Atáscame otra vez.

Atáscame otra vez.

Artículo publicado el miércoles 15 de Junio de 2016, en ElPeriódico.com.

risto

“Manos arriba, esto es un atasco. No, no se trata sólo de una acumulación de vehículos, es muchísimo más. Es donde se amontonan todas las prisas, donde se nos encallan las vanidades, donde los ricos y los no tan ricos se ven obligados a esperarse por igual, porque aquí no hay clase business que valga, ni zona vip, ni espacios reservados, ni fast track. Aquí da igual lo que corra tu coche, porque a los vehículos les pasa como a las personas: todos los parados cuentan lo mismo, aunque todos sepamos que no valen igual. No hay nada tan socialdemócrata como un buen atasco. Y si no, ya ves el rédito que Unidas Podemos le están sacando al hecho de que no hayan podido unirse los demás.

Manos arriba, esto es un atasco. El momento del día que vive un medio tan importante como la radio. Porque qué sería de la radio sin un buen atasco todos los días. El poder de comunicar sin imagen, un poder que siempre amenazan con que se perderá. Pues yo no lo creo, oiga. En un mundo saturado de estímulos visuales, cada vez soy más militante de las cosas que aún nos permiten desarrollar algo tan necesario como la imaginación. Un buen programa de radio, un buen libro y un buen silencio, una buena historia que contar. Algo que no nos lo den ya mascadito, algo que nos haga pensar imaginando, la definición que siempre da Manuela Romo cuando le preguntan qué es la creatividad.

Manos arriba, esto es un atasco. Ha llegado el momento de acordarse de la familia del alcalde o alcaldesa. De los vivos y de sus muertos, también. De sus ideas felices para “mejorar” la ciudad. Algunos aprovechan para realizar perforaciones nasales que ríete tú del proyecto Castor. Algún día alguien estudiará hasta dónde puede llegarse uno por vía nasal. Y habrá arqueólogos que dejarán las dunas de Egipto para adentrarse en la parte baja del asiento de los que nos dejaron su huella para la posteridad. Pero el verdadero misterio es por qué todo atasco hace el acordeón. Por qué tu fila es la que siempre se para primero. O por qué aún hay gente que se intenta colar, total para tener que pararse un par de insultos más allá.

Manos arriba, esto es un atasco. Y de repente, una ambulancia. Alguien que sí tiene prisa pero de verdad. Y nos entra de pronto una vergüenza extrema por todo lo que hasta hace un momento reivindicábamos, ese derecho a poder apartar de nuestras vidas a todos los demás. Es entonces cuando hacemos un hueco, abochornados, nos apartamos para que pase, y es nuestra forma de pedir perdón ante tanta arrogancia. Es entonces cuando, de manera tan egoísta como humana, agradecemos no tener ese tipo de urgencia.

Todo hasta que volvemos al arranca para.

Todo hasta que se nos vuelve a olvidar.”

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Los idus de junio.

Los idus de junio.

Artículo publicado el domingo, 12 de Junio de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Junio es el viernes de los meses, julio es el sábado —algunos curran y otros no— y agosto el domingo —aquí no curra ni dios, que luego acaba siendo mentira, pero da igual—. El caso es que tal y como ocurre con todos los viernes, con el buen tiempo, el solecito, la playita y el caloret, empieza a notarse una cierta sensación de tiempo añadido, una cierta sensación de que los problemas parece que se han quitado la corbata y visten más casual. Nada más cerca de la realidad.

Para algunos, ha llegado el momento de procrastinar. Lo que no hayan hecho ya, lo van dejando para ese lunes llamado septiembre. Y poco a poco vas viendo cómo se aplazan reuniones, comidas, cenas y proyectos y se atiende sólo y únicamente a lo urgente, a lo que hay que sacarse de encima antes de que haga demasiado calor y se nos derrita la neurona que usan algunos para votar de nuevo al PP como fuerza parlamentaria mayoritaria pese a todo lo visto y caiga quien caiga. Madre de dios.

Para otros, este mes es sinónimo de tirar la toalla. Otro año que no llego a la operación bikini. Otro año en que mi primera sesión de playa pinta sobre blanco nuclear. Junio es el mes que mejor representa la palabra tarde. Los buenos propósitos, como los buenos tomates, o se han cultivado antes de junio o ya no serán. El lunes a primera hora sin falta me apunto al gimnasio, a aprender idiomas, a dejar de fumar. Já. Como cualquier agricultor sabe, lo que se planta demasiado tarde no llegará a brotar jamás.

Por último, para un tercer grupo, éste es el mes del estrés máximo. Para ellos parece que en verano se les acabe el mundo, así que hay que hacer todo aquello que no se hizo en el primer semestre, y hay que entregarlo todo ya. Lo que está claro es que para todos sin excepción, junio es el mes del petardo en el culo: empieza con la declaración de la renta y acaba con la verbena de San Juan.

Este junio, además, contiene dos emociones fuertes más. Como si no tuviésemos bastante con lo que ya hay. Una es la Eurocopa de Francia. Que aunque no te guste el fútbol, sabes que de pronto este país, partido a partido, se va a paralizar. Sí, todavía más. Ya  pueden visitarnos el saliente Obama, la gomera Merkel o su mismísima Santidad, que cuando juega la roja, el país no se pone o no tiene cobertura o, simplemente, no está. ¿Todo? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles indepes resiste todavía y siempre al invasor españolista en cualquiera de sus manifestaciones.

La otra emoción, muchísimo menos importante, elecciones generales el día 26. Sí, ya sabes, eso que hacemos aquí cada seis meses para distraernos un poco redefiniendo la palabra legislatura: dícese del período comprendido entre dos frustraciones, la de no haber podido ganar las elecciones y la de no haber sido capaces de pactar para gobernar. Impotencia democrática. Gatillazo parlamentario. Pactos de esterilidad.

Los romanos, que de esto de la lex, legis algo sabían, colocaron los idus de junio el día 13. Es decir, este mismo lunes. Cuando se estrena la roja en Francia, sí. El día de los buenos augurios, decían. El día que había que invocar a los dioses. Consultarles. Llamarles cual operadora en medio de la siesta para preguntarles si estaban contentos con la humanidad que habían creado. Ojo que a veces hasta respondían, como a Julio César en los idus de marzo del 44 a.C., pero no era lo habitual.

Junio es el punto de no retorno. La frontera entre mucha primavera y algo de verano. Es cuando ya nos hemos fundido la primera mitad. Son los cuarenta años cumplidos en plenas facultades pero muy consciente de la esperanza de vida, que no deja de ser un eufemismo para designar una desesperanza de muerte. Una cuesta abajo hacia lo único que sabes seguro que ocurrirá.

Algunos lo llaman cierre fiscal.

Yo prefiero llamarlo el principio de todo lo demás.”

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Fe, relevancia y calidad.

Fe, relevancia y calidad.

Artículo publicado el miércoles 8 de Junio de 2016, en ElPeriódico.com.

risto“Aún no ha llegado el 26J y aquí hay uno que puede presumir de votos. Pero ojo que no son de los que caben en una urna, no. A esos se los lleva el viento de los pactos postelectorales, y si no, al tiempo, ya verás. Me refiero a los votos que me ha hecho jurar la vida. Los que he aprendido a fuerza de despedirme. Son los votos con los que trabajo y con los que quiero, también. Por eso amo lo que hago y por eso hago el amor siempre que puedo y me dejan, claro está.

El primer voto es el voto de la fe. No esa fe patrimonio de creyentes y religiosos. Fe entendida como pleno convencimiento en ausencia de datos. Por eso jamás me interesé por las ciencias, porque creo que predecir es abusar del pasado y porque confío demasiado en todo aquello que no se puede medir. Creo en el tamaño de una promesa. En la profundidad de un abrazo. En la velocidad de un lo siento. Y creo también en el peso específico de una reconciliación. Creo que la tristeza se acumula y la felicidad, no. Creo en la gente que ve cosas que los demás no somos capaces aún de imaginar. Y creo que todos somos, de algún modo, enfermos todavía no diagnosticados.

