Elogio de la publicidad.

Ayer Toni Segarra fue investido Doctor Honoris Causa en la Nebrija. Reproduzco aquí -con su permiso- palabra por palabra su discurso porque me parece uno de los textos más bellos y más brillantes que he leído jamás sobre publicidad (y he leído unos cuantos en estos últimos veintitantos años de profesión). Y no sólo sobre publicidad. Si decides leerlo igual acabas coincidiendo conmigo: Toni es un genio. Una de las personas más inteligentes, sensibles, cultas y, por supuesto, creativas, que he conocido en mi vida, y seguramente que conoceré. Por eso, considero un auténtico privilegio haber compartido mesa de trabajo con Toni durante 5 años. Y aún más, poder hoy ser su amigo. Ahí va la gran lección del Maestro (una vez más, gracias, Toni):

«Llevo ya tiempo muy agradecido, muy abrumado, muy conmovido, y muy superado por los honores y reconocimientos que recibo. Me cuesta entender que los merezca. Más cuando el honor es de la dimensión del de hoy.

Me siento el representante afortunado de una profesión poco acostumbrada a ocupar estos escenarios.

Esto es la Universidad.

En la Universidad, desde hace ocho siglos, se forman los matemáticos que encuentran fórmulas exactas para describir el mundo; los físicos que intentan desvelar el universo; los abogados, los fiscales, los jueces que sustentan el orden que nos permite vivir en sociedad; los médicos que nos curan; los arquitectos que, como recuerda bellamente Rafael Argullol, construyen nuestra intimidad; los ingenieros que consiguen que el entramado de la realidad se sostenga…

Nosotros, los publicistas, somos aquí unos advenedizos, temerosos de que alguien un día descubra nuestra impostura.

Dejadme contar una historia que quizá explique mejor esta sensación.

Manuel Fuentes, ilustre filólogo y gran especialista en literatura hispanoamericana, fue mi profesor en el COU. Sus clases eran extraordinarias. Yo, que soy muy de letras, iba de cabeza a Derecho, la carrera que ofrece alguna salida profesional razonable a los que tienen el mismo defecto que yo. Deslumbrado por el profesor Fuentes, y a pesar del disgusto de mi pobre madre, me matriculé en Filología Hispánica, donde fui muy feliz.

Muchos años después, Manuel Fuentes me encontró y me invitó a dar una charla en un congreso internacional de Literatura Hispanoamericana que se celebraba un septiembre lejano en la Universidad de Tarragona. Recibir esa llamada fue un honor inmenso. Mi héroe de la adolescencia me invitaba a su mundo sagrado.

Cuando acepté faltaban muchos meses para el evento, y no fui consciente de dónde me metía. Hasta que en agosto me tocó preparar la charla. Empecé a sentir miedo.

¿Qué pintaba yo, un escritor de anuncios de compresas y de automóviles, en un congreso de sabios de todo el mundo que iban a compartir su inmenso conocimiento en torno a autores por los que profeso veneración, como Borges, Cortázar o Carpentier?

Para acabar de entrar en pánico visité la web del Congreso. Allí pude ojear el programa. Los títulos de las ponencias me revelaron, como hoy aquí, mi impostura:

Arqueología de un género sin nombre: las prosas literarias de vanguardia.

Cartografías intensivas: de la reverberación de las vanguardias a las mutaciones del Neobarroco/Neobarroso en la poesía transplantina.

Vanguardismo y pensamiento de la liberación en la literatura indigenista guatemalteca: hacia una eco-teología de la liberación Maya en Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias.

Me sentí desbordado, pequeño. Intenté pensar qué podría ofrecer yo en ese contexto, de qué podría hablar un simple publicista que no resultase del todo ridículo. Intenté ensayar algunos títulos para mi ponencia, tratando de estar a la altura, por ejemplo:

Valores simbólicos y metafóricos de la blancura total en el universo cambiante de la comunicación de detergentes para lavar en agua fría.

Tradición y ruptura de la figura demiúrgica del mayordomo: de Tenn con Bioalcohol a Ferrero Rocher.

Presencia transversal de lo pélvico e importancia del tamaño: una lectura comparada del discurso comunicativo de espárragos La Carretilla y salchichas Oscar Mayer.

Bueno, es obvio que la publicidad no soporta demasiada profundidad.

No es sólo eso.

En el ya célebre Veracity Index, que cada año elabora IPSOS MORI la prestigiosa empresa de investigación de mercado con sede en Londres, y que pregunta qué profesionales crees que te dicen normalmente la verdad, una lista que encabezan las enfermeras, los médicos, los ingenieros y los profesores, con porcentajes de aprobación superiores al 85%, los publicistas tenemos el honor de ocupar la última plaza de 30 profesiones, con una aprobación del 13%, por detrás de los políticos, los ministros, los periodistas y los agentes inmobiliarios…incluso de los futbolistas.

A pesar de todo ello, o quizá por todo ello, me gustaría intentar el elogio de un oficio que amo profundamente. Algo que necesariamente implica elogiar algunos otros asuntos aparentemente poco elogiables.

Un elogio, por ejemplo, del capitalismo, del que la publicidad es brazo armado y banda sonora, en la maravillosa definición de Joaquín Lorente.

Hace unos años, un joven demasiado joven me hizo una pregunta muy directa: “¿Sabes cuál es el principal problema que tiene la publicidad?”.

La cantidad y la dimensión de los problemas que la industria tenía, y sigue teniendo, era abrumadora, así que, enternecido por la ingenuidad de la pregunta, contesté que no lo sabía.

“Que nunca habéis defendido el capitalismo” me dijo.

No he dejado de darle la razón desde ese momento.

A menudo, como profesión, hemos sentido incluso culpa por ejercer un oficio hermoso y generador de riqueza, presionados por una antigua y universal percepción pecaminosa del dinero y de la venta. Hemos preferido asociarnos al agradable entorno de la creatividad, apropiándonos de un adjetivo común que en cualquier caso deberíamos demostrar. Lo que hacemos, aquello para lo que aplicamos nuestro talento, es vender. Somos los orgullosos parientes lejanos del charlatán de feria, o del vendedor de alfombras del Gran Bazar de Estambul, quienes probablemente nunca han puesto en duda la honorabilidad y la belleza de su oficio.

Ese joven del que hablo ya no es tan joven, se llama Josep Torres, está sentado ahí enfrente, y hoy es mi socio. Aprovecho esta oportunidad para intentar enmendar mínimamente tantos años de silencio culpable.

Es hermosa la idea que plantea Yuval Noah Harari en Sapiens al basar la expansión irrefrenable del capitalismo en la confianza. Por primera vez en la historia de la humanidad, de un modo masivo, alguien le presta dinero a otro convencido de que ese otro se lo va a devolver. “La gente raramente quería extender mucho crédito porque no confiaban en que el futuro fuera mejor que el presente.” Nos recuerda Harari. Se pensaba que la riqueza no podía aumentar.

Confianza en el futuro, confianza en el otro. Qué maravilla.

Pedir un préstamo es hacer un viaje en el tiempo para traerse al presente el dinero que ganaremos en el futuro. El crédito permite el crecimiento, y el crecimiento y la riqueza permiten la redistribución. Es evidente que la redistribución de miseria es imposible.

También, si lo pensamos, el consumo es redistributivo. Si Henry Ford quería vender muchos Ford T, necesitaba que mucha gente pudiera comprarlos. La mejor solución era pagar sueldos a sus empleados que les permitieran esa compra. El mercado necesita clientes, por tanto, necesita redistribuir sus ganancias. Quizá nos parezca perverso, pero ha resultado eficaz.

El consumo es, además, un acto político. Lo que compramos conforma el mundo. Votamos cada cuatro años entre algunas pocas opciones poco diferenciadas, pero compramos cada día.

Puede ser una coincidencia, pero la estadística es abrumadora. Desde que una buena parte del mundo es abiertamente capitalista, el progreso de los indicadores sociales básicos ha sido exponencial. Y muy rápido.

Podemos convenir, y estoy perfectamente de acuerdo, en que las cosas deben mejorar. Incluso deben mejorar mucho. Como afirma mi admirado Josep Maria Esquirol, la conciencia de que “No todo está bien” es uno de los impulsos fundamentales, radicales, de nuestra condición humana.

Pero no deberíamos olvidar algo que casi poéticamente plantea el filósofo Javier Gomá:
“Si nos preguntamos honestamente en qué otra época nos hubiera gustado vivir si fuéramos pobres, estuviéramos enfermos, sufriéramos un handicap, tanto nosotros como nuestros hijos, si fuéramos mujeres, homosexuales, extranjeros, si nos encontráramos presos o nos mostráramos disidentes, todas estas respuestas serían una: ahora, ahora y ahora.”

No creo que sea casualidad que ese lugar y ese tiempo coincidan con el florecer de un sistema económico que, por alguna extraña razón, nos gusta despreciar.

El elogio del capitalismo conduce a un elogio mucho más antiguo: el del comercio.

Cuando hace años Antonio Escohotado se puso a escribir la historia del comunismo, empezó a rastrear, obviamente, a partir del siglo XIX. A medida que avanzaba su exploración, fue retrocediendo cada vez más, hasta encontrar los orígenes del colectivismo en las primeras sectas precristianas. La monumental obra que recoge esa búsqueda no puede tener un título más elocuente: Los enemigos del comercio. Esa lucha feroz entre individualismo y colectivismo quizá nos constituye como especie.

Tuve el privilegio de entrevistar a Antonio Escohotado hace pocos años en un evento del Club de Creativos. Entre alguna de las ridículas preguntas que le hice, quizá la más ridícula fue plantearle si consideraba mejor que nos denomináramos publicitarios o publicistas (siento vergüenza ajena al recordarlo). Escohotado, con paciencia infinita y una gran comprensión de mis limitaciones, hizo una pausa, me miró largamente con ternura, se giró luego hacia el público, y contestó: “Ni publicistas ni publicitarios, sois emisarios de paz.”

Hay una verdad profunda en esa afirmación. Vender es, básicamente, ponerse de acuerdo. Salvo a los traficantes de armas, y de drogas, a quienes quizá no deberíamos llamar comerciantes, a nadie que quiera vender le interesan las guerras. O a casi nadie…

No sé si queremos ser del todo conscientes de que nuestra cultura mediterránea, y por extensión la cultura occidental, es heredera del comercio. Mercaderes fenicios, griegos, romanos transportando aceite, madera o papiro, y también idiomas e ideas, de un lado al otro del Mediterráneo, conformaron lo que somos. Vendedores, al fin y al cabo.

Es cierto que nada humano escapa de la degeneración, y el comercio no es una excepción, pero está lejos de ser intrínsecamente perverso, como tantas voces demasiado autorizadas llevan tanto tiempo denunciando.

A menudo se acusa a la publicidad (y por extensión al capitalismo, a la sociedad de consumo) de generar necesidades falsas, de vendernos productos o servicios que no precisamos. En el origen de esa crítica, en mi opinión, subyace la asunción de una autoridad moral que pretende conocer lo que todos necesitamos mucho mejor que nosotros mismos. De algún modo es un insulto a la inteligencia de la gente y a su capacidad para tomar sus propias decisiones ¿Quién decide qué es una necesidad falsa? Esa arrogancia es heredera directa de una de las metáforas fundacionales del pensamiento occidental: del “rebaño bípedo”de Platón, al “Ego sum pastor bonus, pasce oves meas” (Yo soy el buen pastor, apaciento a mis ovejas) del cristianismo, llegando hasta Ortega en La rebelión de las masas, de las que lo único que el filósofo espera es docilidad, servidumbre y obediencia. Sin ir más lejos, estos días hablamos con naturalidad de la inmunidad de rebaño. Alguien tiene que guiar a las pobres ovejas descarriadas porque ellas solas van al abismo, incapaces de gestionar su existencia.

Es además una acusación falaz. Las cifras, que son obstinadas, afirman desde hace años que aproximadamente 8 de cada 10 lanzamientos de nuevos productos en el mercado español fracasan. Cifras que no son muy distintas en el resto del mundo. Son lanzamientos creados por empresas con experiencia, dirigidas por gente con talento y capacidad, y habitualmente testados exhaustivamente. Da igual. Los consumidores, nosotros, decidimos comprar lo que nos da la gana, y no comprar lo que no nos interesa.

Hay una historia terrible y hermosa que acostumbro a contar cuando, con demasiada frecuencia, somos acusados de esa supuesta creación de necesidades falsas.

Es un extracto del Diario del Teniente Coronel Mervin Willett Gonin DSO que fue uno de los primeros soldados británicos en liberar el campo de Bergen-Belsen en 1945. Dice así:

“Fue poco después de la llegada de la Cruz Roja Británica, aunque quizá no tuvo ninguna conexión, que también llegaron una gran cantidad de lápices de labios. Eso no era lo que nosotros queríamos, estábamos pidiendo a gritos cientos y miles de otras cosas, y yo no sabía quién había podido pedir esos pintalabios. Ojalá lo supiera, porque fue la acción de un genio, pura y simplemente brillante. Creo que nada hizo más por esos internos que los lápices de labios. Las mujeres se tendían en la cama sin sábanas y sin camisón, pero con los labios rojo escarlata, las veías vagando por ahí sin nada más que una manta sobre los hombros, pero con labios rojo escarlata. Vi a una mujer muerta sobre la mesa post mortem que tenía agarrado en su mano un trocito de pintalabios. Al fin alguien había hecho algo por convertirlos en personas de nuevo, ellos eran alguien, no un mero número tatuado en el brazo. Al fin podían volver a interesarse por su aspecto. Esos pintalabios empezaron a devolverles su humanidad.”

Conviene recordar que las ventas de lápices de labios se disparan habitualmente durante las peores crisis económicas ¿Pintarse los labios es una agradable frivolidad o una necesidad básica e imperiosa?

¿Acaso importa?

Que la gente acabe comprando lo que le da la gana permite seguir creando nuevos productos y nuevas marcas, que intentan de algún modo mejorar a los que el mercado ya ofrece. Si alguien quiere enriquecerse vendiendo mucho de algo, tiene que asegurarse de que ese algo va a interesar a mucha gente. Y para ello debe ofrecer algo mejor: el funcionamiento, el diseño, el precio, la calidad, el color, la accesibilidad, la comodidad, el gusto, la reducción de contaminantes, la proximidad…Un mercado libre y competitivo, la base del capitalismo, estimula la mejora constante de lo que ya existe.

Cuando alguien lanza un producto, para enriquecerse honestamente, cree que está mejorando el mundo, porque si no ¿por qué lo hace?

Un elogio de la publicidad no sería completo sin un elogio del optimismo.

La publicidad es el género de la felicidad, la constante mirada ingenua y leve al lado brillante de la vida. Es un recordatorio mínimo, intrascendente, de que la vida es un milagro maravilloso, que vale la pena, y de que la gente, a veces, es feliz.

Pero el optimismo sufre un desprestigio extraordinario. En el arte, en la cultura en general, en los medios, en la política, en la filosofía, en la vida. Es algo por lo que parece que haya que pedir disculpas. Ser optimista es casi sinónimo de ser idiota. Un pesimista, como todos sabemos, es sólo un optimista bien informado.

Los medios de comunicación de masas, creadores del estado de ánimo colectivo, renuncian deliberadamente a cualquier atisbo de positividad. No hace falta recordar la máxima del periodismo global: “Good news isn’t news”.

Emilio Lledó lo explica perfectamente: “El mundo se construye con creatividad, no con negatividad. Un mundo alimentado con noticias catastróficas lo hace invivible.”

