En garde.

En garde.

Publicado el miércoles, 2 de diciembre de 2015, en ElPeriódico.com.

 Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Rajoy se debate solo. No necesita a nadie más. Él se basta y se sobra para debatirse entre la vida y la muerte política. Entre el autobombo más absurdo y el ridículo insustancial. Entre todas las cosas que dijo y las que en realidad quiso decir. Mucho españoles. Colleja. La segunda ya tal. Es que no entiendo mi propia letra. ¿Y la europea? Me gustan los catalanes porque hacen cosas. Y así. El buen hombre es autolesionista, no hay que dejarle jamás solo ante la navaja abierta de una rueda de prensa con preguntas, o lo perderemos para siempre, se nos irá.

El peor rival del Presidente del Gobierno es su propia incompetencia a la hora de comunicarse y comunicar. Cada vez que abre la boca y no emite sonidos ahora sabemos que se está riendo, pero si los emite, tiene mucho que perder y muy poco que ganar. Y eso, desde su gabinete, se sabe mejor que en ningún sitio. Si aún hay alguien que cree que eso es hacer política, que vaya pensando de cuántas pulgadas quiere a su próximo presidente, porque el actual candidato no da para más.

En un cara a cara con Rivera e Iglesias habría una escabechina, todos lo vemos y lo sabemos. Los novatos le pegarían una soberana tunda dialéctica difícil de encajar, no les haría falta ni leerse a Kant. Sería como ver a Chuck Norris y Bud Spencer cebándose con un swagger menor de edad. Un abuso en toda regla. Una oda a la violencia gratuita. Una brutalidad.

Por eso, la única concesión a las “más de 30 peticiones” ha sido un debate a la vieja usanza, reafirmando la imagen de un bipartidismo viejuno, anquilosado, defensivo y lo que es más duro, sordo como una tapia ante la voz del país, que pide cambios profundos y regeneración democrática, algo que no parece dispuesto a conceder.

Con estos mimbres, no es de extrañar que alguien le haya aconsejado que mejor se quede en su casa o en la tuya. Que no salga si no es estrictamente necesario, es decir, si no se trata de un evento amablemente blindado o con un partido de Champions de por medio. Que ahí fuera hace mucho frío, y si encima te esperan para ponerte calentito, pues todavía más. Atril vacío. Vota atril. O peor aún, la vice de los recados.

Debatirse en duelo parece que es, ha sido y será la clave de esta campaña. Un duelo -o mejor dicho, muchos- en los que, los guantes son lanzados sin descanso desde foros y medios de comunicación. Quien los recoja y aproveche, tendrá a su alcance la horda de votos indecisos que aún están por asignar.

Y quien no, que haga como los duelistas hicieron durante los más de tres siglos que duró esa práctica clandestina en España. Que asuma las consecuencias sobre su honra, que a diferencia del honor no es lo que uno piensa de sí mismo, sino lo que piensan los demás.”

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Enemigos ínfimos.

Enemigos ínfimos.

Publicado el miércoles, 25 de noviembre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Me gustaría referirme a Marcel Proust para arrancar este artículo. Citar a Rawls, a Gramsci o a Derrida para esbozar mi línea argumental y a partir de ahí, desarrollar. Me doy cuenta de que quedaría como dios, de lo más hipster y asambleario. Pero la verdad es que me voy a basar en Megamind, una de las últimas películas de animación de Dreamworks. Qué le vamos a hacer, son los referentes más recientes y honestos de cualquier padre que se precie. Ah y encima, la voy a citar para hablar de fútbol.

El caso es que he elegido esa peli porque tiene un guión de lo más curioso. Para empezar, el protagonista es el malo. Un malo que es tan bueno haciendo de malo, que hasta llega a ganarle la partida al bueno. No, no estoy reventando el final. Porque ése es sólo el principio. Y es que a partir de ahí, el malo se da cuenta de que se aburre, que no sabe qué hacer con su vida, que él no es nada sin un bueno que esté a la altura de su maldad. Que la vida de un antagonista no tiene sentido sin un protagonista al que borrar del mapa.