El segundo voto es el de la relevancia. El que me hace descartar todo lo que no lo es. Relevante es aquello en lo que inviertes tu tiempo o tu dinero. Lo demás son sólo palabras vacías, bla bla bla. Un ejemplo: la crisis de los refugiados no preocupa una mierda a los españoles. No es una opinión, lamentablemente hoy sabemos que es dato. Si tus valores no te cuestan dinero, son valores aún por demostrar. Y si no le dedicas tiempo aquello que dices que te preocupa, puedes llenarte la boca diciendo que te sientes muy comprometido, que no por ello será verdad. El compromiso es promesa más comportamiento. Si no ocupa parte de tu agenda, a mí no me cuentes milongas. No te importa, te da igual.

Y por último, tercer voto, el de la calidad. Calidad no definida como lo que un grupo de eruditos haya bendecido desde su atalaya. Eso es elitismo cultural y suele desembocar en racismo intelectual. Yo creo en una calidad mucho más democrática y mundana. Calidad es cumplir lo que se ha prometido. Si has prometido una película de miedo y te cagas de la risa, eso es un truño de película. Si prometes entretenimiento y no entretienes, pa tu casa, que venga otro y ya está. Si prometes una experiencia gastronómica y luego no haces disfrutar mientras se come, eres un llena buches, pero no un restaurante de calidad.

Por todo ello, ahora sí, el 26J mi voto seguirá siendo para el PACMA. Porque me los creo, porque pretendo que sean más relevantes y porque nos prometen algo que espero que cumplan, no ya por los de nuestra misma especie, sino por todos aquellos que nos sufren y aún no nos pueden botar.”

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Soy de letras.

Artículo publicado el domingo, 5 de Junio de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Soy de letras. Y me niego a contraponerlas a los números, porque incluso los números son mucho más números cuando se expresan con letras, pues no se pueden sumar, ni restar, ni operar con ellos. Son entonces números irreductibles, números con nombre y apellido, números de pleno derecho, números con identidad. Son tres, cinco, diecinueve. Son treinta y dos, cuarenta y uno y sesenta y seis, que si fuesen personas físicas estarían intentando fardar de rancio abolengo por aquello de ponerse una Y.

Sí, soy de letras. Veintisiete elementos básicos que conforman el universo conocido de todo lo que podemos llegar a percibir. El que dijo eso de que una imagen vale más que mil palabras, a parte de quedarse a gusto, está claro que no había abierto un libro en su puñetera vida. Los que amamos la lectura sabemos que lo más frecuente es justamente lo contrario. Que una misma palabra sobre el texto correcto, colocada en la trama oportuna y emergiendo entre frases adecuadas, se acaba descomponiendo como el haz de luz sobre el prisma, dando así lugar a toda una gama de colores en los que cada tonalidad pinta de forma diferente cada mente, cada cerebro, cada interpretación. He hablado de un mismo libro con gente a la que admiro y respeto, y sólo coincidimos en el título y el nombre del autor. El resto, era otro contenido. Otra lectura. Otra realidad. Cada uno lo completó a su manera, porque cada uno puso algo distinto de sí.

Supongo que igual que la percepción selectiva hace que te fijes más en aquellas cosas que más te afectan, cualquier lectura también viene condicionada por tu contexto, tu entorno más inmediato, el momento de tu vida y por supuesto, tu predisposición a mirar para empezar a ver. Porque en un libro, no sólo pones la imagen, también la cámara, el encuadre, la iluminación, el casting, la localización y hasta —muchas veces— el estado de ánimo de los personajes. Jamás me creo a nadie que diga que tiene mucha imaginación o que es muy creativo y sin embargo no le guste leer. Una de las dos premisas suele ser falsa. Bueno, suele ser no, una de las dos premisas, seguro, es falsa.

El gran Juanjo Millás, el día que presentó en Madrid mi libro Urbrands, me sorprendió con una relectura que ni yo mismo me había planteado jamás. Supongo que eso es lo que hace a un escritor ser tan grande como Millás. Que incluso cuando lee, escribe. Es tan grande, que a veces incluso se dedica a leer las palabras que hay detrás de una imagen. Vale, él está a otro nivel, por eso Millás es Millás. Pero te juro que desde ese día, a mis lectores os considero coautores de todo aquello que no vi porque estaba escribiendo. Igual que al conductor no se le puede pedir que se fije en el paisaje que está dejando atrás, por el simple hecho de que debe ir al volante y fijarse en la carretera. Porque de lo contrario sería muy irresponsable por mi parte, una temeridad.

Pero es que el ser de letras tampoco acaba ahí. Cualquier texto demuestra que está vivo incluso sin necesidad de cambiar de lector. Basta con que pase el tiempo suficiente. He leído el mismo libro con dos edades diferentes, y había dejado de ser el mismo libro. En algún momento durante esos años, mi vida reescribió líneas que en la primera lectura ni siquiera había visto. En ese sentido, un buen libro es una ventana sobre la que, por esos caprichos con los que juega la luz, de pronto se refleja tu propia imagen. Claro que puedes ver más allá y descubrir lo que los muros de tu ignorancia impedían ver hasta entonces, pero también puedes reenfocar la mirada para verte a ti mismo y descubrirte un poquito mejor. Te ves a ti mismo sobre un fondo nuevo, con lo cual el descubrimiento siempre acaba siendo temporal.

Soy de letras porque he comprobado que una palabra tuya basta para sanarme. O para empezar una guerra. O para romper una civilización por la mitad. O un matrimonio. O cualquier verdad. Soy de letras porque creo en la palabra perdón. Y en la que no se dice pero se escucha, también.

De ahí que coleccione definiciones. De ahí que me compre siempre más libros de los que jamás seré capaz de asimilar. Y de ahí que cada año aproveche cualquier excusa para plantarme ante mis lectores, ante cada uno de vosotros y os pueda ya no escribir, sino por fin leer. La cara, la vida, vuestra verdad. Soy feliz cuando leo lo que habéis escrito a golpe de vida tomando como pretexto cualquiera de mis textos. Soy feliz cuando compruebo que hemos pasado tanto tiempo juntos, tiempo del que jamás fui consciente hasta que os conocí. Ah, por cierto, hoy caseta 144 de 12 a 14h, y caseta 188 de 19 a 21h, Feria del Libro de Madrid.

Soy de letras. Y por eso escribo, por eso leo y por eso releo cualquier cosa menos lo que ya escribí. Escribo para saber lo que siento, leo para seguir creyéndome que aprendo y releo siempre para despedirme convenientemente de quien alguna vez fui.”

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La suerte no existe.

La suerte no existe.

Publicado el miércoles, 1 de junio de 2016, en ElPeriódico.com.

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“No todo es ganar. No todo es perder. Se puede ganar mucho sin siquiera jugar el partido. Mira Cristiano Ronaldo en la final de Milán. Y se puede perder todo habiéndote esforzado al máximo y mereciendo haberlo ganado todo. Mira Juanfran.

El mérito es tan sólo el examen teórico del éxito. Un concepto vago y subjetivo que deberíamos dejar de asociar a resultados. Que para eso están algunos premios. Para compensar los que no te dio la vida cuando te los mereciste. O para hacerte asistir a la gala, que también los hay.

El triunfo jamás fue meritocrático. Hay gente que no merece nada de lo que tiene y sin embargo ahí está. Hay gente que no sabe lo que es pelear por ganarse algo y aún así se pasa el día quejándose. Y es que esta sociedad no está pensada para premiar el esfuerzo. He visto gente esforzarse toda su vida y morirse sin nada, y he visto gente que no había dado un palo al agua y sin embargo llevárselo crudo día sí día también. Si viviésemos conforme al esfuerzo de cada uno, no haría falta que uno de los empresarios más importantes del país impulsase “la cultura del esfuerzo”, porque nos saldría de natural.

Hace unos días, en un foro de start-ups, me preguntaron por qué no triunfan en España los programas de televisión tipo talent-show con empresarios que por otro lado arrasan en países anglosajones. Y yo dije que claro que triunfaban. Lo que ocurre es que aquí son programas que buscan chavales que quieran ganarse la vida a razón de seis mil pavos por bolo en discotecas de extrarradio. No hace falta leerse a Max Weber para darse cuenta de que mientras los países de tradición protestante ensalzan la cultura del esfuerzo, en nuestro entorno ese ideal está ocupado por la cultura del pelotazo. Si alguien triunfa allí es porque se lo ha ganado, si alguien triunfa aquí, cuna de hidalgos, hay que ver qué suerte —o qué padrinos— tiene.

