Risto Mejide, o el placer culpable – El País

Era el azote de los triunfitos, el personaje al que te encantaba odiar, una aversión para disfrutar en familia. Justo cuando creías haberle olvidado, vuelve a O. T. con un libro bajo el brazo para poner al mundo en su sitio.

En un país lleno de gente que odias amar, Risto Mejide es la excepción: amas odiarle. Este publicitario, nacido en 1974, llevaba más de una década en el universo de los que tratan cada mañana de convencerte de que lo que necesitas realmente es un nuevo yogur, cuando le llegó la oferta que lo cambiaría todo: ser jurado en Operación Triunfo. Mejide, que ahora es también capo de la productora Aftershare, contra todo atisbo de sensatez, aceptó salir en el programa, no se sabe si como experimento psicológico, como penitencia por alguna afrenta antigua o por mero ataque de ego. Lo cierto es que la carrera mediática de este barcelonés con nombre finlandés despegó de manera imprevisible, y sus intervenciones, entre lo borde, lo revelador y lo directamente impensable en horario estelar, propulsaron la audiencia de un formato casi muerto. A rebufo del éxito logrado, Mejide colaboró con Luis del Olmo en Punto Radio y escribió una columna en el diario gratuito ADN, sin olvidar nunca la publicidad, de donde viene y el medio que sustenta su discurso.

“Me encantaría que me dieran palos [por el libro]. Sobre todo en este país tan blando. Yo sé a quién quiero gustar y a quién no”

Ahora edita un libro, El pensamiento negativo (Espasa Calpe), una mezcla de memorias, libro de autoayuda, manual de fracaso, ciencia-ficción emocional, sopa de letras, aforismos rock y exhibicionismo posmoderno. Se lee como se ve la tele y se asimila como un anuncio. O sea, se hace zapping y se acaba encontrando lo que se busca; se odia, pero se acaba comprando el mensaje y el producto. En la terraza del hotel Claris de Barcelona, Risto luce

gafas nuevas y, sin esfuerzo aparente, alcanza extrañas cotas de sensatez. Tal vez el libro tenga mil grietas, pero su discurso es sólido. Por fin, un entrevistado para el que ninguna pregunta es ofensiva.

EP3. ¿Es éste un libro para gente que no lee del mismo modo que O. T. es un programa

musical para gente a quien no le gusta la música?

Rist o Mejide. Es para la mayoría de la gente que ve O. T., gente que compra libros sólo el Día del Libro y ni se los lee. Por eso en la página 20 me despido del 80% de los lectores. Creo que el libro tiene el formato correcto para la gente que realmente piensa que soy el de O. T.

EP3. Pero, ¿el de O. T. es un personaje?

R. M. No, es un rol.

EP3. Al público le fascina el rol, pero en el fondo, como somos muy buena gente en este país, todos deseamos que en la vida real sea un tipo ejemplar que ayuda a las viejecitas a cruzar la calle.

R. M. Exacto, aquí somos tan buena gente que incluso el que me odia mantiene la esperanza de que yo no sea así. ¿Qué le importa cómo soy?

EP3. ¿Es éste el mejor libro que podía hacer?

R. M. Es el que me apetecía hacer ahora. Seguramente, de aquí a 10 años le echaré un vistazo y lo odiaré. El libro es como mi vida sexual, muchos capítulos y muy cortos.

EP3. ¿Está preparado para que le machaquen por escribir un libro, no importa que sea bueno o malo?

R. M. Por supuesto, me encantaría que me dieran palos. No hay nada peor en este mundo que la indiferencia. Hay que polarizar a la gente. Sobre todo en este país, en el que todo el mundo intenta caer bien todo el rato, donde todo es tan blando. Yo sé a quién quiero gustar y a quién no.

EP3. Si le digo que es un libro de autoayuda, ¿le sienta mal?

