Querida Alcatiesa.

Querida Alcatiesa.

15Artículo publicado el domingo, 17 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com.

«Te escribo desde este happening metropolitano llamado Madrid. A pocas horas de que finalice tu ultimátum para que limpien y desinfecten las calles, miles de toneladas de deshechos perrofláuticos y residuos izquierdosos llevan 11 días acumulándose en aceras y calzadas de la capital. Desde el 15M que no me daba tanta cosa salir con las joyas puestas. Y mientras lo hago, las declaraciones de Wert siguen infectándonos a lo largo y ancho del territorio nacional sin que nadie más aparte de Europa haya denunciado la pestilencia que todavía hoy debemos soportar. Un escándalo. Una ignominia. Un horror. Otra nube en mi relaxing cup, por favor querida.

Qué mal está el mundo. Qué barbaridad. Es inaceptable, Alcatiesa. No hay más que ver cómo está el servicio. En cuanto una se relaja, se le suben a las barbas. Menuda gentuza. En vez de darnos las gracias, ¿verdad? Si no fuera por nuestra existencia, aún vivirían todos en taparrabos arrancando frutos frescos a mordiscos. Y qué recibimos a cambio. Intolerancia. Incapacidad de adaptarse a los nuevos sueldos. Oye, que si hay que vivir con el 40% menos, pues tendrán que saber primero calcularlo, -haber estudiado en la privada- y después aguantarse, como hacemos todos. Qué mono ese collar de perlas. Si me dices dónde lo compraste, envío a mi escolta a por él.

Además, qué ibas a saber tú sobre los despidos en empresas adjudicatarias. Si las aprietas, porque las aprietas. Si les das, porque les das. A ver si se aclaran estos pobres de bolsillo y de corazón. A todo esto, la culpa la tienen los jesuitas. Se empieza dejando de ir a misa y se acaba con una manzana entre las peras.

Mira la catástrofe del Prestige, sin ir más lejos. Al final hasta la justicia te ha acabado dando la razón. Se ha demostrado que sólo hubo un culpable: el barco. Y les faltó decir la península española, que se puso delante.

A lo que iba. Madrid está que ya huele casi como los bajos del Congreso. Y digo yo, por qué no haces con la basura como hiciste con los medidores de polución cuando eras concejala del Ayuntamiento y simplemente la cambias de sitio. Igual no arreglas mucho, pero vamos a ser sinceros, cuándo lo hiciste. Que por algo eres una ex-primera dama, curtida en las más grandes gestas, experta en reciclar marrones de varias toneladas y todo sin perder esa sonrisa postolímpica que dios te ha dado.

Y hablando de “El Elegido”. ¿Has pensado en canonizarlo? A la vista de sus memorias, diría que sería todo un detalle por tu parte, a lo mejor para su cumpleaños, es una tontería pero -si no lo tiene ya-, igual hasta le hace ilusión. Plantéatelo, cari. San José Mari, patrón de las Azores. Dirigiendo el destino de este mundo y del universo hasta el infiernito y más allá. El único santo con gayumbos de Calvin Klein, altar privatizado, tableta abdominal y tupé. Y un bigote sobre cada cirio, para recordar que aquí no se apaga ni dios.

Claro que si no le gusta el regalo, lo mismo se enfada y toma nota. Y digo yo, que dónde tomará nota. En la libretita en la que apunta los buenos y los malos, los que le están y los que no, los que esconden armas de destrucción masiva y los que están trabajando en ello. Si es que invocarlo es quererlo. Ojalá vuelva, sí, pero a beber mientras conduce.

El Oso y el Vertedero son un insulto a los buenos modales. Una desfachatez. Menos mal que tú y tu eficaz equipo ya habéis activado el plan B en tiempo récord. Tras más de 260 horas de auténtico estercolero, en un giro súbito e inesperado de los acontecimientos, vais a poner a una empresa pública a trabajar por 85 euros el empleado y noche.

Ay, Alcatiesa, menudo estrés. Te veo así como exhausted. En cuanto acabes con tu personal crisis de los misiles, deberías retirarte una temporadita a un modesto balneario de Portugal, cerquita de Sintra y Cascais, que me han dicho que es ideal para olvidarse del sucio vulgo, de la necesidad de asumir toda crisis y cualquier responsabilidad.

Eso sí, tú también vuelve pronto, hazlo por los ciudadanos que tuvieron la opción de votarte como Alcatiesa. Son los únicos que siempre estarán a tu lado, apoyándote y legitimándote en tu dura cruzada como edil de la ciudad más pestilente de España.

Y es que cuando nadie te ha elegido para el cargo que ocupas, tú ya no ves votantes.

Sino chachas.»

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