Mi abuela, que en paz descanse, se pasó la vida diciéndonos a toda la familia que no hacía falta que nos esforzásemos tanto, que esa semana por fin le iba a tocar la primitiva y así nos liberaría de nuestros males. Como si trabajar fuese algo intrínsecamente malo. Como si la suerte realmente existiese. Y como si todo eso se pudiese comprar. Yo creo que sólo existe la mala suerte, la que viene sola, la que un día trunca todos tus planes por culpa de factores exógenos que jamás pudiste controlar. Sin embargo, la buena, la que hay que salir a buscar, es igual a talento multiplicado por oportunidad y todo ello elevado a esfuerzo.

Una fórmula mágica que a veces funciona y otras… acaba funcionando.

Espero que piense lo mismo el Cholo Simeone.

Y por supuesto, mis más sinceras felicitaciones al eterno rival.”

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Alguien decidió no quererte.

Alguien decidió no quererte.

Artículo publicado el domingo, 29 de Mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Alguien decidió no quererte. Fue alguien a quien ni conozco ni seguramente conoceré. Fue alguien que de tanto en tanto aún se asoma por tu mirada, cuando te me pones triste, cuando te me quedas mal. Fue alguien que no supo, no quiso o no sé. El caso es que ese alguien decidió no quererte y gracias a eso aquí estás. Mía. Miísima. Para mí.

Alguien decidió no quererte. O quererte poco. O quererte mal. Ahora ya da lo mismo, ahora ya da igual. Son de esas cosas de ti que ni conozco ni jamás conoceré del todo. Porque no debo. Porque no me pertenecen. Porque sólo te pertenecen a ti y a tu pasado y al recuerdo que decidas compartir, a la parte de ti que quieras sanar conmigo. Son de esas cosas que me muero por escuchar hasta que las escucho de verdad. Son de esas cosas que te han hecho ser así. Tan adorable. Tan tuya. Tuyísima. Para ti.

Alguien decidió no cuidarte. Te hizo daño, os hicisteis daño. Lo sé. No hace falta que me lo cuentes. Porque lo sé. Y lamento mucho que así fuese. Pero también me alegro. Primero, porque te hizo crecer, te hizo aprender a despedirte. Segundo, porque cuanto más te alejabas de ese alguien, sin saberlo nadie, más te acercabas a mí. Y por último, porque para querer mucho y quererse bien, hay que saber muy bien antes lo que no se quiere. Así que déjame mostrar mi más profunda gratitud hacia todos esos alguien. Porque jamás les estaré suficientemente agradecido. Sí, jamás.

Yo he decidido quererte. Quererte mucho. Quererte bien. O al menos, aprender a hacerlo. Día a día. Paso a paso. Polvo a polvo. Pelea a pelea. Reconciliación a reconciliación. Querer de verdad es pensar en beneficio del otro antes que en el propio. Querer de verdad es discutir sólo por problemas nuevos, no volver sobre lo ya discutido, zanjar los temas no sólo con soluciones sino con aprendizajes, compromisos y comportamientos. Querer de verdad es decir te amo antes que te quiero. Es vivir en usufructo pero sin ninguna hipoteca. Es encerrarse por fuera. Es echar raíces en libertad.

Pero también querer de verdad es ser cada vez más consciente de que no te merezco. Pensar que en cualquier momento, en cuanto sepas cómo soy realmente, me vas a dejar. Despertarme por la noche varias veces sólo para comprobar que sigues aquí, que no ha sido todo un sueño. Otro más. Mirarte cada día como te miré la primera vez, esa primera vez. Preguntarte todos los días si quieres casarte conmigo. Y antes de que se ponga el sol volvértelo a preguntar. Varias veces. Que me mires como diciendo bueno ya está. Que te mire como diciendo es que no me lo creo. Dime que todo esto es una broma pesada y lo entenderé. Que te vuelves al Olimpo del que jamás debiste bajar. Que me dejas aquí soñando despierto, porque ahora sé que existes, que eres real. Que en realidad es todo parte de una apuesta, que ya has la has ganado, y aún así te pediré que vuelvas a apostar.

No, no estoy diciendo que seas perfecta. Ni mucho menos. Eso sinceramente me la sopla. Me da igual. Hace mucho tiempo que descubrí que la gente perfecta —aparte de mentirosa— es la que tiene más peligro, porque es la única que nunca está dispuesta a cambiar. Estoy diciendo que alguien decidió no quererte y aún no me creo que de esa manera tan tonta te dejara escapar. Que se pensara que si no era contigo, podía ser con cualquier otra. Como si el mundo estuviese lleno de gente como tú. Como si hubiese cualquier otra que te pudiese hacer sombra. Perdona que me ría. Ja.

Alguien decidió no quererte. Y de repente, nosotros. Un año juntos ya. Cerrando bocas que no nos daban ni un telediario. Pobrecitos míos. Les desearía lo mejor. Pero me lo he quedado yo.”

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Pasa o pistacho.

Pasa o pistacho.

Publicado el miércoles, 25 de mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

risto“Las pasas no son frutos secos. Lo siento, pero no. Basta ya de llamarles así. Un fruto seco que no cruje no es un fruto seco. Lo será en su definición, lo será en el diccionario, por eso los diccionarios no se comen, pero las palabras sí.

Habrá a quien le gusten —merece vivir también—, pero a mí no hay nada que me dé más rabia que encontrarme una pasa en medio de un surtido de frutos secos. Estás ahí disfrutando de tus cacahuetes, kikos y almendras, cuando de repente, zas. El ritmo de tu masticar se ralentiza, todo se reblandece y los que pasamos de los 40 ya sabemos la rabia que da cuando todo se reblandece sin previo aviso ni explicación.

Las compañías aéreas, —que de las malas compañías son las peores—, se dieron cuenta hace tiempo de que las pasas no son del gusto de todos, y empezaron a repartir frutos secos en bolsitas opacas. Dijeron que así protegían su contenido de la luz, pero mintieron como nunca. Era de nuestra vista de lo que lo querían apartar. Para colarnos cada vez más pasas y menos frutos secos. He llegado a contar hasta diez pasas en una sola bolsita. Diez. Sí, sí. Diez.

La madre de Forrest Gump se equivocó profundamente. La vida no es como una caja de bombones, porque las cajas de bombones ya vienen con guía de consumo, dibujitos o incluso fotos que acompañan al surtido, en las que te explican de qué están hechos los bombones que te vas a meter entre michelín y cartuchera. Y así puedes elegir los que más te gustan primero. Aunque acabes por consumirlos todos cuando ya no quede más remedio. Ojalá siempre supiésemos de entrada de qué está hecha la gente antes de que la pudiésemos probar. Pero todos sabemos que no. Que la vida es más como un surtido de frutos secos en bolsitas de avión. Tú vas comiendo tus rutinas confiadamente hasta que de pronto, bum. Una pasa entra en tu boca y entonces ya es demasiado tarde. Ya está en tu boca. Te la tragas o las escupes. Pero el sabor, su recuerdo, queda.

Una vez tuve suerte y me encontré un pistacho. Mira que es difícil, porque un pistacho hay que pelarlo y vete tú a saber de qué proceso de bolsitas de lujo debió caerse. Pero ahí estaba. Entre todos los frutos secos comunes y todas las malditas pasas, un pistacho peladito y delicioso.

En esta vida, o eres pasa, o eres pistacho. Eso si eres relevante para alguien. Porque también puedes ser del tipo de frutos secos que nadie es capaz de recordar. Esa es y será siempre tu decisión.

El problema no es lo que tú seas. El problema es todo lo que te tocará comer a ti. La cantidad de bolsitas que —para encontrar un pistacho— deberás comerte primero. La cantidad de pasas que —para poder seguir comiendo— deberás tragarte, antes y después.”

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Elige un problema.

