a Jordi Évole. Mejide suscita muchos más sentimientos de adhesión personal emocional. No es un resultado sorprendente, ya que los temas que trata Jordi Évole no se sitúan en aspectos emocionales.

Con respecto a los vectores racionales (cuandrantes azules), Risto Mejide vuelve a dominar claramente en los componentes ligados a la excelencia. Estos datos son los que nos hacen considerar que la reacción general en Twitter es de valoración muy positiva hacia la contribución del artículo ‘No busques trabajo’. El bajo nivel de asociación de los tuits sobre Jordi Evole con la excelencia se explica en parte porque muchos tuits se centran en los temas tratados en ‘Salvados’, más que en valorar la labor profesional de Jordi Evole. En cambio, casi todos los tuits sobre Mejide se centran en aplaudir o valorar su trabajo.

En el vector racional ‘Admirable’, el análisis es contrastado. Risto Mejide domina claramente en los componentes ‘Excelencia’, ‘Muy interesante’, ‘Respetado’. En cambio, Jordi Evole despunta de manera notable en los componentes ‘Fiabilidad’ y ‘Con rigor’. Estos dos componentes permiten aislar los elementos de la conversación social que se orientan en la labor del profesional: muy presente en las menciones sobre Évole, no destacados en la conversación alrededor de Mejide.

Finalmente, los valores de marca negativos (cuadrante rojo) son relativamente bajos en los dos profesionales. Para Évole se asocia algo con ‘Lamentable’ e ‘Inaceptable’. Como dijimos, esos componentes están probablemente más ligados a los contenidos controvertidos tratados en su programa, más que a un juicio sobre su persona. Para Mejide se activa ligeramente el componente ‘Patético’.

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El primer término de comparación nos indica lo apuntado en nuestro tuit: esta semana es perfecta para el reforzamiento del valor de marca de Risto Mejide. Pasamos ahora al segundo término de comparación: la presentadora Mercedes Milá.

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Risto Mejide frente a Mercedes Milá

Con Mercedes Milá contamos con una presentadora de televisión de amplio recorrido y de fuerte presencia mediática. Su última etapa profesional está estrechamente vinculada al reality Gran Hermano. Programa denostado por muchos y que encarna la esencia de la televisión basura. Cuenta también con un gran seguimiento en audiencia, aunque menguante. Mercedes Milá juega un papel de animadora de un programa cuyos contenidos son de por si polémicos, controvertidos y, por lo tanto, vilipendiados por unos y aplaudidos y jaleados por otros.

Hay que tener en cuenta que la propia naturaleza de la conversación en Twitter hace que la voz de los seguidores del programa Gran Hermano tengan mucho peso, porque las menciones se disparan con los comentarios en directo. Por lo tanto, en el régimen de televisión social, el tono de la conversación lo alimentan y lo orientan principalmente los consumidores de esos programas. El tono de la conversación en Twitter no es un reflejo de la opinión pública, sino de la opinión de los que publican. En este sentido, para Mercedes Milá y para los productores de Telecinco, les interesa mucho más la opinión y la reacción de los que están viendo el programa, que de lo que opine el sentir general.

Nuestros resultados muestran que Mercedes Milá consigue rivalizar con Risto Mejide en los componentes emocionales de marca. La presentadora de Gran Hermano incluso supera a Risto mejide en los componentes ‘Muy fan’ y ‘Me encanta’. En cambio, Mejide domina con holgura en los componentes ‘Extraordinario’ y ‘Maravilloso’.

El diagnóstico cambia completamente cuando nos referimos a los componentes racionales. El tono de la conversación alrededor de Mercedes Milá se aleja de estos factores. Actualmente no se la valora por su ‘Excelencia’ o por ‘Admirable’, a diferencia de Risto Mejide.

Finalmente, el grado de cercanía del tono de la conversación con los componentes negativos de marca son mayores en el caso de Mercedes Milá. Principalmente se asocia con ‘Repugnante’, ‘Despreciable’ y ‘Patético’.

Risto Mejide vuelve a salir más que airoso de esta segunda comparación. Pasemos a la última.

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Risto Mejide frente a Tomás Roncero

Nuestra última propuesta es compararlo el perfil de reputación de Tomás Roncero. Roncero es periodista en AS, conocido por su tono claramente forofo madridista, Mourinhista y anti barcelonista.

Se trata por lo tanto de otro perfil de marca personal que busca sin ningún rubor generar reacciones extremas de adhesión y rechazo, que alcanzan muchas veces grados de identificación total y de odio e insultos. Aunque se trata de ámbitos de actuación dispares, los perfiles de marca diseñados por Roncero y Mejide son muy similares.

Nuestro análisis muestra que, efectivamente, de los tres casos estudiados, el de Tomas Roncero es el que genera un perfil de valores de marca más parecido al de Risto Mejide.