Pues bien, fue exactamente así como me sentí el pasado sábado mirando el clásico. Vaya por delante que no le quito ni un ápice de mérito a los de Luis Enrique y al mismo Lucho. Cuando un equipo juega bien, juega bien y punto, y contra todo un Real Madrid es de quitarse el sombrero. Puede algún día estar mal, pero el Barça, si algo no sabe ser, es malo.

Sin embargo, a mí que me gusta tuitear los clásicos más que a un tonto un lápiz -hasta me he llegado a preguntar si no son la misma cosa-, hubo algo que me hizo contenerme y no decir ni mú durante todo el encuentro. Estuve buscando el momento de decir algo, y no lo encontré, había algo que fallaba y no lo descubrí hasta que vi el resultado final. Aunque un 0 a 4 no fuera un marcador insólito en este tipo de partidos, ni siquiera otras victorias aún más aplastantes me dejaron un regusto tan amargo como ésta.

Y la diferencia estuvo en el rival, que no fue rival. Fue un enemigo ínfimo. Y eso que sé poco o nada de fútbol. Pero precisamente por eso, para que me dé cuenta yo, eso es que no sólo jugaron muy pero que muy bien, sino que lo hicieron contra un equipo que jugó muy pero que muy mal.

Y qué hacer cuando tu enemigo está en baja forma. Pues animarle.

No me gusta ver al Real Madrid así. No lo quiero volver a ver así. Yo no sé si el problema es Rafa Benítez, Florentino o la BBC. Y francamente, me da igual. Como socio del Barça, exijo un Real Madrid a la altura de un clásico del siglo XXI. Que se arreglen pronto con sus problemas internos y que vuelvan a ser lo que fueron.

Quiero verles levantar cabeza, que vuelvan a disputarnos todos los títulos.

Y quiero hacerlo para volvérselos a ganar.

Piensen que podría haber sido peor. Podría haber marcado Piqué.”

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Mi mandato.

Mi mandato.

Publicado el miércoles, 11 de noviembre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Oiga usted, desconéctese usted si le da la gana. Pero no cuente conmigo. Así que por lo que más quiera, deje de hablar de mandato democrático. Haga los gestos y declaraciones unilaterales que usted desee pero hágalos en su casa, no en sede parlamentaria porque entonces los está haciendo también en mi nombre. Mi mandato, que conste, es otro. A tenor de las últimas elecciones, el mismo que el de la mayoría del pueblo catalán. Y como la última vez que lo miré, la democracia era el mandato de la mayoría, déjeme recordarle cuál es nuestro mandato, o bueno, mejor dicho, el mandato de uno más, pero que se siente parte de esa mayoría.

Mi mandato es que dejen de hacer el ridículo. Que dejen de jugar a los estaditos y atiendan los problemas reales de Catalunya que -oh sorpresa- son sospechosamente similares a los del resto de España. Paro. Desigualdad. Recortes. Corrupción.

Mi mandato es que limpien su casa, su partido, su 3%, sus 15 sedes embargadas, su fundador y su familia de corruptos -cada vez menos presuntamente-, su tesorero en prisión. Y que lo limpien todo a fondo. De verdad. Y que hasta que no estén limpios, no se les ocurra ponerse ante los catalanes. Que se les caiga la cara de vergüenza. Son la deshonra de una tierra que no les merece. Ferrusola dixit.

Mi mandato es que acaten la ley. Y que si ésta no les gusta, luchen por cambiarla. Y luchar significa negociar, obtener la mayoría en la cámara de representantes legitimada para cambiarla. Igual que yo no puedo montar un referendum en mi coche para decidir a qué velocidad iremos hoy por la autopista, ustedes no pueden saltarse las instituciones que un día juraron o prometieron respetar. Y si no le sale el cambio que usted quería, no coja un berrinche y empiece a perder los papeles. Que jamás rompa la baraja. Porque si lo hace, lo único que demuestra es que no está capacitado para el cargo. No es competente. A su casa. Y que venga otro.