Artículo publicado el domingo, 22 de Mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Elige un problema. Da igual cómo. Da igual el porqué. Puede ser tan grande como el hambre en el mundo o tan presuntamente pequeño como cualquier tipo de soledad. El caso es que identifiques un problema sea tuyo o —mejor todavía— un problema de los demás. Elígelo porque hoy te vas a empezar a convertir en su enemigo. Ten muy en cuenta su tamaño, que siempre importa, y aquí aún más. Cuanto más grande sea él, más grande te hará a ti. Cuanto más difícil sea de ser resuelto, mejor para todos. Elige un problema y ve a por él. Ni luego ni después. Ya.

Elige un problema. Y automáticamente, sigue a rajatabla estas 5 C’s.

Elige un problema y Conócelo. Conócelo como nadie. Hazte estudioso de su evolución. Cualquier problema ha sido el resultado de miles de respuestas fallidas, conviértete en un arqueólogo de su razón. Y hoy, con los medios de los que se dispone, hazte experto en la posible solución de la materia. Hazte sabio en los fracasos que hubo antes de ti. Pero también una C de Control. Ponle todo tipo de monitores que te den información al minuto de cómo está yendo su existencia. Mientras él respire, tú tienes que saberlo. Mientras él viva, tú desvívete.

Por eso, elige un problema y Comprométete. Comprométete a acabar con él antes de que el resto de tu vida acabe contigo. Comprometerse es decirle al mundo que no te piensas hacer otra cosa hasta que no encuentres esa luz. La luz de ponérselo más fácil al siguiente. Un compromiso es algo que pasa por encima de todo lo demás. Un compromiso es de todo menos pasajero. Es nuestra apuesta por el largo plazo. Es nuestra única forma de trascender.

Elige un problema y Compórtate. A partir de ahora, todos tus actos deberán ser coherentes y consecuentes con el compromiso adquirido en el punto anterior. Elimina de tu vida todo aquello que no esté alineado con ese compromiso. No sólo son molestias, son peores, son distracción. A partir de hoy tú eres una máquina de matar problemas, y todo lo que no te ayude, te estorba, te incordia, está de más. Ten en cuenta que hoy eres lo que haces. Pero mañana serás lo que hayas sido capaz de solucionar.

Elige un problema y Crea. Busca nuevas formas, nuevos ataques, nuevas armas, revisa lo que ya se ha revisado, transita las veces que haga falta por la vía obvia, por lo que ya crees haber visto. Una vez más. Porque la creatividad es mirar donde todo el mundo mira y ver lo que nadie más ve. Si eres un genio, ves el cubismo, la 9ª sinfonía o la teoría de la relatividad mucho antes de poder demostrarla. Pero es que no hace falta ser un genio para aportar creatividad. Basta con un nuevo modo, una nueva vía, un diferente cómo para un mismo qué.

Por último, elige un problema y Compártelo. Compartir es mucho más profundo que simplemente comunicar, pues consiste además en trasladar a otros parte de la responsabilidad. Es contagiarles de compromiso. Un contagio sano, positivo, que no sólo no mata, sino que da más vida al que lo recibe. Porque nadie comparte nada que no crea que merece el esfuerzo. Comparte porque los necesitas. Nadie ha hecho nunca nada importante totalmente solo. Busca algo más que seguidores. Busca militantes. Busca creyentes. Busca fans. Porque son los únicos que no necesitan tus razones. Les basta con su fe. Así que hazles partícipes de tu obsesión. Convierte tu problema en el suyo. Tu batalla en su guerra. Tu religión en su credo. Tu principio en su único fin.

Y cuando hayas hecho todo eso, verás que lo que has creado puede ser llamado empresa, movimiento, fundación, asociación, o relación sentimental. Y verás también que da igual cómo lo llamen. El caso es que obtendrás una vida mucho más rica. Tú y todos los que se hayan comprometido contigo. Entenderás que el mundo, la vida y sus problemas sólo valen la pena si cada uno de nosotros se convierte en una minúscula parte de su solución.

Y entonces, sólo entonces, recordarás la necesaria diferencia entre misión y visión.

Misión es lo que quieres para ti. Visión es lo que quieres para los demás.”

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Senoiccele.

Senoiccele.

Artículo publicado el miércoles 18 de Mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

risto
“Cada vez me gusta más el cariz que están tomando los asuntos de la política en este país. El otro día, un prepostcandidato —al que le tengo mucho respeto pero que nunca deja de sorprenderme o quizás precisamente por eso se lo tengo, no sé— presentó algo así como su equipo de gobierno en caso de que ganase las elecciones… en solitario. Un caso que si se cumplen las encuestas jamás se dará, pero eso ahora da igual. Eso importaba antes, cuando las cosas eran racionales y previsibles.

Así a priori pensé que estaba poniendo el carro antes que los bueyes. Que le había dado por empezar la casa por el tejado. Pero no. Luego lo pensé mejor y me di cuenta de que lo que está haciendo es innovar, sacarnos de este bucle y de paso enviarnos un mensaje al resto de la sociedad. Como apuntó el sabio, locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes. Y es que si ninguno ha sido capaz de formar un gobierno haciendo las cosas del derecho, por qué no intentarlo ahora haciendo las cosas del revés. Oyes que si lo de las elecciones no nos ha funcionado, démosle la vuelta. Es el momento de invertirlo todo. Es el momento de las senoiccele.

En las senoiccele, arrancamos descubriendo que todos los partidos nos han mentido, ya que ninguno cumple su programa y todos siguen haciendo el pingüino hasta Bruselas porque nadie se atreve a subirse los pantalones. Así, de entrada ya algo tenemos ganado. Automáticamente después, vemos que los partidos pactan con los que algún día jurarán ni mirarse a la cara. Seguimos siendo los principales beneficiados. No está mal. A que no.

En las senoiccele, ocurre antes la fiesta de democracia que la jornada de reflexión. Porque estaría muy bien que por una vez hiciéramos ese sano ejercicio de pensar a quién hemos votado, cierto acto de contrición. Como todo el mundo sabe, el ser humano es un ser que funciona mejor por arrepentimiento que por advertencia, o lo que es lo mismo, se reflexiona mejor sobre lo que NO hay que hacer cuando ya estás de resaca, cuando ya todo es demasiado tarde, ocurre con el alcohol y la fiesta, y con todo lo demás.

Por último, en las senoiccele, después de reflexionar, saldrían todos los candidatos a decirnos lo que van a hacer y lo que no. Cosa que ya habríamos comprobado antes, con lo cual a ver quién tiene la cara dura de mentirnos a la ídem. Y lo mejor, las senoiccele acabarían con la consiguiente retirada definitiva de toda cartelería y con la devolución por parte de los partidos políticos de más de 130 millones de euros que nos costó poner las urnas.

Claro que alguno pensará que de este modo volveríamos a ser gobernados por los mismos de los últimos 4 años. Qué tontería. A que sí.”

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Qué falta.

Qué falta.

Artículo publicado el domingo, 15 de Mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Qué falta. Es la pregunta que deberíamos hacernos todos de tanto en tanto. Es la pregunta que nos obliga a dos cosas: a profundizar y a ser estratégicos. Profundizar porque nos fuerza a escarbar aquí y ahora, fijarnos para darnos cuenta, rebobinar, ser observadores, apartar lo que sí hay, lo que nos colma, lo que nos sacia, lo que al fin y al cabo nos tapa la vista y el resto de los sentidos también. Y ser estratégicos porque nos hace mirar hacia el futuro, es el primer paso para planificar, preguntarse para qué debería estar preparándome hoy, porque mañana puede que ya sea demasiado tarde, y es que seguramente lo será. Qué falta es el primer vencimiento del largo plazo. Qué falta es nuestro único antídoto contra el ya se verá.

Cuando lo que falta es evidente es cuando es doloroso. Cuando no podemos. Cuando se nos ha ido algo que echamos de menos. Echamos en falta. Es curioso que se diga echar de menos cuando suele ser algo que jamás has echado tú, suele ser algo que, simplemente, se te fue. Pero es que no siempre lo que falta es tan explícito. De hecho, la ausencia no dolorosa es la más común. Y la más peligrosa, debo añadir. Porque es la que crece hasta que nos mata por sorpresa, por la espalda y sin avisar. Es aquella analítica que jamás me hice. Es aquella pregunta que, por falta de algo, jamás formulé.