Nuestros datos también indican que la actual reputación de marca de Risto Mejide supera a la de Tomás Roncero en todos y cada uno de sus componentes, salvo los componentes negativos, que castigan más a Roncero que a Mejide.

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Podemos concluir por nuestra parte que Risto Mejide ha gozado de una semana de oro en las redes sociales. La cifra abrumadora de menciones es además de alto valor, ya que sin duda refuerza su posicionamiento de marca. Tanto, que muchos antiguos detractores de Risto Mejide se han reconciliado con el nuevo perfil que vienen de descubrir. Gracias a Twitter y a las redes sociales. Como siempre.

El artículo de Risto Mejide vuelve a triunfar en las RRSS – El Periódico

1369150363903Un artículo de Luana Valls para El Periódico. Foto de Julio Carbo.

En ‘No busques trabajo’, el publicista anima a los lectores a ejercer la emprendeduría

La columna que publica el publicista Risto Mejide los domingos en ‘Más Periódico’ ha vuelto a causar sensación en las redes. En su último artículo » No busques trabajo», Mejide aconseja a la gente que no «pierda el tiempo» tratando de encontrar un trabajo y asegura que es el momento de la emprendería personal, el momento de «las empresas de uno», el momento de crear y buscar oportunidades por uno mismo. En Twitter ha generado 13.000 retuits y a través de Facebook ha conseguido más de 5.000 ‘me gusta’.

UN NUEVO ÉXITO

Muchos usuarios han comparado las explicaciones de Mejide con su propia experiencia y la inmensa mayoría apoyan sus palabras. Pero esta no es la primera vez que un texto suyo hace furor en las redes, otros antes que este han sido reconocidos por los tuiteros como «Cuando sepas de mí»

El pasado jueves el colaborador de EL PERIÓDICO fue galardonado en la gala de los premios GoliAD por su columna semanal.

No busques trabajo.

Artículo publicado el domingo, 19 de mayo de 2013 en ElPeriódico.com.

«No busques trabajo. Así te lo digo. No gastes ni tu tiempo ni tu dinero, de verdad que no vale la pena. Tal como está el patio, con uno de cada dos jóvenes y casi uno de cada tres adultos en edad de dejar de trabajar, lo de buscar trabajo ya es una patraña, un cachondeo, una mentira y una estúpida forma de justificar la ineptitud de nuestros políticos, la bajada de pantalones eurocomunitaria y lo poco que les importas a los que realmente mandan, que por si aún no lo habías notado, son los que hablan en alemán.

No busques trabajo. Te lo digo en serio. Si tienes más de 30 años, has sido dado por perdido. Aunque te llames Diego Martínez Santos y seas el mejor físico de partículas de Europa. Da igual. Aquí eres un pringao demasiado caro de mantener. Dónde vas pidiendo nada. Si ahí afuera tengo a veinte mucho más jóvenes que no me pedirán más que una oportunidad, eufemismo de trabajar gratis. Anda, apártate que me tapas el sol.

Y si tienes menos de 30 años, tú sí puedes fardar de algo. Por fin la generación de tu país duplica al resto de la Unión Europea en algo, aunque ese algo sea la tasa de desempleo. Eh, pero no te preocupes, que como dijo el maestro, los récords están ahí para ser batidos. Tú sigue esperando que los políticos te echen un cable, pon a prueba tu paciencia mariana y vas a ver qué bien te va.

Por eso me atrevo a darte un consejo que no me has pedido: tengas la edad que tengas, no busques trabajo. Buscar no es ni de lejos el verbo adecuado. Porque lo único que te arriesgas es a no encontrar. Y a frustrarte. Y a desesperarte. Y a creerte que es por tu culpa. Y a volverte a hundir.

No utilices el verbo buscar.

Utiliza el verbo crear. Utiliza el verbo reinventar. Utiliza el verbo fabricar. Utiliza el verbo reciclar. Son más difíciles, sí, pero lo mismo ocurre con todo lo que se hace real. Que se complica.

Da igual que te vistas de autónomo, de empresario o de empleado. Por si aún no lo has notado, ha llegado el momento de las empresas de uno. Tú eres tu director general, tu presidente, tu director de marketing y tu recepcionista. La única empresa de la que no te podrán despedir jamás. Y tu departamento de I+D (eso que tienes sobre los hombros) hace tiempo que tiene sobre la mesa el encargo más difícil de todos los tiempos desde que el hombre es hombre: diseñar tu propia vida.

Suena jodido. Porque lo es. Pero corrígeme si la alternativa te está pagando las facturas.

Trabajo no es un buen sustantivo tampoco. Porque es mentira que no exista. Trabajo hay. Lo que pasa es que ahora se reparte entre menos gente, que en muchos casos se ve obligada a hacer más de lo que humanamente puede. Lo llaman productividad. Otra patraña, tan manipulable como todos los índices. Pero en fin.