Por eso mi mandato es que respeten al Tribunal Constitucional. Por muy politizado que nos parezca a todos. Sí, a mí tampoco me gusta que algunos jueces hayan demostrado sus colores de manera tan poco decente. Pero peor que tener un TC de ese modo, créanme, es no tenerlo. O peor aún, que lo monten ustedes.

Y ya puestos, mi mandato va más allá. Mi mandato es que devuelvan el dinero que ha costado esta chapuza llamada procés. Como mínimo nos deben el 52% de ese dinero público que se ha malgastado en teatrillos de broma, en urnas de cartón y en propaganda sectaria enfocada a justificar y justificarse. Y el otro 48% espero que también se lo reclamen por ineficaz.

Sí, ya sé que mi mandato es sólo mío y que no represento a todo el mundo.

Pero usted tampoco lo hace cuando hace lo que hace, y ahí está.”

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Tropos en San Jerónimo.

Tropos en San Jerónimo.

Publicado el miércoles, 28 de octubre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Pase lo que pase el próximo 20-D, hay algo que seguro va a pasar y que aún no veo que se esté comentando demasiado, quizás porque no interesa darle mucho bombo, o igual porque no se considera suficientemente importante, no sé.

Lo que está claro es que ocurra lo que ocurra, dos formaciones políticas podrán sentarse en el Congreso de los Diputados por primera vez, y no serán dos incorporaciones cualesquiera. La Carrera de San Jerónimo acogerá en su más insigne institución a dos equipos nuevos capitaneados por sendos novatos que llegarán cargados hasta los dientes con el arma de persuasión masiva que les habrá llevado hasta ahí: la palabra.

Son los Gorgias y Protágoras del siglo XXI. Gracias a Gorgias destapamos las limitaciones de muchos tertulianos televisivos que iban de enterados hasta que alguien les indicó su lugar y sobre todo, el color de su discurso. Y gracias a Protágoras, muchos han descubierto que existen ligas de debate universitario, profesores como José Carlos Remotti y algo muy útil para la vida llamado retórica.

Dos políticos de la misma quinta que, aún sin coincidir en el contenido, sí han hecho de la forma su punto en común. Dos maestros en la esgrima verbal. Séptimo dan del cómo, aunque difieran sustancialmente en el qué. La prueba es que habrán convencido a suficientes españoles aún su nula experiencia previa en órganos de gobierno estatal. Y allí estarán, debutando, como el 60% de los parlamentarios del hemiciclo catalán.

Ansío ese momento. Sí, ya sé que la política es mucho más que expresarse bien, y que sólo con buenas intenciones no se cambia nada. Pero también hemos visto que es muy difícil hacerlo peor que los que había. Ahora nos toca disfrutar.

Porque pase lo que pase, creo que será muy bueno que los políticos de antes, los que llevan toda la vida aferrados a la poltrona, se vean cara a cara con los nuevos senséi de la discusión, aunque sólo sea para que alguien les pueda afear a la cara la cantidad de indecencia que hemos tenido que aguantar hasta ahora en silencio. Por fin alguien les va a desmontar. Y lo hará con estilo. Con charme.

Entrarán los tropos en San Jerónimo, y nosotros estaremos ahí para verlo. Metáforas, hipérboles, sinécdoques, y sobre todo ironía, muchísima ironía. Tropos, que en su origen significaba dirección. Que ya que nos van a estafar, al menos que lo hagan con arte.

Y a aquellos que minimizan el efecto de la palabra, recuerden que la retórica no consiste en expresarse bien en público; eso es oratoria. La retórica consiste en convencer al otro, o si no, no existe, no es tal. Y ahí sí que andamos muy necesitados. Políticos que no sólo quieran convencernos, sino que ante todo y sobre todo, sean todo unos maestros en el noble arte de escuchar.”

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Vamos de paseo.

Vamos de paseo.

Publicado el miércoles, 21 de octubre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Pí. Pí. Pí. En un auto nuevo. Pí. Pí. Pí. Pero no me importa. Pí. Pí. Pí. Porque llevo torta. Pí. Pí. Pí. Si tienes más de 30 años, trata de leer estas líneas sin canturrearlas. Y si tienes menos, búscalas en Google o mejor aún, en Youtube. La he cambiado un poco, sí.