El arte en general edifica desde siempre a partir del dolor, la tristeza, el crimen, la miseria, la traición, la ignominia, la mentira, la corrupción…Nadie considera cine serio una película que acaba bien.

Xavi Puig y Kike García, los creadores de El Mundo Today, lo explican con su habitual maestría en una de esas noticias falsas que transparentan la verdad mucho mejor que las supuestamente ciertas: “Un asesino en serie lamenta ser el único que aún no tiene documental en Netflix”.

Sin embargo, y a pesar de todo, el mundo progresa gracias a los optimistas. Pese a su desprestigio intelectual. Como defiende José Antonio Marina: “Cada una de las ventajas sociales o jurídicas o políticas de las que disfrutamos fueron defendidas en su origen por algún optimista que iba en contra del sentido común de su época.”

Yo sospecho, y que nadie vea en ello nada más que una opinión personal, que lo negativo triunfa entre otras cosas porque es más fácil. Escribir una novela decente sobre una familia de clase media que pasa razonablemente feliz sus vacaciones en un pueblo de Segovia es, seguramente, el desafío creativo más complejo al que puede enfrentarse un escritor.

La publicidad lleva toda la vida aceptando ese reto con enorme éxito. Hace falta un talento descomunal para construir mensajes optimistas e ilusionantes sobre cualquier asunto, incluso sobre asuntos dramáticos como la muerte, la locura, el desamor, la pérdida, o la mancha de salsa de tomate en la camisa deslumbrantemente blanca de un niño que se dirige a su primera comunión.

El sacerdote y escritor Pablo D’Ors denuncia esa deriva hacia la facilidad de lo negro:
“No hay literatura de la luz. Nos hemos enamorado del mal. Conviene conocer las sombras, claro, pero no quedarse entrampado o enganchado en ellas. Es más difícil ver la luz que ver lo oscuro, ver la luz exige entrenamiento”.

Y Jesús Montiel, el magnífico poeta granadino, subraya:
“En efecto, ver lo oscuro es más fácil. La sombra tiene mucha publicidad, hace aspavientos, nos llama constantemente la atención, es exhibicionista. Los medios de comunicación, la mayoría, son suyos. La mayoría de los libros, también. Es verdad que los escritores decadentes tienen más propaganda.”

Yo no puedo más que confirmar esa dificultad. Nada más complicado que un anuncio sobre la Navidad, por ejemplo. Y a pesar de ello, cada año algún publicista en el mundo es capaz de volver a emocionarnos con una mínima historia llena de regalos, de turrón, de Santa Claus, de reyes Magos y de nieve.

Hablo de talento. No es fácil elogiar el capitalismo, el comercio o el optimismo. Quizá lo es algo más poner en valor el inmenso talento que la publicidad ha sabido convocar desde siempre, y que es la razón fundamental por la que soy tan feliz trabajando en este oficio.

Banksy, el genio del grafiti, lamentó muchas veces que los más brillantes cerebros británicos de su generación hubieran elegido trabajar en publicidad en lugar de combatir el sistema desde la trinchera del arte. Yo tengo la opinión contraria, ojalá Banksy hubiera trabajado en nuestro bando, porque su carrera nos demuestra que es por encima de todo un magnífico vendedor.

No quiero establecer comparaciones que sean malinterpretadas, pero ha sido siempre común esa relación entre el máximo talento y el poder económico, político o espiritual. Por algo será. La Eneida es una de las cumbres de la literatura universal, desde luego, pero es también el encargo de Augusto a Virgilio para construir el pasado glorioso del Imperio. Hoy lo llamaríamos una campaña de imagen. Chrétien de Troyes trabajó probablemente por encargo para construir una barrera insalvable entre la aristocracia amenazada y la burguesía enriquecida: el Grial, la sangre azul…. Y es maravilloso el empeño extraordinario de Julio II persiguiendo a Miguel Ángel para hacerle pintar la Capilla Sixtina.

Julio II me lleva a recordar que ese talento del que hablo también es el de la gente que nos encarga el trabajo, el cliente. Aquel que es consciente de que apoyarse en los mejores, mejora los balances.

Saul Bass, famoso por los títulos de crédito de algunas películas inolvidables, fue también un extraordinario diseñador gráfico, autor de alguno de los logotipos más brillantes y longevos de la historia, como el de Warner, o el de ATT. Hacia el final de su carrera se sintió abandonado por sus clientes tradicionales, que dejaron de ser los líderes de una compañía que ellos mismos habían creado, o que sentían suya, para dar paso a una nueva raza de altos ejecutivos que no trabajaban tanto para las marcas que representaban como para ellos mismos. Bass pasó una temporada trabajando en Japón, donde aún encontraba esa interlocución directa con quien tomaba las decisiones (suyo es el logo de Minolta, por ejemplo).

Creo que todos hemos sentido lo mismo muchas veces. A menudo nos encontramos trabajando y presentando a responsables de la marca que no tienen la capacidad de decidir. A menudo esa decisión se deriva a algo parecido a una asamblea, o aún peor, a un instituto de investigación, o a una entidad legendaria que suele habitar los pisos superiores de los edificios corporativos. Todos hemos escuchado alguna vez eso de: “Todo ok, ahora sólo queda que se lo contemos a los de arriba”.

Creo que nuestros mejores trabajos proceden indefectiblemente de un encargo extraordinario, y de alguien que se hace responsable de estimular y de tomar decisiones sobre lo que ha pedido. A menudo es en esa fase del trabajo donde aparece realmente la genialidad.

El artista e historiador de arte italiano Rodolfo Papa reclama:
“Más que un nuevo Miguel Ángel necesitamos nuevos mecenas. Ojalá los emprendedores y banqueros fueran como los Medici o Julio II.”

La publicidad ha atraído y ha formado a un talento peculiar. Gente muy generalista, que salta de categoría en categoría, de asunto en asunto, sin llegar a profundizar nunca, pero dueña de una visión global de la realidad, y de una saludable distancia. Gente curiosa, inquieta, capaz de una cierta intuición poética, pero llena del pragmatismo del vendedor. Gente acostumbrada a pensar a largo plazo, a imaginar el futuro por el que las marcas, la gente, las sociedades avanzarán. Gente que se pone en el lugar del otro, que les intenta entender y les explica. Gente obligada a ver las cosas de otro modo, porque el habitual suele conducir a la invisibilidad, y nos pagan para hacer que las marcas existan.

Me gusta pensar que para el futuro que ya habitamos, que es uno más de los cambios de paradigma civilizatorios que la humanidad ha vivido, pero que esta vez sucede a una velocidad que nos desborda y nos impide la mínima reflexión, ese tipo de talento del que hablo, el talento del publicista radical y genuino, puede ser de gran ayuda.

Hace bastantes años, en un congreso de la Asociación Española de Anunciantes, me atreví a sugerir que todos los consejos de administración deberían incluir a un creativo publicitario. Hoy me parece que ese consejo es aún más perentorio y necesario, si cabe.

Creo también que casi siempre ha sido la belleza la que nos ha salvado de las crisis. La Iglesia, en mi opinión, es nuestra gran maestra en estos asuntos de la comunicación, y conviene recordar que frente a la Reforma, la mayor crisis a la que jamás se ha enfrentado, su respuesta fue inundar el mundo de sensualidad y belleza. El Barroco es la más maravillosa operación de propaganda de la historia.

No quiero ni puedo comparar, pero la publicidad es capaz de pequeñas bellezas accesibles y frecuentes, sencillas y comunes. Esas que descubrió el Borges maduro:
“Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos autores; ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero.”

O en un buen anuncio, añadiría yo.

Ya acabo.

Mi vida profesional ha consistido durante más de treinta años en resumir asuntos relativamente complejos en unas pocas palabras, o en alguna imagen, o en una brevísima historia. Nos suele sobrar con 20 ó 30 segundos.

La posibilidad de que en este texto de más de veinte minutos haya dicho muchas cosas que no tienen el menor sentido, o la menor relevancia es enorme.

Dejadme acabar haciendo lo único que sé hacer, resumir lo que os quería decir en unas pocas palabras:

Sin publicidad, sin buena publicidad, el mundo sería tristísimo.

Muchas gracias.»

Reacordar.

La memoria no es un músculo. Ni siquiera una actividad. La memoria es un lugar. Un sitio. Un rincón, para ser exactos. Y como todos los rincones, carece de mapa que le haga justicia, pues los lugares más interesantes son siempre aquellos a los que no llega Google Maps. Y como también le ocurre a las esquinas, jamás están quietas e inmóviles, y si no, pregúntaselo a cualquier dedo meñique del pie. Como consecuencia, las cosas que dejamos en nuestra memoria -esos bultos a los que llamamos recuerdos- tampoco se quedan todo el rato en el mismo sitio. Se mueven. Se agrupan. Se disuelven. E incluso a veces, sin venir a cuento, desaparecen. Tienen tanta vida propia, que a veces responden más a lo que hemos ido contando que a los motivos por los que realmente los dejamos ahí.

Por eso, cada vez estoy más convencido de que recordar es volver a ponerte de acuerdo contigo mismo. Recordar es reacordar. Para empezar, volver a poner de vigencia ese acuerdo que nos debemos todos entre tu presente y tu pasado, entre lo que has decidido explicarte y lo que realmente ocurrió. Pero también ajustar expectativas propias y ajenas, sustituir tus sueños por otros más válidos (que te hagan más feliz), actualizar tus yo nunca, volver a medirte los ya verás. A veces, lo que nos gustaría que hubiese ocurrido es tan diferente a lo que pasó, que ese acuerdo se vuelve imposible. Y a veces es simplemente una mentira, que a fuerza de explicarla, ha logrado sustituir a la realidad.

Y es que si la memoria es un destino, existen básicamente tres formas de visitarla. En primer lugar, se puede acudir de turismo. El que va de turismo, visita uno o varios recuerdos desordenados y suele llevarse de souvenir un leve pellizco en el corazón. En segundo lugar, puedes ir a la memoria porque estás de paso. Es lo que ocurre cuando quieres contrastar algo, verificarlo, hacerte tu propio fact-check. Es acudir a tu propia biblioteca para no llevarte ningún libro, tan sólo para consultarlo allí, porque prefieres dejarlo donde está. Y por último, está quien acude a su memoria para quedarse a vivir. En este caso, mudarse a un recuerdo es empezar a vivir de segunda mano. Porque para empadronarte en tu memoria primero hay que renunciar a fabricar recuerdos nuevos . Y ésa no otra que la definición de vejez.

Porque una cosa es ser anciano, algo a lo que -con suerte- algunos llegarán, y otra muy distinta, decidir ser viejo.

Y porque recordar es importante, sí.

Pero más lo es reacordar.

Hay alguien ahí.

Comunicarse es existir. Dirigirse a cualquier persona es demostrar que uno está vivo, pero también querer que mundo sepa que hay alguien ahí. Al otro lado. Escuchando. Sintiéndose interpelado.

Ahí están las cartas de los presos. Ahí está la correspondencia de vuelta de amigos y familiares.

Ahí están los mensajes lanzados al espacio en busca de vida inteligente, también conocidos como METI (Messaging to Extra-Terrestrial Intelligence).

Ahí está Cinco horas con Mario. Ese maravilloso diálogo disfrazado de monólogo, en el que la otra parte vuelve a la vida tan sólo para escuchar.

Y ahí están las plegarias. Rezar es confirmar la existencia del interpelado. Nadie reza a quien no existe. Nadie le pide nada a quien no está.

La televisión también es un entorno de creación de identidades. Si hace tiempo que no ves una cara en la pequeña pantalla, de alguna forma para ti ha dejado de existir. Igual esa persona no ha parado de trabajar desde entonces, pero como lo ha hecho detrás de la cámara, no ha contado para ti. Ojos que no ven, corazón que no existe.

Los influencers, ese grupo -en mi opinión- tan injustamente vilipendiado, lo son precisamente porque su única identidad reside en el acto de la comunicación. Son el primer grupo profesional de la historia surgido única y exclusivamente al albor de la interacción social, es decir, gracias a su capacidad de comunicación con los demás, lo cual significa que su único gran pecado ha sido construir su identidad -su existencia- únicamente a partir de sus seguidores. Hasta su aparición, todo el mundo comunicaba algo que ocurría fuera de las redes, es decir, el entorno digital se utilizaba como un canal de propaganda de algo que se había hecho en el mundo analógico. Ellos han convertido un medio en un fin en sí mismo. Como hizo Gran Hermano con la tele. Y eso, para ciertos conservadores, será siempre imperdonable.

Por eso, en estos días de comunicaciones a distancia, días de Zoom, de Skype y de Facetime, cada interacción tiene la fuerza conceptual de un acto de trascendencia. Creo que estás ahí, quiero que estés ahí, y además, lo evidencio y lo ratifico en este acto de comunicación.

Me escuchas, luego existes.

Te hablo, luego estás.

Mi voto.

Me lo estáis preguntando mucho. Siempre quise empezar un texto así. Pero es que en estos momentos es más verdad que nunca. A raíz de presentar Todo es Mentira, me han pasado dos cosas.

La primera, que me han tildado de rojo y de facha a la vez. De progre y de conservador. De capitalista y de comunista. De vendido y… bueno, de vendido. Me enorgullece -o igual me engaño en- pensar que eso significa que algo estoy haciendo bien.

Y la segunda cosa que me ha pasado es que muchos se han interesado por mi voto. Y aunque todos sabéis que es secreto, como para vosotros no tengo de eso, (qué trending topic me siento diciendo eso), ahí va mi confesión.

Pues mira, depende. He votado izquierdas y he votado derechas. Aunque también he votado verdes y hasta animalistas o incluso en blanco alguna vez.

Y al final, me he llevado un solo aprendizaje: cuando voto izquierdas, sé que me van a decepcionar y cuando voto derechas, sé que me voy a arrepentir. Por lo que leo, parece que a vosotros os ha pasado lo mismo, aunque sea con otras opciones políticas.

Y es que en este país, votar es elegir entre la decepción y el arrepentimiento.

Dura decisión.

Entrevista ABC: «Ahora es buen momento para las charlas que no permitía la prisa»

Después del capítulo especial del pasado miércoles «Conversaciones en Fase Zero», ahí va la entrevista que concedí al ABC tal como salió publicada:


Y ahí va la entrevista completa:

-Además del contexto y la forma de hacer las entrevistas a distancia, ¿cambia el tono de las charlas respecto al Chester?

Pues ocurre lo mismo que nos ha pasado a todos. Con el confinamiento cambia la distancia. Y la distancia lo cambia todo. Eso obviamente tiene su parte incómoda, porque faltan los abrazos, el mirarse a los ojos, la sincronía total de los movimientos y las palabras, que ahora sufren un inevitable deterioro por la conexión. Pero también eso ha forzado que las preguntas sean menos, las interrupciones muchas menos y los silencios muchos más. Y yo creo que eso también acaba enriqueciendo la conversación, aunque de otra manera.

-Llevamos casi dos meses de pandemia, ¿por qué es ahora es el mejor momento para poner en marcha estas conversaciones?

Siempre es el mejor momento para sentarse a tener una buena conversación. Otra cosa es que siempre se consiga. Si a eso le añades dos meses en los que los invitados —como cualquier hijo de vecino— han tenido tiempo de plantearse muchas cosas, igual sí que lo es. Yo creo que ahora es un buen momento para tener esas conversaciones que no permitía la prisa. 

-¿Cómo se ha hecho la selección de invitados?

