La vida es ya.

La vida es ya.

Artículo publicado el domingo, 1 de Junio de 2014 en ElPeriódico.com

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Il·lustració de Leonard Beard

“Mi admirado Hematocrítico mantiene el tumblr “Vamos a morir todos” (amorirtodos.tumblr.com) que, como su propio nombre indica, es de lo más optimista y existencial. Una tras otra, las actualizaciones te van contando hace cuánto se estrenó aquella película que pensabas que es reciente, o aquél disco que creías que sólo tenía cuatro días. Y resulta que entras, lo revisas y no. Además tiene la mala leche de publicarlo siempre en el mismo orden: primero, la fecha en la que se cumple la efeméride, segundo, el contenido del que se trata, con lo que consigue emocionarte, piensas, “sí, sí, yo estaba allí”, y entonces, con una tipografía en negrilla, como recalcándote lo viejo que te has hecho, te mete el zasca de los años que esa pieza o persona acaba de cumplir. Cristina Rosenvinge, 50 años. Plasca. Human Behaviour de Björk, 21 años. Scatúmmm. Lordi, el grupo gore que ganó Eurovisión… hace 8 años. Cómotequedas. Common People de Jarvis Cocker y su Pulp, 19 años ya. Pimba. Y la definitiva, Los Vigilantes de la Playa, 25 años. Plasca plasca.

No te das cuenta, y la vida no pasa, porque en la vida se está. Pero lo que sí pasan son las cosas que creías recientes, y cuando alguien se pone a fecharlas, -gracias Miguel- de pronto y por un segundo, eres consciente de tu propia edad. Y sí, ya sé que la edad es sólo un número, pero como todos los números, es el que es, y salvo que seas un político contando manifestantes, el dato dice lo que dice. Un puñado de años que se acumulan con la única esperanza y ninguna garantía de que además de arrugas guarden también algo útil en forma de experiencia.

De repente, los futbolistas a los que admirabas son casi todos entrenadores. Ese actor rebelde e indie que te gustaba por indomable y contestatario, produce sus propias películas mainstream con una gran multinacional. Y los cantantes con los que creciste cagándote en todo ya sólo editan recopilatorios en cofre deluxe y dan giras en teatros para que el aforo esté cómodamente sentado.

Ya sólo coges borracheras con buen vino, hace años que no pisas un local de comida rápida, pues sólo mirarlo te subiría el colesterol y a la palabra joven le aplicas un lifting semántico de tal manera que abarque desde la edad que te gustaría tener hasta los años que piensas que le queda a tu líbido. Los 50 son los nuevos 40. Y los 40 los nuevos 30. Y los 30 los nuevos 20. Y los 20 los nuevos 10. Y los de 10 son neonatos, ¿eh campeón?.

Te das cuenta de que hay prendas en tu armario que ya son ridículas y piensas cómo es posible que salieses con eso puesto a la calle. Y aún así algún día lo intentas, pero enseguida desistes y acabas donando esa ropa con la sensación de que donas parte de tu historia reciente. Y de reciente nada, moñada. Amorirtodos.tublr.com

Por eso te escribo este texto, desde el buen rollo y la urgencia existencial, para recordarte simplemente que la vida es ya. Que si has de hacer algo, no lo dejes ni para después. Que lo hagas, sí, pero ya mismo. Que jamás esperes. Porque esperar es creerte la milonga que te cuenta el futuro. Un futuro que muchas veces ni llega, y para entonces ponte tú a reclamar.

Que a esta vida que tienes hay que exigirle mucho, y si no te lo da por las buenas, tendrás que tomárselo por las malas. Que hay algo bueno en la impaciencia si a lo que te lleva es a matar la inercia vital. Que no es que haya que hacerlo todo, pero sí hay que hacerlo ya.

Mira, yo no creo en las crisis de los números redondos. Hay gente que lleva en ese tipo de crisis toda su vida.

Pero sí creo que, como una vez me dijo un amigo, hay algo que será impepinable al día siguiente de cumplir 40.

Que estarás más cerca de los 60 que de los 20.”

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Escucha.

Escucha.

Artículo publicado el domingo, 25 de Mayo de 2014 en ElPeriódico.com

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Il·lustració de Leonard Beard

“Escucha. Y no a mí, que lo que yo te diga ya ves que será siempre bastante irrelevante. Escucha tu entorno, escucha a tu alrededor. Escúchalo todo. Escúchalo bien. Porque lo que se te esta diciendo es clave para tu presente, tu futuro y tu supervivencia, que no es más que el paso fronterizo entre los dos anteriores.

Escucha. Es quizás el mejor consejo que alguien te podrá dar jamás. Escuchar es dejar que la vida te entre por todos y cada uno de tus sentidos. Escuchar es dejar de escucharse. Escuchar es dejar que tu cerebro respire. Abrir las ventanas de tu entendimiento para dejar que entre el aire fresco de las nuevas ideas. O de las buenas, que también las hay. Y claro que puede colarse algún bicho de tanto en tanto, pero para eso se inventó la indiferencia, que ya verás que si continúas con las ventanas abiertas, igual que vienen, se van.

Escucha y calla. Dos orejas por cada boca, recuérdalo, no es casualidad.

Escucha. Escucha. Escucha todo lo que se te dice. No hay libro, película o serie que no contenga al menos una delicia que llevarse a la boca, ni día del que no puedas sacar nada en claro, ni persona, por idiota que parezca, que no tenga algo que aportar. Y si te parece que no tiene interés, seguramente es porque tú no has sido capaz de encontrárselo.

No hagas un Mariano y escucha. Escucha. Escucha todo lo que se te dice. Pero también lo que no se te está diciendo. Porque está ahí. Entre líneas, entre silencios, entre miradas perdidas y entre la ausencia que dejan los que se van. No confundas lo que escuchas con lo que simplemente se te dice. Porque así, créeme que acabarás muy mal, o aún peor, de Presidente del Gobierno.

Deja de oír y escucha. Oír está sobrevalorado. Oír es de cobardes existenciales. Cuando oyes, todo es ruido de fondo y confusión. Colchón acústico que no hace más que molestar, distorsionar la realidad, que es nítida y que está ahí para quien la quiera escuchar. No me digas que hay exceso de información. Porque eso es existirse a granel. Cuánta realmente escuchas. Cuánta realmente conviertes en delicatessen y la acabas consumiendo como tal.

Por eso, no me seas sordo mental y escucha. Ése es el verdadero secreto del marketing. Y por tanto de las ventas. Y por tanto del deseo. Y por tanto de la necesidad. El mundo está lleno de cosas, grupos y personas que necesitan ser escuchadas. Lo están pidiendo a gritos, y el día que tú decidas escucharlas, seguramente te cambiará la vida. Unos lo llaman revelación, otros iluminación, la mujer de Nick Clegg y yo lo llamamos cojones.

Escucha los tres tipos de personas que se cruzarán en tu vida. Los que te ven como una amenaza. Los que te ven como una oportunidad. Y luego, por último, los que a lo mejor pueden brindarte una buena amistad. O no.

Escucha los dos tipos de proyectos que pondrás en marcha. Los que el resto del mundo necesita, y los que en realidad sólo necesitas tú.

Escucha lo que todos los mejores tienen en común: son capaces de anticiparse. Al rival, al mercado, a las necesidades del cliente. Todo porque escuchan antes que los demás. Todo porque un día aprendieron a escuchar.

Hace unos meses tuve el privilegio de empezar un programa de televisión en el que me siento sobre un sofá para escuchar a gente interesante. Y desde entonces, no sólo le he cogido el gusto a esto de escuchar. Es que además, me he vuelto un verdadero adicto.

Estoy aprendiendo aún, todavía me queda mucho, pero te aseguro que me resulta apasionante deshilachar en tiempo real las frases que recibes como se deshilacha un jersey pret-a-porter, para volverlo a tejer en forma de pregunta o comentario a medida y luego comprobar qué tal le queda a tu interlocutor, si te la devuelve deshilachada o si por el contrario, se la lleva puesta.

En fin, todo esto para recomendarte que escuches.

Nada más, ni nada menos.

Ahora sí, dejo de largar que si no, no escucho.”

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Y ahora quién.

Y ahora quién.

Artículo publicado el domingo, 18 de Mayo de 2014 en ElPeriódico.com

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Il·lustració de Leonard Beard

“Cuando el callo de la vergüenza ya no haga daño de tanto rozar. Cuando se nos caiga la venda del “sí se puede” y nos demos de bruces con la realidad. Cuando la ira se nos agote y nos saturemos ya de tanta indignación. Cuando nos agotemos de luchar con espadas de palo contra tanques de acero. Cuando veamos que los de siempre siguen haciendo lo de siempre. Que nos han ignorado como nunca. Y cuando nos demos cuenta que los culpables han vuelto a la más absoluta normalidad, que han pasado de proscritos a prescritos gracias al amigote de turno que los indultó. Ese día, que llegará pronto, no sé cuándo, pero llegará, miraremos a nuestro alrededor, nos encogeremos de hombros y nos haremos todos la misma pregunta:

Y ahora quién.

No sé tú, pero cada vez me doy más cuenta de que sólo se nos van los grandes. Los mediocres duran, se perpetúan, se apoltronan, se apolillan y enquistan sus sucias nalgas sobre los sillones forrados con el cuero cabelludo de cada uno de nosotros, de nuestra actualidad. Y los que se marchan son los que uno querría que se quedasen para cualquier cosa, desde cantar las canciones o freír un huevo hasta para gobernar.

Ojo que no hablo sólo de morirse. Que también. Ahí está Gabo. Y Tito Vilanova. Y Lou Reed. Y Luis Aragonés. Y Adolfo Suárez. Y tantos otros y tan rápidos y seguidos que tengo mi cuenta de twitter que parece un tanatorio virtual.

Hablo también de los que deciden dar un paso atrás y de la gente que -cada vez más- nos dice ahí os quedáis. Y también hablo de gente tan grande como Carles Puyol. E igual es sólo una sensación, pero por cada uno de los que se van, no hay mil de los que se quedan que lo compensen. Y no creo que tenga demasiado que ver con la edad. Vale que yo crecí con Freddie Mercury y los chavales de ahora suben escuchando a Justin Bieber. Pero no, me niego a pensar que sea sólo eso.

Creo que tiene que ver con nuestros referentes. Faros brillantes en medio de toda oscuridad. Gente por encima de sus circunstancias, vidas que son para varias TV-movies, o como se decía antes, para enmarcar. La historia ha avanzado gracias a ellos. La historia se lo debe todo a los referentes. Newton se subió a sus hombros y nos regaló la fuerza de la gravedad. Einstein se lo agradeció con la teoría de la relatividad. Picasso copió a los suyos, los plagió y los acabó volviendo locos con su arte y su genio.

Pero un referente no es sólo útil a unos pocos genios. Un referente es necesario para cualquiera de nosotros, es nuestra manera de ver el siguiente paso, es nuestro modo de subsistir: es el ejemplo vivo de que igual no siempre hay que ser un auténtico hijo de puta para triunfar. Ellos son ese alguien al que todos nos gustaría copiar de algún modo. Alguien que ha dejado un legado tan grande, tan vivo y tan eterno, es alguien con quien siempre podrás conversar. Sin referentes, estamos solos, sin referentes nos morimos antes de hora. Sin referentes, se apaga la luz. Y la verdad que no me extraña, al precio que ahora está.

En fin. No sé tú, pero a mí me faltan cada vez más referentes, porque o bien la diñan todos, o se me van. Y me di cuenta de que no estoy solo, que no soy el único que tiene esta sensación, el otro día cuando supe los candidatos al Català de l’Any. Ante candidatos que ya fueron relevantes e importantes hace más de 30 años, mi pregunta, salvo alguna excepción, era supongo la de muchos: en todo este tiempo, ¿no ha salido nadie más?

Y ahora quién. En política. Y en música. Y en el Barça. Y en la sociedad.

Por eso, cuando el callo de la vergüenza ya no haga daño de tanto rozar. Cuando se nos caiga la venda del “sí se puede” y nos demos de bruces con la realidad. Cuando la ira se nos agote y nos saturemos ya de tanta indignación. Cuando nos agotemos de luchar con espadas de palo contra tanques de acero. Cuando veamos que los de siempre siguen haciendo lo de siempre. Que nos han ignorado como nunca. Y cuando nos demos cuenta que los culpables han vuelto a la más absoluta normalidad, que han pasado de proscritos a prescritos gracias al amigote de turno que los indultó. Ese día, que llegará pronto, no sé cuándo, pero llegará, mientras todos nos encogemos de hombros, espero que alguien, alguno que haya estado callado hasta entonces, alguna que incluso puede que no haya ni nacido todavía, pronuncie estas cuatro palabras mágicas con voz bien alta y clara:

Se van a enterar.”

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Supongo.

Supongo.

Artículo publicado el domingo, 11 de Mayo de 2014 en ElPeriódico.com

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Il·lustració de Leonard Beard

“Supongo. En realidad lo supongo todo. Porque saber, lo que es saber, cada vez sé menos, ojo que no es falsa modestia, es más bien soberbia frustrada y lo que es peor, encima me creo que voy aprendiendo, con lo que al final acabo confundiendo experiencia con sabiduría y la verdad es que así me va.

Supongo. Supongo que hago lo que me gusta, porque si no, estaría haciendo otra cosa. Aunque a veces me encuentre a mí mismo tragando sapos de tamaño copa balón. Aunque en ocasiones reniegue y mordisquee la mano que mece mi cuna y me da de comer. Aunque siempre me olvide del lujo que hoy supone tener trabajo y encima cobrar por él.

Supongo. Supongo que he cumplido cada vez más años y menos promesas. Supongo que se me va la vida en ratos idiotas y me muero esperando vivir, como todos, cosas que nunca importarán demasiado, y también supongo que si hoy fuese mi último día, en realidad me pasaría la jornada dando caza y asesinando a sangre fría a todos aquellos que alguna vez me han preguntado qué haría yo si fuese el último día de mi existencia.

Supongo. Y por suponer, oye que no quede. Supongo que la gente que me quiere lo hace sin interés de ningún tipo. Supongo que no esperan nada a cambio. Y supongo también que me quieren por lo que soy y no por lo que vaya o no vaya a tener. Porque si no lo pensase así, supongo que yo tampoco les podría querer de vuelta. Supongo también que ellos han visto algo en mí digno de su cariño, de su tiempo y atención. Pero tampoco intento preguntárselo demasiado no vaya a ser que empiecen a verme como realmente soy y se den cuenta del percal.

Supongo que ser consciente todo el tiempo es un coñazo. Que tanta intensidad al final satura, y que hay que tirarse un pedo de vez en cuando para recordarse que por muy bien que nos cuidemos por dentro, eso también existe, eso también está.

Supongo siempre un futuro mejor. Y supongo que por eso decidí en su momento ser padre. Quiero suponer y supongo que él ha venido a incrementar la felicidad media de los que ya estábamos desengañados de tanto engañar y casi hasta enfilando la puerta de atrás. Y de momento, así ha sido. Te lo puedo asegurar. Aquí ya no supongo, esto sí lo sé. También sé que él me ha enseñado más cosas en cuatro años de las que yo seré capaz de enseñarle jamás. Eso es cierto. Es dato. Es verdad.

Supongo que estoy obligado a querer a todos los que lleven mi misma sangre. Y que si eso no me ocurre en cada uno de los casos, seré un desalmado, un desarraigado, un pobre infeliz. Y sin embargo me siento bien queriendo sólo a aquellos con los que deseo estar. Debo de ser un psicópata en potencia. Es posible. Pero a veces me siento en familia incluso con gente que me acaban de presentar.