Porque vale, igual el coche no es del todo nuevo, pero si tenemos en cuenta que lleva menos de 40 años de democracia, como estado aún nos podemos considerar unos pipiolos. Así que lo llamaremos de ocasión. Mentiremos para venderlo y añadiremos que su estado es impecable. Que siempre ha dormido en garaje. Y eso sí, con alguna que otra rayadita a la altura de Catalunya.

Los que vamos dentro somos nosotros, y más que de paseo, del viaje que nos ha pegado la crisis esta que se pegó como hongos en una piscina pública: nadie sabe muy bien de quién los pillamos, pero no hay manera de que se marchen. De ahí lo de la torta, que como es una canción infantil no podemos hablar de soberana hostia.

Y sin embargo, y a pesar de todo, es al volante donde está ocurriendo el merdé. Se aproxima un posible cambio de conductor el próximo 20D. Un bájate tú que ya me pongo yo un ratito, siendo un ratito cuarenta y ocho meses y un día.

De un lado, dos partidos que ya agotaron su carné por puntos de sutura. Llevan tanto tiempo turnándose, que incluso han olvidado las normas de tráfico, o mejor, las han interpretado como les ha dado la gana. Se han saltado líneas rojas, continuas, varios ceda al paso y más de un stop.

La corrupción es otra forma de pensar que te puedes saltar todas las reglas porque al fin y al cabo, nadie te va a pillar. De hecho, cada vez que les pillaban, sobornaban al urbano de turno para hacer como si aquí no hubiera pasado nada. Los pasajeros hemos descubierto con estupor que encima conducían bien borrachos de poder, y que nadie tuvo los arrestos de hacerles soplar a tiempo. ¡Viva el vino! Déjeme que beba tranquilo, mientras no ponga en riesgo a nadie…

Por si eso fuera poco, el que nos ha traído hasta aquí lleva los últimos cuatro años con el freno de mano puesto. Anclado en el no diálogo, en los recortes, en el sí a todo a Frau Merkel y en la recuperación de los grandes números, tan grandes que jamás han cabido por el coladero que llegaba a la gente de a pie. Y es que claro, cuando estás parado y dentro de un coche, lo que tienes ganas es de joder.

Pero es que del otro lado están los novatos. Puede que tengan muy empollado el teórico, pero aún no se han sacado ni el práctico de ciclomotor. Y aún así, se postulan como única alternativa al volante. Uno no sabe si darles su confianza o una gran L verde en toda la espalda.

Comprenderán que haya veces que, más que de votar, lo que tengamos ganas los ciudadanos es de bajarnos.”

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Send in the clowns.

Send in the clowns.

Publicado el miércoles, 14 de octubre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Durante el concierto de U2 el pasado viernes, hubo un momento mágico en el que un Bono un tanto pasado de carnes y algo mayor incluso para hacer de Bono -aunque con el talento intacto-, se marcó un snippet del “Send in the clowns”, quizás una de las más bellas melodías jamás compuestas.

Sólo unos días después, se me ocurrió ironizar en Twitter sobre el Día de la Hispanidad, sobre el ministro Morenés y sus ganas de sacar los tanques, pero también sobre el hashtag #NadaQueCelebrar. Y la que me cayó -por ambos lados- fue de palomitas al microondas. El caso es que me reí mucho, pero también me hizo pensar que hoy, en España -y ya no digamos en Catalunya-, el título de Sondheim cobra un sentido más literal que nunca.

Por eso reivindico, send in the clowns. Porque mira si estamos mal que hasta el término “payaso” se ha convertido en un insulto.

Send in the clowns. Porque reír se ha convertido en un deporte de riesgo. Allí donde hay alguien manufacturando risas, siempre aparece el típico perdonavidas agitando el garrote de la demagogia. Con lo mal que está todo, claro, como a ti te va todo de lujo. Serás cínico, ricachón capitalista, exigir risas cuando hay gente que lo pasa tan mal. Cuánto daño ha hecho el rictus de Podemos.