Entre la cadena, la productora y yo hemos barajado tres criterios: que nos apeteciese escuchar su opinión, que pudiesen por temas de agenda —esto ha sido lo más fácil— y que, obviamente, quisiesen. De ahí que en la lista final hayan salido perfiles tan diversos como el paleoantropólogo Eudald Carbonell, el escritor Javier Cercas, la presentadora María Teresa Campos, el futbolista Andrés Iniesta, el baloncestista Ricky Rubio o el superviviente de la tragedia de los Andes, Carlitos Páez.

-Supongo que durante las conversaciones, también usted hablará sobre su experiencia/visión de la sociedad durante este confinamiento. ¿Cree que es importante/relevante que los líderes de opinión aporten su visión sobre cuestiones políticas y sociales en este momento crucial?

Creo que —tal como están las cosas— el compromiso es ya una obligación moral. Quien no se compromete a nada, no hace nada en su vida. Y si tú eres conocido o famoso, por lo que sea, eso significa que tu mensaje y tu compromiso pueden llegar a mucha gente. Ojo, digo llegar, no representar. Porque yo no considero que represente a ninguno de mis seguidores… a duras penas me represento a mí mismo. Tampoco el hecho de que sean seguidores de mi trabajo significa necesariamente que estén todos de acuerdo con todo lo que diga o haga. Eso sería algo demasiado próximo a una secta. Hay que dejarlo claro de una vez: un seguidor no es un votante. Un votante deposita su confianza en su representante para que lleve a cabo un programa determinado. Un seguidor, no. Y sólo por eso, uno puede ser más o menos conocido, pero otra cosa muy distinta es aceptar la responsabilidad del líder de opinión.

Entrevista en Vertele: «Debería pagar por trabajar aquí, pero si se lo decís a Vasile os mato»

Risto Mejide estrena 'Conversaciones en fase zero'

Risto Mejide estrena ‘Conversaciones en fase zero’ MEDIASET

Hablamos con Risto Mejide, que la noche de este miércoles 6 de mayo estrena en Cuatro ‘Conversaciones en fase zero’, una adaptación de su ‘Chester’ en la que conversará de casa a casa con distintos famosos. Aprovechamos para preguntarle si se ha solucionado el problema con ‘Cuatro al día’ tras afirmar sentirse víctima de «una emboscada» de la cadena, y nos explica cómo concibe su relación con Mediaset.

Convertido desde hace años en uno de los presentadores más reconocibles de Mediaset, y sobre todo de Cuatro, Risto Mejide suma desde la noche de este miércoles 6 de mayo una nueva aventura en la cadena al ponerse al frente de Conversaciones en fase zero, un nuevo programa en el que charlará de casa a casa con famosos como Andrés Iniesta, Ricky Rubio, Alfonso Reyes, Javier Cercas, Javier Mariscal, María Teresa Campos, Eudald Carbonell, Carlos Páez y Manuela Carmena.

Preguntamos al publicista y conductor televisivo lo que supone esta apuesta, y lo que cambia el hacer las entrevistas a través de una pantalla, y no cara a cara como en su Chester: «Del Chester sólo han salido mal parados los que tenían algo vergonzoso que esconder… y no han sabido cómo hacerlo».

También aprovechamos para saber si ya está solucionado su enfado con Cuatro, tras lamentar sentirse víctima de «una emboscada». Y Risto nos deja claro que, pese a todo, su relación con el canal y con Mediaset es de más amor que odio: «Si nunca jamás hay ninguna desavenencia, eso es que o bien vuestra relación es falsa, o que algo estáis haciendo mal».

Risto Mejide, en 'Conversaciones en fase zero'

Risto Mejide, en ‘Conversaciones en fase zero’ MEDIASET

¿Qué Risto vamos a ver en ‘Conversaciones en Fase Zero’? ¿Imaginamos que el más dialogante del ‘Chester’, y no el más peleón de ‘Todo es mentira’?

En Chester trato de escuchar al invitado. Lo que dice y lo que no dice. En Todo es Mentira trato, simplemente, de entender la actualidad con ayuda de mis compañeros. Creo que el espectador ya ha percibido perfectamente la diferencia entre ambos formatos.

Obviamente todos los programas se han tenido que adaptar. ¿Nos va a recordar a otros, como ‘Late Motiv’ o ‘Lo de Évole’? ¿Qué toque de distinción aportáis?

Una conversación es siempre cosa de dos. Aunque las reglas gramaticales y sintácticas sean las mismas, no es una misma partida de ajedrez si cambias a los contrincantes, aunque en ambos casos lo acabemos llamando ajedrez.

Las entrevistas por videollamada están siendo una alternativa para que los programas sigan adelante, y por tanto no son lo ideal, pero… ¿Tienen alguna ventaja a la hora de abordar a los entrevistados? ¿Están más abiertos o receptivos a hablar de según qué temas al estar en sus casas y sin mediación?

El confinamiento ha abierto una parte importante de nuestra intimidad. Hay un pedazo de nuestra casa -y en ocasiones hasta de nuestra rutina- que se han vuelto públicas. Además, es cierto que yo echo de menos estar en contacto físico con el personaje. Pero no es menos cierto que la distancia ha obligado a ser más conciso con las preguntas, más respetuoso con los silencios y darle más espacio a quien lo tenía que rellenar. Al final, entrevistar es crear vacíos para que tu interlocutor no tenga más remedio que rellenarlos. O al menos así lo veo yo.

Risto y Manuela Carmena en el programa

Risto y Manuela Carmena en el programa MEDIASET

¿Cómo y cuándo surgió la idea, y cómo ha sido el proceso de producción y preparación en estas circunstancias?

Llevábamos tiempo queriendo hacer una temporada de Chester. De hecho, la pandemia, entre todos los planes que se llevó por delante, también figura la preproducción de la próxima temporada. Así que nos vimos obligados a adaptarnos. Como tanta gente. Enseguida nos dimos cuenta de que el confinamiento nos había obligado a una reflexión forzosa, y que ahí había material que seguramente sería único y muy significativo de esta tragedia que nos ha tocado vivir, más o menos de cerca. Y de ahí que pensamos en realizar este especial.

Para abrir boca, Ricky Rubio, María Teresa Campos, Manuela Carmena y Andrés Iniesta. ¿Cuando se lleva ya tanto tiempo en televisión, es más fácil lograr este nivel de invitados? ¿O requiere más trabajo para que sepan cómo trabajas y entrevistas?

Los invitados son siempre la gran pregunta en un programa de entrevistas. Y lo entiendo, porque los grandes nombres siempre llaman a más gente. Pero creo que en Chester ya demostramos que hay muchos invitados que, pese a no ser tan conocidos, merecían esos minutos en televisión porque tenían algo muy interesante que contar. Obviamente, el mejor de los casos, es el que veremos en este especial, que es cuando se conjugan ambas cosas: grandes nombres con buenas historias o reflexiones que explicar.

Risto y Maria Teresa Campos en el programa

Risto y Maria Teresa Campos en el programa MEDIASET

¿Y no te ha surgido nunca algún «problema» por algún invitado que piense que quizás se encuentra al Risto más combativo, el que vemos en ‘TEM’? ¿Cómo lo gestionas?

No lo gestiono. Si algún invitado no quiere venir porque tiene miedo, o le da apuro, o lo que sea, pues qué se le va a hacer. Siempre pienso que no ha visto suficientes capítulos del programa. Porque del Chester sólo han salido mal parados los que tenían algo vergonzoso que esconder… y no han sabido cómo hacerlo.

¿Crees que ‘Todo Es Mentira’ sale reforzado de esta época?

TEM es un formato que ha luchado muy duro en circunstancias muy adversas por estar al lado de la gente durante esta crisis. Entreteniendo e informando con los recursos que hemos podido, de manera libre, crítica y plural. Y así lo hemos demostrado en los casi 40 programas que llevamos de confinamiento, eso significa que hemos tele-entrevistado alrededor de 400 médicos, sanitarios, enfermeros, políticos, economistas, investigadores, historiadores, escritores y hasta algún que otro filósofo. Y por supuesto, denunciando a los aprovechados, a los estafadores y a los oportunistas, que también los hemos tenido.

No sois los únicos, pero en vuestro caso, ¿cómo calculáis el equilibrio entre «denunciar» algo o a alguien, y obviamente al mismo tiempo darle voz e incluso espacio en plató? ¿La audiencia influye?

No lo calculamos tanto. Lo hacemos en base a una máxima: ser honestos con el espectador. Si eres honesto, si respetas la inteligencia y la madurez del espectador, te lo agradece y te lo acaba retribuyendo.

Risto Mejide en una foto promocional de 'TEM'

Risto Mejide en una foto promocional de ‘TEM’ MEDIASET

El estreno de ‘Conversaciones en Fase Zero’, y el anuncio del mismo, coincidió justo con tus lamentos por haberte sentido parte de una «emboscada» dentro de la cadena. ¿Está solucionado con ‘Cuatro al día’? ¿Cómo son esas relaciones entre programas que no comparten productora?

No fueron lamentos. Odio la queja, no te digo el lamento. Fue una constatación. Y lo bueno y lo malo de tenerme en pantalla, es que en mi caso, todo lo que ves, es. Guardarme algo no va conmigo. Y en cuanto a nuestras relaciones con Cuatro al día, siempre han sido estupendas, gracias.

¿Y cómo es la relación con la cadena, y con Mediaset? Desde fuera, la confianza es clara con un programa diario y también este semanal, además de ‘Got Talent’. ¿Es amor-odio, o sólo amor?

La rutina introduce siempre dinámicas variadas en la evolución de cualquier relación. Si nunca jamás hay ninguna desavenencia, eso es que o bien vuestra relación es falsa, o que algo estáis haciendo mal. Lo importante es el balance, el cómputo global, y en mi caso, con Mediaset, es tremendamente positivo. Me siento muy privilegiado trabajando con equipos de gente a los que admiro y respeto profundamente. Aprendiendo cada día de tanta gente buena y buena gente. Yo debería pagar por trabajar aquí. Pero si se lo decís a Vasile, os mato.

¿De cara al futuro, cuál es tu plan televisivo? ¿Qué te queda por hacer, hay algún programa que te hubiera gustado conducir o que desees de aquí en adelante?

Es lo que te decía antes, soy muy feliz con mi día a día. En estos momentos, estoy en un formato de humor y entretenimiento diario que me permite entender un poco mejor la actualidad, en un formato de conversaciones con gente que merece la pena -que algún día volverá- y en el mayor espectáculo de talentos de la televisión. Como para quejarme o desear otras cosas. Quien no valora lo que tiene, acaba perdido por culpa de lo que desea.

Fuente: Vertele.

No supe explicarte las cosas del diccionario.

Éste es el discurso que debería haber hecho ayer en la presentación del «Diccionario de las cosas que no supe explicarte». Como todo en este libro, también llega tarde. Llega a las 6 de la mañana de un miércoles cualquiera, desvelado y en pijama, cuando la gente ya no está, cuando ya se ha ido a su casa y cuando se habrá llevado una vaga impresión de lo que anoche quise decir. Y no porque no pudieran entenderme, sino porque, en esta ocasión, tampoco me supe explicar.

No, no voy a tratar de escribir sobre el contenido, porque eso ya lo hará quien decida hacerlo. Prefiero describir el continente, porque éste me representa como ningún otro libro lo ha hecho hasta ahora.

Tapa dura. Por primera vez. Protegiendo el interior como nunca. Porque lo de dentro es más arriesgado, está más expuesto y llega más adentro que nunca. Y porque es como todos los duros por fuera: blandos por dentro.

Sin ilustraciones. Crecer es aprender a despedirse. También de los adornos. De los complementos. De lo superfluo. De lo que no es esencial. Éste es un libro de esencias. De tarritos muy pequeños pero muy caros. Porque me han costado mucho de obtener. Conclusiones a las que he llegado después de mucho darme contra las paredes que te pone la vida. Si compras los libros a peso, éste no es tu libro. Y quien quiera paja, que baje a la era.

Sin numeración. Porque a partir de cierta edad, los números ya no dicen mucho de nosotros. Importa más lo que estés leyendo en ese momento que el número de página en la que te encuentres. Y es que, además, ojalá en la vida tuviéramos un índice que nos avisara en qué pagina nos vamos a encontrar… y cuántas páginas durará nuestro ejemplar.

Orden alfabético. Es un orden marcado por las palabras. Porque al contrario que en los números, en las palabras, el orden de los factores sí altera el producto: Te quiero, pero no me quedo. Nada que ver con: Me quedo, pero no te quiero. Y seguramente sea ésa otra de las decisiones importantes que haya que tomar en la vida. En qué orden pones las palabras para no hacer más daño de lo habitual.

Orden alfabético, bis. Y es que no es cualquier orden, es el que marca el abecedario. Eso me ha obligado por un lado, a descartar palabras. Quería empezar el libro con un «abrazo» y eso me obligó a descartar «abismo». Pero también me obligó a escribir los conceptos a medida que iban llegando. Porque en la vida tampoco tú decides cuándo te llegan las olas. Te llegan, y a surfear.

Faltan palabras. Y siempre faltarán. Como faltaron personas ayer en la presentación. Como faltan cosas por decirse cuando se acaba cualquier relación. Pero es que también me faltan definiciones que me gustaría preguntar. Me habría gustado saber lo que es el sexo para un monje de clausura o la familia para un asesino a sueldo. Me habría gustado saber lo que significa la vida en el corredor de la muerte o toda la riqueza del mundo en la sala de espera de un hospital.

Punto de libro. Porque como he dicho, ya tengo una edad, básicamente para no perderme. Para acordarme siempre de dónde estoy de este libro. Aunque no lo tenga abierto. Sobre todo cuando no lo tenga abierto.

Bordes tintados. Porque incluso a los más bordes nunca nos sobra un toque de color. Es un tintado que se hace a mano. Por eso hay tan pocos. Porque ya casi no quedan cosas que se tengan que hacer a mano. Con la paciencia que eso requiere. Con la cantidad de prisa que hay que descartar. Me pareció un detalle tan lujoso y tan exclusivo como el hecho de tener tiempo para pararse a leer un libro hoy.

Hasta aquí el objeto. Hasta ahí lo que contiene todo lo demás. Ahora, decide tú con qué te quedas. Si con el contenido, con el continente o simplemente con esta reflexión y ya.

En cualquier caso, muchísimas gracias por leerme. No sé si ahora supe explicarme. Pero como mínimo, el intento, aquí está.

CHESTER PODER – Introducción

Cuando se habla del poder, siempre se habla de los mismos.

Se habla de los de arriba, de los que tienen mucho o de los que manejan los hilos.

Pero poco se habla de los realmente poderosos.

De los que más nos pueden afectar en el día a día.

Poco se habla del poder de un ser querido.

Al que sólo se le recuerda cuando ya no está.

Poco se habla del poder de la deslealtad.

Del sabor amargo de la decepción. Del vacío después de cualquier traición.

Poco se habla del poder de los verdaderos superhéroes.

De los que salen de cualquier hospital tras una batalla.

De los que siguen luchando para ganar las guerras más silenciosas de la historia.

Poco se habla del poder de una sonrisa a destiempo.

De esa palabra que te levanta el ánimo el día que lo necesitas.

Del poder de la palabra perdón.

Del poder de la palabra gracias.

Del poder de un te quiero.

De un lo siento.

De un quédate.

Bienvenidos al mundo de los que te cambian sin querer cambiarte.

Bienvenidos al CHESTER… Poder.

CHESTER TALENT – Introducción

Lo sepas o no, tú naciste con un mensaje.

Algo que decirle al mundo.