Qué falta. Es mucho más que hacer gala de nuestro inconformismo. Es ir mucho más allá de esta enfermiza insaciabilidad.

Qué falta. Al final es la gran pregunta de todos los test de inteligencia. Siga la serie. Complete la secuencia. Ponga su mente a cerrar círculos, que para eso ha sido entrenada durante siglos y siglos de —vamos a llamarlo— evolución. Ha sido la gran pregunta del científico y por ende, de la humanidad. Qué dato estoy ignorando. Qué observación aún no he tenido en cuenta. Qué hay donde aún no he mirado.

Y si es donde ya han mirado todos, es la pregunta del creativo. Del artista. Del crítico social. Del que pretende dejar el mundo más bonito de lo que se lo encontró. Mirar donde todo el mundo mira y ver lo que nadie más ve. La mirada que falta. La que no estaba. Y si no la llevas tú a cabo, seguramente, nunca estará.

Por eso es la pregunta del emprendedor. Científico y loco, matemático y artista a la vez. Si nadie ha visto el hueco, lo relleno yo. Triunfar es llenar vacíos. El Teorema de Nacho Vidal. Querer ser de lo que no hay.

Qué falta. Lo único que nos puede salvar de las tres dimensiones. De regodearse en las mieles del éxito y darse cuenta del pequeño fracaso que supone dejar de aprender simplemente porque algo ha funcionado. Qué falta es no aplaudirse más de lo necesario e imprescindible para animarse a continuar. Es la pregunta que nos lleva irremediablemente a la cooperación y a la solidaridad. Sí, yo tengo mis faltas, pero a ellos les faltan más.

Hace poco, en una conferencia ante start-ups, alguien con mucho criterio me preguntó cómo podía defender la duración de las marcas cuando estaba comprobado que cada vez duraban menos. La inmensa mayoría de las 50 primeras marcas de hoy no existían hace apenas 50 años. Y sin embargo, ahí estaba yo hablando de la durabilidad de los proyectos.

Mi respuesta apeló, como hacen todas las respuestas que pretenden serlo, a un gran poeta: que mientras dure sea eterno. Es obvio que la rotación de todo en nuestras vidas es mayor y seguramente va a seguir acelerándose. Es obvio que nosotros cambiamos de pareja, de casa, de trabajo y de vida con muchísima más frecuencia que nuestros abuelos. Lo cual no nos hace mejores, ni más listos, ni más felices, simplemente más estresados ante el tempo que marca una sociedad a ritmo del capital. Pero justamente, cuando en todas partes crecer es aprender a despedirse, qué falta. Aprender y sin embargo quedarse. Enamorarse y a pesar de ello, durar.

Que mientras dure sea eterno. Me lo tengo que creer de entrada porque si no, ya para qué voy a empezar. Y si seguimos intentándolo, es porque creemos que en algún momento nos va a tocar. Nadie en su sano juicio compraría décimos de un sorteo anterior.

Qué falta, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.

Qué falta, niña de ojos infinitos, me faltas tú.”

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Videoclub.

Videoclub.

Publicado el miércoles, 11 de mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

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“Una marca pertenece a quien la consume, jamás a quien la gestiona. Esta fue la gran lección que me dio una vez un alto directivo de un conocido refresco de cola, que ahora justamente se dedica a gestionar esa gran marca desde sus headquarters en Atlanta. Y parece que algunos aún no lo han entendido. Especialmente en nuestro país. Especialmente ahora.

Una marca pertenece a quien la consume, jamás a quien la gestiona. Sí, hablo también de los videos con los que hemos arrancado esta cansina segunda vuelta electoral. Esos vídeos que han suscitado todo tipo de comentarios a favor y en contra, sin entender que la intención de un video electoral no es más que afianzar la opinión de los convencidos. Los partidos no se preocupan si no te gusta o no su vídeo si no les ibas a votar. Los partidos se preocupan cuando decides dejar de votarles por culpa de su vídeo. Pero si ya eras de los convencidos, si ya tenías tu opción de voto decidida, y el vídeo te reafirma en tu decisión, entonces ese vídeo era para ti y los de tu mismo club.

Una marca pertenece a quien la consume, jamás a quien la gestiona. Que aún no nos hemos enterado. Que el PP habla para los suyos, para los que quieren a un tipo como Mariano Rajoy en el Gobierno. Un registrador de la propiedad mundano, aburrido y previsible, siempre enrocado en su eficiente filosofía inmovilista que consiste en que no hacer nada es siempre y en todo caso mejor que arriesgarse a hacer cualquier cosa. La gente que se toma a “España en serio” es la gente que prefiere que se quede como está. Palabras utilizadas: amigos, españoles, convocados, cansar, conformar, presente, imperfecciones, cultivando, protagonismo, participación, tiempo, volver, encrucijada, afianzar, potenciar, consolidar, deslizarnos, incertidumbre, inestabilidad, inseguridad, concordia, moderada, extremista, asoma, disolvente, decisión.

Y al otro lado, la nueva izquierda que se alía con la izquierda de siempre, la vieja, la de toda la vida, la que en Catalunya nos dio tantas jornadas de gloria con el Tripartit. Esa misma que juró no apropiarse jamás de un 15M que —en teoría— pertenecía al pueblo y luego te graba un vídeo desde la Puerta del Sol, mencionando siempre las palabras clave que actúan como resorte para su masa social: lucha, derechos, todos y todas, despertar, saqueos, expolio, abusando, mayoría social, transformación, unidad popular, desahucios, proselitismo, doctrina, principios, sentido común, justicia, cambio, sumar e ilusión.

Si a usted no le convence ninguno de los dos, no se preocupe por no ser de los suyos. Recuerde lo que dijo Marx, pero no Karl, sino el genio: jamás pertenecería a un club que me admitiera entre sus socios.”

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Manifiesto becario.

Artículo publicado el domingo, 8 de Mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Hoy, 8 de mayo, es el Día Internacional del Becario. Como ocurre con el cáncer, el sida o las enfermedades raras, también los becarios tienen su día internacional. Como si fuese algo que habría que erradicar. Cuando creo que es todo lo contrario. Un becario es un proyecto de presidente. Trata siempre bien a los becarios, aunque sólo sea porque es probable que, con suerte, algún día, acabes trabajando para ellos.

Al fin y al cabo, qué es un becario. Igual que ocurre con los conceptos complejos —amor, familia, amistad— cada uno tendrá su definición. Y está bien que así sea, porque son las únicas palabras que, al tratar de definirlas, uno acaba definiéndose a sí mismo.

Para mí, un becario es alguien infravalorado por definición, alguien que cobra mucho menos de lo que vale, por el mero hecho de no disponer aún suficiente currículum para exigirle a los demás lo que se le exige, o incluso lo que se exige a sí mismo. En ese sentido, quien no se sienta todavía becario que tire la primera piedra. La diferencia está en que en muchos casos, los becarios titulares no llegan ni al mínimo exigido no ya por ley, sino por dignidad.

Pero hoy no quiero hablar de lo malo, que ya lo conocen suficientemente los que lo viven día a día, sino de todo lo demás, que es mucho. Bueno y no tan bueno. Por eso, hoy me permito darte, querido becario, un manojo de consejos que jamás me has pedido, ni me pedirías si no te los diese, seguramente. Pero son los consejos que a mí me hubiera gustado recibir hace 20 años. Tómatelos como una receta de esas que vienen en los libros de cocina. Que puedes cocinarla como te apetezca, que hagas lo que hagas jamás te cortes con las proporciones y que sobre todo, te olvides de las fotos, porque ni de coña quedarán así.

Para empezar, si no te apasiona lo que haces, cambia inmediatamente de sector. Equivocarse sale mucho más barato cuando empiezas que cuando llevas unas cuantas hipotecas vitales encima. Y la vida —profesional, o no— ya es bastante perra como para encima dedicarte a algo que te parezca un trabajo. ¿Adoras los lunes? ¿Deseas que lleguen con todas tus fuerzas? ¿Te apasionaría ocupar el puesto de quien te contrató? Bien, entonces vamos bien, puedes seguir leyendo.