Cálmese, hombre, cálmese. Si precisamente, igual lo que estoy defendiendo es que la gente que peor lo pasa sea la que entone la primera carcajada. Hacia los de arriba, hacia los que les han quitado todo. Que se rían de ellos y que, por un momento, hagan lo que más le jode al poder, dientes, dientes, que les ridiculicen y les demuestren que hay cosas que jamás les podrán quitar. La sátira ha sido siempre el arma de la clase media. La ópera bufa fue siempre cosa de masas. Los ricos temen la risa del pueblo más que una troika. Iceta, mira, no bailes más.

Send in the clowns. Censores de sonrisas ajenas, son ustedes el Jorge de Burgos de El Nombre de la Rosa. Me recuerdan a la Semana Santa franquista, cuando se prohibía radiar música que no sonase fúnebre. “Hay cosas sobre las que no se puede bromear”. Así empiezan todas las dictaduras, los fundamentalismos y el retroceso social. Cuando el humor no es incorrecto, no es tal.

Send in the clowns. Porque necesitamos reírnos no menos, sino más. De todo y de todos. Quien censura cualquier broma está convirtiendo nuestra libertad en una pantomima de las que no hacen ni puta gracia. Da igual que sean unas caricaturas heréticas o el discurso antinacionalista de un galardonado director de cine. Si intentaban hacernos sonreír, debemos aplaudirles siempre y en todo caso, aunque no lo hayan conseguido. Sobre todo si no lo han conseguido.

Más Mongolia. Más Intermedio. Más @GerardoTC. Más Voltaire. Puede que no me haga gracia que te rías de eso, pero defenderé con mi vida tu derecho a hacerlo.”

Mariano, tenemos que hablar.

Mariano, tenemos que hablar.

Publicado el miércoles, 07 de octubre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Una cosa es hablar con todo el mundo y otra es hacer lo que todo el mundo quiere que tú hagas”. La frase, textualmente transcrita, no la dijo cualquiera. La pronunció hace unos días el presidente del gobierno de un estado de derecho presuntamente democrático. Y tampoco la dijo en su círculo de amigotes tras unas birras, la pronunció en Antena 3, cadena nacional y en prime time, es decir, delante del pueblo, delante precisamente de “todo el mundo”.

Mariano, tenemos que hablar. Para empezar, estar dispuesto a hablar con todo el mundo no es que sea un favor que le estás haciendo a nadie, es que se trata de tu trabajo, tu obligación y si me apuras, debería haberse convertido ya en tu credo, tu religión. Justamente para eso te contratamos los españoles. Así que te agradeceríamos que no lo esgrimieses como si fuese un don divino de estadista cada vez que se te pregunta.

Mariano, tenemos que hablar. Pero hablar de verdad. No me vale que nos digas que estás dispuesto a hablar siempre y cuando no sea sobre determinados temas. Gobernar es rectificar, decía Confucio. Y hablar con otro es ante todo escuchar, añadió un tal Quoist. Si sumamos el sentido de ambas frases, entenderás por qué tu disposición al diálogo no es más que una farsa, una mentira, bla bla bla de bienqueda, postureo electoral.

Un diálogo no es tal si una de las dos partes manifiesta abiertamente que jamás cambiará de opinión, si no lo inicia dispuesta a rectificar. El diálogo se transforma entonces en dos monólogos simultáneos y solapados, que desembocarán como mucho en un debate televisado entre dos tertulianos, pero jamás a un diálogo político con resultados tangibles y prácticos para el ciudadano. De ahí el triunfo de los partidos nuevos, de ahí que nos hayamos hartado de la gente que no se escucha, de ahí que estemos tan cansados del y tú más.

Y es que sobre todo, Mariano, tenemos que hablar porque en “hacer lo que todo el mundo quiere que tú hagas” consiste precisamente la esencia de la democracia. Ni siquiera hace falta que lo quiera todo el mundo. Basta con que lo quiera la mayoría de un parlamento, ya sea español, o catalán. Así que si no te sientas a hablar justamente sobre esos temas que evitas, ya no eres apto para tu puesto de trabajo, y francamente, tampoco lo es Mas. Los catalanes que no estuvimos ni a un lado ni al otro del plebisfail nos hemos sentido desamparados, refugiados ideológicos en nuestra propia casa, huérfanos de un diálogo del que sentirse orgullosos, ya no digamos de alguien que nos pueda representar.