Es algo único, algo que sólo tú puedes decir.

Algo que sólo tú puedes hacer.

Tú y nadie más.

Por eso, lo sepas o no, tú no serás feliz hasta que lo encuentres y lo lances.

No serás feliz hasta que lo sepas y lo hagas.

Digan lo que digan los demás.

Hagan lo que hagan los demás.

Tu único enemigo no son ellos.

Ni sus críticas ni sus advertencias ni su envidia ni su mala o su buena intención.

Tu único enemigo eres tú.

Y eso es justo lo que llamamos miedo.

Bienvenidos a la reserva natural de las habilidades únicas y necesarias.

Bienvenidos al CHESTER… TALENT.

CHESTER NO LIMITS – Introducción

Érase una vez un sueño.

Era un sueño… pues como suelen ser todos los sueños.

Inalcanzable. Utópico. Difícil tendiendo a imposible.

El sueño se paseaba todos los días por delante de las frustraciones buscando su hueco.

Sabía que en algún momento acabaría sentándose ahí, en la oficina gris de las cosas que nunca fueron, entre los ya te lo dije y los yo nunca más.

Sin embargo, un día, el sueño conoció a la voluntad, hermana de disciplina e hija adoptiva del valor.

Se gustaron. Mucho. A sueño le encantaba la determinación de voluntad. Y a voluntad le fascinaba que sueño fuese siempre un poco más allá.

El caso es que no debieron de tomar ninguna precaución, porque a los pocos meses, fruto de la relación, nació por qué no.

En el cole, todos los miedos se dedicaban a reírse de por qué no.

A ridiculizarlo. A decirle que no llegaría a nada. Que seguro que fracasaba.

Hasta que de pronto, un día, ese por qué no, hijo de sueño y voluntad, creció y se convirtió en realidad.

Y ahora, cuando la gente ve a sueño realizado y cumplido, siempre se pregunta lo mismo.

Cómo lo hizo?

Bienvenidos a la frontera entre imposible e increíble.

Bienvenidos a CHESTER… NO LIMITS.

Chester Miedo – Introducción

Chester Miedo – Introducción

Quién no lo ha sentido alguna vez.

Quién no se ha escondido bajo la sábana con la esperanza de que el monstruo pasara de largo.

Quién no se ha imaginado al Coco, al vampiro o al lobo feroz.

Quién no se ha echado a temblar en el peor momento.

Y a quién no le han fallado las piernas, el pulso… o la voz.

Dicen que todo se acaba pasando.

Pero no es verdad.

Hay cosas que por muchos años que pasen, seguirán ahí.

Como el terror a perder lo que uno ama.

Como la angustia de saberse vulnerable.

O la desgracia de, algún día, comprobarlo.

También dicen que los frágiles son los que más fantasmas acumulan.

Pero yo estoy convencido de que es al revés, que igual que no hay fortaleza sin debilidad, tampoco hay valentía sin miedo.

Al final, un héroe no es más que alguien dispuesto a librar la batalla que todo el mundo dio por perdida.

Bienvenidos al lado oscuro de la esperanza.

Bienvenidos al CHESTER… Miedo.

Branducers 17

Atiendo con mucho interés a una nueva edición de Branducers, el foro de Branded Content que mi socio y yo arrancamos hace unos cuantos años y que no ha parado de crecer y de incorporar nuevo talento, ahora en manos de la BCMA (Branded Content Marketing Association). 

Me llama la atención que 10 años después sigamos tratando de definir el Branded Content:

No discuto la definición. Faltaría más. Mucha gente muy inteligente le ha dedicado muchas horas para llegar a ella. Pero cuando necesitas tantas líneas para definir algo, igual ese algo no se está dejando definir. 

Yo prefiero dejar las definiciones para los que las buscan y utilizar guías. Son más amplias, menos restrictivas y sobre todo mucho más útiles a la hora de trabajar. Y sobre todo, dependen siempre de quien las necesite. 

Mientras aprendo de los que realmente saben, os dejo las guías que decidimos utilizar para saber qué es y qué no es un Branded Content en el último FIAP, donde tuve el privilegio de ser presidente del Jurado en la categoría Formatos:

– Interrumpen o por el contrario generan el suficiente interés por sí mismos? Son contenidos PULL, o PUSH? Construyen una audiencia propia o por el contrario se aprovechan de otra para interrumpirla?

– Merecen una segunda temporada? Nacen con vocación de continuidad? O son simples «stunts», bromas o prototipos?

– Responden a un insight global? Podrían ser «sindicados» (exportados) a otros mercados?

– Han calado en la POP CULTURE? Su impacto ha sido amplio y profundo en el territorio donde vivieron?

Seguimos aprendiendo. 

Cuatro sorpresas y un error.

Ayer por la tarde, junto a dos personas de mi empresa, paramos un taxi a la salida de una comida en Madrid. 

Entramos en el coche hablando de nuestras cosas, y como siempre hablamos entre nosotros, en catalán.

La radio estaba puesta a toda pastilla. Y en el aire, un programa de un locutor al que no voy a mencionar, porque esto no va con él, o no exactamente. Digamos que el discurso era de todo menos conciliador. Que si los catalanes esto. Que si los catalanes lo otro. Vamos, lo que viene siendo tristemente habitual en estos días. Generalizaciones abusivas indignas de un país presuntamente civilizado.

El señor taxista, al escucharnos hablar en nuestra lengua, no sólo no baja el volumen de la radio, sino que lo sube. Primera sorpresa. Silencio. Caras de circunstancias. La radio sigue escupiendo conflicto a borbotones. Nosotros no dábamos crédito.

Es entonces cuando le pido amable y educadamente que si puede quitar la radio. Y se lo pido por favor.

El señor taxista la apaga no sin antes regalarnos la segunda sorpresa. De muy malas maneras, nos dice: “Oigan, que ustedes han alguilado un servicio, no han comprado el taxi”. Se lo suelta a la compañera que viaja a su lado, quien le replica, también con la máxima educación, que claro que está en su derecho de no apagarla, igual que nosotros estamos en nuestro derecho de prescindir de sus servicios.

Más silencio. Más tensión.

Al llegar, pagamos el trayecto y una vez hemos pagado, le pido, también por favor, que me facilite el libro de reclamaciones. Un letrero en el salpicadero recuerda a los pasajeros que existe un libro de reclamaciones a disposición de los clientes. De hecho es uno de los derechos recogidos en el Real Decreto 763/1979 que regula el transporte en automóviles ligeros. Y tiene que ser facilitado sin condiciones ni peros por parte del conductor. 

Su respuesta, la tercera sorpresa. No me lo da si no le facilito mi DNI. 

Ahí es cuando exploto. Y es entonces cuando cometo una equivocación. Yo tenía toda la razón y la ley de mi parte. Debería haberle obligado a hacerlo dentro de mis derechos, sin necesidad de nada más. Pero no lo hice. Lo reconozco, soy más humano de lo que me gustaría y con el calentón de un trayecto de 22 minutos en el que había pasado todo lo que cuento arriba, con la indignación de ver cómo había tratado a mi compañera y cómo nos había hecho sentir en el camino, no se me ocurre otra cosa que pillar el móvil y empezar a emitir en directo mientras le increpo. 

Sí, eso estuvo mal. Sobre todo porque en el vídeo no se ve más que un famoso haciendo pública la matrícula y licencia del conductor así como las visitas que ese vídeo iba a tener. Ahí es donde me arrepiento, vuelvo en mí y pienso que no es la forma de hacerle ver sus errores, que también los tuvo. Así que bajo del taxi y borro el vídeo e inmediatamente grabo unos Instagram Stories pidiendo disculpas, tanto al taxista como a quien lo haya visto y se haya podido sentir ofendido. En el mismo medio, en el mismo momento, rectifico. Pido disculpas. Aprendo. Sigo.

Pero claro, en las redes, el vídeo para entonces ya ha sido capturado por algunas personas que ven una oportunidad para atizarme y empiezan a hacerlo viral. El mismo vídeo que yo había borrado, sí. el mismo por el que había pedido perdón. Ni una sola mención a mi rectificación inmediata. Y lo que viene después, ya te lo puedes imaginar. Cientos de insultos retuiteando el vídeo que alguien capturó con la intención de lanzar a toda esa gente contra mí. Bloqueo y sigo bloqueando insultos. Y así seguiré. Esta parte me afecta cero, la verdad. 

Pero lo que sí me importa, lo que me queda en el paladar es la amarga sensación de que todos nos estamos equivocando estos días. Yo el primero. Y que detrás de cada error hay hordas de interesados carroñeros dispuestos a sacar petróleo de la torpeza de los demás. Para que no queden dudas, no me cuesta nada hacerlo, lo he hecho en el vídeo y lo vuelvo a hacer por escrito. Yo me equivoqué, creo que el señor taxista tampoco tuvo su día más afortunado, pero no estuvo bien tratarle así, y esté donde esté espero que le lleguen estas palabras. Ojalá me lo vuelva a encontrar y le pueda pedir perdón a la cara. Como debe ser.

Lástima que lo que viaje por las redes no sean los segundos vídeos, los que hablan de reconciliarse, de no echar más leña al fuego,de disculpas, sino los primeros.  

Y así con todo. Y así nos va.

Yo por mi parte, y sobre todo en estos tiempos, intentaré equivocarme menos. Aunque prometer, como siempre, no puedo prometer más.

Y ahora quién.

Y ahora qué, se preguntan todos. Y ahora quién, me pregunto yo. Porque a mí discúlpenme, pero tengo un problema previo. Y es que no me siento representado por nadie.

No me representan los que decidieron romper la baraja. Los que decidireron dejar de escuchar, de sentarse a la mesa, de negociar. No me representan los que defienden saltarse la ley, las mayorías cualificadas y los autos judiciales. No me representan quienes han inflado las expectativas de un pueblo harto de ser ignorado. Y hasta tal punto las han inflado que son capaces de despeñarlo por este barranco al que ahora llaman fractura social.

Tampoco me respresenta la violencia lanzada contra la gente cuya única arma fue una papeleta en la mano, cuyo único delito fue querer votar. De forma imperfecta, inválida, desautorizada y para nada representativa. Pero votar al fin y al cabo. No me representan los mamporreros, aunque sean aquellos a quienes les hemos otorgado el uso legítimo de la fuerza. Porque esa fuerza pierde toda legitimidad desde el momento en que se ejerce sobre el mismo pueblo que se la dio.

No me representan los que les llaman golpistas. Pero tampoco los que les llaman fuerzas de ocupación. Desconfío de los que intentan sacar rédito político del río revuelto. De los aprovechados, de los miserables que tienden puentes con pelotas de goma. Ilegales, esas sí.

No estoy con los que insultan a los que no piensan como ellos. A esos, ignoro, bloqueo, paso. Porque también es necesario pasar. Reducir el ruido, que ya hay bastante como para encima tener que aguantar a los que te pretenden insultar. No estoy con los que desobedecen órdenes de sus superiores, porque eso es muy peligroso para los que no sabremos a quién acudir cuando alguien se salte la ley. Pero tampoco con los que mandan a mis familiares y vecinos al hospital. Esos que tampoco me esperen, porque no soy de los suyos. Quién vigila al que vigila. Quién controla al que se supone que nos tendría que controlar.

No me cuenten entre los que se alegran de que una bandera, sea la que sea, se empañe de sangre. Se lo han buscado, dicen. Y más que se lo van a buscar, pienso yo. Porque esta violencia es de las que genera más. Por eso, y desde hace tiempo, mi única bandera es blanca por ambos lados. En cuanto alguien la pintarrajeó, empezaron todos nuestros problemas.

Algunos me llaman equidistante como si eso fuese un insulto. Me ven del lado de los que menos gritan. Y claro, eso molesta a los que quieren que gritemos todos más. Yo estoy con los que están tristes. Con los que no entienden nada. Y cada vez menos. Los que ponemos la tele con inquietud y la quitamos con desesperanza. Los que ya ni abren los periódicos por miedo a lo que tocará hoy. Los que cambiamos de tema en cuanto aparece la cuestión. No por desinterés, ni por desidia, sino por miedo a hacer más daño. A hacernos más daño. A ver más dolor. A provocarlo.

Soy de los que lloramos por las noches a solas, cuando nuestros hijos ya se han acostado. De los que nos apretamos fuerte de la mano cuando nuestra pareja intenta explicarse. Los que ahora recordamos las historias para no dormir que nos contaban nuestros padres. Esas mismas historias que juramos que no volverían jamás. Yo estoy con la gente que siente impotencia y rabia, mucha rabia. Yo estoy con los que desearían que nada de esto hubiera pasado. Y sí, también soy de los que busca que mi gente sonría, aunque sea por el motivo más ridículo, que siga sonriendo. Gente que cree que hay que seguir remando, aunque nos vayan dejando entre todos sin barcaza, sin río y sin mar.

En definitva, y sobre todo, estoy con los que se hacen en voz alta la gran pregunta. Y ahora quién.

Porque lo que ha quedado claro es que ninguno de los que hay ahora ha sido capaz de evitar meternos en este hoyo. Que nadie espere que alguno de ellos sea capaz de sacarnos de él.

9x

Y llegó la novena. Nueve ediciones de X. Que se dice pronto. Yo no, yo con vuestro permiso voy a regalarme un poco. Nnnnnnuuuuueeeeeevveeeeeeeeee eeeeeddddiiiiiciiiiiiooooooooneeeeeesssss deeeeee eeeeeeequiiiiiiiiisssssss. Qué pasada. Gracias gracias gracias. No sé cómo dároslas de nueve maneras distintas. Ya es el libro más vendido de los 7 que he publicado. Justo cuando se van a cumplir dos años desde su lanzamiento. Y ahí sigue. Porque vosotros seguís comprándolo. Y lo más importante, seguís leyéndolo. Y lo más alucinante, seguís compartiéndolo. Por eso, y por las cosas bonitas que me enviáis todos los días, esta celebración es vuestra y sólo vuestra. Que nadie os la estropee. Brindo por cada uno de vuestros ojos. Gracias de nuevo por dejarme entrar.

En serio, Andreu.

En serio, Andreu.

Tu «explicación», como la has llamado, habrá convencido a tu parroquia, followers, adictos y acólitos, pero a mí me ha decepcionado todavía un poquito más. Llevar la respuesta al terreno de los límites del humor me parece impropio de alguien de tu inteligencia, o un menosprecio hacia la mía, aunque también puede ser que yo me crea algo y no llegue a ná. Espero que como mínimo te granjee aplausos y piropos en pos de la libertad de expresión, pero a mí me entristece profundamente porque de ese modo muchos pensarán que ya se ha zanjado el tema, cuando en realidad lo que se ha hecho ha sido meterlo bajo la alfombra, una vez más. Ni tú eres un titiritero ni yo soy la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Creo.

En serio, Andreu. Son demasiados años enganchado a tu sentido del humor. Demasiados años siguiéndote, admirándote, creyendo que tú ejercías un tipo de humor con el que yo me identificaba incluso cuando se me volvía en contra. Sobre todo cuando se me volvía en contra. Que me digas ahora que me he molestado porque criticabas a mí, me decepciona. Tengo grabadas en casa las primeras veces que me «zurraste» en televisión. Y las guardo con orgullo, a veces hasta las he enseñado a terceros. Pero que me pongas como ejemplo la parodia del «mía» que me dedicaste, da cuenta de lo poco o nada que me he hecho entender. Fíjate en mi timeline de Twitter. Repásalo, te invito a que lo hagas. Descubrirás que en su día retuiteé tu parodia deshaciéndome en halagos hacia ti y tus guionistas. Estuve incluso a punto de participar en ella, como bien dices. Pero en fin, ya ves, toda una vida dedicándome a la comunicación y ahora me doy cuenta de que ni me sé expresar. Acepta también mis disculpas por hacerlo tan mal. Pero acepta que también me pueda volver a pasar.