Todo el mundo tiene un talento. Talento entendido como la capacidad de provocar algo en los demás. Si eres capaz de provocar algo en los demás (no necesariamente algo positivo, mírame a mí), entonces tienes algún talento. Tienes talento para liderar, provocas que te sigan. Tienes talento como futbolista, provocas peligro en el área contraria. Y así. Pregúntate cuándo y dónde has provocado cosas en los demás, y rebusca por ahí, que estarás más cerca de descubrir en qué actividades tienes talento y en cuáles no.

Es el momento de ejercer de aprendiz. Identifica un referente. Un ídolo. Alguien de quien admires mucho su trabajo. Y entonces haz lo que no hace casi nadie: acósalo. Hazlo de la manera más ocurrente y divertida que se te ocurra. Pero hazlo. Cada vez que le hagas sonreír, estarás más cerca de que te contrate. Aunque te parezca mentira, mucha gente le estará enviando currículums que no sirven para nada y acaban en su archivador vertical. Es el momento de adelantarles a todos, pues más a menudo de lo que nos creemos no consigue trabajo el más talentoso sino el más pesado.

Con suerte, trabajarás gratis. Con menos suerte, incluso te costará dinero trabajar junto a esa persona. Sea como sea, piensa que jamás será coste, sino inversión. Olvídate de carreras, posgrados y másteres. Tenlos, pero créeme si te digo que más títulos no te harán más sabio. Esta es la mejor formación que podrías llegar a tener. Y la única, la de verdad.

Alégrate si tampoco lo consigues a la primera. Fracasar es la forma que tiene la vida de preguntarte cuánto deseas lo que deseas. Así que si no lo consigues a la primera, insiste, dile alto y claro a la vida cuál es tu objetivo. La vida insiste en repreguntarnos cosas, y sólo las consiguen los que son capaces de insistir más.

A partir de ahí, entra todos los días el primero y lárgate siempre el último. A partir de ahí, deja que tu actitud construya tu aptitud. A partir de ahí, los principios sólo serán principios cuando te cuesten dinero. Ah y a partir de ahí, prefiere ganar un cliente a ganar un premio, pues los premios no dan de comer, los clientes sí.

Mi abuela, mujer sabia donde las haya, solía decirme: “ya tienes el éxito, ahora sólo te falta el reconocimiento”. El éxito como algo íntimo y el reconocimiento como algo externo, que a veces llega y a veces no. Por eso, déjame acabar definiendo otra palabra compleja, de las que definen. Para mí el éxito es que aquellos a los que has decidido admirar (tu abuela, tus amigos, tu madre, tu jefe), algún día, te admiren a ti.

Dicho esto, no se te olvide la regla fundamental. Diviértete. Así tendrás más posibilidades de triunfar. Aunque sólo sea por una razón: piensa que la mayoría no lo hace.”

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Logística emocional.

Logística emocional.

Publicado el miércoles, 4 de mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

risto“El otro día pasé un rato largo con un amigo tratando de encontrar en qué momento una crisis de pareja se transforma en un proceso de ruptura. Y no me refiero al momento en el que uno de los dos —o los dos— dicen basta, porque ésa es una fase ya muy avanzada del adiós. Me refiero cuando una persona ya ha tomado la decisión pero aún no lo sabe, o cuando aún no lo quiere saber, cuando aún se lo niega porque no se lo quiere ni creer. Y la respuesta se nos apareció a los dos casi a la vez, con una claridad tan meridiana que rozaba la iluminación. Uno rompe cuando su cabeza ya ha iniciado la mudanza. Uno acaba cuando supera el qué y empieza a plantearse el cómo. Es el turno de la logística emocional.

Cuando las cosas y los lugares no reflejan lo que pasa en el corazón, hay un desequilibrio entre lo que nos rodea y lo que nos rellena, es cuando nuestra cabeza, irremediablemente, tiende a preguntarse cómo lo igualamos. Y como suele ser complicado mandar desde la cabeza órdenes al corazón, lo más sencillo — o para ser justos, lo único posible, porque de sencillo no tiene nada— es cambiar las cosas y los lugares donde ocurren las cosas.

Logística emocional. El doloroso y a menudo involuntario proceso que consiste en cambiar nuestro exterior para que siga siendo fiel reflejo de nuestro interior. Es el momento —si se puede— de cambiar de casa. Porque las casas no sólo recuerdan a las personas, sino también porque las casas fuerzan nuestra manera de vivir. Hay casas pensadas para estar solo. Pero también las hay ideal familias o ideal parejas. Y no te quiero contar la putada que resulta vivir en una casa conviviendo con un hueco. No te lo quiero contar porque lo he sufrido, y no se lo recomiendo a nadie. Bueno, a algunos sí.

Hay quien aprovecha para hacer reformas. O para cambiar de hábitos. Porque algunos hábitos se los llevan esas personas que se nos van.

Pero también es el momento de cambiar de algunos objetos. Las cosas que usamos, que todas tienen memoria. Desde el champú que nunca compramos hasta el tipo de agua que bebíamos hasta ayer. Olores y sabores que tampoco hace falta erradicar para siempre de nuestra vida, pero sí es momento de probar cosas nuevas. O de enterrar para siempre esos recuerdos con vivencias nuevas.

Insisto, no estoy hablando de olvidar y pasar página más fácilmente, que también. Estoy hablando de coherencia entre lo que pasa dentro y lo que pasa fuera. Es como si en casa, ahora que llega el infierno, dejásemos puesta la calefacción a todo trapo. No tendría sentido. A que no.

Piensa que lo contrario consistiría en acumular cosas y sitios que algún día fuimos pero que ya no nos representan. Lo más parecido a un Síndrome de Diógenes Sentimental.”

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Mujer sin paraguas.

Mujer sin paraguas.

Artículo publicado el domingo, 1 de Mayo de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Una mujer camina por la calle sin paraguas bajo una lluvia intensa. La gente corre, se apresura, empuja, despliega bolsas y periódicos salvavidas, hiberna bajo refugios propios y ajenos, juega al juego de la oca de portal en portal. Pero ella camina serena, pausada, como si eso de la lluvia no fuera con ella. Porque es que de hecho, hoy eso no va con ella.

Bajo sus ojos brotan raíces de rímel con sabor a sal. Y sobre su espalda parece que haya estado llevando el peso del mundo hasta hace tan sólo un minuto. Sus ojos han dejado de servirle, porque sus ojos ya no ven, tan sólo muestran cosas a los demás. Y lo que muestran es una cara desencajada que camina sin rumbo y sin paraguas bajo la lluvia intensa. Y lo que demuestran es que se puede mantener los ojos abiertos para cualquier cosa menos mirar.

Llorar es de las pocas actividades humanas sobre las que no podemos decidir la velocidad. No se puede llorar rápido. Uno puede controlar la respiración, comer a un ritmo frenético, echarse una siestecita cortita y hasta regular los latidos del corazón. Pero llorar no. El llanto impone su propio tempo. Es el tempo de las cosas que duelen. Es la dictadura del peor genocida de todos los tiempos, también conocido como dolor. Y como en toda dictadura, la primera víctima suele ser siempre el poder de decisión. Ella ahora se duele y deja dolerse. Avanza llevada por cualquiera que sea el motivo de su fatalidad. Porque avanza sin llegar a avanzar. Porque a veces uno simplemente se mueve sólo para no tener que quedarse en el sitio, para poder dejar algo atrás, aunque sólo sea un sitio, aunque sólo sea un lugar.

Ahora ella permite que el llanto recorra todo su cuerpo antes de asomarse a la cara. No son lágrimas, son gotas de sangre destilada y blanqueada bajo la presión que trató de retenerlas. Son pedazos de desengaño disueltos en dudas. Son estrofas desafinadas y descompasadas de una canción que nadie jamás cantará.

La gente pasa por su lado sin percatarse de su existencia. Ella camina al ritmo que llora, y claro, eso molesta a más de uno que incluso chista cuando la adelanta. Estorba. Incordia. No es correcta. Está mal. De vez en cuando alguien la roza con más violencia de lo razonable. No son empujones intencionados. Ni siquiera son toques de atención. Son pellizcos que la realidad le propina para despertarla y recordarle que allí no pega, que allí está de más.