R. M. Buenafuente lo definió como un libro de antiayuda, y creo que es acertado.

Yo lo planteo como un libro sobre cómo aprender a fracasar. El triunfo atonta. Además, lo último que quisiera es buscar una catarsis colectiva, no pretendo ayudar

a nadie. Sólo recordar que lo más grande es la honestidad, que cada vez que alguien

trata de caerte bien, te miente y busca pedirte tiempo, dinero o votos.

EP3. ¿Autoayuda autobiográfica?

R. M. Es un libro autobiográfico para todo el mundo menos para mi novia. Para ella

es ciencia-ficción.

EP3. ¿No es un poco extraño que un señor que relata una historia en un hotel de lujo

de Nueva York o que alquila hummers en Los Ángeles nos hable de fracaso?

R. M. Es que el fracaso no es igual para todos. Depende de las expectativas. Nos

hemos creído demasiado eso de que todos podemos triunfar. Es lo que pasa con los

chicos de O. T. Les han vendido una serie de cosas que no son ciertas. Ya lo dijo El

Fary hace años: “¿A estos chicos quién les va a pagar el sociólogo cuando esto acabe?”. Vivimos una plaga de expectativas, de gente que no da la talla, pero que cree merecer intentarlo y se lo acaba creyendo. Si no sabes cantar, no cantes. Ya está.

EP3. ¿Igual el conformismo tampoco era algo tan malo?

R. M. Claro que no. Hay que saber adaptarse, aprender a conformarse, ser dueño de tus propias expectativas. Si fracaso es por mi culpa.

EP3. ¿Qué le dijeron sus amigos cuando les comentó que le habían ofrecido ser

jurado de O. T.?

R. M. Que si lo cogía, tiraría por la borda toda mi carrera.

EP3. ¿Por qué lo cogió?

R. M. Porque llevo 10 años en publicidad.

EP3. ¿Sin importarle los estilismos, los arreglos ni la música enlatada del programa?

R. M. Buf, no entiendo por qué no hay música en directo, con la pasta que tienen.

Pero es lo que hay, prefieren gastarla en un escenario más grande que en unos pobres músicos que, visto cómo está el panorama, les saldrían tirados de precio.

EP3. ¿Cómo se siente usted diciendo estas cosas y estando seguro de que no le echarán por ello?

R. M. Genial.

EP3. ¿No es ser jurado en O. T. el segundo oficio más detestable del país después

de tertuliano?

R. M. Hombre, tertuliano es lo peor con diferencia. No hay nada peor que un tertuliano. Sobre todo, el que va de listo y analítico. Por ejemplo, prefiero una tertuliana como Belén Esteban, que al menos da espectáculo. Es un personaje detestable que dice y hace cosas detestables, pero me hace gracia.

EP3. ¿Puede todo hacernos gracia?

R. M. Lo que pasa aquí es que tenemos una tradición de reírnos del débil, del

freak, no del rico, que es de quien deberíamos cachondearnos y meternos en su

cama. Parece que seamos todos enemigos del conflicto.

EP3. ¿Tenemos lo que merecemos o nos merecemos algo incluso peor?

R. M. Sin duda, tenemos lo que nos merecemos. Todo esto es un gran espejo y no

engaña. Lo que pasa es que incluso dentro del espejo vemos lo que queremos ver.

Deberíamos ponernos más el espejo en el culo para ver lo que no nos gusta.

EP3. ¿Cómo escribe un libro una persona que es una máquina de crear eslóganes?

R. M. Pues como lo he hecho, sin orden, a patadas.

EP3. ¿No cree que se muestra demasiado en él?

R. M. Mira, el ridículo es el enemigo de la diversión. Yo no me río de los que hacen el ridículo, eso me parece odioso.

EP3. Como estamos en la era del ripio, nos despedimos con una pregunta robada: se

encuentra usted un maletín con 20 millones de euros, pero si lo coge, en ese mismo

instante un camión atropellará a un chino y lo matará. ¿Coge usted el maletín?

R. M. (Pausa) Sí. Lo cojo y le doy la mitad del dinero a la familia del chino.

 

Vía Risto Mejide, o el placer culpable – El País



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