En serio, Andreu. Tampoco me puedo creer que esgrimas el argumento tan rancio y manido sobre los límites de la risa. Aquí el maestro de la risa eres tú. Pero parece que en detectar la demagogia autoinfligida, por lo visto te puedo ayudar un poco. Basta con buscar un solo chiste en el que tú te hayas burlado de «rojos, negros o maricones». ¿No? ¿Nunca? ¿Cómo es posible? Pero si es un tipo de chiste al que algunos sectores de este país estuvieron abonados durante décadas. Si era supergracioso. Si era sólo para echarse unas risas… hasta que la sociedad dijo basta. Y gracias a eso, no digo que hoy no se hagan, algún gañán quedará, pero como mínimo, ya no quedan bien hacerlos en público, y menos aún en televisión. Pero claro, igual soy yo, que no pilla las ironías. También puede ser.

En serio, Andreu. Que me digas que te ríes de mí, de mi caso, de mi relación, cuando lo que estás haciendo es hacer chistes continuamente sobre nuestra diferencia de edad, es tomarnos a todos por idiotas. Como si el hecho de ser una pareja pública te legitimase a ti para reírte de algo tan natural. Donde tú ves afán exhibicionista, yo veo normalización. Donde tú ves tierra mar y aire, yo veo gritar tu amor a los cuatro vientos, como tiene derecho a hacer cualquier pareja normal. Y donde tú ves diferencia, yo veo tolerancia, respeto y diversidad. Simplemente me hubiera gustado que tú liderases este pequeño avance, pero está visto que no estás por la labor. Otro cómico será. Otro al que le cueste reírse de algo que debería ser visto como algo normal. Porque lo es. Otro que se ría del intolerante, no que le dé alas. Otro que nos ayude a señalar al que señala, con su ingenio, su talento, su creatividad.

Dicho esto, tú sigue con tus risas, faltaría más, que yo pienso seguir con mi vida y con mi felicidad. Eso sí, si necesitas motivos e ideas menos casposas para reírte de mí, ahí te doy unas cuantas: soy medio calvo, muy intenso, malhumorado, aún más imbécil de lo que me pienso, bastante feo, no nos vamos a engañar, me sobran algunos kilos y sí, cuando me enamoro me pongo muy cursi. Para más señas, habla con mis enemigos, que tengo unos cuantos, alguno incluso que conoces y te darán más.

Mientras tanto, cuídate mucho y pásate por mi plató cuando quieras, que yo al tuyo he ido unas cuantas veces ya.

Sí quiero. (Votos para mi esposa)

Sí quiero que me manches las gafas cuando te enfadas. 

Sí quiero que me castigues sin móvil. Tú. A mí. 

Sí quiero ver cómo tu armario crece aún más rápido que tus followers, que ya es decir. 

Y cómo el mío se hace cada vez más pequeño, irrelevante y monocromo. 

Sí quiero abrazarte y que des esos saltitos de ilusión y rabia a la vez. 

Sí, quiero que me sigas endosando tu copa de vino cuando no quieres beber más. 

Y que hagas lo mismo con la comida. 

Y que encima le hagas creer al camarero que fui yo quien no se la acabó. 

Sí, quiero tu pasta de dientes siempre abierta y apretada por donde no toca. 

Sí quiero todas tus lágrimas de felicidad. Las que tienes ahora y las que derramas hasta en los anuncios. 

Sí, quiero mirarte a esos ojazos y flipar todavía de que me estén mirando a mí.

Sí quiero besar tus tatuajes. Todos. Aunque no estén hechos con mi letra.

Sí quiero Roma, sí quiero Santa Mónica, Sí quiero Nueva York. 

Sí quiero estar prohibido en Las Vegas.

Y alucinar en Maldivas con algún chamán.

Pero también quiero Las Letras, Puigcerdà y Lesseps.

Sí quiero quedarnos dormidos en el mejor restaurante del mundo.

Pero también las fajitas que nos prepara Ems.

Sí quiero ruiditos de barriga. Y caras de culpabilidad.

Sí, quiero tu forma de jugar con mi hijo, de haberle hecho sentir lo importante que es, y vuestra forma de quereros, y echaros de menos, que ya es vuestra y de nadie más. 

Sí, quiero cada una de nuestras reconciliaciones, porque siempre se producen un pasito más allá. 

Sí, quiero que el más maduro sea el que más tiene que madurar. 

Sí, quiero hacerte reír con mis achaques. 

Y con mis manías. 

Sí quiero tu manera de decirme que en realidad la vieja eres tú. 

Sí, quiero los momentos duros, los malos, los que ya hemos tenido y los que vendrán. 

Sí quiero aprender a quererte cada día un poquito mejor, que no más porque es imposible. 

Sí, quiero seguir callando bocas a base de amor, de sexo y de amistad. 

Sí quiero decirle al mundo que el amor no entiende de género, de raza o de religión, como tampoco le importa la edad. 

Por todo eso me hace MUCHA gracia la pregunta de si quiero casarme contigo.

Porque el amor NUNCA pregunta.

El amor llega y te responde lo que ni te habrías atrevido a plantear.

Acaba con tus yo nunca, se carga tus yo jamás.

Por eso, sí quiero pasar el resto de mi vida contigo. 

Porque no es que me sienta como en casa.

Porque es que cariño, mi SITA, mi casa… eres tú. 

Vacas sagradas.

Acabo de escuchar la entrevista a Toni Cruz y Josep Maria Mainat emitida ayer martes 25 de octubre en RAC1. Para quien no sepa quiénes son, Mainat y Cruz fueron los productores ejecutivos de Gestmusic, productora de Operación Triunfo, hasta que llegó Endemol y les compró la empresa. Unos tipos que en su momento fueron relevantes, muy relevantes, lo más parecido a unas vacas sagradas del entretenimiento en nuestro país. Pero de eso hace ya demasiado tiempo, por lo visto. Parece que no todos los reencuentros de OT pueden ser almibarados este año.

Ahí estaba yo, escuchando la entrevista y lo confieso, de repente me ha entrado la risa. Y es que he escuchado algunas cosas que han soltado esas dos vacas sagradas y me ha dado por reír. Pero de pena. Sí, de pena. Porque igual que se puede llorar de alegría, también se puede reír de pena. Me explico.

En un momento de la entrevista, un colaborador les ha preguntado cómo vivieron ellos mi ya clásico enfrentamiento con Jesús Vázquez en directo y en plató, hace ya 7 años. Un enfrentamiento que tanto Jesús como yo nos hemos cansado de decir por activa y por pasiva que ya está zanjado. Que no existe rencor ni agravio alguno por ninguna de las dos partes, que lo que pasó en plató se quedó en plató y que han sido los medios los encargados de revivirlo y rebuscar donde no ha habido más. Jesús y yo nos hemos encontrado más veces y siempre hemos tenido un trato más que cordial. Sí, igual jamás seremos mejores amigos, vale, pero de ahí a considerarnos enemigos hay un abismo al que los medios pretenden empujarnos cada vez que nos sacan el tema. Para que vuelva a constar, respeto, admiro y considero a Jesús un excelentísimo presentador y la prueba es la cantidad de formatos de éxito que le siguen dando y que siguen funcionando. Él ha declarado que no le gustaría volver a trabajar conmigo porque no hubo química entre los dos. Lo asumo. A mí, en cambio, me encantaría volver a coincidir en un plató. Primero, porque jamás temí el conflicto. Segundo, porque no hay ningún conflicto que no merezca una buena reconciliación, especialmente cuando el motivo ha sido tan público y notorio. Y tercero, porque creo que la falta de química también es una buena base para el entretenimiento. Pero en fin. Dos no trabajan juntos si uno no quiere. El espectador se lo pierde.

El caso es que ante la ya tópica pregunta, las vacas sagradas podrían haber salido con una respuesta elegante y conciliadora. Después de 7 años, podrían haber echado pelillos a la mar y si me apuras, mostrar algo, ya no de clase, sino de agradecimiento a los que estuvimos remando en su día para que ellos se enriquecieran y se lo pudiesen llevar crudo. Al fin y al cabo, yo sólo fui otro currante más dentro de una inmensa maquinaria en la que participaban decenas de profesionales cada semana para poder llevar una gala en condiciones a la gente y tremendos beneficios a sus bolsillos. Ya puestos, igual podrían haber hecho examen de conciencia y preguntarse por qué una figura como la mía funcionó tan bien dentro de su programa. Un programa que estaba ya siendo cuestionado en su quinta edición. Un programa que prometía el triunfo a chavales de los que después nadie se acordaba. Y por qué se dieron esos picos de audiencia durante las intervenciones de un miembro del jurado que no hacía sino poner las cartas boca arriba de lo que consideraba un engaño televisivo. Y sobre todo, ya puestos a no darme las gracias, si no tenían nada bueno que decir de mí, que no estaba delante en ese momento, simplemente, callarse la boca.

En lugar de eso, una de las vacas se ha dedicado a descalificarme, a volverme a tachar de homófobo -qué original-, a dejarme de incompetente por esas desafortunadas valoraciones -sí, las mismas con las que él tanto se lucró- y hasta ha llegado a decir, textualmente, que «tú no puedes ir contra el programa, eso Simon Cowell jamás lo habría hecho, bueno, por eso Simon cobra 4 millones de euros y Risto no.» Uy, menudo ataque furibundo. Pobrecitos, he pensado. Con lo que habéis sido.

Bueno, en principio lo habría dejado ahí. Conforme uno se hace mayor, creo que uno de los síntomas más claros de la madurez consiste en elegir bien las batallas que uno decide luchar. Es de bien nacido ser agradecido, que decía mi abuela. Por eso estoy y siempre estaré agradecidísimo al formato y en especial a Tinet Rubira, que fue quien me fue a buscar e insistió para que participase en la 5ª edición de Operación Triunfo. Muy a pesar de sus jefes, las vacas sagradas, que no me veían en el formato, que jamás intuyeron lo que Tinet sí vio.

Sin embargo, después he pensado que nadie de los que pasamos por ese programa merecemos ese tratamiento, ni siquiera alguien como yo, que mira que me merezco lo peor. Más tarde he vuelto a pensar -para que veáis lo mal que me sienta pensar- y me he acordado de todos los concursantes que pasaron por sus manos y en los que nadie piensa hoy porque nadie los recuerda. He pensado también en la gente que hace su trabajo lo mejor que sabe y no cobra 4 millones de euros, y jamás los cobrará. Y luego he visto a una vaca sagrada con su micro, su fortuna y su puro -macrobiótico y metafórico, of course- riéndose de todos nosotros haciéndonos creer que el malo de la película era alguien tan insignificante como yo, y me he venido arriba y he decidido dedicarles este rato y este escrito, como siempre, con todo mi cariño.

Es cierto, jamás he cobrado 4 millones de euros, todavía hoy no los cobro y seguramente jamás los cobraré. Ahora bien, si Simon Cowell cobra 4 millones por temporada (que no son 4, vaca sagrada, son bastantes más, infórmese bien), igual es porque sigue creando y produciendo formatos originales en todo el mundo. Si Simon Cowell cobra más de 4 millones por temporada, igual es porque sigue siendo una cara que la gente quiere ver sentado en un jurado o simplemente en televisión. Y si Simon Cowell cobra más de 4 millones por temporada, igual es porque no se ha pasado los últimos años encadenando fracaso tras fracaso con sus producciones, tanto aquí como fuera de nuestro país.

Pero sobre todo, si Simon Cowell cobra más de 4 millones por temporada es porque jamás ha abandonado a los ganadores de sus concursos. El éxito de Simon Cowell consiste, seguramente, en el éxito de los demás. En haberse asegurado que cuando vendía Triunfo, no vendía humo, vendía triunfo de verdad. En haberles acompañado después de que se apagaran los focos. En no haberles dejado de la mano de dios. Quizás por eso de sus producciones han salido Leona Lewis, Il Divo y numerosos éxitos internacionales que le hacen una la figura tan relevante en la industria que es hoy. Porque queridas vacas, pues veo que aún no lo habéis aprendido, la mezquindad acaba desgastando todo lo que toca, el talento, el éxito, la felicidad. Habréis ganado mucho dinero, o al menos eso espero, pero os aseguro que no es nada comparado con lo que habríais podido ganar si hubieseis practicado un gramo del ingrediente más rentable que hay en la vida: la generosidad.

No sé si Simon es una vaca sagrada. Lo que sí sé es que no necesita reavivar una polémica de hace 7 años para que alguien hable de él. Eso es de vacas flacas. Y hablando del tema, lo dejo aquí, que tengo que ir a grabar un programa para mi actual jefe.

Sí, exacto, Simon Cowell.

Besis.

Perder la costumbre. 

De eso tratan las vacaciones. No son más que un intercambio de vidas tan asimétricas como complementarias. Un canje de rutinas. Perder ciertas costumbres para ganar otras. Salirse de uno mismo para volverse a meter después, con todo el drama que supone darse cuenta de que ya no se cabe igual de bien. Pero da igual, si tienes suerte, aprovechas y te ves desde fuera, te alejas del ensordecedor ruido cotidiano para así volver a afinar el único instrumento que jamás deberías haber dejado de interpretar: tú. 

Bienvenidos a vuestros antes. Ojalá podáis transformarlos en los de después. 

@RistoMejide, la cuenta personal de Twitter más «influyenTTe» del país.

@RistoMejide, la cuenta personal de Twitter más «influyenTTe» del país.

Captura de pantalla 2013-06-26 a la(s) 15.47.33 Según el estudio «InfluyenTTes» publicado recientemente por el profesor Francesc Pujol de la Universidad de Navarra @NewsReputation, la cuenta de Twitter @RistoMejide es la cuenta personal más «influyenTTe» de España en el uso de Trending Topics.

Asesores de Obama confían en Risto para traer a España el método que les hizo ganar las elecciones.

Asesores de Obama confían en Risto para traer a España el método que les hizo ganar las elecciones.

Ya es oficial. A partir de esta semana, la agencia AFTERSHARE.TV, de la que tengo el privilegio de formar parte, será la encargada de comercializar»The Optimizer» en España, o lo que es lo mismo, la aplicación para campañas publicitarias de la metodología y el know-how de los asesores de Obama en las pasadas elecciones presidenciales en EEUU.

El acuerdo, que fue anunciado hoy en ESADE Madrid y del que nos sentimos muy pero que muy orgullosos, ha sido gracias al empeño y al talento de Ruben Figueres, socio fundador de Alario Group y artífice de su aplicación y éxito en el mercado hispano de EEUU.

Por esa razón hemos pasado unos días con Larry Grisolano, socio de AKPD  y Paid Media Director tanto en las elecciones de 2008 como en las de 2012, uno de los hombres clave del presidente Obama, que ha estado presentándolo personalmente y hablando sobre sus aplicaciones y su interés en el mercado publicitario español.

Muy pronto podréis verlo en varios medios.

Os iré actualizando este post.

Pero que sepáis que estoy MUY MUY feliz.

Y ahora, a seguir trabajando.

Entrevista a Toni Segarra para Jot Down: “Las buenas campañas cumplen la misión higiénica de eliminar productos horribles del mercado” | Jot Down Cultural Magazine

Risto Mejide dijo de ti: “Yo tengo la fama, pero no el talento, y Toni Segarra tiene el talento, pero no la fama”. ¿Tiene él tan poco talento como tú poca fama?