Hablando del tema. Imagino que en cualquier parte hay gente buena y buena gente. Y que no necesariamente coinciden siempre en la misma persona. Ni en el mismo círculo. Ni en la misma clase social. Y supongo que el reto está en saberlos diferenciar antes de que ellos te quieran amar, odiar o ignorar.

Y por ir acabando, supongo que todo esto que te cuento te interesa, aunque sea un poco. Porque si no, no lo habría escrito, no lo habría enviado para ser publicado y no habría intentado secuestrar tu atención pidiendo además como único rescate unos gramos de tu aprobación. Supongo que es una forma como otra cualquiera de decirte que me importas más de lo que jamás seré capaz de aceptar.

Pero todo eso que conste que sólo lo supongo.

Ahora ya podemos seguir, que hay que disimular.”

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Existen&cia.

Existen&cia.

Artículo publicado el domingo, 04 de Mayo de 2014 en ElPeriódico.com

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Il·lustració de Leonard Beard

“Reunidos mi pasado (en adelante AYER), mi presente (en adelante AHORA), mi futuro (en adelante MAÑANA) y un servidor (en adelante no, porque ya se supone que el que escribe soy YO), y sin perjuicio de que, pese a llevar ya toda la vida juntos, a estas alturas todavía ninguno pueda fiarse del otro, lo que sí hemos acordado es lo siguiente:

  1. AYER renuncia definitivamente a ejercer toda influencia sobre HOY. Y es que por la PRESENTE, y de una vez por todas, AYER se compromete a encontrar su lugar en la historia. Por supuesto que se le agradecen los servicios prestados, y se le reconoce el mérito de habernos ayudado a llegar hasta aquí. Cada una de sus medallas son los recuerdos que hemos decidido conservar, cuidar, deformar y maquillar. Hala, una plaquita conmemorativa, un homenaje en Qué Tiempo Tan Feliz y Ciao pescao.
  2. Asimismo, AYER se compromete a comportarse como lo que es, un mero punto de partida, una simple pista de despegue, o de desapego, según se mire, algo necesario para partir, para irse, para volar y viajar más lejos de lo que se está. En ese sentido, quedarse a vivir en él deja de tener sentido, pues como todo el mundo sabe, en una pista de despegue no se puede ni dormir ni follar ni ná de ná. Bueno, a lo mejor alguien sí puede, pero casi que no me lo presenten. Da igual.
  3. AYER ya no mueve molino. AYER ni lo has de beber. Pero AYER sí que cuenta cosas que siempre vale la pena escuchar y pensarse. Cuentos que hablan de aciertos y fallos. Cuentos para no soñar. Cuentos en los que a veces hasta se comen perdices. Y otras, barbas de un vecino que cortaron sin llegarse a remojar. Son ecos de los errores cometidos, viajan más rápido que el sonido para intentar evitar lo inevitable. Que caigamos en ellos dos veces. Que no ejerzamos nuestro derecho a estrenarlos en voz ajena. A estrellarnos en piel propia. Y así aprender a rectificar. O a justificarse. Qué más da.
  4. La función del MAÑANA queda relegada estrictamente al ámbito de los motivos, familiares directos de toda motivación. Está permitido que lo que nos pueda pasar nos dé cualquier cosa menos miedo. Porque el miedo es el antídoto de la ilusión, el bromuro de la vida, el Carlos Baute de la musicalidad. Que en el MAÑANA dejemos sólo aquello que nos empuje a continuar. Aquello que nos continúe empujando. Que sólo se respire esperanza. Y ya está.
  5. Aunque a priori parezca obvio, recuerda que NADIE tiene derecho a poseer tu MAÑANA. E hipotecarlo es, de alguna forma, hacerse con él. Donde digo hipoteca piensa en cualquier promesa. Cualquier cosa que sientas, la sientes HOY, pero el hecho de que no la puedas garantizar para el resto de tus días, no desmerece PARA NADA tu sentimiento actual. Más bien al contrario, lo fortalece, lo engrandece, lo hace más bello, más vulnerable y por lo tanto muchísimo más verdad. La garantía, otra gran falacia que queda derogada hasta nuevo desorden. Mi MAÑANA queda por tanto libre de todo servilismo y esclavitud. Sólo pertenece al mundo de mis sueños, de mis ilusiones, de mis ojalá. Y me pienso ocupar de que ahí no entren los yo nunca, los imposible, los yo ya te lo dije y los seguro que ya es el final. Jamás prometas. Si al final lo puedes cumplir, lo cumplirás. Y si no, ya me dirás para qué coño lo prometiste. Habrás mentido y quedarás mal.
  6. En cuanto al AHORA, en él deposito todo lo que tengo, porque eso es todo lo que hay. Al AHORA le hago acreedor y usufructuario de todos y cada uno de mis segundos, que son los primeros siempre en llegar. A él es a quien pertenezco y en él es donde pienso vivir a la voz de ya.
  7. Para terminar, todo esto lo escribo en supuesto pleno uso de mis facultades motrices, y como buen culé, justo en el año en el que el Barça lo está pasando realmente mal. Porque cuando lo ganábamos todo, a ver quién era el guapo que se ponía a filosofar. A ver si en este Mundial no vamos a pasar ni de cuartos. Miedo me da. Aunque viendo mi capacidad predictiva y las dotes adivinatorias que demostré con el Real Madrid, podéis estar todos bien tranquilos. Predije que no iba a poder con el Bayern. Y ahí está.”

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0’00003 años de soledad.

0’00003 años de soledad.

Artículo publicado el domingo, 27 de Abril de 2014 en ElPeriódico.com

“Solo. Estoy solo. Nah, no me llores todavía no me llores por favor. No es algo de lo que me sienta especialmente orgulloso, pero tampoco es algo de lo que nos tengamos que avergonzar. Nos, sí, he dicho nos. Porque por si no lo has notado aún, tú también lo estás. Cuenta cuántos punteros de ratón aparecen en tu ordenador. La pantalla es tu vida en estos momentos. Los links activos sobre los que puedes hacer click, las opciones que se te presentan. Y esa flechita siempre mirando hacia arriba como quien busca un futuro que mejorará, eres tú. Es cierto que puedes aprovechar para conectar con otros, pero ten en cuenta que siempre estarás haciéndolo solo. Y ya está.

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Il·lustració de Leonard Beard

Solo. Estás solo. Ya seas hombre, mujer, animal, tertuliano o cosa. Eres un ser solitario. Fíjate que no he dicho que estés muy solo, eso sería distinto. La diferencia entre estar solo y estar muy solo es la misma que la que existe entre que algo sea mío y que algo sea muy mío. En el primer caso, simplemente estás poseyendo, es una descripción. En el segundo, ya estás categorizando, y eso etimológicamente es muy próximo a profecía. Fueron los griegos los que inventaron la palabreja categoría, y en su origen era justamente eso, sinónimo de predicción. No deja de ser curioso, cuando categorizas, predices. Cuando clasificas, destinas. Cuando etiquetas, condenas.

Solos. Estamos todos tan solos. Y peor acompañados. Aunque nos encariñemos de vez en cuando. Aunque dejemos que nuestra soledad necesite sentirse acompañada por otra soledad. Hay siempre un momento, sea después de la fiesta o después del polvo o después de esa discusión, en el que irremediablemente volverás a sentirte contigo mismo y sin nadie más a quien agarrarte. De nuevo solo. De nuevo ahí. No hay ataúdes de dos plazas. Ni dos puntos de vista para un mismo espejo. Estás tú y lo que decides que te devuelva. Ya está. Si tú te mueves, se moverá contigo. Si tu te mueres, se morirá contigo. Si tú te mientes, te mentirá por ti.

Solos. A veces por elección, otras por selección natural. Luis Racionero siempre hace referencia a los ingleses, por lo visto ellos sí supieron diferenciar en su lenguaje entre loneliness y solitude, entre la soledad involuntaria y la buscada, entre un accidente repentino y un genocidio emocional. Nosotros, en nuestro riquísimo castellano, aún andamos creyendo que toda soledad es mala, que todo aislamiento es un castigo y que toda compañía siempre te tiene algo que aportar.

Hay que saber estar solo. Y sobre todo, hay que saber quedarse solo. Sin que la presencia propia le obligue a uno a buscar escapatoria en lo ajeno. Sin que la cháchara externa oculte y anegue la conversación que de tanto en tanto tiene que darse en tu interior. Porque no hay nada más triste que no saber ni cómo aguantarse. Porque puede que el que oiga voces este loco. Pero el que no las oiga, seguro que acaba volviéndonos locos a los demás.

Solo. Estoy solo. Igual te parece triste. Pero es muchísimo más triste no saber lo que se está.

Esto fue lo que sentí esta semana cuando se nos fue gente tan nuestra y tan grande como Tito Vilanova o como el promotor de Macondo, también constructor de Cien Años de Soledad. Pero no querría acabar con tanta tristeza, ni creo que pudiese, porque ni con mil millones de artículos como éste compensaría semejante pérdida. Mejor lo acabo con una anécdota curiosa.

Hace diez años, pude compartir con Gabo 15 minutos de charla paseando por Los Ángeles, en pleno Rodeo Drive. Fueron mis 15 minutos de Gabo. Supongo que era a eso a lo que se refería Andy Warhol. 0.25 horas charlando con todo un Premio Nobel. 0.0104 días cogido de su brazo. 0.00003 años aprendiéndolo casi todo sobre publicidad. Porque él fue redactor de una gran agencia cuando vivió en México DF. De hecho, algunos de sus eslóganes aún sobreviven en la mente de muchos de los que nos dedicamos a esto. Y cuando le pregunté por qué lo había dejado, me dijo que perdió el interés el día en que se dio cuenta de que para ser publicitario bastaba con reunir dos condiciones: una, “no cometer faltas de ortografía” y dos, “ser un poquito menos pendejo que los demás”.

También me dijo algo que no olvidaré mientras tenga una empresa.

Que adoraba hacer negocios con catalanes.

Porque sabía que al final, fuese como fuese, siempre iba a cobrar.”

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Catallunya.

Catallunya.

Artículo publicado el domingo, 13 de Abril de 2014 en ElPeriódico.com

“Pero cómo se me ocurre. Atentar así contra el proceso independentista. Dinamitar la evidente paz, entendimiento y cordialidad en la actual relación Catalunya-España con una conversación televisada entre dos personas que aman a su tierra de diferente forma.

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Il·lustració de Leonard Beard

Darle minutos al proceso un domingo en prime-time nacional y meterme así en la caverna de los indeseables de una vez por todas. Sentar al Cap de l’Oposició Oriol Junqueras en un sofá ante más de 1 millón de españoles y lanzarle a la cara las preguntas y comentarios que escucho en Madrid semana sí semana también. Pero quién me he creído que soy. Eh. Quién.

Ni que yo fuera periodista. Pero qué me he pensado. Que no, que yo no tengo el carné. Que ni siquiera me saqué el título, hombre. Lo llego a saber y elijo una carrera como Periodismo, y no la patraña esa que estudié en ESADE. Como Karmele Marchante y no como Urdangarín. Así igual podría hablar. Pero ahora ya es tarde. Ahora ya no. Si no tengo el título, a callar. Intruso, que soy un intruso.

Pero cómo le interrumpo así, cómo no le dejo hablar. Da igual que se haya insistido por activa y por pasiva que no se trataba de una entrevista, sino de una conversación. Da igual que haya tenido que venir un medio de la capital para transcribir lo dicho y nos hayamos dado cuenta de que por cada línea mía de texto, Junqueras sumaba tres. Da igual. Eso es interrumpir el proceso. Eso es blasfemar contra el Estatut. Cuál de ellos, no sé. El último, supongo. Me da igual.

Menudo montaje. De los 12 personajes que se han sentado en el programa, es la primera vez que hay gente que me exige poder visionar las 2 horas que duró la conversación. Y como no les gustaron ni los vídeos ni el montaje, enarbolan la bandera de la manipulación.

Y ya que hablamos del tema. Cómo se me ocurre hablar de manipulación informativa en un medio público como TV3, un medio que pagamos todos. Como si “aquí” no se hablase de otra cosa que de la independencia. Ja. Pues mira, justo a la hora de la emisión de esa charla, se emitía en “la teva” un interesantísimo documental sobre la Mancomunitat. Hala. Para que veas. Cambia e instrúyete un poco, anda.

Y mira que… menudas preguntitas. Que qué pone en su DNI. Pues que caduca en 2014. Badúm psst. Pero qué importará la diferencia entre decir lo que eres y que lo quieres dejar de ser. Pero qué más dará que alguien no sea capaz de verbalizar una realidad administrativa que es justo la que le impulsa a soñar otra distinta. Nah, eso es malgastar el tiro. Eso es buscar el morbo. Eh, y se lo debiste de estar preguntando durante los 40 minutos que dura la conversación, porque es de lo único que habla la inmensa mayoría de los que te critican. Muy mal, Risto, muy mal.

Y bueno, luego encima le pregunto por el párpado caído. Eso ya es el acabose. La típica pregunta que nadie se ha hecho jamás y que todo el mundo le ha preguntado antes que yo. Desde luego, qué previsible eres, Mejide. Qué facilón.

Me has decepcionado. A mí y a Mónica Planas. Que quién es esa, te preguntarás. Pues una crítica televisiva que parece que se molesta y mucho cuando le hacen una crítica a su crítica. Porque ella sí que sabe hacer televisión. A que sí. Es famosa y reconocida por tantos y tantos programas en los que ha participado. Y por sus libros. Y por sus contenidos. Mira si sabe, que hasta da clases en la universidad. Ay, cuánto me queda por aprender.

También he merecido la colleja de mi admiradísimo Sergi Pàmies. Y seguramente en este caso él tenga razón. No sólo por esta vez, sino por tantas otras. No sólo por esa mala noche, sino por todas las demás. No sólo por decir que parecí “innecesariamente agresivo, inoportunamente solemne, dialécticamente acelerado y demagógicamente inmaduro”. Sino por omitir lo que realmente soy, que es mucho peor.

Suerte que al día siguiente de la emisión del programa, Oriol y yo seguimos intercambiando mensajes con la misma cordialidad con la que lo habíamos hecho durante la charla. Yo le felicité por la conversación y por la audiencia obtenida. Un 10.3% en Catalunya. Y él me dio las gracias y me devolvió la felicitación. Con la educación y la buena fe con la que hicimos todo lo demás.

Ésa es la Catalunya que no se ve. La que no allunya.

Ésa es la Catalunya que acerca posturas. La que ahí está.

Tampoco es la Catalunya que han destacado algunos medios de la capital, tan deseosos de que nos diéramos garrotazos entre catalanes. Yo respetaré siempre las opiniones de todos. Pero les recuerdo que estoy en ese programa para dar la mía.

Que tampoco es que esté en contra de la independencia. Pero sí de que nos hagan creer que no existe alternativa. Y sí de la manipulación. De uno y de otro lado. El día que “la nostra” emita un documental con las desventajas de la independencia y Televisión Española haga lo propio apoyando las razones para la consulta, entonces entenderé esta repentina fiebre por el rigor. El día en que tapiemos todas las cavernas. El día en que nos pongamos a escuchar de verdad. Sin dogmas de fe. Y sin credos absurdos ni mesías intocables con los que comulgar.

Mientras tanto, agradecer a los exaltados tanta indignación.

Y dedicarles mi mantra, con todo cariño.

Si cuando hablas nadie se molesta, eso es que no has dicho absolutamente nada.”

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Estira la boca.

Estira la boca.