Mejor búscate entre tus habilidades. Mejor busca qué sabes hacer. Qué se te da bien. Todos tenemos alguna habilidad que nos hace especiales. Alguna singularidad. Alguna rareza. Lo difícil no es tenerla, lo difícil es encontrarla, identificarla a tiempo. Y entre esas rarezas, pregúntate cuáles podrían estar recompensadas. Si no es aquí, fuera. Si no es en tu sector, en cualquier otro. Por cierto, qué es un sector hoy en día.

No busques trabajo. Mejor busca un mercado. O dicho de otra forma, una necesidad insatisfecha en un grupo de gente dispuesta a gastar, sea en la moneda que sea. Aprende a hablar en su idioma. Y no me refiero sólo a la lengua vehicular, que también.

No busques trabajo. Mejor busca un ingenuo, o primer cliente. Reduce sus miedos, ofrécele una prueba gratis, sin compromiso, y prométele que le devolverás el dinero si no queda satisfecho. Y por el camino, gánate su confianza, convéncele de que te necesita aunque él todavía no se haya dado cuenta. No pares hasta obtener un sí. Vendrá acompañado de algún “pero”, tú tranquilo que los peros siempre caducan y acaban cayéndose por el camino.

Y a continuación, déjate la piel por que quede encantado de haberte conocido. No escatimes esfuerzos, convierte su felicidad en tu obsesión. Hazle creer que eres imprescindible. En realidad nada ni nadie lo es, pero todos pagamos cada día por productos y servicios que nos han convencido de lo contrario.

Por último, no busques trabajo. Busca una vida de la que no quieras retirarte jamás. Y un día día en el que nunca dejes de aprender. Intenta no venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando. Ah, y olvídate de la estabilidad, eso es cosa del siglo pasado. Intenta gastar menos de lo que tienes. Y sobre todo y ante todo, jamás te hipoteques, piensa que si alquilas no estarás tirando el dinero, sino comprando tu libertad.

Hasta aquí la mejor ayuda que se me ocurre, lo más útil que te puedo decir, te llames David Belzunce, Enzo Vizcaíno, Sislena Caparrosa o Julio Mejide. Ya, ya sé que tampoco te he solucionado nada. Aunque si esperabas soluciones y que encima esas soluciones viniesen de mí, tu problema es aún mayor de lo que me pensaba.

No busques trabajo. Sólo así, quizás, algún día, el trabajo te encuentre a ti.»

Los GoliADs premian a Risto Mejide, Ogilvy&Mather, Manel Fuentes, Mercedes Milá e Iñaki Gabilondo | La Vanguardia

testPor La Vanguardia. Foto UAO CEU

La agencia de publicidad Ogilvy&Mather, el publicista Risto Mejide y los periodistas Manel Fuentes, Mercedes Milá e Iñaki Gabilondo han sido galardonados este jueves por los premios GoliADs, organizados por los estudiantes de cuarto curso de Publicidad de la Universitat Abat Oliba (UAO) CEU, ha informado este jueves el centro en un comunicado.

En el acto, celebrado esta tarde en la UAO, la agencia ha sido reconocida con cuatro premios: el ‘jackpot’ de la noche, el ‘Below The Line’ y el GoliAD Diamante por la campaña de Dove ‘El día de la madre’; el premio a la mejor Gráfica por ‘La muerte tendría que ser el final de la vida. El cáncer no’, y el mejor Spot de Producto por ‘Las manchas se van, una madre es para siempre’.

El galardón a la mejor trayectoria ha recaído sobre la periodista y presentadora de Gran Hermano Mercedes Milá «por sus más de 40 años revolucionando el mundo del periodismo» y por su compromiso con las causas sociales y ser pionera en utilizar la cámara oscura en televisión para desvelar injusticias.

Los reconocimientos a las mejores iniciativas en comunicación han sido para el presentador de ‘Els matins de Catalunya Ràdio’ Manel Fuentes por su «actitud entusiasta y entrega»; para el periodista Iñaki Gabilondo, como mejor iniciativa ‘on line’ por su videoblog ‘La voz de Iñaki’, y el publicista Risto Mejide, del que han destacado su forma sincera y crítica de tratar la actualidad en su columna de opinión de ‘El Periódico’.

En esta categoría también ha sido premiado el programa de 8TV Aruscitys, como «mejor iniciativa de televisión por llevar más de diez años mostrando la televisión de una manera divertida y diferentes».

