Cuatro sorpresas y un error.

Ayer por la tarde, junto a dos personas de mi empresa, paramos un taxi a la salida de una comida en Madrid. 

Entramos en el coche hablando de nuestras cosas, y como siempre hablamos entre nosotros, en catalán.

La radio estaba puesta a toda pastilla. Y en el aire, un programa de un locutor al que no voy a mencionar, porque esto no va con él, o no exactamente. Digamos que el discurso era de todo menos conciliador. Que si los catalanes esto. Que si los catalanes lo otro. Vamos, lo que viene siendo tristemente habitual en estos días. Generalizaciones abusivas indignas de un país presuntamente civilizado.

El señor taxista, al escucharnos hablar en nuestra lengua, no sólo no baja el volumen de la radio, sino que lo sube. Primera sorpresa. Silencio. Caras de circunstancias. La radio sigue escupiendo conflicto a borbotones. Nosotros no dábamos crédito.

Es entonces cuando le pido amable y educadamente que si puede quitar la radio. Y se lo pido por favor.

El señor taxista la apaga no sin antes regalarnos la segunda sorpresa. De muy malas maneras, nos dice: “Oigan, que ustedes han alguilado un servicio, no han comprado el taxi”. Se lo suelta a la compañera que viaja a su lado, quien le replica, también con la máxima educación, que claro que está en su derecho de no apagarla, igual que nosotros estamos en nuestro derecho de prescindir de sus servicios.

Más silencio. Más tensión.

Al llegar, pagamos el trayecto y una vez hemos pagado, le pido, también por favor, que me facilite el libro de reclamaciones. Un letrero en el salpicadero recuerda a los pasajeros que existe un libro de reclamaciones a disposición de los clientes. De hecho es uno de los derechos recogidos en el Real Decreto 763/1979 que regula el transporte en automóviles ligeros. Y tiene que ser facilitado sin condiciones ni peros por parte del conductor. 

Su respuesta, la tercera sorpresa. No me lo da si no le facilito mi DNI. 

Ahí es cuando exploto. Y es entonces cuando cometo una equivocación. Yo tenía toda la razón y la ley de mi parte. Debería haberle obligado a hacerlo dentro de mis derechos, sin necesidad de nada más. Pero no lo hice. Lo reconozco, soy más humano de lo que me gustaría y con el calentón de un trayecto de 22 minutos en el que había pasado todo lo que cuento arriba, con la indignación de ver cómo había tratado a mi compañera y cómo nos había hecho sentir en el camino, no se me ocurre otra cosa que pillar el móvil y empezar a emitir en directo mientras le increpo. 

Sí, eso estuvo mal. Sobre todo porque en el vídeo no se ve más que un famoso haciendo pública la matrícula y licencia del conductor así como las visitas que ese vídeo iba a tener. Ahí es donde me arrepiento, vuelvo en mí y pienso que no es la forma de hacerle ver sus errores, que también los tuvo. Así que bajo del taxi y borro el vídeo e inmediatamente grabo unos Instagram Stories pidiendo disculpas, tanto al taxista como a quien lo haya visto y se haya podido sentir ofendido. En el mismo medio, en el mismo momento, rectifico. Pido disculpas. Aprendo. Sigo.

Pero claro, en las redes, el vídeo para entonces ya ha sido capturado por algunas personas que ven una oportunidad para atizarme y empiezan a hacerlo viral. El mismo vídeo que yo había borrado, sí. el mismo por el que había pedido perdón. Ni una sola mención a mi rectificación inmediata. Y lo que viene después, ya te lo puedes imaginar. Cientos de insultos retuiteando el vídeo que alguien capturó con la intención de lanzar a toda esa gente contra mí. Bloqueo y sigo bloqueando insultos. Y así seguiré. Esta parte me afecta cero, la verdad. 

Pero lo que sí me importa, lo que me queda en el paladar es la amarga sensación de que todos nos estamos equivocando estos días. Yo el primero. Y que detrás de cada error hay hordas de interesados carroñeros dispuestos a sacar petróleo de la torpeza de los demás. Para que no queden dudas, no me cuesta nada hacerlo, lo he hecho en el vídeo y lo vuelvo a hacer por escrito. Yo me equivoqué, creo que el señor taxista tampoco tuvo su día más afortunado, pero no estuvo bien tratarle así, y esté donde esté espero que le lleguen estas palabras. Ojalá me lo vuelva a encontrar y le pueda pedir perdón a la cara. Como debe ser.

Lástima que lo que viaje por las redes no sean los segundos vídeos, los que hablan de reconciliarse, de no echar más leña al fuego,de disculpas, sino los primeros.  

Y así con todo. Y así nos va.

Yo por mi parte, y sobre todo en estos tiempos, intentaré equivocarme menos. Aunque prometer, como siempre, no puedo prometer más.



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70 respuestas

  1. Te equivocas demasiado… No has humillado al taxista lo humillado eres tu que enseñas a todos lo poco que eres…
    Pero tienes tendencia a humillar a la gente que la consideras inferior de preferencia delante de millones que te aplauden y necesitas esa notoriedad pero esa necesidad que tienes viene de una personalidad muy pobre…

  2. Mira ,pedir perdón está bien , pero atacar a este señor y a todo el sector No . Tu que tienes miles de seguidores tienes que saber lo bueno y lo malo que puede pasar con tus comentarios en las redes sociales. Dandole credibilidad a tu relato,tengo que decir que la actitud del taxista, ni fue la adecuada,muchas veces cambio la emisora para no molestar al cliente, pero hubiera sido suficiente pedir un recodo y hacer una reclamación al organismo pertinente.

  3. Mira puede ser, te equivocaste, pero te hace señor rectificar, pero qué hacemos con el linchamiento Nacional?? Se puede aguantar tanto escarnio anticatalanista??
    Eres humano y aunque quieras ser un señor te buscan te buscan y al final te encuentran, pues chico que les den, solo puedo decir eso…

  4. Pues si, te has equivocado.

  5. Grabar en un momento así me parece raro si no es para hacer daño.

  6. pues a mi me parece de persona humana, reaccionaste a una situación que ya cansa y que se repite día si día también. Muy posiblemente yo habría hecho lo mismo. Estoy segura que el hombre del taxi tmb tenia un mal día, xo en otra ocasion se lo pensara dos veces en lugar de ponerse así con un cliente, ya sea catalán, saharaui o moscovita!

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