Artículo publicado el domingo, 06 de Abril de 2014 en ElPeriódico.com

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Dibuix de Leonard Beard

“Estira la boca. Hazte el favor. Contrae los mofletes, estruja el mentón, afila tus labios. Achina esos ojos. Presume de arrugas. No, con la mano no vale. Tiene que ser con la intención. Estira tu boca. Estírala ahora. Porque sí, porque tú lo vales, porque hoy es hoy. ¿Ya está? ¿Aún no?

Que te digo que estires la boca. De verdad que sí. Acerca las comisuras con suavidad hacia tus oídos, esos por los que de tanto en tanto se cuela mi voz, frecuencia que deja cada vez más secretos de confesión. Mira, ahí va otro.

Estira la boca. Y no me vengas con que te faltan motivos. Que si algún día no los encuentras, no te preocupes que los buscamos los dos. Además, cualquiera diría. Seguro que harás cosas muchísimo más absurdas todos los días por gente a la que ni siquiera conoces y que encima te da igual. Digo yo. Y sin exigir motivos a cambio. Por qué me los pides a mí. Eh. Por qué.

Estira la boca. Que sí, que dicen que es contagioso. Que ya verás. Empapa tu entorno. Inicia tú la epidemia con tan deliciosa infección. Que nos pille a todos sin vacunas. Que nadie encuentre remedio, que ni siquiera lo empiece a buscar. Huyan despavoridos los envidiosos que algún día se atrevieron a hacerte llorar. Vuelvan a sus cavernas de rabia aquellos que hicieron de tu tristeza su trofeo, su triunfo y su vergonzosa conquista. Que hoy tú vas a estirar la boca. Y con ella aplastas y aplastarás. Hoy pierden todos ellos. Porque hoy ganas tú. Dientes, dientes, Julián.

Porque yo sólo quiero que estires la boca. Me da igual si es de mentira. Me da igual cuándo sea, de verdad. Pero es que no te das cuenta. No es lo que pasa cuando tú nos regalas un estirón de boca. Es lo que ocurre con el resto del mundo cuando nos lo das.

Cuando tú estiras la boca, la vida no pasa, en la vida se está. Cuando tú estiras la boca, a todas las alegrías les da por salir a pillar. Y vaya si pillan. Se marcan un crusaíto con el primer recuerdo que agarran, y le dan otro motivo para proyectar, para acabar con el futuro y maquillados de ilusión. Sí, ya sé que igual es sólo maquillaje, pero qué coño más nos da.

Cuando estiras la boca, el pez ya no muere, sino que se le practica un bypass. Cuando estiras la boca, ya no entran ni moscas ni moscardones, y cuanto más la abres, más se van.

Y así andamos todos, en busca de alguna boca estirada con la que la nuestra se quiera acostar.

Estira la boca. Estírala ya. Pero hazlo por ambos lados. Porque estirar la boca a medias es dejar de lado la otra mitad. Abandonar la sección que quedó en la sombra por culpa de tanto traspaso emocional. Montar un fiestón con la mitad de los invitados. Y obligar a la otra mitad, simplemente, a mirar. Estirar la boca a medias no está bien, porque el aire se te acaba yendo por el lado al que no le está permitido ni emocionarse ni emocionar.

Todo esto para decirte que estires la boca. Que puede que te suene muy absurdo. Que le veas todas las pegas. Y que no le encuentres la utilidad. Pero ahí fuera hay un universo entero esperando una señal. Tu señal. Un millón de posibilidades que sólo se atreverán a dar el paso y hacerse realidad si y sólo si tú les regalas ese gesto. Ese guiño. Ese estirarla y que te dé todo igual. Y si tú no lo haces, porque decides guardártelo, nadie más lo hará. Y como tú no lo descubras, nadie más podrá. Ahí se quedarán esperando. Ahí se pudrirán. Que se jodan. Eso es lo que le estarás diciendo a tus otros destinos si hoy no estiras tu boca. Ajá.

Por un momento, atrévete a estirar la boca. Puede que después de hacerlo continúes exactamente igual que hasta ahora y hayas perdido el tiempo poniendo en práctica una sencilla expresión facial.

O también puede que un día estires tu boca y de repente empiece a levantarse todo lo demás.”

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De acuerdo.

De acuerdo.

Artículo publicado el domingo, 30 de Marzo de 2014 en ElPeriódico.com

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Dibuix de Leonard Beard

“Reconozcámoslo. Un cambio horario es una faena por no decir putada, que queda feo para empezar. Esto de andar cambiando la hora de los relojes de tu entorno me parece un cachondeo nacional. Encima, con los móviles que se actualizan solos ya no sabes cuál ha sido poseído por el espíritu de Steve Jobs y cuál sigue en la era de Bill Gates, que aunque uno haya muerto y el otro no, está claro cuál sigue vivo y cuál pasó ya a mejor vida.

El resultado, por unas horas y a veces incluso días, llegas pronto o tarde a cualquier sitio, almuerzo o reunión. Y aunque tú no llegues a destiempo, tu cuerpo sí lo hace. O tu mente, que es aún peor. Y eso es lo que cuenta. Yo no sé si de verdad ahorraremos energía con cada cambio horario, lo que sí sé es que por unos días, sufrimos cuando recordamos para qué sirve un reloj.

Y para qué sirve un reloj. Para dar la hora, responderá la mayoría. Para fardar, dirán los osea. Para chanar, dirán los chonis. Pues no. Más allá de eso. Un reloj sirve para ponernos de acuerdo. Un reloj nos sincroniza. Nos da la pauta que todo hijo de pauta sigue, incluso si nuestra intención es romperla. Nos mantiene juntos incluso cuando no lo estamos. Es un acuerdo en una muñeca. Un contrato diario con la rutina. Una antena receptora de cotidianidad.

Así funcionan las convenciones. Nos dan una base sobre la que ya no es necesario discutir. Porque donde no hay convenciones, hay caos, hay conflicto, hay discusión. Y lo que la historia ha demostrado es que o vivimos de acuerdo o de repente nos da por matarnos. Imagínate vivir en la época previa a la aparición del kilogramo, del metro, del dólar, del litro, del quilate, del segundo o de la milla. Afortunadamente, en algún momento, alguien se dio cuenta de que si establecíamos medidas oficiales y universalmente aceptadas, el mundo sería un lugar mejor para vivir. Y así fue.

O no. Porque también ha habido unas cuantas guerras mundiales desde que en teoría nos pusimos de acuerdo y hay países, como Venezuela, que hasta han creado su propio huso horario incumpliendo todas las disposiciones internacionales con diferencias enteras con respecto al GMT. Los venezolanos permanecen a 4:30h del Tiempo Universal Coordinado (UTC), es decir, que a la hora de referencia hay que restarle 4 horas y -ay Carmela- 30 minutos, algo que no tiene nada de Universal ni de Coordinado. Y cuando un país se salta las convenciones en algo tan nimio, como estamos viendo, acaba haciendo lo mismo con las cosas realmente importantes.

Las convenciones son normas de convivencia. Y como tales, hay que saber cuándo respetarlas por encima de lo que nos gustaría. Pero también hay que aprender a cambiarlas para poder adaptarlas a nuevas realidades. Porque si no vivimos igual que hace 30 años, las normas que rigen la civilización tampoco deberían ser inmutables. Aunque es verdad que tampoco podemos andar cambiando las medidas cada vez que nos venga en gana, porque entonces perderemos su razón de ser, coordinación universal y sobre todo, perspectiva histórica. Es lo que hace un gobierno que quiere mejorar la evolución del IPC: cambiar la composición de la cesta de la compra. Que es otra forma de llamarnos idiotas, pero con elegancia macroeconómica.

Qué hacemos con las convenciones. Es lo que se nos está planteando desde todos los ámbitos. Es la pregunta del Siglo XXI. Lo que aún no hemos aprendido a gestionar. En qué momento una convención se nos convierte en convencionalismo. La primera significa consenso. La segunda, mentira. Desconexión de una realidad que ya no es así.

Qué hacemos con la Constitución. Qué hacemos con Catalunya. Qué es y qué no es soberanía. Qué debería serlo a partir de ahora. Qué hacemos con la noción de país. Y con la de frontera. Qué hacemos con la noción de inmigrante. Qué hacemos con Gallardón. Qué hacemos con su noción de aborto. Dónde ponemos la línea entre doctrina y derecho fundamental. Qué hacemos con la noción de familia. Y con la de matrimonio. Y con la de amor. Y con la de fidelidad. Y con la de dignidad, la de trabajo y la de vivienda. Qué hacemos con las decisiones arbitrales. Qué hacemos con el peinado de Sergio Ramos. Como proyecto de calvo, esto último me preocupa especialmente.

El caso es saber en qué nos tenemos que poner de acuerdo de manera urgente. Si hasta la hora se adapta dos veces al año para que sigamos yendo a la vez. O el calendario a cada bisiesto para que siga saliendo el sol por donde debe. Porque si no lo hiciéramos, tarde o temprano el desfase entre la medida y lo medido se haría tan evidente que resultaría insufrible y hasta doloroso. Porque la realidad jamás se rompe. Lo que se rompe es nuestra manera de explicarla.

Por eso necesitamos ponernos de acuerdo, para seguir conviviendo en un mundo real.

Y necesitamos hacerlo ya.

Da igual que ahora no escuches.

Que no te adaptes.

Que no estés dispuesto a negociar.

Lo que la naturaleza y la historia nos han demostrado una y otra vez es que no hay excepciones.

Si tú hoy no acuerdas, algún día te acordarás.”

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Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo.

Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo.

Artículo publicado el domingo, 23 de Marzo de 2014 en ElPeriódico.com

risto23-3-14“Podría escribir los versos más bonitos tras un titular como ése. El cuerpo como que me pide darle rienda suelta al monosílabo romántico, ese gran desconocido por las generaciones posteriores al “ola ke ase”, ese gran guionista que tantos buenos momentos le ha dado a mi mano izquierda. Pero no. La verdad es que es sólo uno de los estados que he descubierto en mi lista de contactos del whatsapp. Y además es el de alguien muy conocido, tan prestigioso, admirado y respetado que jamás dirías que tiene ese estado en su whatsapp. Sí, sí, a ti te voy a decir quién. Da igual, ahora eso es lo de menos.

El caso es que los estados de whatsapp son la ropa interior de las redes sociales. Porque son lo que nos acaba de delatar, sí, pero en la intimidad. Es lo que le queremos decir a la gente que tiene nuestro móvil, la última barrera tecnológica ante la que ya sólo queda nuestra voz y el encuentro real, la última llave que abre la puerta a nuestro tiempo, a la llamada al mismo tiempo, la que te hace parar, dejarlo todo y tener que oír y a veces, hasta escuchar. Pertenece al ámbito público más privado. La última barrera de nuestra piel, nuestro olor y nuestra verdad más verdadera.

Una piel que crece a un ritmo de 1 millón de usuarios al día y ya acumula la nada despreciable cantidad de 450 millones de usuarios en todo el mundo, una epidermis social que dicen que este año pasará de los 900 millones de poros, todos en pelotilla picada. Imagínatelos ahí junticos. Qué cucos eh.

Y tú los tienes a todos en tu bolsillo, menuda sensación: poder consultar el estado de tus amigos, el de tus conocidos, el de tus enemigos, de tus ex, o de aquéllos que por alguna extraña razón aún conservas el número, de cuando todavía creías que podríais llevaros bien, o de cuando aún no os conocíais lo suficiente, yo qué sé. Y que levante la mano quien se resistiría a ver a sus enemigos en gayumbos o peor, con las braguillas esas de papel que te hacen usar los masajistas.

Ahí andan todos. El que te dice que está siempre “Disponible” y sabes que es siempre mentira. Tú llámale ahora, ya verás. Y si te miente así como de garrafón y a granel, imagínate cuando le necesites para un delicatessen. Nada. No te fíes. Bah.

Luego está el que siempre está “Ocupado”. No nos liemos, nos está diciendo que es un “Estado Ocupado”. Algo así como una república exsoviética pseudoindependiente, pero en versión Juan Palomo. Si estás todo el tiempo ocupado, para qué leñe tienes whatsapp. Eso es tan ridículo como apuntarte a una orgía para así contarle a todos los asistentes que piensas seguir virgen hasta el matrimonio. No sé si es correcto, pero bien bien no está.

Después aparecen siempre los que han sofisticado su grado de ocupación y te dicen que “No puedo hablar, sólo whatsapp”. O dicho de otro modo, tengo una vida tan soberanamente coñazo que te suplico a la desesperada que me escribas algo y me distraigas, pero eso sí, no esperes que reúna el valor para coger una triste llamada y detener eso tan apasionante que me está pasando en estos momentos.

Seguimos para bingo, porque siempre me han fascinado los que te describían lo que ya debería ser evidente. “Estoy usando whatsapp” o su versión guiri-guay, “Hi there, I’m using Whatsapp!”. Cojonudo. Menos mal que me lo has dicho, no me lo llegas a avisar y pienso que estabas usando la Thermomix.

Dios, paciencia.

Peor andan los que no dicen nada por querer decirlo todo: “Varios mensajes de estado”, y los que tienen tantas cosas que decir, que dejan su estado en blanco. Votos nulos y en blanco. La forma que tiene toda democracia de reírse de la disidencia. O no saben, o no contestan. Poderosas razones ambas para abrirse un canal de comunicación al exterior. Y si no, que se lo pregunten a la  simpática teleoperadora de cualquier teleco. Hace mucho que no llamas, Jaqueline. ¿Fue algo que dije?

En fin. Para terminar, el que va de creativo y llena su estado de iconitos tan cucos como infantiloides o peor, el que te pone algo así como “Juraré que no lo he dicho” para zafarse de toda responsabilidad sobre lo escrito.

Si aún crees que son buena gente, estén en el estado que estén, espérate a que te ocurra lo que si no te ha ocurrido aún, algún día sí o sí te va a ocurrir.

Espérate a que alguien te añada a un grupo.

Y me lo cuentas.

Eso sí, por whatsapp, que voy muy liao.”

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No somos nadie.

No somos nadie.

Artículo publicado el domingo, 16 de Marzo de 2014 en ElPeriódico.com

risto16-3-14“Cómo se nota que se acercan comicios. Comicios, comicios, comicios, si lo pronuncias lo suficiente en medio de cualquier plaza, acabas rodeado de ratas voladoras, frutos secos y globos de helio con forma de Bob Esponja. En este caso son europeos, que es ese limbo político al que van a acabar de pudrirse las carreras que ya empezaban a oler por aquí. Patada hacia arriba con patada en la boca y voladora. Reduce ras.

Se acercan comicios. Lo notarás porque parece que de repente, se nos hace caso. Parece. Lo notarás porque de repente todo aquello que parecía imposible ya no lo es. Parece. Y lo notarás enseguida porque ya se empieza a escuchar por todos los medios de comunicación justamente lo que querías escuchar, lo que necesitabas oír. Qué casualidad, oye. Y si encima tienes la suficiente ingenuidad, fe, juventud, o una peligrosa combinación de las tres, de pronto te encuentras diciéndote a ti mismo las palabras mágicas: por fin.

Nada más lejos de la realidad. La realidad es que eres un engorroso trámite por el que han de pasar algunos -ni siquiera todos- para renovar sus apolilladas poltronas. La realidad es que eres un peaje incómodo, un bajón en el camino, un burdo miembro del populacho representado en un mísero voto al que hay que volver a embadurnar, embaucar y atontar para poder seguir viviendo de tus impuestos e ignorándote durante cuatro años más. Y si no vas a votar, oye, pues mejor, que ya votarán los que me interesa que voten.