Mariano, tenemos que hablar. O mejor dicho, si no lo has hecho hasta ahora déjalo, porque algo me dice que muy prontito ya nos vas escuchar.”

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Cui bono?

Cui bono?

Publicado el miércoles, 23 de septiembre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Los romanos lo tenían muy claro. Cui bono, cui prodest. Quién se beneficia. A quién ya le está bien. Pregúntate primero por el principal beneficiado y entenderás mejor los hechos. Y de eso parece no hablarse demasiado porque justo ahora no interesa, que estamos en campaña. Apártate que me tapas el mitin. ¿Un canapé?

Cada barbaridad, imprecisión e inexactitud esgrimida por un unionista fabrica más españofobia en Catalunya, y por tanto más votos para el procés. La inestabilidad nos llevará al precipicio de la desinversión. Al corralito. A los tanques. No se podrán pagar las pensiones. Fuera de la UE. Miedo. Caos. Paro. Terrorismo islamista. Los trenes de Franco. Que viene el coco. Bú.

Pero es que al otro lado tampoco se quedan mancos. Cada barbaridad, imprecisión e inexactitud esgrimidas por un independentista fabrica más catalanofobia en el resto de España, y por tanto más votos para el PP. España nos roba. Expolio fiscal. Maltrato. Dignidad. Orgullo. Desobediencia. Bú.

Quien no cabrea a nadie simplemente no existe. Otra prueba de lo que llamo Teorema de Crichton: si cuando hablas nadie se molesta, no has dicho absolutamente nada. Se insiste en el mensaje falaz de que los que aún apuestan por el diálogo llegan tarde. Eso es tan estúpido como decirle a Médicos Sin Fronteras o a la Cruz Roja que no acudan a las zonas de conflicto donde ha habido víctimas porque ya no se puede hacer nada.

Espero que Rajoy y Mas se feliciten en algún momento. Ambos se benefician mutuamente y sacan partido además del silencio de los moderados. Corderos que deciden no apoyar ni a un lobo ni al otro porque consideran que en este festín acabarán saciándose los de siempre. Corderos que tienen que aguantar cómo se les llama tibios, chaqueteros, ambiguos, o peor aún, cobardes.

Ojo que no todos los votantes moderados son iguales. Los hay, como mínimo, de tres tipos.

Están los moderados que se han creído los miedos de todos y no votarán por pánico a que se los confirmen. Ellos benefician a los exaltados dándoles más relevancia en las urnas de la que realmente tendrían si no fuese por su falta de valor.

Después están los moderados que han visto los sondeos y creen que su voto no va a cambiar nada, y por tanto hace tiempo que se desconectaron, que ya no creen que sean parte de este juego. Estos también benefician a las posiciones más radicales por su agnosticismo y desafección.

Y por último, están los moderados que aún creen que pueden hacer algo en las urnas, los que yo llamo radicalmente moderados. Una minoría que se resiste a ser silenciosa y que, si se acaban confirmando los sondeos, realmente lo será.

Al final, el cabreo siempre moverá el culo más y mejor que la moderación.

Y así nos va.”

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Palo selfie.

Palo selfie.

Publicado el miércoles, 16 de septiembre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Nadie ha visto al pequeño Aylan yaciendo en la playa. Hemos visto su foto. Nadie ha visto a la indeseable Petra László poniéndole la zancadilla a un padre que trataba de entrar en Europa con su hijo a cuestas. Lo hemos visto todos en un vídeo. Nadie asiste a la tortura de Rompesuelas en Tordesillas. Salvo cuando los defensores de los animales logran su objetivo y consiguen grabarlo.