Se ríe mejor en compañía. Se llora mejor en soledad. Por eso, la molestia más grande no es ella. En estos momentos, la mayor molestia son los demás. A ella le sobra el mundo. Y le falta todo el aire disponible para respirar.

Yo la miro y me pregunto cuál será el motivo de su desdicha. Por qué hay lágrimas que no desaparecen ni bajo la lluvia. Y sobre todo, por qué ha decidido salir a la calle y ponerse a caminar.

Una mujer camina por la calle sin paraguas bajo una lluvia intensa. Desaparece de mi vista cuando dobla la esquina, pero da lo mismo porque la sigo notando, sé perfectamente que ahí sigue, bajando por la otra calle a un ritmo demasiado lento para bajar por la calle, a un ritmo ya imposible de olvidar. Y yo, que podría haber hecho algo para ayudarle, en vez de eso me he puesto a escribir este texto, ignorando así la oportunidad que me ha dado la vida para recuperar parte de mi humanidad.

Otra oportunidad perdida. Otra más.”

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Voten ustedes.

Voten ustedes.

Publicado el miércoles, 27 de abril de 2016, en ElPeriódico.com.

risto“Señorías, voten ustedes. Yo ya voté lo que quería el 20-D. Y como yo, millones de españoles que nos tomamos la molestia de acudir a las urnas un día de fiesta, con lo que eso cuesta cuando estás de arriba pabajo de lunes a domingo 24/7. Y ahora encima pretenden que vuelva a ratificar lo votado, y para más inri un domingo de puente post verbena. Já. Ya les dijimos lo que queríamos para congreso y senado. Diálogo, consenso, pactos, complejidad. Hablar y ceder lo que no está escrito hasta reflejar lo que queríamos todos, ser capaces de entenderse para gobernar, que a partir de ahora habría que escucharse y escuchar. Y ustedes han sido incapaces, incompetentes, impotentes negociadores a la hora de consumar. Ahora, encima, por no saber hacer su trabajo, me piden que yo vuelva a significarme, que sea yo el que vuelva a pringar, que sea yo el que vuelva a trabajar por ustedes, y no al revés. Voten ustedes, hombre, dense por votados y si no les gusta ajo y agua, y ya está.

Que sí, que les digo que voten ustedes. Que como contribuyente me parece insultante, indecente e indignante que vuelvan a gastarse ustedes un solo euro en campaña electoral. Seis meses más tarde, medio año perdido, medio año más. Que en estos ciento y pico días tampoco es que hayan demostrado un alarde de estadismo que me haya hecho recapacitar. Hemos visto soberbia, altanería, gente tratando de salvar su culo y su escaño y hasta gente dispuesta a esparcir cal viva por el hemiciclo con tal de epatarse y epatar. Un candidato que se queda para poderse sacrificar tras los comicios. Otro que se no se marcha porque si no se lo habrían fulminado ya. Y el resto política de cara a la galería. Todo sigue igual, o peor que mal.

Los líderes mundiales siguen con su agenda vinculante y España sigue al margen de todo, enredada en peleas de barrio y en mítines de andar por casa, con política de sofá. Que si tú me has dicho, que si te he enviado un whatsapp, que si no tenemos nada de qué hablar. Vergüenza sentimos los que creemos que la política debería ser el arte de dialogar. Esto ya no es política. Esto es una farsa que pagamos todos y que nos va a volver a tocar pagar.

Por eso les digo, les exijo, que voten ustedes. Que a los ciudadanos nos dejen de una vez en paz. Que si este país ha seguido funcionando estos cuatro últimos meses, ha sido, como siempre, por la gente que —por suerte— pasa de ustedes y se dedica a trabajar tributando aquí y no en Panamá.

Ya verás como algún listo se lamenta del incremento de abstención el próximo mes de junio. A alguno se le ocurrirá incluso decirnos que esto nos pasa por votar lo votado, que todo habrá sido culpa nuestra. Con dos cojones. Tiempo al tiempo. Alguno habrá.”

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Existe.

Existe.

Artículo publicado el domingo, 24 de Abril de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Existe. La persona que aún no sabías que estabas buscando. La persona que, contra todo pronóstico, te hará claudicar. Ella es real. Ella es. Y te está esperando en algún sitio. Esa es la única e incómoda verdad.

Sí, ya sé que ahora mismo te cuesta mucho escucharlo, verlo o ni siquiera pensar en ello, puede que de tanto despedirte incluso hayas perdido la fe. Pero te puedo asegurar que ella existe, no es que yo crea que existe, es que lo sé.

Existe. Mientras tú lees esto y vives de inercia, esa persona respira, sueña, hace yoga o macramé. Da igual. Puede que acabe de cambiar de pareja, puede que ya haya decidido abandonar la universidad. Puede que hasta se haya cruzado contigo por la calle, puede que se encuentre tan cerca de ti que aún ni siquiera la hayas logrado enfocar. El caso es que ella es y ella está. Existe y aún no sabe que tú existes. Nada menos. Nada más.

Y es que me da igual si te lo crees o no, porque la única verdad es que existe. La persona que te querrá bonito, esa persona que te querrá bien. La media naranja mecánica dispuesta a triturar tu melancolía y comerse de un bocado tus prejuicios para desayunar. Ese tipo de apisonadora inclemente y emocional que acabe de un plumazo con tus yo nunca, que dé al traste para siempre con tus yo jamás.

Existe quien sea que te quiera y ese alguien está deseando hacerte bien. Existe alguien que no te juzgue continuamente, alguien que no se plantee nada más que estirar tu boca, que no está mal, para empezar. Hacerte latir con más fuerza. Darte la vida que a ella le sobra. Borrar tu nube, vencer tu mal. Dedicarte horas extras con tal de verte sanar. Mudarse contigo de estado de ánimo. Salir para siempre del por qué a todo y entrar definitivamente en el por qué no. Vivir relajados sin tensar el cómo. Estar en silencio y sentiros cómodos. Disfrutar cada vez que te vea disfrutar.

Esa persona existe. Aquella para la que te has estado preparando toda la vida. Aquella que dará sentido a todos tus fracasos. A tus rupturas absurdas. A tus noches en vela. A todos los días que has decidido olvidar. Aquella que no le importa qué tienes, ni qué has conseguido en la vida, sino simple y llanamente quién eres tú. Y ya está. Con tus defectos y sus virtudes. Con tus cosas malas y sus cosas buenas. Todo. Lo que sea. Es todo sí. Ella es sí, y ella existe, es tu sueño hecho realidad.

Porque de verdad que existe. Porque la vida es un sumatorio de miedos y esperanzas. Que son las únicas variables, al final. Los grandes problemas de cualquier ser humano. Y en medio se encuentran sus hijas bastardas, que no por pequeñas dejan de ser jodidas. Las dudas, las ilusiones. Frutos ambos de una noche loca con la incertidumbre y la desinformación. Por eso nos joden tanto. Porque saben hacer dudar… o lo que es peor, entusiasmar.

Por eso te digo y te repito que ella existe. Porque yo lo he comprobado y porque sé que vale la pena. Salirse de uno mismo sin ganas de nadie para poder entregarse a cielo abierto y sin concesión. Entrar en una relación que te hace ser más tú cuando estáis juntos. Ser de una vez por todas, un equipo, dos que sienten uno, lo que viene siendo amar.

Por eso me pongo pesado. Por eso te digo que existe. Para que si el amor de tu vida no es el que estás viviendo aquí y ahora, no pierdas el tiempo ni te quedes removiendo el pasado, porque dejarás de ver lo que está por llegar.

Ella existe y te está buscando.

De ti depende que os lleguéis a encontrar.”

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Se acabó lo que se acababa.

Se acabó lo que se acababa.

Publicado el miércoles, 20 de abril de 2016, en ElPeriódico.com.