Eh, pero no me pongas esa cara. Que es la fiesta de la democracia. Diviértete, va y pensemos en positivo: por unas semanas, de pronto, ya no somos nadie.

No somos nadie. A que ya no. A que de pronto interesamos. Qué maravilla. Dejad que las señorías se acerquen a mí. Que me digan lo importante que soy para ellos. Que me doren la píldora del día después. Que me hagan la cama, el desayuno y el café para todos. El salto del tigre. El día de la marmota. El rabo de toro con pie de rey. Botswana mon amour.

No somos nadie. Ya no. Y cada vez menos. Ya verás. ¿Apostamos? Lo que está ocurriendo es algo muy parecido a un divorcio histórico y traumático entre poder, influencia y notoriedad.

La notoriedad es impacto, repercusión, la bala de fogueo de la comunicación. Cuando estalla todo el mundo se gira, sí, pero acto seguido todos siguen con su vida, y aquí no ha pasado nada y a otra cosa, Ana Rosa. Noticias que duran lo que tardas en olvidar un tweet. Y pensar que aún hay gente que se vanagloria por tener más seguidores que otros, por ser más conocido en las redes sociales, por tener más amigos dándose de posts contra un muro o por ser reconocido por la calle de su pueblo o circunscripción.

Luego están los que en teoría ejercen el poder, que cuanto más se preocupan por ganar en notoriedad, más pierden en influencia. Ni auctoritas ni potestas, ni ná de ná. Sólo coerción, titular fácil, “y tú más” y decreto ley. Y a veces, ni siquiera eso. No sientas pena, que ya te veo sufrir por ellos, piensa que se lo han ganado. Y que una vez iniciado el proceso de deslegitimación, es muy difícil, por no decir imposible, darle la vuelta a semejante tortilla. O realizan un borrón y cuenta nueva o seguirán de mal en peor. Pobrecitos oye.

Y por último, los que ganan en influencia, que ya no son políticos, ni siquiera individuos, sino comportamientos. Comportamientos que, por primera vez en la historia, es muy difícil asignarles un líder, un único representante. Y es que la única política en la que la gente sigue creyendo es la política de los hechos. De ahí que los políticos estén tan preocupados por la crítica cargada de influencia. Porque los hechos los dejan a todos en pelotas.

Si de pronto, alguien con más credibilidad que ellos -ya, ya sé que eso es muy difícil- les envía un mensaje que no les gusta, lo tildan enseguida de demagogo o populista. Normal. La política hay que dejársela a los políticos, que son los profesionales, los preparados, los expertos en el tema. Los demás no debemos opinar, no tenemos ni de lejos la formación, competencia y experiencia contrastada que ellos han demostrado imputación a imputación.

Y en mi opinión, ahí es justo donde deberíamos estar todos. Y cuando digo todos, es todos. Opinando, sí, con la información que cada uno tenga. Con la opinión que cada uno sea capaz de construirse. O de tomar prestada, da igual. Eso es lo que realmente temen. El intrusismo en su mamoneo profesional. Y es que el asunto se nos jodió en cuanto dejamos la política en manos de los políticos. Ahí es donde todo empezó a irnos mal.

Se acercan comicios y no somos nadie.

Pero que no pánica el cundo.

Después de las elecciones lo volveremos a ser.”

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Aquí Paz y después Gloria.

Aquí Paz y después Gloria.

Artículo publicado el domingo, 9 de Marzo de 2014 en ElPeriódico.com

risto9-3-14“Ya no es el Día Internacional de la Mujer. Ya no es 8 de marzo. Así que nada, supongo que ya se habrá acabado la farsa, ya nos podemos relajar. Disuelvan sus postureos y sigan haciendo como si fuésemos todos muy igualitarios, sufragistas y paritarios. Aquí Paz y después Gloria. Y Rita. Y Blanca. Y Paula. Y Candela. Y Cecilia. Y Nieves. Y también tú.

Ya no es el Día Internacional de la Mujer. Imagino que los 62 millones de víctimas europeas de violencia de género ya no la volverán a sufrir nunca más. Que las 12 mujeres asesinadas en lo que va de año en nuestro país volverán a la vida de forma milagrosa y que los cobardes, capullos, cerdos y miserables que las mandaron al otro barrio entrarán en el trullo por su propio pie para quedarse. Y que el 80% de las víctimas que jamás los denunciaron, se atreverán a marcar por fin el 016. Y aquí Paz y después Gloria. Y Cristina. Y Ana. Y Silvia. Y Lucía. Y también tú.

Ya no es el Día Internacional de la Mujer. Los 3 millones de niñas en el mundo que sufren cada año algo tan aberrante como la ablación ya podrán respirar tranquilas y volver a jugar, porque nadie las va a torturar más. Los 125 millones de genitales femeninos que han sido mutilados alguna vez también están de enhorabuena. Y las niñas de 5 a 10 años, que aún hoy padecen la mitad de las violaciones en la India. Y las palizas. Y las vejaciones. Y las leyes vigentes que permiten castigos tan ejemplares como semienterrarlas en un agujero y apedrearlas hasta la muerte. Ya todo eso acabó. A que sí. ¿Se lo dices tú?

Ya no es el Día Internacional de la Mujer. Que ya se ha acabado. De los más de 2.500.000 de personas con las que se trafica cada año en el mundo, supongo que a partir de ahora la aplastante mayoría dejarán de ser mujeres y niñas. Es más, yo creo que la explotación sexual se tomará un respiro y dejará de mover millones de dólares en todo el mundo hasta que llegue el próximo Día Internacional de la Mujer. Hala, hasta el año que viene, machotes.

Porque ya no es el Día Internacional de la Mujer, ¿no? Digo yo que se habrán extinguido los agentes patógenos neuronales que prohibían al hombre contratar mujeres para cualquier puesto directivo de cierta responsabilidad. Qué alegría, qué bien. Las 78 consejeras en empresas del IBEX 35 ya tienen algo bueno que celebrar con sus 393 homólogos, que estarán encantados, felices y orgullosísimos de poder ceder por fin sus poltronas en pos de una paridad que perdió su segunda D en cuanto a algún político se le ocurrió usarla para ganar las elecciones. Aquí Paz y después Gloria. Y Claudia. Y Mireia. Y Sofía. Y también tú.

Ya no es el Día Internacional de la Mujer. Seguramente ya habrán descubierto cuál era el gen que hacía que ellas cobrasen un 15% menos, o dicho de otra forma, que en igualdad de aptitudes, ellos cobrasen un 15% más. Habrán llegado por fin a la conclusión de que la brecha salarial era producto de una brecha craneal, o quizás ausencia de una necesaria brecha testicular. E imagino que ya habremos acabado con la discapacidad mental que impedía facilitar la elección libre y sin remordimientos de la baja por maternidad, así como la tan ansiada conciliación laboral. Qué maravilla. Qué ganas tenía de volver a la normalidad. Aquí  Paz y después Gloria. Y Marta. Y Gabriela. Y también tú.

Ya no es el Día Internacional de la Mujer. El día más vergonzoso para cualquier hombre. Y para Luis. Y Carlos. Y Marc. Y Jorge. Y Risto. Y Sergio. Y Paco. Y Toni. Y Álex. Y Gustavo. Y Darío.

Y sí, también tú.”

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No eres tú, soy dos.

No eres tú, soy dos.

Artículo publicado el domingo, 2 de Marzo de 2014 en ElPeriódico.com

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“No me mires así. Ni me pongas esa cara de error. No sé por quién me has tomado. Sí sé por quién te he tomado yo. Y por eso no quiero engañarte. Es lo último que querría hacer contigo. Y menos aún desde este principio tan lleno de algo que parece tan de verdad. Porque ahora sé que no eres tú. Ahora sé que soy dos.

No eres tú, soy dos. El que después de mucho esfuerzo ha logrado conquistarte y el que desde ese mismo momento se ha visto obligado a dejar de conquistar a las demás. El que estrena piropos recién sacados del horno y el que los devuelve en secreto a su envoltorio para cuando los vuelva a necesitar. El que pone toda la carne en el asador y el que siempre se guarda algo para el congelador.

No eres tú, soy dos. El que sólo quiere dormir a tu lado y el que sólo pretende acostarse contigo. El que siempre te habla del futuro y el que jamás creyó en él. El que ha empezado este texto con toda su ilusión y el que se aburre de escribir porque forma parte del pasado ya.

El que se conforma y el que te inquieta. El que te pone y el que se desquita. El que disfruta del aquí y el ahora, y el que jamás lo entenderá. Equilibrista y funambulista. Domador amaestrado y lobo feroz. El que encuentra lo que quería y el que sólo conoce el verbo buscar. El que se fascina con tus virtudes y el que cada vez detecta tus defectos con mayor rapidez. Al que emocionas y al que decepcionas exactamente por las mismas razones. Al que te agradece que hayas cautivado y al que no te perdonará cualquier tipo de cautiverio. Jamás.

Da rabia admitirlo, pena e incluso frustración, pero ambos soy yo. Y a ambos me debo más de la cuenta. La única forma de alimentar a uno es hacer que el otro pase hambre. Hasta que tanta desnutrición me vuelva un desalmado y acabe devorando todo lo que me encuentre, incluso lo que podría sentarme mal.

No eres tú, soy dos. Por eso no soy capaz de disfrutar del equilibrio. Por eso nunca hallaré la paz. Es como quedarse e irse a la vez. Como salir de todas partes cada vez que se entra. Como decir hola y escuchar adiós. Como follar para hacer el amor. Como crecer sin aprender ni a despedirse, ni ná de ná.

No eres tú, soy dos. Y no es que uno fuese más mío que el otro. Ni más real. Los dos fracasan cuando el otro triunfa. Los dos se odian, se aman, se necesitan y en el fondo lo que más desearían en este mundo es que el otro le dejase amar.

Pero no es así. Ahí están. Y ahí seguirán, conmigo, siempre por detrás. No puedo darles consuelo a la vez, pero la verdad es que no los puedo dejar de querer. Entre los dos me han dado los mejores momentos de mi vida. Entre los dos casi me lo quitan cuando ya creía estar bien. Y si algún día uno muere, yo sé que el otro me matará.

Por eso no quiero engañarte. Por eso no quiero que te enamores de uno de los dos. Porque sea cual sea, al otro lo conozco bien: es celoso, posesivo y rencoroso, y no parará hasta que nos acabe separando y queriéndonos mal.

Si me vas a querer, haznos un favor y acógenos.

Conozcámonos los tres. O los cuatro. Probémoslo.

Porque no eres tú, soy dos. Porque no sois tú, sois vos.

La buena noticia es que no soy el único. Que soy legión.

Y el que te diga que no, mi niña, igual no te miente.

Pero te aseguro que no te está diciendo la verdad.”

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Feliz Sant Jordi.

Feliz Sant Jordi.

Artículo publicado el domingo, 23 de Febrero de 2014 en ElPeriódico.com

risto23-2-14.jpg“Feliz Sant Jordi. El calendario asegura que todavía faltan dos meses, pero creo sinceramente que deberíamos empezar a celebrarlo hoy. Porque mañana lunes cumple 6 años un programa de televisión que mientras todos los demás son contingentes, sólo él es necesario. Necesario para incomodar a un gobierno de derechas en mayoría absoluta y minoría intelectual y moral. Necesario para ridiculizar al rico que pretende seguir partiéndose el culo a costa del pobre. Necesario para poner al verdadero poder entre la espada de una pregunta y la pared de una opinión. Y necesario para entender las razones y los culpables de semejante cabreo y estafa en la que aún seguimos enfangados.

Estoy hablando del enclenque y renacuajo periodista catalán que empezó haciendo de brillante guionista, siguió como incómodo follonero en un show de humor y que hoy ya ha sido elevado a los pequeños altares domésticos, esos a los que se encomienda la gente normal, los de a pie, los que no pueden hacer de Robin, ni de Batman, ni mucho menos de Hood. Esos sobre los que se piden las cosas de verdad. Las que hacen falta. Las de la lista de la compra. Las de los cirios de iglesia. Las de las uvas de fin de año. Las que uno le pide a una estrella fugaz.

Por eso hoy, queridos creyentes, os deseo un Feliz Sant Jordi.

Feliz Sant Jordi. Un Jordi al que he podido conocer bastante bien en persona, y con el que he tenido el gusto de compartir más de una vez mesa y mantel. Un Jordi tímido, empático, humilde y sencillo. Pero también ágil, irónico y mordaz como pocos saben aguantar en un cuerpo a cuerpo que siempre se me plantea como un reto excitante e interesante a la vez. Siempre aprendo algo de nuestros encuentros. Y nunca algo que me hubiera esperado aprender.

Feliz Sant Jordi. Porque aunque a él le sigo desde hace años, no soy muy de la cuerda de su programa. Me parece demasiado evidente dejar siempre tan mal al villano y tan bien al héroe, sin matices de grises, sin contrarréplica incómoda, sin opción a explicarse más allá del montaje, que por muy bien que se haga, siempre es tendencioso y algo tramposo también. Pero sí reconozco que, como he dicho antes, es un programa hoy más necesario que nunca. Un programa que es tildado de demagógico por quienes más practican la demagogia es un programa que está haciendo lo que tiene que hacer: aplicarles su propia medicina. Un programa que crea imputados y reabre casos que parecían archivados debería emitirse por decreto ley.

Feliz Sant Jordi. Porque esta noche emite un especial sobre el 23F que estoy seguro que, además de hacernos reflexionar, no dejará indiferente a nadie. Un especial que yo no podré ver. Porque estaré viendo otra cosa.

Los caprichos del destino que manejan las cadenas y grupos mediáticos, han querido que estrene mi nuevo programa exactamente a la misma hora en otra cadena. Un programa que, pese a ser de los contingentes, creo que es lo mejor que he hecho hasta la fecha en televisión. Un programa en el que veremos a un Zapatero y a un Jorge Lorenzo como nunca antes se les había visto. No tengo por qué venderte algo que no es. Si decides verlo, ya me dirás.

Me hace gracia los que nos han comparado a raíz de la coincidencia horaria. Choque de trenes, lo han llegado a llamar. Lo único que tenemos en común es una franja de emisión, una columna en este periódico y nuestro año de nacimiento. Por lo demás, a mí me falta todo lo que a él le sobra, empezando por el talento, la inteligencia, la carrera de periodismo y la humildad. Todo lo que yo le supero en altura, él me lo saca en grandeza. Y los programas, ni en forma ni en fondo tienen nada que ver, ya lo veréis. Pero lo peor no es eso, lo peor es que habrá algún illuminati que pensará que todo esto es una estrategia de falsa modestia para preparar mi golpe contra el tren.

Me la suda, sinceramente. Admiro profundamente a Jordi y deseo que le vaya bien. Necesito que le vaya bien. Lo necesitamos todos. Esté en la cadena que esté. Hoy está en la competencia. En mi competencia directa. Qué se le va a hacer. Pero cualquier día estará en otro sitio y ojalá siga pinchando como sólo él sabe.

Mañana, cuando se publiquen las audiencias, otro illuminati asociado a otro grupo mediático buscará el titular simplista de vencedores y vencidos. De ganadores y perdedores. Pero el verdadero éxito sería que, a partir de hoy, los domingos a las 21:30 no hubiese un programa incómodo para los de arriba. Sino que hubiera dos. Ahí sí que ganaríamos todos.

Por eso, hoy te deseo un Feliz Sant Jordi.

Y pase lo que pase mañana, recuerda que sólo existen dos formas de perder.

Con dignidad, o contra ella.”

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Me ignoro encima.

Me ignoro encima.