No, no. Él tiene mucho talento. Mucho. Y lo ha demostrado con la construcción del personaje, porque es un personaje, pero basado en la realidad. Pero además ha tomado decisiones muy arriesgadas y muy complicadas, muy bien tomadas: para no quemarse, para no derivarse, para no complicarse la vida… Solamente con eso, con la construcción de sí mismo, ya ha demostrado un talento notable, que por lo menos alguien que sepa de qué va este mundo debería adjudicárselo.

No te pierdas la entrevista completa de Carles A. Foguet para Jot Down.

Busco 50 aplausos y espero que ninguno sea el tuyo.

itv_ristomejide-1 copyEste lunes 20 de mayo doy una conferencia en Barcelona con mi amigo Jose Corbacho. La ponencia está enmarcada dentro del ciclo Instint, idea de Andreu Buenafuente y Albert Om que empezó con Ferran Adrià, siguió con Teresa Forcades y continúa conmigo.

Sí, ya sé. Ni de lejos estoy a la altura de esas figuras y seguramente jamás lo llegue a estar. Pero qué le vamos a hacer, ellos me llamaron, yo dije que sí, y haré lo que pueda. O mejor dicho, lo que mi neurona me deje.

El caso es que esta mañana, en Catalunya Ràdio, nos hemos encontrado los cuatro (Andreu, Albert, Jose y un servidor) con Manel Fuentes, Judith Mascó, El Mag Lari y Carolina Ferre. Una charla divertida, amena y multitudinaria que me ha hecho pensar que si echaran una bomba en ese momento, se acabaría con un plumazo con parte del entretenimiento de los últimos veinte años en Catalunya y de los próximos diez seguramente también.

Bueno, a lo que iba, resulta que a la salida me he quedado pensando, algo que hago poco para no hacerme daño, pero justamente por eso cuando lo hago, tengo que pararme, escuchar y hacerle caso a lo que oigo.

Y lo que oigo es que cada cosa que hacemos es una oportunidad para echar una mano. Y se me ha encendido la bombillita, que teniendo en cuenta el tamaño de mi cabeza, sin duda se debe de tratar de un halógeno industrial.

Yo no puedo dar recetas para acabar con la crisis. Ni mucho menos llevarlas a cabo.

Pero lo que sí puedo hacer es ayudar a la gente a venderse mejor. Y es justo de eso de lo que hablaré en mi conferencia.

Esta mañana, para más inri, he recibido un vídeo fantástico de un chaval cantando su currículum en el metro. Y he pensado, de nuevo: en eso SÍ puedo ayudar. Y cuando puedes, debes.

Así que he llamado a la gente del Terrat y les he dicho que me autocompraba 50 entradas de las ciento y pico que quedaban, y he decidido que las voy a regalar a los que realmente necesitan una charla como la mía. Las voy a regalar 50 entradas a 50 personas en paro. No es nada nuevo, mi amigo Pedro Ruiz hace años que lo hace. Pero a veces, resultar útil es mucho más importante que ser original. Tampoco pretendo que nadie me aplauda. Ya vengo aplaudido de casa, gracias. Si el lunes me aplaude UNO de esos 50 porque lo que le cuento le ha servido, le ha inspirado, le ha despertado en algún sentido alguna idea, ya me daré por satisfecho.

Pues eso, los 50 primeros parados que escriban en este enlace pidiéndome una entrada, tendrán acceso gratis a mi conferencia del lunes, en las que intentaré inspirar a la gente sobre el noble arte de venderse cuando ya nadie quiere comprar. O, como la he llamado, «Apología de la rareza», que suena como más sesudo.

Ojo, aviso para espabilados: habrá que acreditar la situación de desempleo para acceder a una de esas 50 entradas. Tampoco esperéis más mensajes sobre este tema. La comunicación se hará sola y exclusivamente a los «afortunados» (en este caso la palabra no me parece adecuada, pero era la única posible, ya me entendéis).

En fin. No sé si servirá para algo, ni si lograré inspirar a alguien, pero lo que sí sé es que, de nuevo, estaré haciéndole caso a esa vocecilla que me dice cosas cada vez que me escucho.

Y ésa es quizás la mejor definición de INSTINT que conozco.

El arte de molestar en política: lo que Risto Mejide ha enseñado a Ada Colau… y de tantos otros #Annoyomics

Risto Mejide, polemista, jurado televisivo y, casi se nos olvida, socio fundador y director creativo de la agencia de publicidad Aftershare.tv y de la productora de televisión 60dB. Por encima del afecto que genere el personaje, pocos le pueden discutir es que sabe cómo vender y cómo venderse.

Por Álvaro Mohorte, via El arte de molestor en política: lo que Risto Mejide ha enseñado a Ada Colau… y de tantos otros #Annoyomics #SoloParaAdultos.

Si entendemos que el marketing no tiene apellidos, sino distintos públicos; resulta muy interesante analizar la vuelta de tuerca que ofrece Mejide en su nuevo libro #Annoyomics, y comprobar como distintos partidos y movimientos sociales ya han aplicado sus principios con éxitos incuestionables.

El arte de molestar en política tiene sus riesgos, pero también es la oportunidad de desentonar en la atonía general, ganar visibilidad y colar el propio mensaje. Un buen ejemplo de ello lo vemos en Ada Colau, líder del movimiento antidesahucios; o distintos políticos que han ganado relevancia desde formaciones minoritarias.

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Este es el caso de Mónica Oltra, diputada autonómica valenciana de Compromís, pero habitual en Salvados y en tertulias estatales; Albert Rivera, presidente de Ciutadans de Catalunya o, dentro de las formaciones mayoritarias, outsiders como Beatriz Talegón, secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas. Todos ellos lo tiene muy claro: si eres pequeño, grita.

Cuanto más radical y concreto sea el planteamiento, más se fortalecerá su figura entre sus afines, al igual que conseguirán perfeccionar su condición de enemigo de sus oponentes. Bien decía Sinatra y recordaba Mejido: “Para tener éxito necesitas amigos, pero para tener mucho éxito hay que tener enemigos” .

Beatriz TalegónLa proliferación de este tipo de actores políticos tan poco matizados no es casual. Además de que existe una mayor predisposición por parte de sectores de la ciudadanía para unirse a las protestas contra el sistema, el propio sistema los necesita para afianzar otro mensaje inverso: “los Otros están locos: después de mí, el caos”.

No es casual que desde el Partido Popular, que concentra los ataques al disponer de un poder casi hegemónico en todas las instancias gubernativas (Gobierno central, 12 autonomías y el 49% de los ayuntamientos el país), aproveche su tirón para identificarlos como ‘lo peor de lo peor’.

Encarnar el mal para sus oponentes resulta doblemente beneficios. Por una parte, el electorado propio tiene una razón para dejarse de dudas al verse atacado y tener que cerrar filas. Al otro lado de la barricada, se exalta el elemento épico del disidente, que también refuerza el apoyo de los suyos.

Una estrategia de ganar/ganar, aunque habrá que valorar su alto componente de riesgo, No sería la primera vez que “las verdades como templos” acaban siéndolo como puños y pistolas.

RAJOY Y ALFREDO PEREZ RUBALCABA SE REUNEN EN LA MONCLOA

 

Tú Sí Que Valiste

Jurado TSQV MDSIMA20130510 0604 1

Esta noche se acaba una etapa. Esta noche sí que sí. Tú sí que vales cierra su última edición, y con ella, mi séptima colaboración desde que me incorporara al jurado profesional.

Quizás no volvamos a vernos, lo mismo se acaba para siempre el programa, igual alguien me echará de menos y a lo mejor hasta llega a ser recíproco. No lo sé. Y francamente, ahora mismo me da igual.

Por mi parte, han sido alrededor de 50 galas, más de 700 artistas y muchas emociones, muchísimas. Tantas, que ahora me sería imposible glosarlas todas en estas líneas. En ese plató he vivido lo mejor y lo peor de la televisión. En ese plató dejo grandes amigos, bastantes conocidos y algún nuevo viejo enemigo también. En ese plató me hice un poco más mayor, y a veces incluso más pequeño.

Ahora nada de todo eso importa. Lo que importa es lo que hicimos. Y sobre todo, para quién lo hicimos: el espectador de Tú Sí Que Vales. Ese millón y pico / dos millones de personas que consistentemente ha estado ahí, gala sí gala también, para quedarse con nosotros hasta bien entrada la madrugada, a riesgo de dormir poco, disfrutar mucho y por qué no decirlo, a veces pasarlo realmente mal. Las galas son vuestras. Los recuerdos son para vosotros. Lo que lleguéis a olvidar y el ritmo al que lo hagáis será sólo culpa nuestra. Nuestra y del jurado popular, por supuesto.

Pero también importan ellos, los artistas, la verdadera materia prima de Tú Sí Que Vales. Si no hubiera sido por ellos, este programa no habría tenido ningún sentido. Con vosotros hemos reído, nos hemos emocionado, nos hemos cabreado, nos hemos sorprendido y sobre todo, hemos aprendido. Si la dinámica del concurso lo hubiera permitido, me habría gustado daros las gracias personalmente, uno a uno, tras cada programa. Gracias por haberme soportado. Gracias por habernos provocado, cosas buenas, cosas malas, da igual. Gracias por no dejarnos jamás indiferentes. Gracias por descubrirnos que existís. Pero sobre todo, gracias por dejarnos hacer televisión con la materia prima más valiosa y delicada que existe: vuestro talento. Vuestra inocencia. Vuestras ganas de agradar. Eso es lo más valioso que tenemos, y hay que encontrarlo y mostrarlo para empezar a valorarlo.

Por eso a veces me puse como me puse. No me voy a justificar. No creo que haga falta. Quien me haya entendido, ya me conoce. Pero si hay algo que respete hasta límites insospechados es aquello de lo que carezco: el Talento, así, con mayúsculas, el que te deja con la boca abierta y no te permite decir nada más que eso, gracias. Gracias por venir, por participar, por dejarme formar parte de tanto arte. Otras veces, el papel de jurado pro fue proponer un reto, llevar los números al límite, tensar la cuerda para tirar de ellos y que diesen lo mejor de sí mismos. Y ahí, francamente, creo que lo hicimos lo mejor que supimos. Algunos artistas saben de lo que hablo. Que no se puede tirar de nada sin tensar la cuerda antes. Y por último, a veces hubo que limpiar el plató, sí, pero afortunadamente para mis niveles de bilirrubina y mi capacidad de ironía, gala a gala fueron a menos.

Y hablando de talento, sólo dejar claro que este concurso ha sido posible gracias a una gran Familia con un talento descomunal, gente aún mejor detrás de la cámara que delante de ella (en mi caso no es muy difícil). Ellos ya saben quiénes son. Ha sido un honor trabajar con vosotros, compañeros. Espero que arrieros seamos.

Dicho esto, como veréis esta noche a las 22:00 en Telecinco, ha llegado mi momento para pedir perdón.

A los que dicen que se han sentido humillados. A los que siguen pensando que me ablandé. A los que creen que pudimos hacerlo mejor. Y a los que piensan que ellos habrían sido mucho peores. A los que siguen convencidos de que fuimos injustos, y a todos los demás.

Perdonadme. Si llego a saber que de esa manera os decepcionaba, lo habría hecho mucho antes.

Hasta pronto, y de nada.

Y ahora, como dijo el maestro, The Show Must Go On.

http://www.telecinco.es/tusiquevales/mejores-artistas-protagonizan-domingo-vales_0_1601775429.html

Un «Divendres» amb Jose Corbacho i Risto Mejide – Televisió de Catalunya

1368186436297El creatiu Risto Mejide, autor de llibres com «El sentimiento negativo», «El pensamiento negativo», «Que la muerte te acompañe» o «#Annoyomics», s’unirà a Jose Corbacho  per protagonitzar una xerrada única que promet ser lúcida i interessant. Es tracta de la tercera edició d’INSTINT, el cicle de conferències que conjuga entreteniment i coneixement, un projecte de l’humorista Andreu Buenafuente i el periodista Albert Om. Aquest dilluns en sabrem més detalls amb els seus protagonistes, Jose Corbacho i Risto Mejide, que respondran les preguntes de Xavi Coral i Núria Coll.

vía Un «Divendres» amb Jose Corbacho i Risto Mejide – Televisió de Catalunya.

Cómo se hace una entrevista, lección magistral de Juan Gómez-Jurado

Risto-Mejide-para-Jot-Down-1Risto Mejide (Barcelona, 1974) es director creativo de profesión, jurado televisivo por accidente y escritor por vocación. Su trabajo en Operación Triunfo y Tú Sí Que Vales le ha convertido en un icono mediático y divisorio. Pero debajo del personaje y de las gafas hay un ser humano cálido, tierno e inseguro, de vasta cultura y con una historia desconocida y apasionante, muy alejado de la imagen que tanto ha luchado por crearse. Quedamos con él en un restaurante japonés donde nos sirven un sushi tan crudo y sabroso como sus opiniones. Decidimos no hablar de Annoyomics, su último libro (Gestión 2000, 2012), porque de todas formas va a vender a puñados. En su lugar desnudamos al ser humano, al amigo, al que nunca se ha visto antes en ninguna entrevista.

Una entrevista de Juan Gómez-Jurado para Jot Down. Fotos de Lupe.

Abordar cualquier entrevista contigo es extremadamente complejo. ¿Qué es para ti un prejuicio?

Una oportunidad de actualización.

¿Y si el prejuicio es sobre ti?

Una enorme oportunidad de actualización.

Cualquiera diría que luchas a brazo partido por una imagen muy definida, divisoria. Bandera discutida, que diría aquel.

Creo que el máximo peligro, la gente más peligrosa ahora mismo (en comunicación, en política, en lo que sea) es la gente indefinida. Definirse es tener una causa, y yo creo en la gente con una causa incluso aunque sean contrarias a aquellas en las que yo creo. La gente que no se define es porque tiene miedo a molestar. Aquellos que me vienen diciendo que no tienen enemigos o que le caen bien a todo el mundo me hacen desconfiar profundamente.

Muchas veces, cuando se te presenta en televisión, se hace como “Risto Mejide, publicista”, o “Risto Mejide, jurado”. Sin embargo, muy pocos conoce a la persona real, en buena parte por que a ti no te da la gana.

Claro, eso es porque yo he elegido qué partes de mi vida comparto y cuales dejo fuera.

Una vez me dijiste que hace quince años eras gilipollas. ¿Qué ha cambiado en tu vida para que dejes de serlo?

¿Quién te ha dicho que he dejado de serlo? (Risas)

Bien, dime entonces qué ha cambiado para que los que te tratamos pensemos que no lo eres.

Igual lo que ha cambiado es que ahora soy consciente de que soy gilipollas. La idiotez es inherente a ser algo en la vida. Cuando alguien pretende llevar a cabo un proyecto de cualquier tipo debe ser bastante idiota ANTES de empezarlo. También el éxito de cualquier tipo implicará que mucha gente piense que eres gilipollas. Ahora no tengo ningún problema en asumir todas mis carencias. Igual hace quince años cuando empecé en la publicidad, o cuando empecé en televisión, o cuando empecé a escribir, que era todo un terreno virgen, no tenía esa capacidad, o no lo habría hecho…

Has declarado en ocasiones que cuando quieras dejar la tele te quitarás las gafas y nadie te reconocerá por la calle. ¿Eso es como lo de Superman y Clark Kent pero al revés?