Hasta las peores atrocidades que últimamente se asoman a nosotros a través de cualquier medio, nos llegan siempre gracias a que un objetivo estuvo allí para contarlo. Es decir, no es cierto que no lo viese nadie. Al final, hubo alguien allí que decidió tomar su móvil o su cámara y enseñárnoslo. Si ese alguien nos lo hubiera explicado sin imágenes, seguramente nada habría pasado más allá de la mera tragedia anecdótica. Porque en una sociedad que vive tras la pantalla, lo que no se ve, no existe. Porque hay situaciones tan difíciles de trasladar que no se logra ni con mil palabras. Y porque la empatía es más limitada cuanto mayor es el esperpento de lo vivido. El Estado Islámico no graba cada ejecución sólo para que quede constancia. La graba para que duela más.

La propia palabra es engañosa: instantánea. Creemos que somos nosotros los que estamos capturando el instante, cuando lo que está ocurriendo es todo lo contrario. El instante nos está atrapando a nosotros, nos está secuestrando la retina como rehén y en algún momento pedirá nuestro compromiso como rescate.

Y es que es precisamente la difusión de esos dolorosos impactos los que nos mueven a la acción. Esas imágenes nos golpean, nos contagian, nos conminan a no quedarnos impasibles. O al menos lo consiguen con algunos. Europa mueve el culo ante el drama humanitario. La periodista macabra es fulminantemente despedida. Y el Toro de la Vega… bueno el Toro de la Vega continúa igual.

Moraleja. Paradójicamente, si quieres que una realidad cambie, inmortalízala. Hoy nos hemos bajado todos la nueva versión de luz y taquígrafos, y se llama móvil y/o cámara. Es lo que yo llamo el Efecto Camarga.

Por eso me da entre gracia y pena que los informativos sigan llamando videoaficionado al que nos presta sus ojos en forma de píxeles cuando encima lo hace por amor al arte. Supongo que lo hacen para diferenciarlo del periodista o cámara profesional. Pero nada más lejos de la realidad. Ni son aficionados al vídeo ni son menos que los que cobran por ello. Me parece una palabra tan absurda y obsoleta como internauta. Pero en fin. Ellos sabrán.

El caso es que no es lo mismo oír que haberlo visto. No es lo mismo conocer que estar ahí. No es lo mismo escuchar cada día lo horrendos que aún somos como sociedad, que hacerse un selfie.”

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Presuntas marcas.

Presuntas marcas.

Publicado el miércoles, 9 de septiembre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Yo no tengo ni idea. Pero si la tuviera, tampoco podría añadir mucho sobre el presunto asesino de Laura del Hoyo y Marina Okarynska, el recientemente extraditado Sergio Morate. Tan sólo que si al final es culpable, ojalá pague lo antes posible por semejante atrocidad.

Ahora bien, me ha llamado mucho la atención un detalle que, una vez dejado el doble crimen en manos de quien lo tenga que juzgar, me parece relevante en el mundo en el que nos movemos como consumidores, como espectadores y como ciudadanos. Habrá quien piense que estoy banalizando un terrible homicidio, y habrá quien entienda lo que quiero decir.

Durante varias semanas hemos asistido a las primeras imágenes de ese individuo arrestado en Rumanía y ataviado con una gorra que no lucía cualquier estampado, sino el logotipo de una marca de ropa deportiva de sobra conocida por todos, pero que para no hacerle publicidad gratuita, diremos que tiene tres bandas. En todos los informativos. A todas horas.

Y ahí se me han abierto varios interrogantes. El primero, qué culpa tiene esa marca de estar ahí. Seguramente ninguna. Habrá hecho cosas bien y cosas mal, como todas las empresas, pero estoy casi seguro de que no participó en ese crimen. Por contra, creo que jamás en su historia había conseguido tantos impactos televisivos en un mes en España, y ha tenido que ser justo sobre la cabeza del presunto homicida.

El segundo, qué derecho tendría esa marca a que le quitaran la gorra a Morate. A negarse a salir en esas imágenes. Y sobre todo, a no permitir asociar sus valores a los de ese individuo.

Tercer interrogante, cómo afectará esta nefasta campaña televisiva a los consumidores de la marca, entre los que me incluyo. Cómo nos sentiremos la próxima vez que nos encontremos en una tienda ante una prenda con su logotipo.