Artículo publicado el domingo, 16 de Febrero de 2014 en ElPeriódico.com

risto16-2-14

“Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. Nada como una cita de Einstein para encabezar un texto, quedar como muy estupendo y encima parecer listo. Pero no. La verdad es que, además de ignorante, los estupendos son los que me daban más collejas en el cole y de listo tengo lo que de monja benedictina. Lo que pasa es que muchas veces me creo que lo soy. Y ahí es donde empiezan todos mis problemas. O bueno, al menos parte de ellos.

Me ignoro encima. Como me creo muy listo, me creo también muy inquieto. Mi insaciable astucia necesita nutrirse cada ocho horas, replantearse grandes preguntas detrás de pequeñas cosas y entornar los ojos y ladear la cabeza ante datos inútiles y experiencias nuevas todos los días. Observar los pelillos de un kiwi, pensar que nadie los habrá contado jamás, como estrellas en el universo, decir “interesante” y poner cara de estar resolviendo una ecuación diferencial de segundo orden, mientras mi más profundo yo está completando la lista de la compra del Mercadona o recordando la partida que dejé a medias del Candy Crush.

Me ignoro encima. Como me creo tan inquieto, también necesito sentirme continuamente informado. Un tsunami de noticias acude a mí a borbotones, como una riada de datos y opiniones que se desborda todos los días a la misma hora por todo tipo de vías y medios de comunicación. Si paso un par de jornadas sin informarme, la presa de la actualidad ha ido acumulando tal cantidad de últimas horas que mi cabeza revienta de sólo pensar lo que me habré perdido, así que vuelvo a abrir las esclusas y me dejo inundar hasta que se me arrugan las yemas de los sesos y ya no puedo ni pensar.

Por si eso no fuese suficiente, en ocasiones incluso leo periódicos. Mira si estoy mal, que a veces hasta pago por ellos. Y ya que los he pagado, los amortizo. Cada semana invierto como mínimo un día entero de mi vida en leerme al menos un diario de pe a pa. Y cuando lo acabo, siempre me doy cuenta de que aún me faltan los suplementos. Seguro que ahí estaba lo que no me podía perder. Los dejo para mañana. Un mañana que se transforma en semana. Y ahí aparecen más suplementos. Y ahora qué coño hago con los antiguos.

Llego el lunes al trabajo presuntamente actualizado, pensando que me he bajado la última versión de mí mismo y siempre hay esa entrevista, esa película, ese libro, ese programa de televisión que me perdí y me doy cuenta de que todo el mundo habla de ello. Trato de que alguien me dé su punto de vista sobre algo a lo que le dediqué mi fin de semana, pero nada. Lo que yo estuve viendo no es nunca lo relevante. Pongo las entendederas en dique seco y me dedico a escuchar. Una semana más que no he dado en el clavo. Me cago en los trending topic.

Asumo que en esta carrera, siempre estaré por detrás, por debajo y con el culo al aire. Ignorándome encima delante de toda la clase. Y me miro la industria, los grupos mediáticos, los fines de comunicación. Empresas privadas que nos venden lo que nos quieren vender. Oligopolio de conversaciones en manos de muy pocos. Los que deciden lo que se supone que nos tiene que importar para que a ellos les salgan los números.

Y a medida que me ignoro encima y me ahogo en mí mismo, nombro mi propio comité de crisis editorial: un par de neuronas dedicadas a discernir entre lo que me da igual, lo que no me interesa y lo que no quiero saber. Me da igual todo lo que ocurre demasiado lejos, a la mierda con la globalización. No me interesa lo que alguien decide que me tiene que interesar tanto como para ponerlo en portada, a tomar viento las cinco columnas. Y en estos momentos no quiero saber nada que no tenga que ver con la palabra solución.

Sí, ya lo sé, de esta manera igual acabo todavía más desinformado.

Puede que incluso más ignorante.

Pero seguro que no más infeliz.”

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Solicitud de amistad.

Solicitud de amistad.

Artículo publicado el domingo, 9 de Febrero de 2014 en ElPeriódico.com

risto9-2-14“Se cumplen 10 años de la creación de Facebook, y quisiera por la presente reivindicar algo tan banalizado hoy en día como esas tres palabras que jamás deberían haber sido unidas, ni mucho menos a la ligera, ni mucho menos en una red social.

Por eso, el abajo firmante, en adelante el AMIGATARIO, en pleno uso de sus facultades y sus bibliotecas de los Jóvenes Castores, solicita al lector, en adelante el AMIGADOR, el usufructo y disfrute de su amistad más sincera, haciendo efectivos con carácter inmediato los derechos y obligaciones que se detallan a continuación.

Para empezar, AMIGATARIO tendrá tantos AMIGADORES como pueda cuidar, atender y mantener. Más de cero, es necesario. Más de uno, un lujo. Más de cinco, mentira.

AMIGADOR se COMPROMETE a proveer a AMIGATARIO de su apoyo incondicional, sobre todo cuando este último esté equivocado, cosa que ocurrirá más a menudo de lo habitual. Quede constancia que apoyar no significa dar la razón. Ni mucho menos. Todo lo contrario. Apoyar es quererse en el error. Porque en el acierto todo el mundo se quiere. Por eso no todo el mundo ni puede ni debe amigarse bien.

Así mismo, AMIGADOR deberá ser capaz de rebajar mediante generosas collejas el ego de AMIGATARIO en cuanto éste se suba a la parra por cualquier éxito, triunfo o meta conseguida, cualidad que distingue de un plumazo a los amigos que son para toda la vida de los que no lo son. AMIGADOR valorará a AMIGATARIO por lo que es, jamás por aquello que tiene, ni mucho menos por lo que representa. Si AMIGATARIO empezase a quererse por encima de sus posibilidades o se volviese un imbécil, un creído o un sobrado, AMIGADOR se convertiría automáticamente en responsable solidario de su gilipollez.

La frecuencia de visitas entre AMIGADOR y AMIGATARIO es totalmente irrelevante. Cada vez que se vuelvan a ver, será como si no hubiesen dejado de verse jamás. La verdadera amistad desafía al espacio y al tiempo. La verdadera amistad está incluso cuando no está. Sobre todo cuando no está.

Las conversaciones entre AMIGADOR y AMIGATARIO deberán versar sobre cualquier cosa inútil y trascendental a la vez. Las mejores cosas que ocurran serán siempre las que no sirvan para nada. Y los mejores recuerdos, aquellos que no se pudieron preparar.

El silencio entre AMIGADOR y AMIGATARIO se considerará sagrado y lleno de significados, desde la confianza hasta la reflexión. Por eso jamás resultará incómodo, y nada ni nadie los podrá rellenar.

La única ley vigente entre AMIGADOR y AMIGATARIO es la improvisación y su única jurisprudencia, la espontaneidad. Eso sí, compartirlo, hay que compartirlo todo menos la pareja, la estilográfica y la ropa interior de color blanco.

Admirarse por algo, aunque sea algo pequeño e insustancial, es requisito imprescindible para que AMIGADOR y AMIGATARIO puedan ejercer correctamente sus funciones. En cuanto no haya admiración de ningún tipo, se perderá el interés, las ganas o peor aún, el respeto o la intención.

Las cosas que se cuenten AMIGADOR y AMIGATARIO quedan entre AMIGADOR y AMIGATARIO. Siempre y cuando, claro está, que se decida de mutuo acuerdo que compartirlo con terceros es mucho más divertido, aunque sólo sea para cachondeo de una de las partes. La memoria de AMIGADOR será infinita para las cosas más vergonzosas y ridículas de AMIGATARIO, y tremendamente limitada para cualquier deuda -monetaria o no- contraída con él.

Se prohíbe terminantemente que AMIGADOR pretenda algo más que una amistad con AMIGATARIO o viceversa. El principio de una relación sentimental suele ser el final de todo lo demás, aunque hay honrosas excepciones a este supuesto, están todas fuera de la ley. Y duelen. Joder si duelen.

Para terminar, la relación entre AMIGADOR y AMIGATARIO no será nunca necesariamente transitiva. Los amigos de mis amigos son sus amigos. Y nada ni nadie nos obliga a convertir algo tan extraordinario e infrecuente en un puñetero virus contagioso que hay que transportar de organismo en organismo. Que cada vela aguante su palo. Y que a ti te encontré en la calle.

Si todo esto se cumpliese, nada ni nadie garantizará que la vida y la relación de amistad no traiga desgracia, sorpresa, desengaño e incluso, en última instancia, la traición.

Y pese a todo, aún así, AMIGATARIO pretende seguir solicitando y renovando cada día su amistad con AMIGADOR, y a tal efecto lo hace constar en Barcelona, a 9 de febrero de 2014.

Ahora sí, ya me puedes “Confirmar”.”

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Barcelona, pensa’t guapa.

Barcelona, pensa’t guapa.

Artículo publicado el domingo, 2 de Febrero de 2014 en ElPeriódico.comristo2-2-14

“Mientras la pasarela 080 aún hace balance de su última edición, Google publica el ranking de ciudades más fotografiadas del mundo. Y la ciudad en la que nací, crecí y me convertí en algo parecido a un adulto aparece en un fantástico tercer puesto, tras ese plató en el que ya sólo pueden vivir solteros llamado Nueva York y después de esa ciudad milenaria en la que antes se comían a los cristianos y ahora se comen a los turistas enamorados, también conocida como Roma. Mi ciudad ha quedado por delante de iconos como París, Venecia, Buenos Aires o Estambul. Ahí es ná.

Vamos, que si las ciudades fuesen top models, Barcelona sería un poco como Kate Moss. Por mucho que pasen los años, las relaciones y los excesos, ahí sigue ella, en lo más alto. También Barcelona se está haciendo mayor. También Barcelona quiere transmitir una mayor madurez. Y también Barcelona tuvo sus coqueteos con la droga.

Se lo metió todo en forma de Juegos Olímpicos, esa droga dura y elitista a la que muchas otras ciudades no logran engancharse, por más que estén dispuestas a pagar con chutes de relaxing cups of café con leche in Plaza Mayor. Lo que esas mismas ciudades parecen no querer darse cuenta es del proceso de desintoxicación que uno sufre después del subidón. Pero lo cierto es que ahí estuvimos, hace ya la friolera de 22 años, y de eso en buena parte seguimos viviendo, para qué mentir.

Ahora hace justo una década, nuestra top estuvo a punto de recaer con un Fórum de las Culturas, pero ya no fue lo mismo, no colocaba tanto, el material que nos enchufaron era definitivamente de peor calidad. Y las secuelas que nos dejó se pueden apreciar todavía hoy en alguna construcción faraónica sin demasiado sentido ni utilidad.

A lo largo de todos estos años ni las putas, ni la suciedad, ni la inseguridad ciudadana, ni la única película infumable de Woody Allen, ni siquiera los atropellos gratuitos de algunos mossos d’esquadra, han podido evitar que sigamos siendo una top entre las tops.

Barcelona hoy está buena. Muy buena. En términos heterosexuales, es ya una MILF de pleno derecho.

Pero es que Barcelona no se conforma con el físico. Sufre el síndrome Patrizia Ruiz, que además de ser joven, bella, simpática, modelo, cantante, actriz y bailarina, en sus ratos libres, como quien no quiere la cosa, estudia ingeniería aeronáutica e interpretación. De esas personas que dan mucha rabia, aunque sólo sea por la envidia que nos despierta a todos los demás.

Lo mismo se convierte en el destino más demandado por estudiantes y turistas, como te trae un Mobile World Congress o una de las residencias privadas de todo un Rolling Stone. Y es que hay que ver cómo se vive en una ciudad que tiene de todo y tan cerca.

Sin embargo, Barcelona tiene varios lastres, varias taras que en un momento u otro deberá soltar si quiere de verdad hacerse mayor. Para empezar, todos aquellos que pretenden reducirla a mera capital de Catalunya. Como si quisieran dejarla en casa, fregando platos, barriendo suelos y recitando a Josep Pla, en vez de dejarla vivir, viajar y volar. Hemos expulsado tanto talento, proyectos y empresas a golpe de un catalanismo mal entendido, cerrado y obtuso, incapaz de hacerse atractivo para el resto del planeta, ahí están las sedes de las multinacionales para dar fe. Y aún así, nadie ha podido destruir el innegable atractivo económico y empresarial de Barcelona.

Luego están los que la comparan constantemente con Madrid. No entienden que compararse con una marca que está por debajo de la tuya (para algo sirven los rankings) acaba haciéndote más  pequeño. Barcelona debería estar mirándose en Amsterdam, en Berlín, en Londres, en París, en Shanghai, en Nueva York. Marcas a la altura de la percepción que se tiene de ella. Y más allá.

Otro enemigo importante para su madurez es la mala influencia de ciertos familiares. Arrastra una hermana mayor bastante más fea y menos lista que encima le reclama el protagonismo. La llaman Marca España, y como todas las feas no demasiado espabiladas, sólo tiene dos salidas: o se vuelve la más simpática o se quedará cuidando a la tía FAES.

Por último, el peor obstáculo de todos, nuestro proyecto como ciudad. A las ciudades les pasa como a las personas: en el momento en el que dejan de soñar con el futuro, empiezan a hundirse en su pasado. Y hoy por hoy corremos el riesgo de vivir de contar batallitas que a nadie interesan ya, porque la gente prefiere esperarse a que salga el DVD.

En 1985, de cara a las olimpiadas, se puso en marcha una gran campaña que le hablaba a la ciudad de tú a tú, invitándola a arreglarse, a retocarse y a embellecerse: “Barcelona, posa’t guapa”.

Entonces se trataba de actualizar sólo las fachadas.

Va siendo hora de que actualicemos el interior.”

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Lo que duele no es el dolor.

Lo que duele no es el dolor.

Artículo publicado el domingo, 26 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

risto26-1-14“Lo que duele no es el dolor. El dolor es sólo una consecuencia. El efecto secundario de algo que nos hizo sufrir y que todavía hoy sigue haciéndolo. Me gustaría que esto que tanto duele fuese lo que me aplasta el pecho y me araña las vísceras y el corazón. Esto que se puede paliar poco a poco, con consejos, amigos, medicamentos, horas, sobremesas y tazas de té. Pero algo me dice que no. Que lo que duele no es el dolor.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es la ausencia. El hueco que deja alguien que ya no está. Echar de menos con contrato indefinido. Y saber que quería llevársela y se la ha llevado, que ya está, que le han ganado la vida esas malditas seis letras que no pienso volver a juntar en mi boca nunca más.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es conocer un vivo menos. Borrar su número del móvil. Tener que frenarme cuando la iba a llamar y recordarme a mí mismo que ya no puedo, que un día pude, que lo hice menos de lo que debía y que ya nadie podrá.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es recoger los pedazos de quien se queda. No saber consolar a quien más quieres en este mundo. Tratar de estirarle los labios. Con una broma, un chascarrillo, una tontería. Fracasar.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es la distancia. Este saberse lejos de ti, este llevarte conmigo, ese llevarme contigo y aún así, ser incapaces de llevarnos más. Haber caído con nuestro mayor triunfo. Haber sucumbido ante nuestro mayor logro. Lo mejor que habremos hecho en nuestra vida. Algún día él nos lo explicará.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es no saber volverlo a intentar. Matar el nervio y dejar que se desangre la encía. Hablarlo tantas veces y acabarlas todas en ese silencio de punto final. Darnos por imposible. Constatar nuestra propia incompetencia. Seguir doliéndonos. Seguir mal.

Lo que duele no es el dolor. Es todo lo que dejamos atrás. El remolque desbocado de los recuerdos que nos perseguía al mismo ritmo y velocidad. Ahora sólo sabemos que le ha fallado el enganche, los frenos y no tenemos ni idea de en qué momento nos va a atropellar. Ni con qué.