Sí, pero sin superpoderes. Si me las quito no me reconoce casi nadie. Afortunadamente la tele no tiene memoria. Todos los que hoy te piden autógrafos por la calle mañana no estarán, y no pasa nada. La gente sigue su vida. Además mi fama es intermitente, son tan importantes los periodos en los que estoy en la tele como en los que no estoy, y eso es lo que yo tengo que administrar, para no cansarme yo o la audiencia. Y lo que hago a nivel público no es relevante: no salvamos vidas, ni afectamos a la economía, ni cambiamos gobiernos. Por tanto es bueno, lógico y deseable que tenga un principio y un final.

¿Te lo has planteado a corto plazo? O mejor dicho, ¿tanta exposición mediática no tiene un efecto sobre la vida personal?

Sin duda tiene mucho efecto en la vida personal. No sé quien definió a un famoso como “un tío normal que no puede hacer cosas normales”, pero andaba muy acertado. Yo sé que en los momentos de presencia máxima no puedo ir a la playa, despelotarme y ponerme a tomar el sol. O si lo hago, me atengo a las consecuencias. Tampoco puedo ir tranquilamente con mi hijo por la calle, porque me harán una foto. Y como, desgraciadamente, conocen tan bien los límites de la legalidad, pixelarán la cara del niño lo justo para poder sacarlo (Se encoge de hombros con resignación).

¿Te ha sucedido como a Mourinho, a quien su mujer le manda quedarse en el coche cuando va a comprar el pan?

Claro, me dicen “quédate que ya voy yo”. El que no hace nada para variar su vida siendo conocido es un inconsciente. No me imagino a ningún presidente del Gobierno yendo por la calle sin escolta, por ejemplo.

Igual a ti te haría falta, también. Te recuerdo que una señora te lanzó una lechuga la primera vez que saliste por la tele.

Una pena de lechuga. En fin, soy consciente de todo y lo llevo lo mejor que sé. Soy consciente de que me lo he buscado, también. No voy por ahí diciendo que me lo he encontrado, qué injusto, y tal… No. El día que sales por la tele y más con 32 años que empecé, era consciente de lo que había. Sabías a lo que venías, macho.

Pero ese no era tu objetivo, tampoco.

Jamás. La fama, también en mi caso, ha sido un camino rápido para poder cumplir mi sueño, que es poder escribir. O mejor dicho, para poder publicar, porque escribir ya escribía. Empecé a trabajar para marcas como copy, como redactor. Lo que pasa es que cuando uno no tiene tanto talento como para ser (cita a un escritor español cuyo nombre queda inaudible en el barullo del restaurante) tiene que tomar atajos, y la tele ha sido uno de ellos. De hecho ahora me encuentro en la situación contraria. Recuerdas que el otro día salíamos de un restaurante y tres adolescentes se nos acercaron…

Yo creí que iban a pedirte un autógrafo y resulta que no eran españolas, no sabían quién eras y solo preguntaron una dirección.

Eso es lo que echo de menos. La fama no es nada, solo es aire, no tiene nada dentro ni sirve para sustentar nada, y tan fácil como viene se va. Y además dificulta lo que yo quiero hacer. Escribir es observar, algo que ahora me resulta mucho más difícil. Yo antes caminaba por la calle y me dedicaba a observar a las personas, algo que me encanta hacer. Las miradas de la gente son ventanas abiertas a su vida. Y ahora no lo hago porque cuando nuestras miradas se cruzan noto como esta se modifica, y eso me molesta porque noto como de observador has pasado a ser observado.

De todas formas, y por dudar un poco de tu honestidad, hubo una vez en la que te marcaste un Lucía Etxebarría. Dijiste que dejabas la tele pero diez meses después estabas de nuevo en un reality.

Y no una vez, sino varias veces. Siempre he estado a punto de dejarlo y creo que por eso vuelvo, porque quiero ser prescindible y que la tele sea prescindible en mi vida, por lo que el botón de escape tiene que ser muy fácil de pulsar. Al fin y al cabo llegué a ella por casualidad.

Tal vez la gente entendiese mejor tu participación en programas de talentos si conociese la historia real de cómo tú mismo intentaste triunfar en Hollywood. Háblanos de lo que sucedió y de los sacrificios que te supuso.

Vaya por delante que fue mi fracaso de mayor éxito. No logré nada pero al mismo tiempo fue el inicio de un montón de éxitos personales para mí. Todo comenzó en Barcelona en el 2000, en ese momento me fui de Euro RSCG (Lorente) por discrepancias con la dirección. Estuve trabajando un tiempo con Doctor Music, andaba en paro, perdido, buscándome la vida… Incluso fue la época en la que intenté entrar en el Centro Nacional de Inteligencia.

¡Espera, ahora eso lo tienes que contar! ¿Querías ser espía?

Tampoco es para tanto. En aquella época yo llevaba siete años estudiando chino mandarín, y vi en el periódico que necesitaban agentes que hablasen árabe o chino. En aquel momento tenía un buen nivel de chino —ahora no—, así que eché el currículum sin ninguna esperanza. Cuál no sería mi sorpresa cuando al cabo de unos días apareció en mi buzón un sobre. ¡Sin sello ni matasellos, lo cuál me acojonó mucho! Habían entrado en mi portal y dejado el sobre más discreto —y al mismo tiempo más escandaloso— del mundo, en el que decían: Sr. Mejide, gracias por su interés, nos pondremos en contacto con usted. Y luego me llamaron para las pruebas. Un tal José Manuel —sin apellido—, de quien aún conservo el teléfono (me lo muestra en la agenda) me llamó y estuve un fin de semana pasando pantallas con ellos. Hasta que llegamos a la parte del sueldo y me di cuenta de que cuando uno se imagina ser espía piensa en James Bond y puede terminar como Anacleto.

Así que te marchaste.

Sí. En aquellos tiempos yo intentaba por todos los medios trabajar con mi ídolo, el que para mí es Dios Nuestro Señor en el ámbito de la comunicación y la publicidad en este país, que es Toni Segarra. Es el mayor genio que hemos tenido en este país en este ámbito. La revista Anuncios le nombró “el creativo del siglo” y con razón. Se inventó anuncios como “A qué huelen las nubes”, “Redecora tu vida” o el mítico “¿Te gusta conducir?“ de BMW.Solo existen otras cinco personas como él en el planeta. Piensa que Ferran Adrià dice que solo idolatra a tres personas y una es Toni Segarra. Yo me había obsesionado con trabajar con este hombre, y de hecho cada año desde que empecé a trabajar le visitaba para enseñarle mi portafolio de ideas y que me diese una oportunidad. Siempre había sido un “No”, y yo seguía insistiendo. Hasta que llegó este año 2000 en que yo estaba en paro, me fui a verle y le dije: “Yo no voy a pedirte que me contrates, yo voy a pedirte que me dejes trabajar gratis. Pero necesito pagar las facturas, así que págame un sueldo y si en seis meses no estás satisfecho, pido un crédito y te devuelvo hasta el último euro que me hayas pagado”.

Y te vio tan desesperado que te dio una oportunidad.

Exacto. El caso es que la primera oportunidad que me da era el concurso internacional de una cuenta de whisky…

J&B (Justerini and Brooks).

Bueno, yo no quería citar la marca, pero sí, era esa. “Queremos ganar esa cuenta y si se te ocurre alguna idea, dánosla, la metemos en el pool de ideas y lo intentamos”. Así que se me ocurrió una idea que fue la que después hizo ganar esa cuenta. Entonces pasé en pocos días de ser un pringao en paro en mi casa a ser el director creativo a nivel internacional de una marca. Y me encontré en Escocia, un fin de semana, en el castillo de la marca, en una reunión con todos los directores creativos regionales. Durante este fin de semana tuve el dudoso honor de tener que probar 180 whiskies en 48 horas. 180 whiskies. Tú haz una cata de diez whiskies y al décimo no sabes cómo te llamas, imagínate 180…

¿Escupiendo?

Sí, sí, en teoría… (risas). Y todo esto con un kilt, así que además con las pelotas aireándose. El caso es que cuando ya llevábamos no sé cuántos me encontré con el director del área de México, un colombiano genial que es el tío más chalado con el que me he topado en la vida. Era nieto de uno de los escultores de Adolf Hitler e hijo de lo más parecido a un Premio Nobel de Ecología. Un tío con una vida familiar y una historia apasionante al que le cuento una idea que yo tenía para una serie de televisión ambientada en el mundo de la publicidad, años antes de que existiese Mad Men. Y el colombiano me dijo “¡Me encanta esa idea! Dame parte de ella y yo dejo mi trabajo en la marca, me marcho a Los Ángeles a conseguir financiación para que se haga”. Yo no tenía nada que perder, estaba borracho y con las pelotas al aire, así que le dije “Llámame cuando tengas la pasta”. ¡Pero se lo decía de coña! Pero el caso es que al cabo de tres meses recibí una llamada del colombiano diciéndome: “Estoy en Miami viviendo en un piso, te estoy esperando”. Y así fue cómo un 17 de noviembre de 2003 me fui a vivir a Miami con un colombiano al que no conocía de nada, había visto solo una vez y borracho. Viví con él en un piso minúsculo y sin muebles, durmiendo en el suelo, malcomiendo y luchando y peleando por cada reunión durante muchos meses. Por eso me hace gracia cuando los concursantes de los realities a los que se mete en hoteles de cinco estrellas se quejan de lo duro que es todo. Al final la búsqueda de mi sueño fue un fracaso porque la serie no cuajó, pero por el camino gané un montón de experiencias y todas, absolutamente todas, fueron un éxito aunque no lo supiese ver en aquel momento.

La palabra arrogancia viene del latín arrogare, o reclamar para uno mismo. ¿Qué es lo que reclamas para ti cuando emites un veredicto?

Reclamo la misma honestidad y el respeto con los que yo actúo. Que lo mismo que doy lo reciba.

¿Consideras que les haces un favor a los demás poniéndolos enfrente de lo peor de sí mismos?

Si hay una cámara delante sí, si no, no. Como tú bien has dicho cuando reclamo, sube la audiencia, y entonces les estoy haciendo un favor a los concursantes ya que aumento su visibilidad. Para eso me pagan, para ponerme delante de alguien y sacarle los defectos, verlos y a partir de ahí trabajarlos, que esa es la parte que nadie aprecia. La cantidad de frases buenas que yo le digo a la gente no sale en los zappings.

¿Te has equivocado alguna vez?

Muchas. Y me he arrepentido, y no me ha preocupado lo más mínimo decirlo en directo, aunque eso venda menos. Es más, me alegro cuando alguien me hace rectificar, porque eso es el principio de muchas cosas, entre otras cosas de enamorarse.

Tu vida está indisolublemente ligada al mundo de la música. ¿Cuánto hace que no tocas una tecla?

Cuarenta y ocho horas. Disfruto, me relaja muchísimo tocar el piano y la guitarra también. Pero no lo voy a compartir nunca porque no creo que tenga nivel para ello. Mi primera nominación fui yo mismo. Cuando hace muchos años comencé a tocar en un grupo, me analicé a mí mismo y a los demás y me di cuenta de que no daba la talla. Y me eché, disolví el grupo. Y la prueba de que era la decisión correcta es que desde ese mismo momento todos empezaron a triunfar en el mundo de la música, lo que deja claro que el problema era yo. A mí la naturaleza me ha dotado de un oído muy bueno. Escucho un desafine y me duele en el alma. Pero tengo cero capacidad de interpretación. Soy muy mal pianista, muy mal guitarrista y muy mal cantante. Pero tengo criterio.

¿Tienes pena de que no se cumpliese ese sueño?

No, para nada. Estoy muy lejos de la figura del músico frustrado. De hecho para mí la máxima realización de mi sueño musical tuvo lugar en 2009, cuando produje el disco de Virginia Maestro, la ganadora de OT de aquel año. De las diez canciones nueve eran mías. Las había compuesto, las guardé en un cajón durante años y, gracias a la tele, encontré la cantante que hacía falta en mi grupo. Y encima me reuní otra vez con uno de ellos —que ahora es uno de Los Pinker Tones— y le dije “¿Quieres producirlo tú? Sería muy bonito cerrar esa etapa de esta forma”. Así que lo hicimos, y ese fue el segundo disco más vendido, vendió la friolera —ahora— de 20.000 copias, y gracias a ello esta chica tuvo una carrera musical. De hecho ahora creo que está preparando el tercer disco. Para mí ser feliz no es el cumplir los sueños que tenías cuando eras pequeño sino el cumplir la actualización de esos sueños. Si nos quedásemos con los sueños que teníamos entonces ellos querrían ser todos futbolistas y ellas todas veterinarias. Actualizar tus sueños es parte de la felicidad. ¿Yo qué quería cantando? ¿Quería salir al escenario o quería que la gente escuchase mis canciones?

¿Qué música escuchas actualmente?

(Saca el iPhone del bolsillo y nos muestra la música que lleva comprada o listada en Spotify. Orishas, Javier Álvarez, Portishead, Bon Jovi… y ¡Julio Iglesias!).

Me gusta mucho Vanesa Martin, es una cantautora muy poco conocida de este país a la que conocí tras verla en un concierto y tiene un talento brutal. Tiene una canción alucinante que te recomiendo que escuches en un día de lluvia, se llama Durmiendo Sola. Si no te cortas las venas con esa canción, no tienes sangre.

Vale, pero lo de Julio Iglesias me lo tienes que explicar.

Es mi vicio inconfesable. El otro día se lo decía a los técnicos y a mis compañeros de Tú si que Vales y flipaban. Disfruto como un enano con las canciones de Julio Iglesias, me parece que es el Frank Sinatra español pero sin voz. Es algo increíble lo que ha hecho este hombre. Además tuve la oportunidad de conocerlo cuando vino a una edición de OT. Te voy a contar una anécdota que me había guardado hasta ahora. Gala de OT, aparece Julio Iglesias con su aura de X millones de discos vendidos, nuestro artista más internacional y tal. Y llega donde está la gente de producción, en mitad de todo el barullo, cincuenta personas corriendo de un lado para otro. Y desde el otro lado de la sala me señala con el dedo y me dice… “¡Tú!”. Te juro que en ese momento se paró el tiempo. Todo el mundo dejó de correr, se quedaron como congelados mirando hacia él, temiéndose lo peor. Y me dice “Ven, ven”. Obviamente si Julio Iglesias te dice que vayas, vas. Me acerco y me dice: “Tú, a ver, ¿por qué eres tan capullo con la gente? Si me hubieras escuchado cuando yo cantaba aquello de Gweeeendolyn… (y se puso a cantar en mitad de la conversación, mientras yo rogaba que me tragase la tierra). ¿Si te hubiese encontrado en mitad del camino, qué me hubieras dicho, Risto?”. Y yo le miré, tragué saliva y le dije… “Julio, contigo me hubiese equivocado”. Se rió y me dio un enorme abrazo.

¿Es el momento musical más grande de tu vida?

(Sonríe) Sí.

(Se produce un silencio de un par de minutos mientras ambos intentamos comernos el sushi que trae el camarero. Yo, torpe, no logro manejar los palillos y acabo cogiendo el tenedor. Risto maneja los suyos con destreza, de la fuente a la bandeja y de ahí a la boca con elegancia. Finalmente abro el fuego de nuevo con una sola palabra).

Televisión.

Creo que algún día le daremos la importancia que merece. Hay un programa en la televisión catalana que se llama Alguna pregunta més, y siempre le hacen a los invitados la misma pregunta: “¿La televisión es cultura?”. Solo el hecho de que nos lo estemos planteando es un error de facto.