Y por último, el más difícil de contestar. Por qué los medios de comunicación que viven de marcas comerciales como ésa no han reparado en ello. O si lo han hecho, por qué les ha dado igual. Por qué no se le ofrece algún tipo de compensación, una contracampaña.

En las primeras imágenes que nos llegaron, además de gorra, Morate lucía una camiseta con un enorme logotipo de un felino rampante que… vamos, de Puma. Y las estuvimos contemplando durante varios días. En todos los informativos. A todas horas.

Por eso hoy, quizás para poner a prueba mi libertad de opinión en esta columna, quisiera romper dos lanzas, una por Adidas y otra por Puma. Dos marcas que nacieron de un desencuentro entre dos personas que se habían querido, y sin embargo supieron demostrarnos que siempre existe otra manera de resolver las diferencias en la que todos salimos ganando.”

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Un Ratito.

Un Ratito.

Publicado el miércoles, 2 de septiembre de 2015, en ElPeriódico.com.

Captura de pantalla 2015-09-03 a la(s) 19.21.55“Yo no tengo ni idea. Pero si la tuviera, no podría hablar de “casos” de corrupción. En un país con un 20% de economía sumergida, más del doble que Francia, Alemania o Reino Unido. Un país en el que de los casi 14 millones de contratos que se realizaron durante el último año, sólo el 2% fueron colocados por el INEM y la inmensa mayoría ocurrieron gracias a algún tipo de contacto, llámalo conocido, llámalo enchufe. Un país prácticamente líder mundial en piratería, sólo en 2014 nos bajamos ilegalmente la cifra récord de 4.455 millones de contenidos digitales, o lo que es lo mismo, 23.265 millones de euros. Y en un país en el que la evasión y fraude fiscal alcanzan cotas de PIB de ciudad estado.

Aquí no hay casos. Qué va. Esto ya es un Estado de Corrupción. Estamos a medio minuto de que la noticia sea algún caso de honradez. La corrupción no es que esté a la orden del día, es que está instalada en nuestro ADN, yo lo llamo cromosoma $. La picaresca no siguió el cauce del río Tormes, sino que acabó inundando todo el puñetero país. Hoy los españoles llevamos un presunto delincuente dentro, un espabilao. Hoy todos llevamos un Ratito. Y los catalanes, además, un Pujolet o mejor aún, un Millet. Paseamos impunemente por las calles y playas, igual que ellos, pero sin yate.

Y es que hay que diferenciar la calidad y la cantidad del dinero estafado. La cantidad depende de las horas de vuelo, y la calidad viene determinada por su procedencia: no es lo mismo el dinero público que el privado. El público tiene que rendir cuentas necesariamente ante todos los españoles. El privado, sólo ante sus accionistas. Y ambos, no lo olvidemos, ante la justicia. Una justicia que, desbordada, hipotecada y politizada, perdona tus faltas, archiva tus casos y reduce tus multas en cuanto en vez de ciudadana te llamas infanta.

A pesar de ello, me indignan profundamente aquellos que intentan convencernos de que justo por eso los políticos son nuestros representantes. Porque encarnan lo mejor y lo peor de nosotros. Pues oiga, no.

Yo si le doy a alguien mi voto y/o mis impuestos, exijo que ese alguien sea mejor que yo. Que me represente, sí, pero ejemplarmente, a la manera de Gomá.

Verdad que no enviamos a las Olimpiadas al españolito medio, calvito, cervecero y barrigón, al que paga el gimnasio pero jamás va. A que no. Enviamos a aquellos que han demostrado su excelencia, han pasado un duro proceso de selección y encarnan los valores que nos gustaría tener: sacrificio, perseverancia, determinación.

Las federaciones deportivas hacen lo que deberían haber hecho los partidos políticos: seleccionar a los más válidos para que defiendan el bien común.

Claro que debiéndole más de 200 millones de euros sólo a los bancos, es normal que los partidos hagan de todo, menos eso. Al fin y al cabo, Rato presidió un gran banco, y usted no.”

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