Lo que duele no es ni siquiera llorar. Lo que duele es tener tantas razones para tener que hacerlo. Es esta maldita sequía de lágrimas. Es el miedo a quedarse solo y en pareja. Y esta cochina culpabilidad.

Lo que duele no es que la gente opine. Es que lo haga como quien habla del tiempo, alegremente y buscando de todo, menos ayudar. Que nos den consejos que no hemos pedido. Que inventen razones. Qué sabrán ellos. Qué sabrán.

Lo que duele no es el dolor.

Porque el dolor es esto que me viene aquí y ahora.

Lo que más duele es todo lo que vendrá.”

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Credenciales.

Credenciales.

Artículo publicado el domingo, 19 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

risto19-1-14 peq“Una estudiante me ha entrevistado esta semana, y así como quien no quiere la cosa, me ha formulado la pregunta más difícil que me hayan hecho jamás. Armada con su grabadora, su libretita, sus ganas de comerse el mundo y hacerse un hueco en la profesión, lo que ha conseguido con una simple pregunta ha sido enfrentarme al abismo que todos llevamos dentro. Abrió sus enormes ojos, me puso cara del Gato de Shrek y me lanzó un “¿en qué cree Risto Mejide?.

¿No prefieres que te cuente por qué llevo gafas de sol? A la chica no le hizo ni puñetera gracia. Vale que tampoco era el mejor chascarrillo del mundo, pero después de hacer aguas, mi sentido del humor era como ese desodorante malo de los anuncios, me había abandonado justo en el peor momento. Ella esperaba una respuesta honesta, directa, clara y sincera. Y todo lo que me venía a la mente eran chistes peores que ése y un artículo que escribí hace ahora casi diez años tratando de responder a la misma inquietud. Y me di cuenta que había llegado el momento de revisarlo, completarlo y ampliarlo. Había llegado el momento de mojarse.

Querida estudiante, aquí va la respuesta que tú merecías en ese momento y yo no supe improvisar.

Para empezar, creo que soy idiota. Igual no soy el más idiota que encontrarás, pero fijo que estoy entre los que más idioteces han cometido. Ahí tienes, por ejemplo, a cualquiera de mis ex. No hace falta ni que hables con ellas. Viendo el pedazo de mujeres que he dejado escapar, ya te puedes hacer una idea de lo idiota que soy. Y hay más. Mucho más.

Creo en las cosas concretas. Conozco muy bien el peligro de las palabras abstractas y ya no me fío de quien me vende algo que no se puede comprar. Por eso no creo en la felicidad, sino en la alegría. Por eso no creo en la libertad, sino en la voluntad. Por eso no creo en la igualdad, si no es de oportunidades. Por eso no creo en la gente, sino en las personas. Por eso no creo en dios, sino en el alma. Creo que hay cosas e individuos que la tienen, y cosas e individuos que ya la han perdido para siempre.

Creo en los valores. Un valor como creencia que te obliga a un sacrificio. Y que no te engañen, no hay valores a medias. No existen. Un valor es un siempre dicotómico, binario: unos y ceros, o se practica todos los días y a todas horas, o no es. Uno no puede practicar la honestidad de 9 a 5 y luego llegar a casa y pegársela a su primera dama con una actriz. Hollande, Clinton, Miterrand. Un valor no lleva interruptor. Si no puedo confiar en la persona, jamás podré confiar en el profesional. Y viceversa.

Creo en lo que nos une. La manipulación en masa empieza con la división de tu audiencia. El primer paso es dividirlos. El segundo enfrentarlos. El tercero, polarizarlos. Y el último, llamar al exterminio del otro. Nuestro libro debe vencer sobre su Biblia, su Estatut o su programa electoral, da igual. Pues oiga, no. Ya lo dijo George Carlin. Quien te quiera manipular, buscará siempre lo que nos separa. Quien no quiera obtener nada de ti, buscará siempre lo que tengamos en común.

Creo en la vida. Por eso creo en el aborto. Creo que nadie tiene el derecho a meterse en el vientre de nadie sin su permiso, por muy diputado, ministro u obispo que sea. Y aún diría que menos aún en esos casos. Quita, bicho, quita.

Creo que todo el que mata merece sufrir todos los días durante el resto de su larga y dolorosa existencia. Por eso no creo en la pena de muerte. Porque es dejar un trabajo a medias.

Creo en el criterio, entendido como no aceptar jamás ideas de segunda mano, salvo como materia prima para fabricar las propias. Por eso desconfío de todo aquél que me dice lo que yo quería escuchar. Porque no quiere informarme, sino confirmarme y así ungirme con su Espíritu Santo.

Tampoco creo en el esfuerzo. He visto a demasiada gente que se esforzaba toda su vida y no lo conseguía y sin embargo otros, sin dar un palo al agua, les salía todo bien. Pero sí en aquello que algunos llaman suerte, que para mí no es más que una combinación de talento, perseverancia y oportunidad.

Creo que la Iglesia se ha currado mi apostasía. Creo que la elección del Papa Francisco es un gran ejercicio de tanatopraxia. Mi única religión hoy es la buena fe. Y mi único dios, quien la practique.

No creo en la fama. Pero sí en el prestigio. Sé lo poco que cuesta construir la primera. Y lo mucho que vale lo segundo. Creo en apostar por el largo plazo. En la diferencia entre valor y precio. Y en las segundas rebajas. Que las cosas más importantes que puedes aprender en esta vida no se pueden enseñar. Que las preguntas son eternas. Y que son las respuestas las que cambian. Que no existen críticas constructivas ni destructivas. Existe crítica útil y crítica que no lo es.

Y por último, creo en la duda. Creo en las frases que empiezan por creo que. Porque saber, lo que es saber, nadie sabe nada. Y yo el que menos. Lo único que ha finalizado para siempre ya no es la historia, sino nuestra burda capacidad de predicción.

Y a pesar de todo lo dicho hasta aquí, querida estudiante, espero que tú no pierdas nunca el tiempo con este tipo de preguntas, como he hecho yo.

La respuesta jamás estará en lo que digas.

Sino en lo que hagas.”

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Hay una cosa que Mas te quiere decir.

Artículo publicado el domingo, 12 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

cropped-184.jpg“Y es importante al menos para él. Toda la noche estuvo sin dormir. Porque una frase de tu boca quiere escuchar. Ah ah ah ah ah ah ah ten la independencia. Ah ah ah ah ah ah ah ten la independencia.

No has podido evitar cantarla. Yo tampoco. Qué quieres, a mí la gente que todavía se envía cartas me pone tontorrón. El género epistolar es de las cosas más bonitas que uno puede consumir legalmente. Poder leer lo que otros se escriben sin que ellos sepan que tú estás ahí, te hace sentir como Snowden pero sin tener que mirar debajo de la cama, del coche y del wáter cada vez que te montas en ellos.

Y en medio de esta revolución de las redes sociales, del papá déjame el móvil, del internet de las cosas, del he visto a tu ex en Badoo, de la impresión 3D, de la wearable technology y del quién te envía un whatsapp a estas horas, nuestro President de la Generalitat del Segle XXI se marca como mínimo 29 cartas de las de sello en pecho, una por cada dirigente de la UE, y una para el presidente de la Comisión Europea. La Merkel ya tiene quien le escriba. Y encima Barroso va y le responde con 6 líneas 6, toreando la cuestión como sólo la UE sabe hacer. Está el cartero que no vivía tan apasionadamente desde lo de Pablo Neruda. Si Quevedo y Góngora levantasen la cabeza se hacían pareja de hecho.

Hablando de hechos, está demostrado que aún se habla poco de la consulta en Catalunya. No sé, como no se den prisa, no nos va a dar tiempo de tratar el tema desde todos sus ángulos, aristas, matices y prismas de aquí al 9N. Que sólo nos quedan 10 meses. Creo que hay tertulianos a los que aún les queda algo nuevo por decir. De lo que estoy seguro es que aún quedan españoles por el mundo que no han sido tachados como enemigos de la patria catalana. O se dan caña elaborando la lista negra, o cuando llegue el momento no sabré a quién odiar, escupir y repudiar. O se dan prisa, o nos pilla el toro.

Tampoco sé de qué se queja el Wall Street Journal. Aquí no hay adoctrinamiento propagandístico ninguno. Qué va. El otro día pillé un momento en el que no se hablaba de la independencia de Catalunya en TV3. Salía la jamaicana Chus Lampreave anunciando un quitagrasas. Y en Catalunya Ràdio acaban de utilizar el huso horario español para dar la hora, pero tranquilos que un becario ha salido enseguida al paso para atribuirse el error públicamente, al tiempo que sostenía entre sus nalgas lAuca del Senyor Esteve y un mosso le tatuaba una estelada en cada pezón.

Los medios públicos catalanes, los que pagamos todos los ciudadanos, son un ejemplo de imparcialidad y rigor en cuanto a la cobertura informativa se refiere. Lo que ocurre es que han dejado de pasar cosas en el resto del planeta, se han cancelado los eventos, la actividad, todo ruido y hasta la respiración para poder así atender el asunto realmente importante, que es el asunto catalán. Están todos los gobiernos pendientes de a ver qué decidimos nosotros el 9N, de si podremos hacer o no la pregunta, si serán una o dos preguntas, del día después, de las cartas de Mas, de las respuestas de Barroso.

Y aquí también, eh, no te creas. Las 624.872 personas inscritas en las oficinas de empleo de Catalunya están realmente preocupadas por la independencia. Oiga, busco trabajo, pero si me dan a elegir, prefiero un estado independiente, que me han dicho que así nos comeremos como mínimo los mocos.

También los empresarios. Están -casi- todos callados porque la pela se la pela. A que sí.

Y mientras todo esto ocurre, nuestro President sigue mostrando sus mejores cartas con un dominio del inglés escrito que ni Annie Bottle. Si Shakespeare y Cervantes levantasen la cabeza, se suicidaban a base de relaxing cups.

No se preocupe, President. Usted a lo suyo. Siga escribiendo, hay miles de sellos, algunos incluso con la cara de un monarca. Lo más importante es que el mundo se entere de que usted tiene una epístola. Y que no dudará en usarla.

Mira, como Froilán.”

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Turba, lignito, hulla y antracita.

Turba, lignito, hulla y antracita.

Artículo publicado el domingo, 05 de Enero de 2014 en ElPeriódico.com

Risto-Mejide“Queridos Reyes Magos,

Esta noche no os voy a pedir juguetes. Los últimos que me trajisteis ahí siguen sin caberme, y os juro que no será porque no lo haya intentado. Seguiré probando, que sabéis que me gusta y si eso ya os cuento. Pero esta noche no, esta noche es diferente.

Como somos una gran nación de gente aún más grande, desprendida, honesta y generosa, este año me voy a tomar la libertad de perdidos en nombre de mis paisanos que vengáis bien preparados, pues en unas horas España debería convertirse en el primer importador de carbón del planeta, si no de la Historia de la Humanidad.

Existe por eso el peligro de que con tanta tonelada, acabéis repartiendo el carbón así a bulto, al mogollón, y llamadme quisquilloso, pero me gustaría que fuerais algo más cuidadosos esta vez. Llevamos todo un año esperando, y hay sujetos que no merecen menos que un momento de reflexión antes de su justa dosis de restos orgánicos fosilizados. Además, aprender a separar por residuos es la base para la correcta sostenibilidad de nuestro entorno.

Por favor, a la hora de repartir carbón por nuestro panorama económico, político y social, tened en cuenta los matices y diferencias entre sus cuatro tipos básicos: turba, lignito, hulla y antracita.

La turba surge principalmente en entornos de putrefacción pantanosos, contiene muy poco carbono (impura ella) y se destina sobre todo a la fabricación de combustibles y a la producción de abono. Por eso, es ideal para todos aquellos que ya ni recuerdan cuándo perdieron su virtud, los que nos han ido pudriendo el sistema por dentro, poco a poco, a fuego lento, al chup-chup. Huelen a estiércol porque son estiércol. Y aún así, todos intuimos que al final se irán de rositas con el depósito cargado para seguir delinquiendo o disfrutando de él tanto en paraísos vacacionales como fiscales. Llevádsela a los Bárcenas, en un sobre, que les hará ilusión. Y a los Iñaki Urdangarín algún día a la cárcel, si no es mucho pedir.

Luego está el lignito, un carbón de mediana calidad, pues contiene más carbono que la turba y a menudo se llega a emplear para la joyería. Y si de joyas se trata, ahí tenéis cualquiera de las leyes que ha propuesto o aprobado durante este año nuestro querido PP, y no porque sea el PP, sino porque las va perpetrando como el orfebre, en solitario, en su taller, tacita a tacita y sin tener que consultar a nadie, con el único dictado del Dios que ellos se pintan. Por eso ya no son leyes, son encíclicas. No son decretos, son dogma de fe. No son propuestas de ley, son doctrina. No es gobierno, es proselitismo. Todas esas leyes son joyas sí, pero de las que algún día nos dará incluso vergüenza llevar a empeñar.

Y así llegamos a la hulla, algo más pura en carbono (no mucho más), bastante más dura y quizás el tipo de carbón más abundante que existe. Si queréis poner a prueba su dureza, no busquéis más, venid a nuestro país. Aquí tenéis la cara de todo un Rodrigo Rato, la de un Carlos Fabra, la de un José Ignacio Wert, la de un Félix Millet, la de un José Antonio Griñán, la de un Jaume Matas, la de un Oriol Pujol, la de un Rouco Varela. Difícil decisión, ¿verdad? Todas duras, casi indestructibles oigan, hagan la prueba, que igual hasta nos hacen un favor. Y sí, lamentablemente, este tipo es cada vez más abundante. Que no sólo SON caras. Que es que además nos SALEN muy caras.

Por último, la antracita, como es el que más carbono contiene, es el más brillante de todos. Y aquí, como todo el mundo sabe, somos potencia mundial en lo que a brillantez se refiere. No-entiendo-mi-letra, todo-es-falso-salvo-alguna-cosa, la-segunda-ya-tal, fin-de-la-cita. Der-is-nozin-laik-a-relaxin-cap-of-café-con-leche-in-plaza-mayor, en-la-catástrofe-del-Prestige-sólo-hay-un-culpable-el-barco, si-se-suma-una-manzana-y-una-pera-nunca-puede-dar-dos-manzanas, la-ideología-del-PP-es-la-que-ha-traído-mayor-progreso-a-la-Historia-de-la-Humanidad. Y así.

Si queréis, el carbón que os sobre, si es que os sobra y no os falta, me lo podéis ir trayendo a mí. No sólo por las cosas que habré hecho, pensado y dicho durante este año, sino por todas las que, a la vista de la impunidad con la que nos toman el pelo, ya os digo que pienso hacer.”

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Concuñadismo.

Concuñadismo.

Artículo publicado el domingo, 29 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

5“En estas fechas tan señaladas, quiero empezar preguntándome señaladas dónde. Si los cumpleaños se guardan en la memoria, los años en las canas, los atracones en las lorzas y las sonrisas en las patas de gallo, estaría bien saber en cuál de las dos nalgas hay que ir poniendo las fiestas de guardar. No, el espacio de en medio hoy ya me lo ha copado el ministro Soria y las eléctricas, lo siento mucho, vuelva usted mañana.

Sí amigos, también me gustaría saber por qué os llamo de pronto amigos.