¿Los programas en los que tú participas son cultura?

Algo deben de tener cuando los consume tanta gente.

Respuesta de manual.

No, de manual no. De publicista. Para mí no existe lo bueno y lo malo, sino lo que vende o lo que no. Creo que ya somos mayorcitos para ir dando lecciones de moralina a nadie. Si hay un término que me horripile estelebasura.

Has declarado alguna vez que no lees ficción, solo ensayo. ¿Cómo lleva alguien como tú que no lee nunca ficción lo de haber escrito una novela —Que la Muerte te acompañe— hace un par de años? Y lo que es peor, que fuera un bestseller igual que tus dos libros anteriores.

Bien, porque en realidad era una excusa para explicar cosas que yo creo acerca de la vida. Lo que sucede es que no tengo suficiente entidad como para escribir un ensayo sobre estas cuestiones. Por eso la ficción fue un refugio para explicar lo que considero importante sobre la amistad, sobre los hijos, sobre el amor. Y así perpetré la novela. La estructura estaba basada en La Divina Comedia, solo que en lugar de los siete círculos del purgatorio, el protagonista recién fallecido se movía, acompañado por la Muerte, por las siete plantas de El Corte Inglés. En cada planta se discute, se habla, se abre un monólogo que permite al protagonista, si lo hace bien, ascender a la siguiente planta.

Dice el filósofo francés Comte-Sponville que el sexo es una escuela de humildad, sobre todo para el hombre. Tú has dicho muchas veces que no eres humilde. ¿Te falta de esa escuela, entonces?

Seguro, y además siempre estoy dispuesto a aprender. Procura estar con una mujer que sepa mucho más de sexo que tú. De todas formas yo no soy quién para llevarle la contraria a Comte-Sponvile. De hecho su Pequeño tratado de las grandes virtudes es uno de los libros que espero leerle algún día a mi hijo.

¿Has leído Velocity, de Ahmed Ajaz?

Sí, es un libro escrito en forma de conversación entre el vicepresidente de la rama digital de Nike y el fundador de la agencia AKQA. Habla de las reglas que van a imperar en este nuevo mundo digital. Es sorprendente ya desde su tesis de apertura: ¿Hacia dónde puedes ir cuando la única certeza es el cambio? Pues hay que dominar nuevas normas: velocidad para pensar deprisa y actuar aún más deprisa; dirección, para orientarte a una meta; aceleración, disciplina…

Tú como publicista vives inmerso en ese cambio que ha supuesto lo digital.

No solo los publicistas sino tú como escritor o todo aquel que produzca contenidos. Es algo que preocupa inmensamente a todo el sector y sobre lo que aún nos falta mucha experiencia para poder analizar. Es una transformación absolutamente copernicana. Igual que cuando en tiempos de Copérnico se trasladó el centro de la Tierra al Sol, ahora mismo se está trasladando de los medios a los consumidores el poder de distribución de contenidos. Y de repente esa tontería lo cambia todo. De repente la gente ya no tiene que verte por obligación, no basta con que estés ahí. La gente puede decidir evitarte, y cada vez con más facilidad. Y eso es un drama, por un lado, porque derrumba estructuras obsoletas, y por otro lado es una oportunidad. Dice Toni Segarra, que insisto que es un tío al que se debería escuchar mucho más que a mí, que estamos pasando de las estructuras que generan ideas a las ideas que generan estructuras. Creo que es una bella manera de concretar el cambio.

Leí el otro día a Enric González decir que el periódico en papel es una excentricidad.

Yo no me atrevería a matar a McLuhan, pero sí que es cierto que el medio ya no es el mensaje… hasta que vuelve a serlo. Piensa en el caso de @FacuDiazT y su #DepMajestad, que revolucionó la red y obligó a El País a sacar un editorial al día siguiente. Un caso de libro en que el medio vuelve a redefinir el mensaje, así que tal vez habíamos matado a McLuhan demasiado pronto. Igual la inmediatez absoluta es el nuevo medio.

“Hubo un tiempo en que todo era presente”. ¿Recuerdas quién dijo esta frase? (es de él mismo, de una carta a su futuro nieto).

Ufff, cierto, de los artículos que escribía en el blog hace años… No había ni siquiera Twitter entonces. Es cierto, ese es el sentimiento que nos define ahora mismo: todo es presente. Olvidamos, no vemos más allá del punto en el que estamos, carecemos de perspectiva.

Hablando de ideas que generan estructuras… tienes más de un millón de followers en Twitter. ¿Mucha responsabilidad?

Cualquiera que tenga un nombre propio tiene una marca, y mi única responsabilidad es que esa cuenta me represente, independientemente del número de seguidores que tenga. También me equivoco y cometo cagadas, como el otro día que bloqueé a David Bravo no recuerdo por qué, y luego me arrepentí. La gente me comenzó a dar con toda la razón del mundo y lo desbloqueé, había sido un error. La mía es una cuenta honesta, y eso es lo que aprecia la gente.

¿Qué significa ser catalán?

Venir de Cataluña. Como decía Serrat, “yo soy de donde comen mis hijos”.

Te he escuchado en alguna ocasión decir que te repugnan aquellos que te piden que te signifiques a favor o en contra de la independencia. Que tu lugar para significarte son las urnas.

La única razón para que me cabree esto es la falta de respeto. Es como si fuéramos preguntándole a la gente con quién se acuesta. ¿Qué más dará si se acuesta con un hombre, con una mujer o con un ficus? El lugar para significarse es la cama, y para el voto, las urnas.

Pero estás pidiendo unas urnas, entonces.

Y ya están puestas, el día 25 se fue a votar. ¿Las otras urnas? Ya veremos. Depende de quién gane y cómo gane.

Tu mujer te define como un romántico, alguien que para en el arcén cuando suena una canción que os gusta y que la saca a bailar en mitad de la nada.

Bueno, eso tiene dos motivos. En primer lugar que tenía que enamorarla, y el romanticismo es el mejor método. Y en segundo lugar que no era un arcén sino un camino de tierra, con lo cual no corría el peligro de que nadie me viese bailar, cosa que hago bastante mal.

A lo que iba es que alguien romántico conocerá el Weltschmerz, el dolor romántico del mundo. Es el término acuñado por Jean Paul que expresa la sensación que una persona experimenta al entender que la realidad nunca podrá acercarse al mundo deseado tal y como uno la imagina.

¿Por qué estos términos siempre son en alemán? Estos tíos son unos genios compactando conceptos, como elSchadenfreude, la alegría por el mal ajeno. En fin, ¿sabes qué? Lo importante del Weltschmerz no es el sufrimiento, sino el movimiento que tú hagas usando ese sufrimiento como combustible para poder acortar la distancia entre la realidad y el ideal.

¿Cómo sientes tú ese dolor? Mejor dicho, ¿qué cambiarías?

Ya lo hago todos los días, me explico. Cada persona que monta una empresa está haciendo algo por mejorar el entorno. Yo como emprendedor nato creo que el emprendedor aporta su granito de arena.

Tú eres empresario, creaste una productora y una agencia de publicidad justo cuando empezó la crisis. Y ahora la publicidad va mal. Tienes que echar gente a la calle.

Sí, tenemos que reducir la plantilla. Y es duro. Duermo tranquilo porque a todo el mundo que ha pasado por la agencia le hemos dado el máximo, la máxima indemnización, el máximo preaviso, cartas de recomendación, llamadas. Sin ERE, ni todas estas leyes en las que se escudan ahora muchos. Porque cuando tienes que despedir no porque alguien haya hecho algo mal sino simplemente porque no hay mercado, la gente lo entiende.

Por Jot Down pasó Buenafuente y dijo: “En este país,  si eres empresario, de entrada creen que eres un hijo de puta”.

Sí, lo leí. Creo que se es injusto generalizando. Hay empresarios hijos de puta pero también hay trabajadores hijos de puta. No por ser empresario se es María Teresa de Calcuta o viceversa.

Lo siento pero voy a obligarte a significarte. ¿Existe un futuro sin tomar las calles?

No.

¿Aquellos que sufren la injusticia son demasiado educados?

Al contrario, creo que a la gente se le están hinchando las razones cada vez más, lo cual es bueno y deseable. El poder absoluto es la ausencia de molestia. Cuantas más molestias e incordios tenga el poder más lejos estaremos del poder absoluto. Y la gente ha dejado de creer en los políticos.

Cierto, ¿por qué cada vez tienen peor imagen? ¿Y por qué las campañas de los partidos políticos son tan malas?

Son malas porque, a pesar de tener las mejores agencias y creativos a su disposición, cada campaña es tamizada por el filtro del comité del partido. Y todos sabemos que un camello es un caballo diseñado por un comité. Desde un punto de vista técnico, la disciplina del partido no debe estar también en las campañas. Ahora bien, yo me alegro de que así sea, porque de lo contrario lograríamos vender cosas invendibles.

¿Pero y aquello de que ninguna campaña de publicidad vende un mal producto?

Tal vez habría que matizarlo un poco. No vende un mal producto… dos veces. Habría gente que podría verse seducida y hasta la siguiente decisión de compra podríamos tragarnos cuatro años de mal producto.

¿El gobierno de Mariano Rajoy es un buen producto?

(Se queda callado un minuto largo) Estaba pensando una razón por la que este gobierno pueda ser un buen producto, pero no se me ocurre ninguna.

Dice Bassat, al que entrevistamos hace tiempo, que la mejor campaña publicitaria de la historia es el Yes We Can. Tú siempre has sido más de Lorente que de Bassat, pero aquí reconocerás que tiene razón.

En absoluto estoy de acuerdo. La mejor campaña publicitaria de la historia se llama Iglesia Católica.

¿Qué estarías dispuesto a hacer por robarle un cliente a la competencia?

Dar mejor respuesta a sus necesidades. Yo me he llegado a alegrar de que me quitasen un cliente porque me lo han quitado con una mejor campaña que la que yo estaba proponiendo. Y no por perderlo, ojo, eso sería falso. Me he alegrado porque me han dado una lección como un piano. Es como si viene un tío que es más alto, más guapo, más ingenioso y más inteligente que tú y se lleva a tu mujer. Entonces lo que te queda es aplaudir. No te puedes dormir nunca.

¿Qué no anunciarías nunca?

Una cosa que no anunciaría nunca y que espero no tener que hacer porque significaría que estoy muy desesperado son juguetes. Básicamente se trata de manipular a niños para que le pidan cosas a sus padres. Yo sería capaz de vender cualquier cosa, hasta drogas. Pero que adultos manipulen a niños me parece repugnante.

¿Qué te gustaría anunciar que no hayas hecho?

Barcelona.

¿Qué tiene Barcelona que no tenga Madrid?

Unos juegos olímpicos, para empezar. Pero bueno, Madrid tiene “casi cuatro”.

¿Por qué el Barça es más que un club?

Soy del Barça desde que mi abuelo me llevaba a ver al Barça. Él tenía uno de los primeros carnets, del año 20 o así. Y sin embargo cuando yo nací no me quiso hacer del Barça porque dijo que el fútbol se había convertido en un negocio. El Barça es más que un club en los breves momentos de lucidez en que nos olvidamos del negocio. Es más que un club cuando apuesta por la cantera y no por la cartera. Hay una filosofía que se llama La Masía que se estudia en todas las universidades del mundo.

Tres sitios para ti imprescindibles donde comer/cenar en Barcelona.

En mi casa. En casa de mi madre. Y en casa de mis suegros.

¿Y en Madrid?

La tasquita de enfrente. Kabuki. Loft 39.

Define a estos personajes en pocas palabras o mediante un titular: Pep Guardiola.

Estratega.

Puyol.

Amigo.

Cesc.

Jugador.

José Luis Moreno.

Qué hermoso eres.

Julia Otero.

Lo sexy que puede llegar a resultar la inteligencia.

Jesús Hermida.

Añorado.

Luis del Olmo.

Maestro de maestros.

José María García.

El padre de todos aquellos a los que nos gusta molestar.

Jesús Vázquez.

Llegó a ser Jesús Vázquez.

José Luis Rodríguez Zapatero.

La distancia entre talante y talento.

Mercedes Milá.

Huracán convertido en tormenta tropical.

Jordi González.

El rey de los sábados.

Olga Viza.

El prestigio no olvida.

Ana Pastor.

Exiliada política.

Mariano Rajoy.

El funcionario con el despacho más grande de España.

Rodrigo Rato.

Aún se debe de estar riendo.

Àngels Barceló.

Periodisme amb P majúscula.

José Mourinho.

Yo con chándal.

Santiago Segura.

El mejor vendedor español de todos los tiempos.

José Ignacio Wert.

La cultura del miedo.

Artur Mas.

Expresident en funciones.

Pasqual Maragall.

Barcelona fue poderosa, Barcelona fue su poder.

Yo ya he cumplido.

tranferencia PAH 08052103

Yo ya he cumplido. Como podéis ver en la foto adjunta, ayer se realizó la transferencia a la cuenta corriente que figura en la página web de la PAH. El importe (1.500€), como os dije, es la suma de la mayor puja en la subasta puesta en eBay, más mis honorarios semanales por escribir en El Periódico, más una cantidad que he añadido porque sí.

Eso es todo por mi parte. Este domingo os dejo con David, un «ni mileurista» de 23 años con dos trabajos y estudiante de dos carreras que se dejó los más de mil euros por ocupar mi espacio. El domingo sabremos por qué.

No os voy a desvelar nada de su artículo. Bueno, en realidad sí. Os voy a desvelar dos cosas:

La primera, que el perfil del ganador me ha reafirmado en que la idea de la subasta fue una buena idea.

Y la segunda, os adelanto alguna de sus perlas:

«Es gracias a nuestras contradicciones que hacemos algo tan sano como ponernos en duda a nosotros mismos.»

«Lo realmente bello y esperanzador es que nunca ha sido necesario que un tipo pague 1.020€ en una puja solidaria, porque con levantar el culo del asiento cualquiera de nosotros puede dar un paso incluso mayor.»

«Yo por ejemplo he decidido que me quedo aquí, que no me voy. Ni a Londres a servir cafés ni a Laponia a buscar trabajo. No me voy de mi país, sea éste Cataluña o España, porque me siento con derecho a echar raíces.»

Yo ya he cumplido.

Al menos por ahora.

La semana que viene, más.

Todo tuyo, David.

#ANNOYOMICS, 4º libro más vendido en un Sant Jordi que bajó ventas

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Finalmente, Albert Espinosa ganó el pulso del pasado Sant Jordi con Albert Sánchez Piñol, aunque fuera por poca diferencia. Los últimos datos, que ya incluyen todas las grandes cadenas de más venta, dan como el libro más vendido, tanto en castellano como en catalán, a Brújulas que buscan sonrisas perdidas, seguido de Victus, pero también rectifican, a la baja, el balance económico que el Gremi de Llibreters fa…

vía Espinosa gana un Sant Jordi que bajó ventas-Ocio y Cultura-El Periódico.

 

Javier Regueira: el ave Fénix | Aprende y Emprende

MG_3310-ren-622x783N: Tienes relación con uno de los rostros más conocido del mundo de la publicidad en España, ¿qué opinión tienes sobre Risto Mejide?

J: Escribió el prólogo de uno de mis libros, así que sólo puedo tener grandes palabras para él. Risto es tan buen publicitario que ha sido capaz de crear su propia marca personal. Es uno de los grandes y una persona tremendamente educada con su equipo de trabajo.

vía Javier Regueira: el ave Fénix | Aprende y Emprende.