Simplependencia

“No entiendo a los indecisos. No comprendo que haya gente que todavía no sepa a quién votar. Esos de los que dicen que depende el mapa de fuerzas políticas después del 25-N. Pero si está clarísimo. Nuestros políticos, sí, vale, tendrán sus cosillas, un caso Pretoria por aquí, un caso Palau por acá o ese 3% en el más allá, pero si de algo saben, es de simplificarnos las cosas. Somos campeones del mundo en simplificación sincronizada. El día que se convoquen las olimpiadas simplonas nos llevamos todas las medallas.

Alivia saber que, haya pasado lo que haya pasado en anteriores legislaturas, durante 15 días nuestros representantes se van a dedicar a reducir una realidad tan compleja como la catalana y una coyuntura tan complicada como la crisis actual en un manojo de eslóganes. Te reconcilia con tus impuestos, te ayuda a ejercer tu derecho a no pensar y te empuja a acudir a las urnas con total seguridad, porque yo lo valgo.

Todo está en el eslogan. No hay que irse más lejos. El eslogan es el single de un LP llamado Programa, ese disco pagado por todos, producido por los de siempre y escuchado por casi nadie, pues si eliminas las mentiras, las ambigüedades y las promesas no cumplidas de sus letras, se convierte automáticamente en música instrumental.

En publicidad, hermana privatizada de la propaganda, el eslogan correspondería a la maltrecha USP, Unique Selling Proposition, la propuesta única de venta. Si pudieras lograr que tu electorado recordase una cosa, solo una, cuál elegirías. Y es que simplificar es a la política lo que entretener a la televisión. Digas lo que digas, si no consigues lo primero, no estás haciendo lo segundo.

Un ejemplo: Catalunya sí, España también. Traduzco, vótame que además de garantizar la unión entre ambas, me esforzaré por hacerlo tan bien con la primera como lo he hecho con la segunda. La verdad, casi mejor que no se esforzaran tanto.

Otro: Federalisme. L’alternativa sensata. Hay dos formas de definir algo que así nadie acaba de entender: aclarándolo del todo o confundiéndolo todavía más. Es la estrategia de Harry Truman: «If you can’t convince them, confuse them».

Más, quiero decir, otro: «…i tant si podem!». Excusatio non petita, accusatio manifesta. De cualquier modo, suena voluntarioso. Predispuesto. Emocionado. Naíf como un bachiller entrando en la alcoba de Mrs. Robinson, a punto de naufragar con todas sus naves. Pase lo que pase, seguro que es la primera vez que le pasa.

Sigo: L’esquerra d’un nou país. Quien ha trabajado demasiado tiempo en publicidad sabe que la palabra «nuevo» es lo más parecido a un currículo: si se tiene que recalcar expresamente es porque todo es mentira.

Atención: Mejor unidos. Mejor que qué. Mejor cuándo, a qué horas. Y sobre todo, mejor es el comparativo de bueno. Si no llegamos a mejor, ¿nos quedamos en bueno? Y si queremos llegar al superlativo óptimo, ¿qué tenemos que hacer? ¿Fusionarnos? ¿Comérnoslos? ¿Canibalismo?

Y para acabar, mi favorito: La voluntat d’un poble. Me gusta. Qué digo me gusta, me encanta. Si alguien ha descendido a este valle de lágrimas para encarnar la voluntad de todo un pueblo, oye, pues qué maravilla, qué comodidad. Como parte integrante de ese pueblo, espero poder echar mano de su oferta cuando me falle la fuerza de voluntad y así poder enviarlo al súper, al gimnasio o a por el periódico todos los domingos por la mañana. Eso sí, esta vez no me lo firme ante notario, me basta con que me lo jure por Snoopy.

Lo ven. Ya se lo dije. Todo está en el eslogan. Por eso, con la sana intención de ayudar de cara a próximas elecciones, propongo un solo eslogan que puedan usar a modo de comodín todos los partidos y ahorrar en gráficas esperpénticas, mensajes ambiguos que llevan a confusión y gasto inútil del erario público.

Hablemos directamente de simplependencia: la segregación entre la casta política simplificadora que aún se cree que somos idiotas, y los votantes, que lo único que queremos es salir de esta puñetera crisis en la que ellos mismos nos han metido por mirar para otro lado y no tener los huevos de regular a sus principales clientes, también conocidos como bancos, cajas de ahorros y entidades financieras.

Quizá son generalizaciones abusivas, lo mismo suena demasiado populista o incluso puede que alguien se haya sentido ofendido. Por favor, les ruego que me disculpen, no sé simplificar mejor. Si supiese, me dedicaría a la política.”

Simplependencia fue publicado en El Periódico, el 18 de noviembre de 2012.



Categorías:Artículos, El Periódico de Catalunya, Risto Mejide

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