Ahora que el espíritu navideño se instala en todas las casas, las bacanales gastronómico-carnavalescas alrededor de una mesa logran entre plato y plato algo insólito: que por unos días, el que tiene familia envidie al que no la tiene, y viceversa. ¿No es maravilloso? Se me cae el percebe de tanta emoción. Empezad, empezad, que eso frío no vale nada.

De todos modos, si hay algo que me fascina todos los años sin excepción es el retorno de la mala leche personificada en cierto comensal que lleva todo el año esperando para sentarse a tu lado. Si hay algo que me conmueve casi tanto como la retirada de Justin Bieber, es el retorno del cuñado.

Un cuñado no es el hermano de tu cónyuge. Ni tampoco es necesariamente siempre un hombre. Eso es demasiado reduccionista. Es quedarse con la mitad del cuento. No hay que tomarse el término de manera tan literal.

Un cuñado es mucho, pero que mucho más. Para empezar, un cuñado es alguien que siempre nació antes que tú. Aunque tú seas más viejo, da igual, para él los años contaban el doble y tú nunca tendrás ni puñetera idea por lo que él pasó. Por eso sufrió lo que sufrió, por eso llegó a renunciar seguramente al Grammy, al Emmy, al Oscar, al Webby y hasta al Nobel de la Paz, para poder darte hoy las lecciones que tú jamás has pedido. ¿Te vas a comer eso?

Un cuñado es el Vladimir Putin de cualquier familia. Nadie sabe muy por qué sigue ahí, pero nadie tiene cojones de echarlo. Por eso, a medida que va avanzando la reunión familiar, el buen cuñado no espera a que tú lo identifiques, él se postula solo, sus credenciales son inconfundibles y las piensa airear a los cuatro vientos con total impunidad.

El buen cuñado es capaz de vacilarle a todos y y a todas, siempre tienes la sensación de que se intenta acostar con tu pareja, y que si la comida dura un par de horas más, igual hasta lo consigue.

Ya antes de acabar el primero, mientras apura la copa de un vino que siempre es peor que el que él dice que traerá un día, te pregunta si por fin te van bien las cosas, o como siempre. Pásame la sal, anda, que un día es un día.

Por eso, durante el segundo plato, un buen cuñado aprovechará para preguntarte por todos y cada uno de tus fracasos. No sabes cómo se lo ha hecho, pero ha seguido proyectos que ni siquiera tú habías explicado, con lo que al final un cuñado acaba siendo la mejor base de datos de lo que pudimos ser y no fuimos, el mejor retrato de lo que nadie pintó.

Menos mal que él ahora viene, en estas fiestas tan señaladas, y por si estabas a punto de olvidar tus traspiés del año y pasártelo bien, no te preocupes que él te los recuerda, uno por uno. Oye, y aquello que me contaste que ibas a hacer, al final lo has hecho o no, porque yo no me he enterado, y como he visto que fulanito y menganito lo están haciendo y les va tan bien Anda que menuda idea tuviste, ¿no? ¿Crees que ya has dado con tu máximo nivel de incompetencia, o estás dispuesto a arriesgar un poco más tu vida y el futuro de tu familia? Y así.

No lo hace con mala intención. Lo hace con hijoputismo. ¿Un cafelito? ¿O pasamos a los turrones?

A la hora de los regalos, el cuñado es el que te pregunta cómo es que no encontraste el juguete que tu hijo llevaba meses pidiéndote y tú no fuiste capaz ni de deletrear. También hará chistes, uno nuevo de cada diez. Y contará anécdotas superdivertidas. Al final hasta se creerá el alma de la fiesta, un alma que no la querría ni el diablo de rebajas en un outlet del todo a cien.

Porque eso sí, si indagas un poco, seguramente encontrarás a un mediocre con tanta rabia como envidia y a un incompetente acomplejado que se está vengando de las collejas del cole, incapaz de disfrutar de la vida o de aportar algo de valor a la gente a la que supuestamente ama y de la que chupa toda su energía como un vampiro, que es lo que es. Y así monopoliza y secuestra fiestas, reuniones, titulares, medios de comunicación y grupos de whatsapp.

Vamos, que un cuñado para una familia viene a ser lo que un ministro del PP para su país.

Por suerte, ahí estarán siempre los concuñados para empatizar con nosotros, sufrir en silencio lo que sufrimos pero en nalga ajena y demostrar así cierta lección que jamás debimos haber olvidado.

Que menos por menos, es más.

¿Un licorcito?”

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El peor trabajo del mundo.

El peor trabajo del mundo.

Artículo publicado el domingo, 22 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

28“Ya seas hombre, mujer, animal, semoviente o cosa, atiende bien, porque si puedes leer esto y entenderlo, esta oferta puede que vaya dirigida a ti. Mediante la presente, te ofrezco el peor trabajo del mundo. Te ofrezco trabajar conmigo y trabajar para mí.

Estoy buscando una asistente personal. Y hablo siempre de una porque preferiría que fuese, antes que personal, persona. Siempre he intentado contratar a gente a la que admirase. Gente que tuviera algo que no tengo yo. Gente que me superase de mucho en algo. Sólo siendo persona ya habríamos cubierto este punto con creces. Si eres persona, sigue leyendo, que vamos bien.

Para empezar, deberás vivir en Barcelona. La distancia es el olvido, como cantaba aquél. Si no estás dispuesta a vivir en la ciudad condal y trabajar codo a codo conmigo, no estamos hechos el uno para el otro, no pasa nada, hay gente maja también en el resto del estado español, no tan maja como yo pero qué se le va a hacer.

El peor trabajo del mundo siempre estará mal pagado. Te aviso para que no haya sorpresas ni malentendidos. Tu remuneración estará todo el tiempo algo por debajo de tu valía. No por nada, sino porque a mí me pasa exactamente igual. Siempre he creído que ganaba menos de lo que debería. Si aún así te parece injusto, estaré encantado de repasar contigo la parte que aún no hayas entendido del título de esta oferta laboral.

El peor trabajo del mundo tampoco entiende de horarios. Seguro que las compañeras y compañeros estarán encantadas y encantados de leer esto. Pero seguro que también les gusta saber que la primera frase de este párrafo la he copiado de un delegado sindical. Estoy buscando una actitud que ponga el resultado por encima del proceso. A mí, como si no vienes a la oficina. Mientras hagas tu trabajo y lo hagas siempre buscando la excelencia, las horas físicas al final las pondrás tú. Gente a la que se le cae el boli, los anillos o la cara de vergüenza, abstenerse. Gracias.

Mi personal assistant (qué bien queda todo en inglés -por cierto, si no lo hablas, dont you even dare-) deberá ser, además, alguien que se adelante a mí, como mínimo, 48 horas. Alguien que vele por mi integridad física y mental y sea capaz de llevar y anticiparse mínimo dos días a una agenda de contactos, de reuniones, de viajes, de conferencias, de clases, de producciones publicitarias, de rodajes televisivos, de publicaciones de libros y de artículos como éste que se supone que estás leyendo. Cuanto más se anticipe, mejor. Cuanto más piense ella, menos tendré que pensar yo. Cuantas más decisiones tome ella, menos tendré que tomar yo. Cuanto más acierte ella, menos tendré que equivocarme yo.

A continuación, deberá ser alguien que demuestre que puede trabajar de community manager y lleve mi blog ristomejide.com. Nada demasiado complicado, pero hay que estar al día, contestar a todos los mails y mensajes que lleguen siempre con educación y respeto y llevarse bien con pantallas de todo tamaño. Fíjate que no hablo de experiencia, porque la experiencia ya no es lo que era y lo que hay que saber, como dijo aquél, se aprende en un par de tardes.

Por último, deberá ser una excelente relaciones públicas. Deberá gustarle tratar con gente de todo pelaje, linaje y condición, así que la flexibilidad, la empatía y la proactividad serán clave en el correcto desempeño del puesto. Alguien que haga lo que nunca he sido ni seré capaz de hacer yo: enamorar a la gente desde el primer encuentro. Y hacer seguimiento de las relaciones humanas, esas grandes desconocidas para mí.

Todo, como dice mi amigo Gerard, obsesionándose por las 3D: dedicación, dirección y discreción.

A cambio, la verdad es que no ofrezco mucho. Un trabajo en una empresa seria a ratos, un salario que pagamos, eso sí, religiosamente y enseñarle a esa persona lo poco que pueda saber yo sobre lo mucho que desconozco. Ahora empiezo a entender por qué no la he encontrado todavía.

Si crees que reúnes estas características y no te importa aplicar para el peor trabajo del mundo, deberás saber que, además, compites contra una empresa de recursos humanos que está realizando una búsqueda en paralelo y contra una candidata -que sabe que es provisional- pero que lleva unas semanas haciéndolo realmente bien y a lo mejor al final hasta se queda con el puesto.

Si aún así quieres probar suerte, envía tu currículum, tu análisis de orina, o lo que te dé la gana a elpeortrabajodelmundo@gmail.com. El buzón permanecerá abierto hasta las 23:59 del 31 de diciembre de 2013, momento en el que se dejarán de recibir mensajes. Tampoco envíes muchos mails, conocer la fina línea que separa la insistencia de la pesadez será uno de los criterios a valorar para la selección de candidaturas. Y sólo nos pondremos en contacto con aquellas que vayamos a entrevistar, así que si el 31 de enero aún no has recibido respuesta, la respuesta es no, pero gracias por participar.

Busco la mejor persona del mundo para el peor trabajo del mundo.

Sé que existes.

Y sé que aún yo no te he encontrado.

A ver si de este modo tú me encuentras a mí.”

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Soy pregunta

Soy pregunta

Artículo publicado el domingo, 15 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

AFTERSHARETV_Risto_1_Bitono_baja“Cada uno de nosotros es una pregunta. Todos y cada uno de nosotros nacemos con un signo interrogativo que rodea nuestro cerebro, baja por nuestro esófago condensando nuestro aliento y no se detiene hasta que sutura con un punto nuestro corazón. Crecemos buscando y juntando partes inconexas de trozos de respuesta y morimos justo cuando formulamos la otra gran pregunta que siempre quedará sin contestar.

Todo junto es un proceso caótico al que llamamos vida para simplificar y al que encima tratamos de dar algún sentido por el camino. Mira si es aleatorio que las respuestas que necesitas no están nunca a mano, no sabes muy bien por qué, y las que sí te llegan, además, lo hacen siempre antes de que nadie las haya preguntado. Eso sí, la coherencia que no nos la quiten, eh. Que sóc del Barça.

A medida que te vas haciendo mayor, compruebas que las preguntas crecen más rápido que las respuestas. Quizás sea porque nos han enseñado a responder sólo a problemas ya planteados. Porque cuando llega el momento clave, el momento de la verdad, la gente que más podría ayudarte, normalmente ya se ha ido. O a lo mejor será porque creemos que la respuesta a una pregunta siempre tiene que ser eso, una respuesta, y no otra pregunta. No lo sé. Lo que sí sé es que la entropía debería haber sido asignatura obligatoria en la escuela primaria, y si no lo es todavía, que alguien le preste un cerebro al ministro Wert y veréis como lo acaba siendo.

Un día, antes de que te des cuenta, sin apenas planteártelo, de pronto notas que las respuestas hace tiempo que han dejado de satisfacerte. Porque vas descubriendo que son caducas. Porque has comprobado que son cambiantes. Porque sabes que muchas morirán contigo. O porque alguien o algo las matará. Ser pregunta te lleva a desconfiar de todas las respuestas. Ser pregunta te lleva a alimentarte de más preguntas.

Y así es como surge el relato de nuestra vida.

Un héroe no es más que alguien que defiende una pregunta. Abierta, grande, universal, no con una sino con tantas respuestas como vidas se la planteen. Es alguien que cree que mientras hay preguntas, hay esperanza. Mira los niños, que no paran de preguntar por qué. Y los artistas. Y los científicos. Mira Bertrand Russell. Un villano, en cambio, no es más que quien pretende rodear esa misma pregunta con la antimateria de su respuesta. Él sí que sabe lo que nos conviene y quiere cerrar la pregunta, desactivarla, meterla en un ataúd. Un mundo de sólo respuestas, es un sistema inerte, un sistema muerto, un sistema que ya está.

Tú haz lo que quieras, pero yo desconfío de las respuestas tipo test. Desconfío de los que me quieren hacer responder sí o no. Soy firme militante del depende. Será mi sangre gallega mezclada con catalana. Y si es así, aún me siento más orgulloso de venir de donde vengo.

Pero si ese alguien además, es un político, entonces la desconfianza se convierte en cabreo. O sea, que no me tengo que preocupar, que ya me das tú todas las opciones posibles. Como si fuera ese mocoso al que tratas de educar por el buen camino. El clásico truco de darle dos opciones al niño para que no se me pierda, que haga lo que yo quiero y que encima crea que está ejerciendo su libertad. Ah, y no nos olvidemos, me traspasas el problema, que es tuyo, y que por eso te pago, para que lo resuelvas tú. Para que encima puedas seguir ejerciendo tu incompetencia, pero ahora encima con mi bendición.

Menos Mas que aquí llega Artur para solucionárnoslo todo. Tranquils, que ja sóc aquí. Amb il·lusió. Y para que no nos falte de nada, nos viene no con una pregunta, sino con dos. Una embarazada de otra. Es una pregunta con polizón. Un kinder sorpresa de la duda. Y así, complicando una pregunta, se empequeñece aún más la respuesta. Sin matices ni medias tintas ni grises, que de eso ya tuvimos bastante durante cuarenta años.

Los chinos, que de tinta saben un rato, utilizan la misma palabra (wenti) para designar al problema y a la pregunta. De tal manera que a que quien tiene muchos problemas, prefieren decirle que tiene muchas preguntas. Sigues sin solucionar nada, pero y lo bien que te lo pasas confundiendo al respetable.

No me pienso esperar al 9N. Yo es que me pregunto encima. Y me pregunto qué hará nuestro visionario President cuando el choque de trenes sea ya algo inevitable. Y lo peor, qué haremos entonces el resto de catalanes que seguimos creyendo en la convivencia pacífica y en que el oficio de un político es siempre y por encima de todo, sentarse, dialogar y negociar.”

Ése sí es mi problema.

Ésa sí es mi pregunta.

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Ni fácil ni difícil ni sencillo ni complejo, sino todo lo contrario.

Ni fácil ni difícil ni sencillo ni complejo, sino todo lo contrario.

Artículo publicado el domingo, 8 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

25“No soy fácil. Pero quién lo es.

Mira este artículo. En un principio pretendía que tratase sobre las cenas navideñas de empresa, un artículo ligerito, para ir abriendo boca, pero si hasta se iba a llamar La dieta François Pignon. De ahí la fantástica ilustración que lo acompaña. Estaba dispuesto a imaginar e ironizar sobre las cenas del PSC, la de la CEOE, la de la calle Génova o la de la UGT.

De pronto, se nos muere Mandela, bueno, nos morimos todos un poco con él, la noticia atraviesa cada una de mis palabras, se me baja la ceja y lo demás como que parece que flota. Sí, que el hombre ya tenía una edad, pero yo qué sé. Hay gente que debería ser tan inmortal como las ideas que representa. Gente tan grande que no cabe en una vida. Ideas tan fuertes que no las mata ni dios.

Porque no soy difícil. Pero quién lo es.

Mira el bueno de Montoro. Menudo lío tiene el pobre, con lo sencillito que es él. Parece que Don Cristóbal monta sobre un enano y le crecen los circos. Seis nuevos cadáveres (¿políticos?) a cuestas de Santiago Menéndez, serias sospechas de trato de favor en los asuntos Noos y Cemex, y para colmo, un pulso fraticida con el ministro Soria por lo único que importa aparte del sexo. Ojalá vuelva pronto el ministro a la comicidad a la que nos tiene acostumbrados, amenazando a artistas para que parezca un accidente y ejerciendo su encomiable labor de crítico cinematográfico, para que podamos seguir igual de mal, pero al menos echándonos unas risas.