El premio a la mejor campaña ‘Low Cost’ se lo ha llevado la agencia Evil Love por ‘Regalos imprescindibles’ de la fundación Khanimambo; la mejor campaña ‘on line’ ha ido a parar en manos de Remake Comunicación por su ‘flashmob’ del Banc Sabadell; el mejor spot de servicio ha sido para Grey Barcelona y su pieza ‘Este niño te arregla la vida’, y la mejor campaña de valores humanos ha sido para Gettingbetter Creative Studios por la campaña ‘Asociación de ExHombres Lobo de Alicante’ de la Asociación de Parkinson de Alicante.

David Belzunce: «Gasté los ahorros para un máster en la puja de Risto» – El Periódico

1368129335551-Leí la columna de Risto en la que ofrecía su espacio a subasta, pero no se me pasó por la cabeza participar. Cuando quedaban cuatro horas para cerrar la puja, vi un tuit que decía que iba por los 600 euros y, de repente, sentí la necesidad de hacer un cambio en mi vida. Tenía 1.300 euros ahorrados para el máster de Entreteniment de la UOC y TV-3, y pensé: «Podré hacer el máster algún día, pero comprando la columna de Risto tendré una tribuna donde exponer mis opiniones».

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-Visto así… Con los másteres no se llega hoy muy lejos.

-También tenía el valor añadido de que el dinero -al final, 1.020 euros- no iba a parar al bolsillo de Risto, sino a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, a la que me siento afín. Les acompaño en todos los actos que puedo. Incluso he hecho escraches ante la sede del PP cuando se llevó la ILP al Congreso.

-Una persona inquieta, usted.

-Desde pequeño he tenido inquietudes artísticas y preocupaciones sociales. Mis hermanos son raperos. Y mi familia siempre ha estado implicada en movimientos sociales. Mi padre trabaja en un sindicato y mi madre es asistente social.

-¿Y qué dicen en casa de eso de gastarse 1.020 euros del ala?

-Desde que se desató todo esto solo he podido comunicarme con ellos por Whatsapp. En un tuit mi padre me dijo: «Aún me parece una locura, pero los 20 euros los pongo yo».

-¿Y los colegas le respaldan?

-La primera reacción de los que saben que no tengo mucho dinero fue decir: «¿Cómo te has gastado esa pasta?». Pero cuando han visto que hay un plan detrás -lograr una notoriedad que se traduzca en una oportunidad laboral-, me han apoyado. He recibido cientos de mensajes. Algunos diciendo «haz sentir nuestra voz».

-O sea, no siente haber cometido imprudencia alguna.

-No. Hoy tengo suficiente dinero para acabar este mes y sé que ingresaré lo necesario para el mes que viene.

-Por cierto, ¿cómo se gana la vida?

-Soy uno de los actores del Hotel Krüeger del Tibidabo. Y saco algún dinero de las prácticas remuneradas de la UOC, donde estudio el último curso de Comunicación Audiovisual -también hago tercero de Publicidad-. Además, proyectos en los que me he metido por amor al arte me dan algún dinero.

-A ver esos proyectos.

-Unos cuantos monstruos del Hotel Krüeger abrimos en octubre una productora especializada en terror, HorrorBox. Montamos sustos en casas particulares y en locales. La verdad es que nos está yendo muy bien.

-Una forma de hacer teatro.

-Sí. A los 16 años monté con un colega el Laboratori Teatral Patates amb Suc, en L’Hospitalet, mi ciudad. Dirigimos, escribimos y actuamos sin la supervisión de ningún adulto. Tome nota: esta noche estaremos en el Casino L’Aliança del Poblenou con la comedia El mètode Jennifer.

-¿Duerme en algún momento?

-(Ríe) Alguna vez he apuntado «dormir» en el calendario de Google. Siempre he sido inquieto. He trabajado en mil cosas: de experto en series en la difunta tele de L’Hospitalet, de recepcionista en un polideportivo, de informador de Renfe en Sants, repartiendo flyers, reparando móviles, de comercial de Vodafone…

-¿Y ahora? ¿Qué pasará a partir del domingo, cuando salga su columna?

– Me gustaría trabajar en comunicación, y lo que he activado tiene mucho que ver. Pero he estado muy ocupado para pensarlo. Por Twitter sé que hay expectación. He trabajado mucho el texto, aceptando los consejos de amigos periodistas. Incluso hablé con la chica que quedó segunda en la subasta de eBay, porque tenía curiosidad por saber qué habría escrito ella. Y estoy contento de que la columna de Risto no haya quedado en manos de una empresa que quiera vender su producto.

-Por cierto, ¿ha hablado con Mejide?

-No, pero ayer me aceptó en LinkedIn. Imagino que está esperando ver la repercusión de la columna. Si me dice «quedemos», allá voy. Si no, sé que no me arrepentiré de haber pujado. Lo recordaré toda la vida.

Vía David Belzunce: «Gasté los ahorros para un máster en la puja de Risto» – El Periódico