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“Hipótesis sin ningún fundamento teórico más allá de la propia experiencia. No estamos viviendo el fin de ninguna época. Estamos viviendo el fin de los finales. Desde que algo tan sagrado como la identidad se construye con unos y ceros, todo lo demás es susceptible de sobrevivirnos. Y si no, intenta darte de baja en cualquier red social. Pero no sólo es eso. Son las películas hechas remake. Son los remakes hechos series. Son las series hechas temporadas. Son las temporadas que nadie sabe cómo finalizar. “¿Cómo acabó Lost?”, se preguntaba Toni Segarra en el cdec de Donostia. “Mal, porque sólo podía acabar mal.”

Fukuyama pronosticó el fin de la historia y el último hombre. Alguien no menos grande como Jeremy Rifkin pronosticó el fin del trabajo hace ya unos cuantos años. Y sin embargo, aquí seguimos, viviendo un nuevo capítulo de la historia en el que seguimos trabajando incluso en la ardua tarea de buscar trabajo.

Primer corolario sin comprobar: el fin de los finales implica el fin de los pronósticos. Porque todo puede ir de mal en peor o de bien en mejor en el momento menos pensado. Y espérate. Los expertos ya no sirven ni para pronosticar. Nada de lo dicho ayer te servirá hoy. Y no digamos mañana.

Segundo corolario. El fin de los manuales de instrucciones. Un libro sellado y finito ya jamás reflejará la realidad de ningún objeto ni de nada ni nadie que nos rodee. Un artículo de opinión jamás volverá a estar listo para impresión. Si hasta una marca llamada Tesla nos enseñará muy pronto que cualquiera debe estar dispuesto a bajarse la última versión de sí mismo. Empezando por ti. Bauman en estado gaseoso.

Tercero. Los extremos no sólo se tocan, sino que se necesitan. El yin y el yen, Love of Lesbian. Whatsapp me mantiene lejos de aquellos a los que conozco mientras las redes sociales me mantienen cerca de aquellos a los que no conozco ni seguramente conoceré. Los influencers cada vez venden menos algo que no sea a ellos mismos y sin embargo cada vez ingresan más. Las marcas ya no nos dejan tan marcados. Los que saben hacerlo no saben cómo explicarlo, y los que lo saben explicar no han sido capaces de demostrarlo. Menos es más y más es menos que nada. Dieter Rams y Antoine de Saint-Exupéry: La perfección no se alcanza cuando ya no queda nada por añadir, sino cuando no queda nada por quitar.

Y de ahí el cuarto y último corolario. La duración de las cosas es el nuevo valor. Lo único nuevo es aquello que jamás lo fue. Algún día entenderemos que hay que matar la moda. Porque es ella la que nos está desnucando a base de bandazos sin rumbo. Algún día entenderemos que es o ella o nosotros. Permanencia. Consistencia. Perdurabilidad. Herencia. Legado.”

¿Fin?

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No sé lo que no sé.

No sé lo que no sé.

Artículo publicado el domingo, 17 de Abril de 2016, en ElPeriódico.com.

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Il.lustració per Leonard Beard.

“Nos pasamos la vida decidiendo. Creemos que así forjamos nuestro propio camino. Que de esa forma nos ganamos el título de dueños de nuestro propio destino. Pero eso es sólo en apariencia, porque en realidad cuesta mucho reconocer que no es para nada así. Pocas veces nos fijamos en aquello que realmente nos determinó. Poco pensamos en lo que nos descartó a nosotros. Pocas veces pensamos en ese casting del que jamás fuimos conscientes. No se le puede llamar ni sombra porque ahí jamás hubo luz. Es el ángulo muerto de la vida. Es el rabillo del ojo del que suspira. Es todo aquello que no vimos y debimos ver. Es nuestra visión periférica existencial.

Ojo que no estoy hablando de querer saber por saber, de acumular conocimientos por el mero placer de conocer. Que también. Estoy diciendo que entre las cosas que ignoro, que son prácticamente todas, me preocupan especialmente las que han pasado por mi vida y ni he notado. Las que pude arreglar y no arreglé. Las que pude entender y no entendí. Las que fueron entonces y ya no pueden ni llegar a ser. Me preocupan porque igual que ignorar la ley no te exime de su cumplimiento, sobre las cosas que pude hacer y no hice siento algún tipo de responsabilidad. Porque seguro que iba y sigo yendo a lo mío, como siempre con un objetivo bien claro y marcado, y que este maldito exceso de foco hizo que me perdiese el detalle, ese detalle y no otro, donde dicen que algún dios nos espera, donde dicen que algún dios está.

No sé lo que no sé. Las fiestas a las que no fui invitado. Los trabajos que no me fueron ofrecidos. La cantidad de reuniones en las que fui descartado. La gente que prefirió simplemente evitarse el trago de conocerme. Los regalos que jamás recibí. Los amigos que no me preocupé cultivar. Los aprendizajes que de todo ello pude haber sacado. Lo que pude tener y no tuve, lo que pude saber y no supe, lo que pude ser y no fui.

No sé lo que no sé. Las preguntas que nunca te hice. Sí, a ti, que pasaste por mi vida hasta que fui yo el que pasó por la de los dos. La cantidad de cosas que no me contaste, porque no te atreviste o simplemente porque en el momento en el que ibas a hacerlo, te interrumpí. Y después ya había pasado el momento de comentarlas, y te dio más pereza que ganas. Y ahí me quedé yo, disfrutando de mi ignorancia, de nuevo, una vez más, otra vez menos.

No sé lo que no sé. La cantidad de cosas que aún no habré contemplado. La cantidad de gente a la que ofendí sin saberlo, y entre todos ellos, aquellos a los que aún hoy debería llamar y pedir perdón. Pero también la gente a la que hice algún tipo de bien y no fui ni para saberlo. Igual dejé de hacer lo que ellos recibían como un beneficio, y si lo hubiera sabido entonces, pues a lo mejor habría continuado haciéndolo. No sé.

Sin embargo, de entre todas las cosas que no sé si sé, me angustian especialmente las aún presentes. Las que todavía están aquí. Las que todavía puedo remediar. Mientras escribo esto, puede que algún amigo esté sufriendo y yo no lo sepa. Puede que, simplemente por dejadez mía o mutua, hayamos llegado a ese punto en el que le cueste más ponerse al día que echarse una mano. O puede que una vez más yo no supiese leer sus señales. O yo qué sé. Por favor, si me lees, llámame.

No sé lo que no sé. Y eso, para alguien que considera que crecer es aprender a despedirse, es una putada como un piano. Porque entonces no es de extrañar que me acabe esperando a perder las cosas para empezarlas a comprender.

Y francamente, así me va.”

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Hipócrates en Panamá.

Hipócrates en Panamá.

Publicado el miércoles, 13 de abril de 2016, en ElPeriódico.com. 

risto“Esta es la última lección que recibo. Esta es la última que permito que me den. Karl Popper ha vuelto reencarnado en recaudador, y el falsacionismo es aplicable hoy a la honorabilidad y honradez de cualquier conciudadano. A la legalidad le están sacando los colores los mismos que no hace mucho impartían clases de patriotismo. Y sin embargo, a menudo nos olvidamos de los que les ofrecieron con sus servicios esa posibilidad tan legal como inmoral. Por eso hoy retrocedo 26 siglos para recuperar un juramento al que basta con cambiarle las palabras médico por asesor, enfermo por contribuyente, veneno por evasión y medicina por fiscalidad.

“Juro por Apolo, médico, por Esculapio, Higía y Panacea y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, de que he de observar el siguiente juramento, que me obligo a cumplir en cuanto ofrezco, poniendo en tal empeño todas mis fuerzas y mi inteligencia.

Tributaré a mi maestro de Medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como a mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente y sin ningún género de recompensa.

Instruiré con preceptos, lecciones orales y demás modos de enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro y a los discípulos que se me unan bajo el convenio y juramento que determine la ley médica, y a nadie más.

Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a las mujeres pesarios abortivos.

Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla.

En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitaré sobre todo la seducción de mujeres u hombres, libres o esclavos.

Guardaré secreto sobre lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar, sea o no del dominio de mi profesión, considerando como un deber el ser discreto en tales casos. Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria.”

Claro que echarle la culpa de todo a los gestores sería tan Ruiz como copiar aquí un texto de otro para así eludir la responsabilidad de tener que escribirlo yo. Oh wait.”

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