Y es que vale que no soy sencillo. Pero quién lo es.

Observa a cualquier niño. O a cualquier anciano. Pregúntales qué es lo que realmente les importa. La sencillez está en el punto de partida y en el de llegada, pero jamás en el trayecto. En el camino está siempre la complicación, la dificultad, el obstáculo. Vivimos un estado continuo de emergencia. Nos adelanta siempre la rapidez. El ritmo ha reemplazado al tempo y todo ocurre y es analizado, criticado y concluido mucho antes de que alguien pueda siquiera sentarse a reflexionar.

Pero es que tampoco soy complejo. Y quién lo es.

Cumplir la ley es la base de todo lo demás. O al menos debería serlo. Pero cuando veo a un hijo de la gran puta (sí, sí, vuélvelo a leer, pero con todas las letras: hijo – de – la – gran – puta) salir de la cárcel sin haber mostrado ni un ápice de arrepentimiento y a sus médicos, psiquiatras y psicólogos negando cualquier tipo de rehabilitación, no puedo evitar plantearme no ya si ha salido antes de hora, sino si deberíamos estar revisando ya esas mismas leyes con carácter prioritario y urgente, pero no retroactivo, no vaya a ser que la volvamos a liar.

Al final, si hay algo que define este inicio de siglo XXI es que estamos siempre en manos de lo que aún no conocemos. Y que no sabemos lo que no sabemos, hasta que nos damos cuenta de que lo hemos aprendido siempre demasiado tarde.

En los años 90, los militares hablaban de situaciones VICA: entornos de extrema Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. O sea, hoy. Y para acabarlo de arreglar, el profesor Douglas Rushkoff acaba de inventarse la digifrenia: la frustración causada por nuestra incapacidad de manejar nuestras actividades e identidades múltiples simultáneamente por culpa de nuestra inmersión digital, que todo lo moja hasta dejarlo tan arrugado como un cerebro pero tan inservible como en ausencia de él.

Yo me quedo con los Wicked Problems de Jeff Conklin: sólo seremos capaces de conocer cuál era nuestro verdadero problema cuando hayamos encontrado parte de su solución.

Vamos, que sólo podemos saber qué queríamos decir cuando ya lo hemos dicho.

Que sólo podemos saber qué queríamos hacer cuando ya lo hemos hecho.

Muy parecido a lo que me ha ocurrido con el texto de hoy.

Bonita ilustración, eso sí.”

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Felicidades.

18Artículo publicado el domingo, 1 de Diciembre de 2013 en ElPeriódico.com

“Cada año arranco diciembre una cifra más lejos de lo que pone en mi DNI. Cumplir un 29 de noviembre te hace tener amigos casi siempre mayores que tú, esperar muy poco o casi nada de los regalos de navidad, tardar hasta enero en responder correctamente cuando alguien te pregunta la edad y aguantar las tonterías que año tras año se dicen sobre los sagitario. Por lo visto, somos imaginativos, arriesgados, impetuosos, nobles y un tanto egocéntricos. Nada, ni puñetera idea. En realidad, mamá, queremos ser artistas y perdemos unicornios azules día sí, día también.

Sin embargo, como en todos los cumpleaños de cualquier mortal, durante ese día tan como cualquier otro, la frase que más te llega no es cómo te sientes, ni cada cuánto te aman, ni siquiera cómo te lo has montado para llegar con vida hasta aquí. La palabra que más escuchas no es otra que felicidades. Así, en plural. Como si no bastase con una, la gente que te quiere intenta desearte muchas. Y tú encima te ves obligado a darles las gracias.

Si lo piensas bien, deberías pedirles que especificaran. Porque si te desean muchas y no mucha, eso significa que existen varios tipos de felicidad. A bote pronto a mí me salen, como mínimo, cuatro.

Para empezar, está la felicidad del que no da para más. Es la felicidad del iluso, del idiota, del inconsciente, la del lirio en la mano del inocente inocente. Es la felicidad que carece de tanta maldad como de información. Es la felicidad del que ni sabe ni, por más que se esfuerce, jamás sabrá. El que no se inquieta porque no puede. El que no se plantea porque no tiene con qué. Benditos, envidia me dan. Eso cuando no me siento uno de ellos, claro.

Después está la felicidad del que ya le está bien. Es la felicidad del conformista. La del ir tirando. La del no nos podemos quejar, la del que vive en un eterno día de verano. Son los felices que mi abuela llamaba felicianos. Y así no se puede ir por la vida, solía rematar. Son todos aquellos que, por más que te esfuerces, jamás cambiarán. Y desde luego, nunca esperes que gracias a ellos, las cosas cambien. Lo cual me lleva al cambio como fuente de infelicidad. Pero eso daría para otro artículo.

A continuación está la felicidad postiza. Es una felicidad impostada, de sonrisa de boda, de político en campaña, de cara a la galería, más de quita quita que de pon pon. Es la que hemos consumido desde pequeñitos, la que Disney nos ha contado que hay que perseguir en esta rueda del hámster que son los anuncios publicitarios, las películas americanas y novelas del todo a sien. Es la felicidad sin pedos ni señales, sin mocos ni cuñados que ganen más que tú. Es la felicidad que caduca a los 90 minutos, y que no resiste ya no una mudanza o un hijo, sino la triste secuela de un domingo por la tarde.

Y por último, si tuviéramos que redondear esta feliz lista, estaría la felicidad que es resultado de una decisión. Es la más difícil, pues no depende de nadie más que de quien la padece. La que hay que recordarse a uno mismo todos los días. No es la felicidad del que más tiene, sino la del que menos necesita. Tampoco es la felicidad del que más recibe, sino la del que más da. Es la felicidad del que ama sin remitente. La del que ha decidido sentir sin cobro revertido.

La felicidad del inconsciente no se puede recomendar, pues como hemos visto, no depende de nuestra propia voluntad. Para practicar la felicidad conformista tendría que empezarse por cambiar algo, cosa incompatible con un ser feliciano. La postiza no queda nunca creíble si no viene acompañada de un presupuesto de varios millones, guion bien pedorro, una Julia Roberts cualquiera y directo a DVD. Y la felicidad decidida, al ser consecuencia directa de eso, de una decisión, jamás puede ser un deseo, sino en todo caso una exigencia y un compromiso personal con la alegría de los demás.

Por lo tanto, sólo me queda una explicación: en realidad no estaban deseándome muchas felicidades por mi cumpleaños, sino que intentaban regalarme la definición más importante de mi vida. Con los nervios, que dan hambre, se comieron el espacio en blanco entre «felicidad» y «es». Y puesto que de lo que se come se cría, al intentar completar la frase, todos se quedaron justamente así.

En blanco.”

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Urgencias.

Urgencias.

Artículo publicado el domingo,  24 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com

14“No te hagas líos. Nada importa demasiado si la salud no está. Si crees que tu vida no pasa por su mejor momento, si te crees con derecho a enfadarte, frustrarte o deprimirte, date una vueltecita por cualquier uci. Allí donde urge lo importante e importa lo urgente. Allí donde el día y la noche los marca cualquier cosa menos la salida y puesta del sol. Es un paseo, seguro que tienes alguna cerca. Yo tengo una justo al lado de casa. Vas, visitas a las familias que allí se encuentran, y hablas con ellas. Que te cuenten su drama, lo que están viviendo y lo que darían por dejar de vivirlo. Y luego me cuentas.

Nos creemos importantes hasta que algo o alguien nos manda a un hospital. Igualador de vanidades, antesala de nuestro principio y de nuestro fin. El hotel de los dolores mudos. La residencia del gemido que nadie quiere escuchar. Si te crees con derecho a estar mal es porque no lo has estado de verdad. Si nunca has pasado una noche en urgencias, aún no sabes lo que es sufrir.

Siempre he pensado que el amor de tu vida se esconde tras la salud, y no se le ve hasta que ésta se quita de en medio. Tu media naranja jamás será la que exprimas sobre el catre de la pasión y el desenfreno. De esas encontrarás muchas, o al menos eso espero, por tu propio bien. Pero la mujer o el hombre de tu vida será sólo aquél o aquélla a quien le digas un día «llévame al hospital». Todo lo demás, se puede pagar. Visto así, igual deberíamos casarnos todos con putas o con taxistas. O igual es que todos somos un poco putas y un poco taxistas, también.

No te hagas líos. Cuando dejamos de ser estupendos estamos más cerca de los que estaban tan cerca que ni los veíamos, y aleja a los que ya estaban lejos, pero los creíamos ver. La enfermedad grave, un gran detector de mentiras que encima suele llegar demasiado tarde, o demasiado pronto.

Así es la salud, ese bien de preciada ausencia, pues sólo se valora cuando ya se perdió.

Y es que somos lo que cuidamos. La debilidad de un cuerpo que necesita otro para subsistir cuantifica la dependencia de nuestro prójimo, pero también nuestro nivel de civilización. Porque son justamente los débiles los que miden nuestro grado de fortaleza. Porque son los que se hacen pequeños los que nos pueden hacer sentir grandes. Cómo tratamos a los dependientes. A los ancianos. A los enfermos. A los niños. Cuanto mejor los cuidemos, más lejos estaremos de la barbarie y la sinrazón.

Por eso me parece impresentable que algunos se empeñen en convertir la cuestión sanitaria o de la dependencia en un problema de cartera.

“No te hagas líos. No es una política más. Es la única política que siempre debería existir, incluso a falta de todo el dinero del mundo, así tuviéramos que prescindir de todo lo demás. Pero la sanidad no. La sanidad es innegociable. Para éste y para todos los gobiernos que vengan. Oiga, la vida está por encima de usted y de sus cuatro míseros años de mandato. Si no hay vida, no hay nada. Así que métase los recortes entre su culo y el cuero de su coche oficial. Pero la sanidad ni tocarla. Que si nos morimos por un recorte, entonces ya no nos morimos, sino que usted nos está matando. Y habrá que juzgarlo como lo que usted es. Un genocida.

No admito que me vengan con eufemismos. Privatizar la gestión significa echar gente a la calle. Y así nos luce el pelo. Ciudades inundadas de mareas blancas que desean trabajar mientras sus centros de salud acumulan listas de espera con pacientes que no pueden permitirse el lujo de convertirse en clientes. Recortes descarnados que acaban blandiendo hachas donde deberían usar bisturí. Y mira que te lo dice un orgulloso hijo de médico de centro público. Y aun así, resignado cliente de la privada.

En la antigua China, los médicos cobraban sus honorarios sólo mientras la población estuviese sana, y dejaban de cobrar en cuanto ésta enfermaba o sufría algún tipo de epidemia. Creo que deberíamos empezar a aplicarlo con los políticos. Descontarles de su sueldo todos y cada uno de los días que los pacientes de este país pasan esperando a que alguien les cure.

De ese modo, la cuestión de la sanidad pública no ganaría en simplicidad.

Pero sí en urgencia.”

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Querida Alcatiesa.

Querida Alcatiesa.

15Artículo publicado el domingo, 17 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com.

“Te escribo desde este happening metropolitano llamado Madrid. A pocas horas de que finalice tu ultimátum para que limpien y desinfecten las calles, miles de toneladas de deshechos perrofláuticos y residuos izquierdosos llevan 11 días acumulándose en aceras y calzadas de la capital. Desde el 15M que no me daba tanta cosa salir con las joyas puestas. Y mientras lo hago, las declaraciones de Wert siguen infectándonos a lo largo y ancho del territorio nacional sin que nadie más aparte de Europa haya denunciado la pestilencia que todavía hoy debemos soportar. Un escándalo. Una ignominia. Un horror. Otra nube en mi relaxing cup, por favor querida.

Qué mal está el mundo. Qué barbaridad. Es inaceptable, Alcatiesa. No hay más que ver cómo está el servicio. En cuanto una se relaja, se le suben a las barbas. Menuda gentuza. En vez de darnos las gracias, ¿verdad? Si no fuera por nuestra existencia, aún vivirían todos en taparrabos arrancando frutos frescos a mordiscos. Y qué recibimos a cambio. Intolerancia. Incapacidad de adaptarse a los nuevos sueldos. Oye, que si hay que vivir con el 40% menos, pues tendrán que saber primero calcularlo, -haber estudiado en la privada- y después aguantarse, como hacemos todos. Qué mono ese collar de perlas. Si me dices dónde lo compraste, envío a mi escolta a por él.

Además, qué ibas a saber tú sobre los despidos en empresas adjudicatarias. Si las aprietas, porque las aprietas. Si les das, porque les das. A ver si se aclaran estos pobres de bolsillo y de corazón. A todo esto, la culpa la tienen los jesuitas. Se empieza dejando de ir a misa y se acaba con una manzana entre las peras.

Mira la catástrofe del Prestige, sin ir más lejos. Al final hasta la justicia te ha acabado dando la razón. Se ha demostrado que sólo hubo un culpable: el barco. Y les faltó decir la península española, que se puso delante.

A lo que iba. Madrid está que ya huele casi como los bajos del Congreso. Y digo yo, por qué no haces con la basura como hiciste con los medidores de polución cuando eras concejala del Ayuntamiento y simplemente la cambias de sitio. Igual no arreglas mucho, pero vamos a ser sinceros, cuándo lo hiciste. Que por algo eres una ex-primera dama, curtida en las más grandes gestas, experta en reciclar marrones de varias toneladas y todo sin perder esa sonrisa postolímpica que dios te ha dado.

Y hablando de El Elegido. ¿Has pensado en canonizarlo? A la vista de sus memorias, diría que sería todo un detalle por tu parte, a lo mejor para su cumpleaños, es una tontería pero -si no lo tiene ya-, igual hasta le hace ilusión. Plantéatelo, cari. San José Mari, patrón de las Azores. Dirigiendo el destino de este mundo y del universo hasta el infiernito y más allá. El único santo con gayumbos de Calvin Klein, altar privatizado, tableta abdominal y tupé. Y un bigote sobre cada cirio, para recordar que aquí no se apaga ni dios.

Claro que si no le gusta el regalo, lo mismo se enfada y toma nota. Y digo yo, que dónde tomará nota. En la libretita en la que apunta los buenos y los malos, los que le están y los que no, los que esconden armas de destrucción masiva y los que están trabajando en ello. Si es que invocarlo es quererlo. Ojalá vuelva, sí, pero a beber mientras conduce.

El Oso y el Vertedero son un insulto a los buenos modales. Una desfachatez. Menos mal que tú y tu eficaz equipo ya habéis activado el plan B en tiempo récord. Tras más de 260 horas de auténtico estercolero, en un giro súbito e inesperado de los acontecimientos, vais a poner a una empresa pública a trabajar por 85 euros el empleado y noche.

Ay, Alcatiesa, menudo estrés. Te veo así como exhausted. En cuanto acabes con tu personal crisis de los misiles, deberías retirarte una temporadita a un modesto balneario de Portugal, cerquita de Sintra y Cascais, que me han dicho que es ideal para olvidarse del sucio vulgo, de la necesidad de asumir toda crisis y cualquier responsabilidad.

Eso sí, tú también vuelve pronto, hazlo por los ciudadanos que tuvieron la opción de votarte como Alcatiesa. Son los únicos que siempre estarán a tu lado, apoyándote y legitimándote en tu dura cruzada como edil de la ciudad más pestilente de España.

Y es que cuando nadie te ha elegido para el cargo que ocupas, tú ya no ves votantes.

Sino chachas.”

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